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viernes, 22 de julio de 2016

Santa María Magdalena (22 de julio)



Santa María Magdalena.

(† hacia el 66.)

La bienaventurada María Magdalena, espejo de penitencia y fervorosísima discípula de Cristo, era hermana de san Lázaro y de santa Marta. Usando mal de la libertad que tenía por ser muertos sus padres, y viéndose noble, rica y hermosa, comenzó a darse a los gustos y deleites del mundo, de manera que vino a tener escandalizada toda la ciudad, en tanto grado, que la llamaban la pecadora. Dice el Evangelio que el Señor echó de ella siete demonios, por los cuales entienden algunos santos los pecados y vicios de que el Salvador la libró. Porque sabiendo ella que Jesús estaba convidado a la mesa de un rico fariseo llamado Simón, tomó un vaso de ungüento precioso en las manos y entró en aquella casa, y derribada a los pies del Salvador, comenzó a derramar lágrimas tan copiosas, que bastaron para regar los pies de Cristo, y luego los limpió con los cabellos, los besó y ungió con aquel precioso ungüento. Y como el fariseo juzgase que no debía de ser profeta quien se dejaba tocar de aquella pecadora, lo reprendió el Señor, y dio a la Magdalena un jubileo plenísimo y remisión de todos sus pecados, enviándola con paz y alegría a su casa. De allí en adelante comenzó la santa a emplear su caudal, su persona y hacienda en servicio de Jesucristo. Lo hospedaba con sus hermanos Lázaro y Marta, y habiendo Lázaro caído enfermo, enviaron las dos hermanas a Jesús un mensajero que le dijese: "Señor, el que vos amáis está enfermo". Vino el Señor a Betania muy tarde y cuando Lázaro estaba ya muerto y sepultado. Y viendo Jesús las lágrimas de amor y dolor de las dos hermanas, se enterneció y lloró con ellas, y resucitó a Lázaro de cuatro días muerto. Celebraron este gran prodigio haciendo un convite a Lázaro resucitado, el cual comía a la mesa, con Jesús y muchos judíos convidados, y con esta sazón ungió otra vez María los pies del Salvador. Lo acompañó después en su sagrada Pasión, perseverando al pie de la cruz y ungiendo con aromas el santísimo cadáver de Jesucristo, y en recompensa de tanto amor fue entre los testigos de la Resurrección que menciona el Evangelio, la primera que vio al Señor resucitado y glorioso. Y parece cosa sin duda que también se halló la santa a la subida de Cristo a los cielos, y en la venida del Espíritu Santo. Finalmente en la persecución que se levantó después de la muerte de san Esteban, María, Lázaro y Marta, con otros discípulos del Señor, fueron puestos en un navío sin velas ni remos, para que pereciesen en el mar. Mas aportando en Marsella, con el admirable ejemplo de su vida y palabras de cielo y milagros que hacían, convirtieron aquella provincia a la fe de Cristo, y se dice que san Lázaro fue obispo de Marsella, y la Magdalena, se retiró a una soledad donde pasó treinta años muy consolada del Señor, hasta que su alma bendita fue llevada al cielo por los santos ángeles. 


Reflexión: 

Es mucho para notar (como observa san Crisóstomo) que santa Magdalena fue la primera que vino al Señor para alcanzar el perdón de sus culpas, usando de todas las cosas que le habían sido instrumento de pecado, para hacer de ellas remedios contra el pecado; porque de los ojos con que cautivaba antes las almas hizo fuentes para lavar la suya; de los cabellos hizo lienzo para limpiarla; de la boca hizo portapaz para recibir la de Cristo; y del ungüento hizo medicina para curarse. Imitemos este ejemplo, y si de los dones que hemos recibido de Dios hemos hecho instrumentos para ofenderlo, usemos ahora de ellos para servirlo y amarlo. 


Oración: 

Te suplicamos, Señor, que seamos ayudados por la intercesión de la bienaventurada María Magdalena, a cuyos ruegos resucitaste a su hermano Lázaro, de cuatro días muerto. Tú que vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

sábado, 9 de abril de 2016

Santa María Cleofé (9 de abril)



Santa María Cleofé.

(Siglo I. )

La fidelísima y dichosa sierva de Jesucristo santa María Cleofé era parienta de la santísima Virgen pues estaba casada con Alfeo, el cual era hermano del glorioso patriarca san José, e hijo como él de Jacob. Tuvo de su bendito matrimonio cuatro hijos, que fueron san Simón, llamado Simón Cananeo o Zelotes, Santiago el menor, Judas Tadeo, y Joseph o José. Los tres primeros fueron escogidos para el apostolado de nuestro Señor Jesucristo; y el último entró, como se cree, en el número de los setenta y dos discípulos. A estos cuatro bienaventurados hijos de santa María Cleofé llama el Evangelio hermanos del Señor, conforme a la costumbre de los hebreos, que llamaban con el nombre de hermanos a los que sólo eran próximos parientes. Pues, esta dichosa parienta de la Madre de Dios, y santa madre de tres Apóstoles, cobró tan grande y entrañable devoción a la adorable persona de nuestro Señor Jesucristo, que no pudo separarse de El ni aun en el tiempo de su pasión en que los mismos discípulos huyeron y le desampararon: y así, refieren los santos Evangelios, que se halló presente en el Calvario con María Madre de Jesús, y María Salomé y el discípulo amado san Juan. Ella asistió también al entierro del divino cadáver; ella fue con Salomé y la Magdalena a embalsamarlo con aromas y ungüento preciosos al amanecer del primer día de la semana, que ahora es el domingo; siendo estas tres santas mujeres las primeras que oyeron de boca de los ángeles la alegre nueva de la resurrección; y a ellas se apareció después el mismo Señor resucitado y glorioso, y les mandó que fueran a dar noticia de esto a los discípulos, a los cuales se mostró la tarde de aquel mismo día, cuando por temor de los judíos estaban recogidos en el Cenáculo, cerradas las puertas. También se manifestó el Señor resucitado a Cleofás, que era el marido de santa María Cleofé, cuando iba con otro discípulo al castillo de Emaús, y se les descubrió en la fracción del pan. Finalmente después de tantos y tan divinos regalos con que el Señor recompensó la devoción y amor de esta su sierva, le concedió la gracia singularísima de morir asistida por los santos Apóstoles y por la misma Madre de Dios, como piadosamente se cree. 

Reflexión: 

No podemos leer sino movidos de envidia santa la inefable dicha que tuvo la bienaventurada María Cleofé de conversar, obsequiar y adorar la sagrada persona de nuestro Señor Jesucristo; mas traigamos a la memoria lo que el mismo Señor dijo a santo Tomás: "Bienaventurados los que no vieron y creyeron, (Jn. XX.) porque, como dice Tertuliano, son muy grandes los méritos de la fe, y ordenados a gran recompensa. Con todo si lees los cuatro Evangelios, escritos por los apóstoles y discípulos del Señor, podrás en ellos ver y oír espiritualmente a Jesucristo: porque, como nos dice san Juan Evangelista, los santos Apóstoles nos anunciaron en el Evangelio lo que vieron por sus ojos, lo que oyeron por sus oídos y lo que palparon con sus manos; y como refieren los hechos y palabras del Señor con tan gran sencillez y verdad, no podremos menos de creer con viva fe las cosas que dicen, y enamorarnos de la divina persona de Jesucristo, y derramar suavísimas lágrimas, viendo las finezas de amor que ha hecho Dios por los hombres, a fin de que creyendo que Jesucristo es verdadero Hijo de Dios, y guardando su santa ley, alcancemos la vida eterna. 

Oración: 

Oh Dios, autor de nuestra salud, dígnate oír nuestras súplicas, para que como nos alegramos en la fiesta de la bienaventurada María Cleofé, así aprendamos de ella a servirte con afectuosa y piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 29 de abril de 2012

Las Tres Marías


Las Tres Marías

Allí en el Cielo, desde el Cuarto día de la Creación; mora en el Cielo, como el Rosario diario, la bella constelación conocida como "Las Tres Marías". Uno eleva la vista en cualquier noche despejada y allí están, las Tres Marías, para recordarnos alguna importancia divina. La Santísima Trinidad siempre ha escogido la lumbrera tripartita para deslumbrarnos; desde el tritono del acorde perfecto en música, (con su fundamental, dominante y subdominante) hasta los tres varones que se presentaron ante Abraham como figura de Ella (Gn. 18, 2). Y ciertamente el saber que sólo en el Padre, Hijo y Espíritu Santo (en cuyos nombres es únicamente válido todo bautismo y posible toda salvación humana) encontramos nuestra causa final; es lo que toda pupila nocturna ha de reflejar; mientras examina su conciencia por el día vivido con el que se va a dormir.

El nombre de las Tres Marías nos lo da la Tradición; por las tres santas mujeres que acompañaron el Holocausto de Cristo en el Calvario; pero ellas a su vez; especialmente la central (Nuestra Santísima Madre); puede pasearnos por toda la historia (y la profecía) de la Redención: Los Tres días que estuvo Jonás en la Ballena; figura a su vez de Cristo, muriendo y resucitando después de bajar a los infiernos; los Tres naufragios de San Pablo; con los que se recuerda las Tres caídas de Cristo y de las cuales se aprende que cada vez que caigamos; siempre debemos aceptar con humildad y valor la gracia de levantarnos y seguir. También podemos recordar los Tres santos que en Daniel (3, 22-28) salieron vivos del horno; milagro que evidenciaba su pureza de no aceptar a ningún dios falso; o pensar en los Tres Meses que fue escondido Moisés; figura de los Tres meses en los que el Precursor de Cristo (San Juan Bautista) recibió en su escondite maternal las bendiciones y gracias de Cristo a través de la estadía de la Santísima Virgen en la casa de Isabel. Podemos pensar en los Tres Clavos de Nuestro Señor en la Cruz o en las Tres veces que nos golpeamos el pecho en el Confiteor y en el Pésame.

Allí están las Tres Marías; constelación tan bella como mariana. En estos tiempos de Apostasía, de Sacrificio Perpetuo abolido, de Anticristo y Cumplimiento del Apocalipsis; la Virgen tal vez nos recuerde como en Fátima, todas las noches; la obligación a su santa devoción; a su maternal corazón inmaculado que "finalmente triunfará". En esa esperanza, entonces, recordar y cumplir lo que nos pidió que hiciéramos todos los días de nuestra vida: Rezar el Santo Rosario completo.

"Por tres cosas tiembla la tierra, pero por una cuarta no se puede sostener" (Prov. 30, 21) nos advierte el Proverbio. En una época de terrible tiniebla; aún en la noche, las Tres Marías nos recuerde que debemos ofrecer nuestros dolores, trabajos y el rezo diario de Los Tres Quinarios del Santo Rosario.





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