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sábado, 3 de marzo de 2012

El Ayuno que Dios Ama



El Ayuno que Dios Ama

Traducción y Comentarios Bíblicos de Mons. Straubinger


Isaías 58, 6-10

"6 El ayuno que yo amo consiste en esto:
Soltar las ataduras injustas,
desatar las ligaduras de la opresión,
dejar libre al oprimido y romper todo yugo,
7 partir tu pan con el hambriento,
acoger en tu casa a los pobres sin hogar,
cubrir al que veas desnudo,
y tratar misericordiosamente
al que es de tu carne.

8 Entonces prorrumpirá tu luz como la aurora,
y no tardará en brotar tu salvación;
entonces tu justicia irá delante de ti,
y detrás de ti la gloria de Yahvé.
9 Entonces clamarás, y Yahvé te responderá;
y si pides auxilio dirá: "Heme aquí",
con tal que apartes
de en medio de ti el yugo
y ceses de extender el dedo y hablar maldad.

10 Cuando abras tus entrañas al hambriento, 
y sacies el alma afligida, 
nacerá tu luz en medio de las tinieblas, 
y tu obscuridad será como el mediodía.
11 Entonces Yahvé te guiará sin cesar,
hartará tu alma en tierra árida,
y dará fuerza a tus huesos;
serás como huerto regado,
y como manantial de agua 
cuyas aguas nunca se agotan.
12 Edificarás las ruinas antiguas;
levantarás los cimientos  
echados hace muchas generaciones;
serás llamado reparador de brechas,
restaurador de caminos
para que allí se pueda habitar"


 Todo este fragmento: Los Versículos del 6 al 12 inculcan el amor al prójimo. En esto se muestra la verdadera piedad. "La religión pura y sin mancha delante de Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y preservarse de la corrupción de este siglo" (Sant. 1, 27). Cf. Isaías 1, 10 ss. y 42, 3 s.

Versículo 7: Tu carne: Es decir, tu prójimo. Véase Mt. 25, 35 y nota. "Todo hombre es carne vuestra" (San Jerónimo)

Versículo 8: Prorrumpirá tu luz como la aurora: Cuando partas tu pan con el hambriento y sacies las almas afligidas, no tardará en brotar en ti mismo la luz del consuelo. "Has quitado al prójimo una carga y has quedado libre de la tuya. Quisiste cuidar a un enfermo y has curado la herida de tu corazón. Quisiste consolar a afligidos y has consolado tu propia alma. Quisiste atenuar un dolor ajeno y has moderado la agudeza del tuyo. Quisiste dar y has recibido" (Mons. Keppler, "Escuela del Dolor", 278) Cf Is. 58, 10

Versículo 9: El yugo, es decir, la opresión del pobre. Extender el dedo era señal supersticiosa para alejar a los demonios, pero puede entenderse también de los gestos amenazadores de la soberbia y de la falta de misericordia. Bien vemos aquí que la caridad era, desde el Antiguo Testamento, no sólo la primera y la mayor, sino también la causa y la condición de otras virtudes, como también de toda prosperidad (véase Ecli. 28). San Isidoro de Sevilla expresa este concepto con respecto a los obispos diciendo que ellos deben "poner su castidad al amparo de la caridad"

Versículo 10: Nacerá tu luz en medio de las tinieblas: "Son muchos los que  buscan la luz y que creen poder encontrarla haciendo estudios, escudriñando obras filosóficas, penetrando en las profundidades de la ciencia. Lo hacen porque confunden conceptos, y suponen que es necesaria una inteligencia desarrollada para recibir la luz, tomándola como privilegio de los intelectuales. Se olvidan que la luz es un don gratuito que Dios da gratuitamente a los pequeños"Cf. Lc. 10, 21 y nota.) 

Versículo 12: Las ruinas antiguas: Esos hombres piadosos reconstruirán Jerusalén y las otras ciudades de Palestina. Cf. Isaías 61, 4, donde esto se anuncia como obra mesiánica y sin la condición previa del versículo 10. Véase Jeremías 30, 13 y nota.

jueves, 23 de julio de 2009

Profecía Parusíaca y Esperanzadora


"Él será árbitro entre las naciones, y juzgará a muchos pueblos; y de sus espadas forjarán rejas de harado, y de sus lanzas hoces. No alzará ya espada pueblo contra pueblo, ni aprenderán más la guerra". (Isaías 2, 4)


No se han cumplido todavía estos vaticinios sobre la paz perfecta. "La realización completa no tendrá lugar, sino en la consumación de los tiempos, porque en esta tierra, donde el mal subsistirá siempre al lado del bien, no se puede buscar un cumplimiento perfecto" (Fillion). Cfr. Mt. 13, 24-43. Entre tanto tenemos que esperar hasta que se cumpla el deseo del salmista: "Dispersa, oh Dios, a los pueblos que se gozan en las guerras" (S. 67, 31). La actual búsqueda excesiva de la paz entre las naciones y los continuos pactos de seguridad son una señal de que no hay paz, pues la tan deseada paz mundial no podrá realizarse sin la sumisión y obediencia a la ley divina. Así se explica que los paganos (de antes y de ahora) no sean capaces de este ideal, porque van tras sus ídolos (v. 5). En este sentido nada es más trágico que la Biblia en cuanto se refiere al destino de las naciones, que solemos mirar con ilusorio optimismo. Véase Mt. 24, 21-25; Lc. 8, 18; 17, 26 ss.; 21, 25 ss.; I Tes. 5, 3; II Tes. 2, 8 ss.; I Tim. 4, 1 ss.; I Tim 3, 1 ss.; II Pedro 3, 3; Apoc. 9, 20 ss.; 16, 9 ss.; 19, 15 ss; 20, 7 ss. , etc. Jeremías enseña que el vaticinar prosperidad es la característica de los falsos profetas (Jer. 4, 10; 6, 14, etc.). Después de dos guerras mundiales en un cuarto del siglo XX (Lc. 22, 10 s.) y con la energía atómica aplicada a destruir como una "anticreación", y el neomalthusianismo que ciega las fuentes de la vida, ¿en qué podría fundarse la esperanza de un mundo mejor? (Véase 1, 16 y nota). Sólo en el orgullo que cree en las fuerzas propias del hombre caído, del cual nos dice el mismo Dios por boca de Jeremías: "¡Maldito el hombre que pone su confianza en el hombre, y se apoya en un brazo de carne!" (Jer. 17, 5). Cfr. 11, 6 ss.; S. 45, 9 ss.; Os. 2, 18; Miq. 4, 3 ss. y notas.


Msr. Juan Straubinger

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