lunes, 14 de marzo de 2016

Santa Matilde, reina (14 de marzo)



Santa Matilde, reina.

(† 967.)


La gloriosa emperatriz santa Matilde, fue alemana de nación, e hija de Teodorico, duque de Sajonia, príncipe muy católico; esposa de Enrique, emperador primero de este nombre, y madre de Otón primero. Se crió en el palacio imperial con tanto recogimiento, como una religiosa en el encerramiento del claustro. Aprendió de memoria el Psalterio, y todos los días lo rezaba de rodillas. La casaron con el emperador Enrique, y si en el primer estado de virgen pareció un ángel en cuerpo humano, en el de matrimonio se hizo no sólo perfecto dechado de personas casadas, sino admiración del mundo. Se recogía en una estrecha y pobre celdilla de su palacio, oía por la mañana todas las misas que se celebraban, y se consagraba después a todos los oficios de caridad. Fundó un hospital junto a su palacio, para mujeres pobres, y en sus enfermedades las visitaba cada día, acompañada de sus damas: Les hacía las camas, barría las piezas, y no se desdeñaba de curar y no se desdeñaba de curar y tocar con sus blanca y delicadas manos, llagas y miserias a que un cuerpo humano está sujeto. Visitaba también a los enfermos de las casas particulares, los cuales recibían gran consuelo de su presencia angelical, y los socorría la santa con larga mano, y así en la ciudad como fuer de ella no había una sola necesidad a la que no acudiese la cristiana piedad de la reina. Por su orden y mandato ardían todas las noches del invierno muchas hogueras en las plazas y caminos, para que se calentasen los pobres, y no se perdiesen los caminantes. A sus domésticos, criados y criadas hizo enseñar variedad de artes en que ejercitarse y letras con que aprovecharse a sí y a otros, guiando a cada uno por su particular ingenio, para que de esta suerte, siguiendo su voluntad, saliesen eminentes en el arte, facultad o ciencia que aprendían. Después de muerto su marido, entró en un monasterio de monjas Benedictinas que ella había fundado: Y allí pasaba las noches en vigilias y oraciones, dormía sobre una tabla sin desnudarse, vestida de cilicio; y sólo comía lo que era forzoso para no morir. Estando próxima a  la muerte, no halló una sola prenda que dar al obispo de Maguncia, su nieto, que le administró los santos Sacramentos, y así mandó que le diesen el paño con que se había de cubrir su túmulo, diciendo que lo había de necesitar antes que ella, como sucedió; pues falleció el obispo al siguiente día. Finalmente, sabiendo que se acercaba la hora de su dichoso tránsito, mandó que le cantasen los salmos, y la pusiesen en tierra sobre una mortaja: Y ella con sus propias manos se echó ceniza en la cabeza, y haciendo la señal de la cruz, descansó en la paz del Señor.


Reflexión:

Mediten bien las señoras cristianas la vida ejemplar de esta santa reina y tómenla por espejo de sus costumbres, si quieren parecer agradables a los ojos de Dios y de sus ángeles. ¿Qué les aprovechará el aplauso y alabanza del mundo, si con ello merecen la reprobación de Dios? ¡Oh! ¡Qué remordimientos, qué temores y terrores suelen experimentar las señoras mundanas en la hora de la muerte, cuando ven que gastaron el precioso tiempo de la vida en atavíos, alardes de lujo, teatros y profanas diversiones! ¡Cuánto mejor fuera haber vestido con modestia y derramado olor de pureza y santidad, y gastado en obras de piedad y misericordia, el tiempo y la hacienda que desperdiciaron en las vanidades de este mundo!


Oración:

Señor Dios, que con el ejemplo de la bienaventurada reina Matilde, nos recomendaste la puntual observancia de la abstinencia; concédenos que mortificando el cuerpo con abstinencias y ayunos te hallemos propicio en las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


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