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jueves, 30 de junio de 2016

San Pablo, apóstol de las gentes (30 de junio)



San Pablo, apóstol de las gentes.

(† 67)

El gloriosísimo apóstol de las gentes san Pablo fue hebreo de nación y de la tribu de Benjamín: nació en la ciudad de Tarso (como él mismo lo dice). Tuvo padres honrados y ricos, y de ellos fue enviado a Jerusalén, para que debajo del magisterio de Gamaliel, famoso letrado, fuese enseñado en la ley de Moisés. Entendiendo que los discípulos de Jesucristo eran contrarios a aquella doctrina, los comenzó a perseguir cruelísimamente; y no contentándose con haber procurado la muerte de san Esteban y de guardar los mantos de los que le apedreaban para apedréarle con las manos de todos, él mismo se ofreció al sumo sacerdote para perseguir a los cristianos; y con gente armada partió para la ciudad de Damasco para traer aherrojados a todos los que hallase, hombres y mujeres que creyesen en Cristo, y hacerlos infame y cruelmente morir. Pero en el mismo camino de Damasco se le apareció el Señor, y cegándolo primero con su luz, lo alumbró y con su voz poderosa como trueno lo asombró y derribó del caballo, y de lobo lo hizo cordero, y de perseguidor, defensor de su Iglesia, y vaso escogido para que llevase su santo nombre por todo el mundo, como se dijo en el día de su conversión. No se puede explicar con pocas palabras lo que este santísimo apóstol trabajó y padeció predicando el Evangelio en Damasco, en Chipre, en Panfilia, en Pisidia, en Lystra, en Jerusalén, en muchas regiones de Siria, Galacia y Macedonia, y en las populosas ciudades de Filipos, de Atenas, de Efeso, de Corinto, y de Roma, alumbrando como sol divino tantas naciones, islas y regiones que estaban asentadas en las tinieblas y sombras de la muerte. Él mismo dice de sí que fue encarcelado más veces que los otros apóstoles, y que se vio lastimado con llagas sobremanera, y muchas veces en peligro de muerte. Su vida no parecía de hombre mortal, sino de hombre venido del cielo, que con verdad pudo decir: "Vivo yo, más no yo, sino Cristo vive en mí". El fue el grande intérprete del Evangelio que sin haber aprendido nada de los demás apóstoles, fue enseñado por el mismo Dios, y descubrió a los hombres las riquezas y tesoros que están escondidos en Cristo, confirmando su predicación con divinos portentos, como decía a los fieles de Corinto: "Las señales de mi apostolado ha obrado Dios sobre vosotros, en toda paciencia, en milagros y prodigios, y en obras maravillosas". Y escribe san Lucas, que con poner los lienzos de san Pablo sobre los enfermos y endemoniados, todos quedaban libres de sus dolencias. Después de haber estado el santo apóstol dos años preso en Roma, es fama que sembró también la semilla y doctrina del cielo por Italia y Francia y que vino a España donde predicó con gran fruto. Finalmente volviendo a Roma a los doce años del imperio de Nerón, fue degollado, en el lugar llamado de las tres fontanas, sellando con su sangre la fe de Cristo. 


Reflexión: 

Alabemos pues y glorifiquemos a los príncipes de la Iglesia san Pedro y san Pablo; porque ellos son las lumbreras del mundo, las columnas de la fe, los fundadores del reino de Cristo, los ejemplos de los mártires, los maestros de la inocencia y los autores de la santidad, alabados del mismo Dios. Amémoslos como buenos hijos a sus padres, oigámoslos como discípulos a sus maestros, sigámoslos como oveja a sus pastores; imitémoslos como a santos, y pidámosles socorro y favor como a bienaventurados. 


Oración: 

¡Oh Dios! que alumbraste a los gentiles por medio de la predicación del apóstol san Pablo; te suplicamos nos concedas sea nuestro protector para contigo aquel cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

miércoles, 4 de mayo de 2016

Santa Mónica (4 de mayo)



Santa Mónica, viuda, madre de san Agustín.

(† 387)

Santa Mónica, gloriosa madre de san Agustín, fue de nación africana e hija de padres cristianos, que la criaron con toda honestidad y virtud. Siendo niña se levantaba de noche a rezar las oraciones que su madre Facunda le enseñaba, y era tan amiga de hacer limosna, que de su propia comida quitaba parte para dar a los pobres. Deseó perseverar en virginidad; pero condescendió con la voluntad de sus padres, que la casaron con un varón llamado Patricio, el cual, aunque era hombre noble, era gentil. Tuvo mucho que sufrir con él santa Mónica, mas fue tal su prudencia, sufrimiento y buen término, que no sólo ablandó el carácter áspero y colérico del marido, sino que también le ganó para Jesucristo. Más le costó rendir a su propio hijo san Agustín, porque siendo mozo se enredó en los vicios y liviandades y en los desatinos de los herejes Maniqueos, y la santa madre derramaba ríos de lágrimas por su hijo, y clamaba de día y de noche sin cesar al Señor, suplicándole que lo sacase de aquella profundidad de errores y torpezas en que estaba. Era esto de manera que no podía reposar ni sosegar en espíritu, y así acudiendo una vez a su santo obispo, rogándole que le enseñase y convenciese, el buen obispo la consoló diciendo: "Por vida vuestra, señora, que no es posible que perezca un hijo de tantas lágrimas". Quiso san Agustín dejar la ciudad de Cártago, donde leía retórica, y pasar a Roma para valer más. Procuró la santa estorbárselo por todos los medios que pudo; y en fin él la engañó y se fue a Roma, donde tuvo una grave enfermedad, de la cual lo libró el Señor por las oraciones de su buena madre, la cual se determinó cruzar el mar y buscarlo por Italia. Lo halló en Milán, a donde había sido enviado de Roma para enseñar retórica, y en aquella ciudad, con la comunicación y sermones de san Ambrosio, se convirtió y bautizó, a los treinta y cuatro años de edad. Volviendo, pues, santa Mónica muy consolada y alegre con su hijo san Agustín, para África, y habiendo llegado a la ciudad de Ostia aguardando embarcación, hablando a solas con su hijo del amor y deseo de las cosas celestiales, le dijo que nuestro Señor le había cumplido su deseo de verle cristiano, y cayó luego enferma tan gravemente, que a los nueve días pasó de esta vida mortal a la vida perdurable, siendo de edad de cincuenta y seis años. Desde que murió esta santa, se hizo memoria de ella con singular veneración en toda la Iglesia.

Reflexión:

De su madre, dice san Agustín, que gobernaba su casa con gran piedad, ejercitándose continuamente en loables obras, que criaba sus hijos en el temor de Dios, regenerándoles tantas veces, cuantas ellos se apartaban del camino de la virtud, que era muy amiga de hacer amistades entre las personas que se tenían mala voluntad, y que nunca refería cosa que hubiese oído de los unos a los otros, procurando en todo unir los corazones desunidos y quitarles la amargura del odio con la dulzura de la santa caridad. Tengan presente este ejemplo todas las madres y señoras cristianas, para que sus familias sean un cielo de paz, y críen sus hijos, no para ser unos condenados del infierno, sino para verles gozar de su gloriosa compañía en la gloria. Y si se apartaren, como san Agustín en su mocedad, del camino del bien, no cesen como santa Mónica, de rogar por ellos al Señor, hasta lograr su conversión.


Oración: 

Oh Dios, consuelo de los afligidos y salud de los que en ti esperan, que atendiste misericordiosamente a las piadosas lágrimas de la bienaventurada Mónica en la conversión de su hijo Agustín, concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y hallemos el perdón de ellos en tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 27 de marzo de 2016

Si habéis resucitado con Jesucristo, buscad las cosas de arriba, gustad las cosas de arriba. (Pascua de Resurrección)



Si habéis resucitado con Jesucristo, 
buscad las cosas de arriba, 
gustad las cosas de arriba.


Cuando se ha resucitado con Jesucristo, gusta poco lo que es de la tierra; todos los deseos, todas las ansias y todos los suspiros son por cosas del cielo. La resurrección espiritual produce en el alma casi los mismos efectos que la resurrección corporal en el cuerpo. Esta resurrección espiritual es una nueva vida: un hombre resucitado espiritualmente es un hombre nuevo que no retiene ninguna de las imperfecciones del hombre viejo.
¡Qué brillante luz en el espíritu! ¡Qué pureza de deseo en el corazón! ¡Qué regularidad de costumbres y de conducta todo el tiempo que le dura la vida! Los deseos terrenos no nacen sino de un corazón corrompido. Un corazón aguado por las pasiones produce todas esas espesas nieblas que oscurecen el espíritu.
Todo es terreno en un hombre poco cristiano. Verdades sublimes, moral santa y espiritualidad práctica, este es un lenguaje desconocido para un alma terrena. De aquí los corazones duros, esos espíritus embotados, esas obstinaciones en el mal, esas ceguedades espirituales y esas impenitencias finales. La noción más justa y más cabal de una persona mundana, o que vive según el espíritu del mundo, dice e incluye todo esto.
Estamos sordos a la Voz de Dios cuando no somos de sus ovejas, no se conoce esta Voz cuando no se está en el redil. De aquí estas grandes dificultades para convertir a un mundano, y a una mujer que no está animada sino del espíritu del mundo. De aquí proviene el convertirse tan pocos herejes. ¿Se ha resucitado con Jesucristo? Inmediatamente nos hacemos del todo espirituales. Las pasiones extinguidas, o a lo menos mortificadas, no hay que temer exciten revoluciones en el hombre interior.
Un corazón purificado por la gracia no es ya un terreno fecundo de malignas exhalaciones. El aire es demasiado puro para que forme nublados: la fe es demasiado viva para que sufra confusiones: el cielo, bajo del cual se vive entonces, es demasiado sereno, y la mar en que estamos embarcados está demasiado en calma para que no deje a nuestra alma toda la libertad de pensar y de obrar como cristianos. Ella descubre entonces el vacío y la nada de los bienes criados, el falso brillo de las honras mundanas, y el veneno de esos placeres que encantan.
Ciudadanos de la celestial, patria no pueden mirar la tierra sino como un lugar e destierro. No se suspira sino por el cielo, no se encuentra solidez sino en los bienes del cielo; todo otro gusto es extraño, y es un gusto depravado, el cual siempre es señal cierta de que el alma está enferma.
El espíritu y las máximas del mundo dan lástima y causan compasión a los que han resucitado verdaderamente a la gracia. Este puñado de días, en que consiste la más larga vida, pierde todos sus atractivos desde el momento en que se compara con la eternidad. Todo es encanto para quien no ha resucitado con el Salvador. Dignidades brillantes, empleos ostentosos y tesoros inmensos, todo deslumbra y todo encanta a un corazón material y a un espíritu terreno.
Con la resurrección espiritual se desvanece el encanto, el hechizo se cae por sí mismo y el fantasma despojado de la mascarilla y descubierto, ya no es fantasma y parece lo que es.
¡Qué desgracia la de aquellos que en estas fiestas de Pascua no experimentan los saludables efectos de la resurrección! ¡Ay de aquel que persevere en sus tinieblas! Con solos los que han salido de Egipto obra Dios prodigios. El maná es solamente para los que han pasado el Mar Rojo, y han sido lavados por la sangre del Cordero.


Fuente: "Año Cristiano", P. Juan Croisset, 1863

viernes, 26 de diciembre de 2014

Conversiones en Thonon a partir de una Navidad de 1596


Conversiones en Thonon a partir de una Navidad de 1596

Después de dos años que había predicado San Francisco de Sales en Thonon con algún fruto, aunque desigual a su trabajo, se rindió esta ciudad a sus combates y asaltos, abriendo los ojos para ver la luz del cielo y los oídos para oír las razones del santo; y fue la primera que ganó para Jesucristo. Había juntado más de ochocientos católicos y, para que tuviesen iglesia purificó, la de san Hipólito, que había sido muchos años antes profanada por los herejes.

Dijo en ella la primera misa, la noche de Navidad del año de 1596.

Levantaron los ministros y cónsules una sedición pretendiendo estorbar el sacrificio de la misa, diciendo que alborotaba la república con esta novedad. Hiciéronle varias propuestas, pero el santo les mostró las órdenes que tenía del duque para purificar iglesias, poner curas en ellas y hacer todo lo demás que juzgase conveniente para aumento de la religión católica, con lo que los hizo callar. En esta iglesia predicaba a los católicos, les administraba los sacramentos y confirmaba en la Fe para resistir a las persuasiones de sus parientes y amigos. Fuera de esto, se ejercitaba en todas las obras de piedad moviendo a otros, con su ejemplo, a que hiciesen lo mismo, visitando a los enfermos y socorriendo a los necesitados con limosnas, que le enviaba para esto su piadosa madre.

Pasaba las noches, en oración, en la iglesia delante del santísimo Sacramento, pidiendo al Señor, con suspiros y lágrimas, que ablandase los corazones de los herejes para que, dejando la herejía, abrazasen la verdad católica. El Señor le pagaba estos afectos con indecibles consuelos, especialmente una noche, víspera del día de Corpus, meditando en este soberano misterio, se sintió tan arrebatado de las dulzuras divinas, que no pudiendo su corazón sufrir la abundancia de los consuelos, cayó en tierra y dando vueltas en ella, como quien se anegaba en un mar de divinas suavidades, clamaba a Dios y le decía: "Domine confine undas gratiœ tuce quia sustinere non possum" (Señor, detened el raudal de vuestra gracia porque no puedo sufrir el torrente de los consuelos) Dijo misa aquel día y predicó tan embriagado del divino amor que sin poderlo disimular había entrado en la bodega de los vinos del esposo, porque sus palabras salían abrasadas de su boca y encendían a los oyentes, y su rostro les parecía a todos, que arrojaba llamas de fuego.

Con esta maravilla que luego se publicó, acudieron muchos, entre quienes estaba Pedro Poncet, jurisconsulto insigne, que habiéndole propuesto sus dudas y satisfecho por sus respuestas, abjuró en sus manos de la herejía. Conmovió a toda la ciudad la conversión de este famoso varón, causando alegría tanto a los católicos como a los ángeles, y tristeza a herejes y demonios; y en Geneva fue esta noticia de sumo sentimiento, por presentir que ejemplo de hombre tan docto hubiera de llevar tras sí a otros muchos.

No fue menos importante la conversión de Antonio de san Miguel, señor de Avulli, el cual, como dijimos, quedó aficionado al santo desde el primer sermón que le oyó en Anncsi. Lo buscó ahora en Thonon, oyó sus sermones, tuvieron a solas muchas disputas, y estando ya convencido, para que no pareciera su conversión liviandad de ánimo, escribió en un papel los artículos en que tenía más dificultad y se losenvió a los ministros de Geneva, pidiendo que le respondiesen con advertencia y que, si al mas mínimo artículo no le respondían, abjuraría de todo cuanto le habían enseñado. No se atrevieron los ministros de Geneva a responder, por conocer que sus respuestas habían de ir a los ojos del santo, y entonces, Antonio de san Miguel, estando bien instruido, en un día solemne, para que el acto fuese de mayor ejemplo, habiendo concurrido gran multitud de gente de toda la comarca y muchos de Geneva, que dista como cinco leguas de Thonon, después de haber dicho la confesión en voz alta e inteligible, abjuró de los errores del impío Calvino que hizo protestación de nuestra Fe confesando era católico, apostólico y romano. Con la conversión de este varón dio el santo por acabada reducción de Chablaix, y bailiajes; y así se vio luego que venían los pueblos a pedir curas que los instruyesen en la religión católica.

Corría San Francisco por todos aquellos villajes, purificaba los templos y los adornaba de altares, lámparas y todo lo necesario al culto divino, mirándole todos, como un nuevo apóstol de esa tierra, y martillo de sus herejías. Instituyó la oración de cuarenta horas en Thonon, teniendo patente el santísimo sacramento, y hacía venir procesiones de todos aquellos lugares vecinos. Hizo poner cruces en las calles, plazas y caminos, enarbolando al estandarte de Jesucristo en señal de victoria por su majestad; y el santo con sus manos puso una en el camino real de Geneva, en un lugar llamado Ennemase. Casi todos los ministros de la herejía se habían retirado de Geneva, huyendo de la guerra que san Francisco les hacía, y uno de ellos escribió desde allí un tratado o invectiva contra la santa cruz, a la que respondió el santo con una apología eruditísima, que anda entre sus obras y se intitula "Estandarte de la santa cruz de nuestro Salvador Jesucristo".

Iba creciendo cada día aquel rebaño católico por el celo del santo y de su primo Luis de Sales; y para que se conservase y creciese el fruto, creciendo el número do los ministros; fuera de traer sacerdotes que fuesen curas de aquellas almas, repartió el mérito de obra tan gloriosa con los padres capuchinos y de la compañía de Jesús; y el santo, fuera de confesar y predicar, enseñaba la doctrina cristiana a los niños y a los ancianos, que no tenían menos necesidad de oírla. Leía teología dos días cada semana a los clérigos, que había traído, para poner en las iglesias. Disputaba continuamente con los herejes y siempre salía victorioso, lo cual atribuían ellos a milagro, diciendo que Dios le favorecía con particulares auxilios. Confirmó el Señor la doctrina del santo por este tiempo con la resurrección de un niño, a quien dio la vida con su oración, por lo cual sus padres, que eran herejes, se convirtieron a la Fe con toda su familia. Entró muchas veces en Geneva disfrazado, con gran riesgo de vida, y disputó con Fayano y Beza, principales ministros de los herejes, y aunque los convenció evidentemente, y Beza confesó que la iglesia romana era la santa madre Iglesia y había en ella salud, no merecieron salir de las tinieblas los que se habían cegado con tanta luz. 

Extracto de La Leyenda de Oro

lunes, 7 de diciembre de 2009

...Para Conversión!



"Para convertir al pecador quiero, en efecto, entrar por su puerta, con tal que él salga por la mía"


San Francisco Javier

domingo, 7 de junio de 2009

¿Debió Cristo predicar a los judíos sin escandalizarlos?


Objeciones por las que parece que Cristo debió predicar a los judíos sin escandalizarlos.

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1. Porque, como dice Agustín en el libro De agone christiano, en Jesucristo hombre se nos ofreció como modelo de vida el Hijo de Dios. Ahora bien, nosotros debemos evitar el escándalo, no sólo de los fieles, sino también de los infieles, conforme a las palabras de 1 Cor 10,32: No deis escándalo a los judíos, ni a los gentiles ni a la Iglesia de Dios. Luego parece que también Cristo debió evitar el escándalo de los judíos en su enseñanza.

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2. No es propio del sabio comportarse de modo que se impida el efecto de su labor. Ahora bien, Cristo, al turbar con su enseñanza a los judíos, impedía el efecto de la misma, pues en Lc 11,53-54 se dice que, por reprender el Señor a los fariseos y a los escribas, comentaron a acosarle terriblemente y a hacerle hablar de muchas cosas, poniéndole lazo y tratando de cogerle por alguna palabra de su boca, para acusarlo. Luego no parece haber sido conveniente que los escandalizase con su enseñanza.

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3. dice el Apóstol en 1 Tim 5,1: No reprendas con dureza al anciano, sino exhórtale como a un padre. Ahora bien, los sacerdotes y los príncipes de los judíos eran los ancianos de aquel pueblo. Luego parece que no debían ser reprendidos con dureza.

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Contra esto: está que en Is 8,14 se había profetizado que Cristo sería piedra de tropiezo y piedra de escándalo para las dos casas de Israel.
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Respondo: La salvación del pueblo debe preferirse a la paz de cualquier hombre particular. Y, por este motivo, cuando algunos impiden con su maldad la salvación del pueblo, no ha de temer su escándalo el predicador o el doctor, a fin de proveer a la salvación del pueblo. Pero los escribas, los fariseos y los príncipes de los judíos impedían mucho, con su malicia, la salvación del pueblo, ya porque se oponían a la doctrina de Cristo, por la que solamente podía conseguirse la salvación, ya porque con sus costumbres depravadas corrompían también la vida del pueblo. Y por eso el Señor, a pesar de su escándalo, enseñaba públicamente la verdad, que ellos aborrecían, y reprendía sus vicios. Y por eso, en Mt 15,12.14 se lee que, cuando los discípulos dijeron al Señor: ¿Sabes que los judíos, al oír tus palabras, se han escandalizado?, les contestó: Dejadlos. Son ciegos y guías de ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en la fosa.

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A las objeciones:

1. El hombre debe comportarse de modo que no escandalice a nadie, para que a ninguno dé ocasión de ruina con sus hechos o con sus dichos menos rectos. No obstante, si de la verdad se origina el escándalo, es preferible mantener el escándalo antes que abandonar la verdad, como escribe Gregorio.

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2. La reprensión pública de los escribas y fariseos por Cristo no impidió, sino que más bien promovió el efecto de su enseñanza. Porque al quedar al descubierto los vicios de aquéllos ante el pueblo, éste se apartaba menos de Cristo a causa de las palabras de los escribas y los fariseos, que se oponían siempre a la enseñanza de Cristo.

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3. Esa sentencia del Apóstol debe entenderse respecto de aquellos ancianos que no lo son sólo por la edad o por la autoridad, sino también por la honestidad, conforme a aquel pasaje de Núm 11,16: Reúneme setenta hombres entre los ancianos de Israel, de los que tú sabes que son ándanos del pueblo. Pero si convierten la autoridad de su ancianidad en instrumento de malicia, pecando públicamente, deben de ser reprendidos abiertamente y con dureza, como lo hizo Daniel: Envejecido en la maldad, etcétera (Dan 13,52).

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Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, Tercera Parte, Cuestión 42, Artículo 2.


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