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jueves, 31 de marzo de 2016

Francisco se postra ante Satanás: Ante el Poder Mundial, Ante la 666-Shoah, Ante el Sionismo



Francisco se postra ante Satanás: Ante el Poder Mundial, Ante la 666-Shoah, Ante el Sionismo

Desde que se instaló el Caballo de Troya del Concilio Vaticano II y la marca sionista del Holocuento en la "Opinión Pública", ninguno de los Antipapas de Roma y de la iglesia impostora del Nuevo Orden Mundial y de la Apostasía Universal, ha cesado en hacer sus "debidas" reverencias a Satanás. Francisco, si bien es uno más, es el más evidente: No se sabe si por ser el más entusiasta y osado detractor de la Tradición Católica; o por ser el más torpe y estúpido de los simuladores.

Basta verlo, por lo menos, para que toda alma de buena voluntad; por la misma congoja y repugnancia que esto causa, ansíe la búsqueda del Camino, la Verdad y la Vida; que es Jesucristo, Nuestro Señor:








Tienta Satanás:

"Te daré todo esto (todos los reinos del mundo con todo su esplendor), si te postras para adorarme". (Mt 4,9)



martes, 2 de diciembre de 2014

El Falso Papa Reinante (por el Dr. Carlos A. Disandro)


Un Sexteto de Apóstatas

Queridos Lectores y visitantes, deseamos compartir con ustedes esta interesantísima y actualísima editorial de la Revista “HOSTERÍA VOLANTE” dirigida por el Dr. Carlos Disandro y que fuera publicado en dicha revista Nº 27 del Julio de 1971.

Hemos de notar la claridad doctrinaria de este filósofo y el sentido profético de sus escritos, ya que a más de cuarenta años sus escritos conservan plena vigencia en el mar de apostasía y herejía judeocristiana reinante. Por último queremos aclararles y aclarar especialmente a nuestros lectores, fieles y amigos hipercríticos que no somos“DISANDRISTAS” 1º porque el Dr. Disandro –desgraciadamente- no ha dejado ninguna escuela, 2º porque tenemos entendido que él no pretendía semejante cosa, por el contrario siempre exhortaba a que se estudiara y que se regresara a las fuentes, esto es los Evangelios y a los Santos Padres.

Por el Dr. Carlos A. Disandro

Será ésta tal vez la última nota de la Hostería Volante sobre tan delicado y dramático tema. Por eso conviene recapitular, en sucinto resumen, el horizonte entenebrecido en los difíciles días que transcurren, obsesionados por una falsa paz que es una siniestra guerra, estimulados por una falsa guerra que impide el fundamento de la concordia verdadera y lleva por tanto a una siniestra paz.

Hemos explicado en múltiples notas, artículos, ensayos conferencias, el carácter de una autoridad írrita, la vacancia de un poder religioso otrora consentido con odio por las potencias intramundanas, hoy erosionado y apoyado con delectación por esas mismas tendencias apocalípticas, esotéricas, judeocabalistas, judeocristianas, criptojudías, etc. Ese carácter y esa vacancia se resumen en el vínculo entre Iglesia y Pontificado (trascendente y celeste), y la referencia de Pontificado y pontífice (entitativa e histórica). De esta manera hemos transitado con intrepidez un territorio conceptual, abrumado por oscuridades inevitables; y con modestia, una lumbre, coronada de resplandores inalcanzables. No tenemos ya más que decir, pues todo será efecto de este siniestro pseudo-pontífice, que todo lo esgrime para derrumbarlo todo: sólo le falta el último acto, a saber, la pretensión de anular la sacramentalidad trinitario-teándrica de la Iglesia, para convertirla en una empresa sociomórfica e intramundana, que participe y aglutine el gobierno mundial en ejecución. Ya se ve ese rumbo en su increíble alocución de Pascua de 1971. La falsa misa preludia esta tenebrosa requisitoria de las potencias esotéricas, que hoy esclavizan a la Iglesia.

Hemos dicho en los últimos cinco o seis años, lo fundamental de una temática siniestramente callada por los sedicente teólogos tradicionalistas, que empuñan la vara del tambor para ulular a la obediencia, mientras la arquitectura de la Fe cae bajo la piqueta de Lenín-Montini: o que dicen en reserva, secreto y recato las más tremendas acusaciones contra el falso papa, pero que en público aconsejan a los jóvenes el siniestro designio de aceptarlo todo, incluso la destrucción de la patria.

No hay más que analizar ya: falso papa, falsa misa, falso ecumenismo, falsas música, falso evangelio, falsos clérigos, falsa renovación, falsa lectio, falsa teología, falsa mística, falsa misericordia y falsa justicia. Lo que viene es pues o derrumbe de la falsedad, o imperio de sus terribles consecuencias esclavistas. Si es el derrumbe, estamos preparados para prolongar la Fe en la caótica anarquía que lo arrollará todo; si es el imperio de las tinieblas, estamos preparados para afirmar y subrayar, unidos a la más entrañable tradición, lo que consideramos sustancia de la Fe. Eso sí: no sabemos si se nos otorgará la corona de los fuertes. Pero esto es un don que se recibe; aquí hablamos de lo que entrevén nuestras débiles fuerzas.

Entretanto, confirmamos desde estas páginas peregrinas, como las de una “hostería” que afinca su blasón en cualquier rumbo de la patria y del mundo, la conclusión que surge de este decenio sombrío y que culmina en este ridículo y siniestro espectáculo de un pseudo pontífice que converge con las más crueles e inhumanas potencias de esclavitud ( en nombre de la resurrección de Cristo) y que transformado en profeta de una esperanza que no tiene nada que ver con el Espíritu, proclama con increíble y satánico orgullo la mutación intramundana de la humanidad. Se ha esfumado para este judío carbonario la mística del anacoreta, del monje y del contemplativo: sólo piensa que el hombre es “príncipe de los cielos”, porque vuela en ridículas cápsulas interplanetarias, de las que se ríen incluso sinarcas como Toynbee. Se ha esfumado la meditación y la posesión de la vida intratrinitaria: solo piensa en la vida del progreso, las máquinas y el socialismo. Se ha esfumado la posesión y meditación de la humanidad de Cristo: solo piensa en convertir las piedras en pan, para que se erija en las masas hambrientas (creadas por las mismas potestades que protegen a Montini) como un nuevo dios, un dios intramundano, o por lo menos como su electo profeta ecuménico, sin Dios y sin Tierra. En fin se ha esfumado todo acto de elevación en la vida de la Iglesia: sólo piensa en que puede rodar, monte Vaticano abajo, sin sufrir detrimento alguno, cobijado como está en las instancias de los poderes sinárquicos. Hemos entrado pues en el último acto, la satanolatría, que conduce al derrumbe o a la esclavitud.

No es fácil escribir estas líneas: pero debemos escribirlas, para coronar un ciclo del que somos conscientes y que reafirmamos sin ambages. Sus errores serán paliados por los años densos que vienen; sus verdades, aunque fuesen pocas o débiles, resplandecerán en la fuliginosa densidad que nos agobia. Y desde este pasaje tenebroso –en la esclavitud o en el derrumbe- unos y otras advertirán en su modestia y en su nitidez que en América hemos sabido soportar el cruel y duro peso de la claridad penunmbrosa.

Tales reflexiones deben aplicarse en primer lugar a nuestra sufrida tierra, por cuya continuidad, perduración y exaltación comprometemos y hemos comprometido nuestras horas más lúcidas y más fervientes. Pues aquí, quizá como en ningún otro rumbo del mundo, las confrontaciones parecen más desoladas y terribles. No oímos una sola voz de entre las sacras testas corrompidas que anhele –no digo que reclame- la autenticidad de la iglesia, en este vómito sofístico de las altas cátedras, estos “obispos” siguen siendo obispos, porque han dejado de ser epíscopos.

Las consecuencias de su inserción político-temporal seguirán siendo terribles; contra ellas debemos fortalecernos para instaurar un estado argentino libre de la tutela de una iglesia ecuménica, subversiva, judeocristiana, tercermundista, pseudotradicionalista, empresaria, que exalta el pobrerío, porque ha corrompido a los pobres. Nuestro programa político en este caso a reconocerlo y a hacerla a un lado, para instaurar un “estado bárbaro”. Según esta premisa, se ordenan fundamentales y sucesivas instancias político-temporales, que pueden ser realidades en la hora del derrumbe, o que podrán meditarse tal vez en las sombras de la esclavitud. Aquí se nos escapan ya las coyunturas definitivas.

Finalmente hemos subrayado en incontables ocasiones, desde la Hostería Volante, el rumbo previsibles, la maniobra oscura y farisaica, el desapego de las jerarquías vaticanistas a la lumbre doctrinal y mística, el falseamiento de un lenguaje que se ha tornado, satánicamente, campo de concentración lingüística, donde los esclavos judeocristianos sirven a los amos mundialistas contra la Iglesia de Cristo. Hemos adoptado una tesitura de diáfano corte conceptual, y hemos derivado allí numerosas conclusiones de un orden empírico. Ya nadie acusa a la Hostería Volante de exageraciones (como en los años 1958-1964), o de otras muchas cosas concurrentes (como en los años del 1964-1970): simplemente se la odia o se la ama y se la protege; se la quema o se la pide, se la exalta o se la hunde en el lodo. No nos extrañamos de ello ni, nos incomoda. Pagamos el tributo de contradicción de toda obra humana.

A los que nos odian, particularmente a los clérigos, o los que bajo su conducción se rigen por la banderola del infierno, les puntualizamos, que en el ancho mundo también hay sitio para nosotros, y que siendo como somos “arcaicos, obsoletos, obsesionados y tercos”, no les dañamos en absoluto sus planes socialistas, ecumenistas, o los que fueren. Que nos odien pues y dejen ruta libre a nuestras requisitoria dramática. O que nos odien, pero cumplan su deber de verdad, proclamando eso mismo que nos odian.

A los que nos aman, particularmente a los que viviendo en esclavitud desean nuestra libertad espiritual, les aseguramos que es ese el fundamento de nuestra existencia, y que en el ancho mundo siendo tan limitados como somos, la dimensión de ese amor cubre todas las precariedades, contradicciones, incongruencias y debilidades, y nos fuerza a ser lo que somos: HOSTERÍA VOLANTE, NUNC ET SEMPER. QUE EN CUALQUIER CASO EXISTIMOS POR ESO, PARA AMAR EN LA VERDAD.

El Bodeguero...

Fuente: Capillavedia.blogspot.com.ar

domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Es tu Iglesia "católica" la Verdadera Iglesia Católica que fundó Jesucristo?

Antipapa Juan Pablo II besando el Corán


¿Es tu Iglesia "católica" 
la Verdadera Iglesia Católica 
que fundó Jesucristo?

Nuestra Iglesia tiene 2000 años, fundada por Jesucristo en el Papado perenne de Pedro, el Primer Papa. Garantizando en él y en sus sucesores la indefectibilidad, inmutabilidad e infalibilidad de la verdadera Doctrina Cristiana. Es decir que ningún Papa puede desdecirse ni desdecir lo que ya otra antecesor ha pronunciado solemnemente, una vez y para siempre, desde la Cátedra de Pedro.

¿Tu Iglesia ha sido fundada en el año 1965 con la promulgación solemne del pérfido y falso "Concilio Vaticano II"? Entonces tu Iglesia no es la verdadera Iglesia que fundó Cristo; ni tu fe es la Fe que podrá salvarte.

Nosotros creemos que Fuera de la Iglesia Católica No hay Salvación, juntamente con todos los Papas: Ver las Pruebas Aquí.

¿Tú crees, en cambio, con el Vaticano II, Lumen Gentium # 16 que: “la divina Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios"? Pues esa no es la verdadera Iglesia de Cristo, que en su Nuevo Testamento declara, en Romanos 1 ,19-21: “Puesto que lo que se puede conocer de Dios, les es manifiesto a ellos. Porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas de él invisibles, se ven después de la creación del mundo, considerándolas por las obras criadas; aun su virtud eterna, y su divinidad: DE MODO QUE SON INEXCUSABLES".

Nosotros creemos con todos los Papas que quien no se somete al Sumo Pontífice y a la Sede Apostólica, queda excluido de la Iglesia Católica (1)

¿Tú crees, en cambio, con el Vaticano II, Lumen Gentium # 15, que: “La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro.”? Pues tu religión no es la religión que fundó Cristo hace 2000 años, ¡y te irás al infierno si no te conviertes!

Nosotros creemos que la Iglesia REPRUEBA a los que sienten de un modo diverso a lo que la Iglesia Católica ha enseñado SIEMPRE (2)

¿Tú crees, en cambio, con el Vaticano II, Nostra Aetate (#4), que: “no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos"? Pues tu Iglesia es falsa y todos los que a sus herejías adhieren se condenarán, como se condenarán los antipapas heréticos del Vaticano II, los judíos y cismáticos:



Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra: 

“La Santa Iglesia romana firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia (ecclesiastici corporis) que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premiso eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica”

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(1) El Papa Pío IX, Amantissimus (# 3), 8 de abril de 1862: “Hay otras pruebas, casi incontables, extraídas de los testigos más confiables que clara y abiertamente testifican con gran fe, exactitud, respeto y obediencia que todos los que quieren pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo deben honrar y obedecer a esta Sede Apostólica y al Romano Pontífice.”/ El Papa Pío VI, Charitas (# 32), 13 de abril de 1791: “Por último, una palabra permanece junto a Nos. Porque nadie puede estar en la Iglesia de Cristo sin estar unido con su cabeza visible y fundada en la Sede de Pedro.”/ El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896: “Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, QUE SIEMPRE HAN MIRADO COMO EXCLUIDO DE LA COMUNIÓN CATÓLICA Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO.”

Recordemos que los Antipapas del Vaticano II han sido los primeros promotores de estas herejías, y que ellos no son Papas verdaderos (por más que usen ese nombre y casi todo el mundo los reconozca como tal) porque un Papa no puede ser hereje, ni contradecir la doctrina ya definida de Cristo a través de otro Papa.

(2): Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Bula Cantate Domino, 1442, ex cathedra: “La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios, omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo (…) A cuantos, por consiguiente, sienten de modo diverso y contrario, [la sacrosanta Iglesia Romana] los condena, REPRUEBA y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia” 

Para más información, visite: Vaticano Católico 

 

lunes, 18 de junio de 2012

Nueva Misa con Gauchesca burla e impiedad


La inculturación de la falsa Iglesia conciliar no se detiene. Arriba se ve un ejemplo de la adaptación de la “Nueva Misa”[1] a las costumbres locales. En el estado brasileño de Rio Grande do Sul, una zona de cría de ganado, los gauchos [vaqueros] marcan la pauta de las costumbres locales.Son conocidos por sus trajes característicos, sus canciones y comida. Todos estos elementosfueron incorporados a la liturgia de la “Nueva Misa”.
En la foto se ve un gaucho muy cerca del altar de la celebración sosteniendo una brocheta decarne a la parrilla, junto a él un niño sostiene una taza típica de yerba mate. Al mismo tiempo, el sacerdote “consagra” el pan y el vino para “convertirse” en Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. Hay una fuerte insinuación de que los alimentos y bebidas locales que los gauchos están ofreciendo son de alguna manera parte de la Consagración.
El sacerdote lleva un sombrero de gaucho que le cuelga en la espalda y un poncho, como sise tratara de sus vestiduras. Nótese en la foto inferior que en el ofertorio, la brocheta de carne y la copa son alzadas junto con el “sacerdote” para enfatizar su participación en la Misa.


“Verdaderamente, si a uno de los demonios de Las Cartas del Diablo a su Sobrino de C. S. Lewis se le hubiese confiado la ruina de la liturgia, él no lo podría haber hecho mejor” (Michael Davies, Pope Paul’s New Mass, Kansas City, MO: Angelus Press, p.80).
Cardenal Ottaviani: “El Novus Ordo [la Nueva Misa] representa, tanto en su conjunto como en sus detalles, una notable desviación de la teología católica de la Misa tal como fue formulada en la sesión 22 del Concilio de Trento” (The Ottaviani Intervention,Rockford, IL: Tan Books).
Jean Guitton (un íntimo amigo de Paulo VI) escribió: “La intención del Papa (sic) Paulo VI en relación a lo que comúnmente se llama [la nueva] Misa, fue reformar la liturgia católica de tal manera que casi debería coincidir con la liturgia protestanteEsto era con una intención ecuménica de Paulo VI de eliminar, o, al menos corregir, o, al menos mitigar, en la Misa, lo que era demasiado católico en el sentido tradicional y, repito, hacer que la Misa católica se acercase más a la misa calvinista” (Rama Coomeraswamy, TheProblems with the New Mass, Tan Books, p. 34).
La verdadera Misa católica

“La medida en que el Novus Ordo de la Misa se separa de la teología del Concilio de Trento se puede medir mejor mediante la comparación de las oraciones que el Consilium eliminó de la liturgia de aquellas eliminadas por el hereje Thomas Cranmer. La coincidencia no es apenas sorprendente: es horripilanteEllo no puede ser, de hecho, una coincidencia” (Michael Davies, Pope Paul’s New Mass, Kansas City, MO: Angelus Press). 
La forma de una mesa mudará de manera más simple las opiniones supersticiosas de la Misa papista hasta el correcto uso de la Cena del Señor. Porque el uso de un altar es para hacer sacrificios en él; el uso de una mesa sirve para que el hombre coma sobre ella” (Michael Davies, Cranmer’s Godly Order, Fort Collins, CO: Roman Catholic Books,1995, p. 183).
“… cuando entramos en los templos de los herejes, donde no hay nada excepto una cátedra para la predicación y una mesa para hacer una cena, sentimos que estamos entrando en un salón profano y no en la casa de Dios” (San Roberto Bellarmino, Octava Controversia Generalis.  Liber II.  Controversia Quinta.  Caput XXXI).
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Papa San Pío V, bula Quo primum tempore, 14 de julio de 1570:  
“Pues bien: a fin de que todos abracen y observen en todas partes lo que les ha sido transmitido por la sacrosanta Iglesia Romana, madre y maestra de las demás Iglesias, en adelante y por la perpetuidad de los tiempos futuros prohibimos que se cante o se recite otras fórmulas que aquellas conformes al Misal editado por Nos. … Así pues, que absolutamente a ninguno de los hombres le sea lícito quebrantar ni ir, por temeraria audacia, contra esta página de Nuestro permiso, estatuto, orden, mandato, precepto, concesión, indulto, declaración, voluntad, decreto y prohibición. Más si alguien se atreviere a atacar esto, sabrá que ha incurrido en la indignación de Dios omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo”.


[1] Los católicos no pueden asistir a la “nueva Misa” porque no es católica, es herética, cismática e invalida. Para más información al respecto haga click aquí.


viernes, 13 de abril de 2012

Hinduísmo y Vaticano II: Sectas de Demonios


Hinduísmo y Vaticano II: Sectas de Demonios

 En la imagen superior puede verse retratada a la diosa Kali, uno de los aproximadamente 330.000 demonios que idolatran los hindúes. Y sin embargo, el Hinduísmo es una Falsa Religión que no es condenada por el Vaticano II; sino alabada, y en todo sentido. Véase:

El documento del Vaticano II, Nostra aetate, # 2: “Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza.”

Lo cual es terrible y espantoso. Una Iglesia que nace y se forma en este texto "infalible": NO ES LA IGLESIA CATÓLICA. No puede serlo jamás. El Conciliábulo Vaticano II engendró una secta tan diabólica como la secta del hinduísmo. Nos lo dicta la conciencia cristiana y el sentido común de todo bautizado al estudiar las Sagradas Escrituras:

Salmo 95, 5: “Todos los dioses de los gentiles son demonios …”.

1 Cor. 10, 20: “Antes bien, digo que lo que sacrifican los gentiles, a los demonios y no a Dios lo sacrifican. Y no quiero yo que vosotros tengáis parte con los demonios”.

Nos lo dicta el Sensus Fidelius al profesar que los Dogmas NO pueden cambiar, mudar o reinterpretarse bajo ningún pretexto:

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 3, cap. 2 sobre la Revelación, 1870, ex cathedra:
“De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo so pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo”

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 3, cap. 4, canon 3:
“Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema

Y más fuerte nos lo dice la Fe y claramente se distingue la Herejía cuando se sabe que como parte de las declaraciones dogmáticas y condenas; se habló para siempre contra la Secta Abominable del Hinduísmo:

El Papa León XIII, Ad extremas (#1), 24 de junio de 1893: 
“Nuestros pensamientos se dirigen en primer lugar al bienaventurado Apóstol Tomás que con razón es llamado el fundador de la predicación del Evangelio a los hindúes. Después, está San Francisco Javier (…) A través de su extraordinaria perseverancia convirtió a cientos de miles de hindúes de los mitos y viles supersticiones de los brahmanes a la verdadera religión. Tras las huellas de este hombre santo siguieron numerosos sacerdotes (…) ellos son los continuadores de estos nobles esfuerzos; no obstante, en las vastas extensiones de la tierra, muchos están todavía privados de la verdad, aprisionados miserablemente en las tinieblas de la superstición.”


Entonces ¿puede haber un parangón entre la Santa Iglesia Católica y esta Secta Defectuosa que nació con el Pérfido Vaticano Segundo? Una Secta que elogia a una Fornicaria como lo es la Secta del Hinduísmo; es tan reprobable como aquella. Nos lo dice claramente la Biblia: NO QUIERO QUE TENGÁIS PARTE...
¡Pero aquí no sólo se trata de parte!¡Se trata de una total apostasía!

La Prostituta nos dice:

“Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza.”

Mientras que la Inmaculada Esposa nos recuerda:

“Nuestros pensamientos se dirigen en primer lugar al bienaventurado Apóstol Tomás que con razón es llamado el fundador de la predicación del Evangelio a los hindúes. Después, está San Francisco Javier (…) A través de su extraordinaria perseverancia convirtió a cientos de miles de hindúes de los mitos y viles supersticiones de los brahmanes a la verdadera religión. Tras las huellas de este hombre santo siguieron numerosos sacerdotes (…) ellos son los continuadores de estos nobles esfuerzos; no obstante, en las vastas extensiones de la tierra, muchos están todavía privados de la verdad, aprisionados miserablemente en las tinieblas de la superstición.”

 ¡El Agua y el Aceite! ¡Cristo y Belial!

Que la Santísima Virgen rescate de la Falsa Iglesia, de sus Antipapas, Bestias y Anticristos, a su Pueblo Fiel, para que no perezca por la ignorancia.

A continuación algunas imágenes de las Dos Sectas Demoníacas:










Para más Información Sobre Herejías del Vaticano II: Ver Aquí

martes, 13 de marzo de 2012

LA IGLESIA ES OTRO CRISTO


LA IGLESIA ES OTRO CRISTO

Excelente Artículo Cuaresmal tomado íntegramente del Recomendable Blog El Cruzado.org; escrito por el genial José de León

La Iglesia es otro Cristo: Reflexión de Cuaresma

Por José de León

La visión más alta de la historia

Nuestro Señor quiso que su sangre fuese el precio de la redención y la formación de la iglesia, la nueva arca de la salvación prefigurada por el Arca de Noé, fuera de la cual no hubo salvación. Todos los que a ella no subieron, perecieron. Fundó la Iglesia sobre San Pedro y promulgó el Evangelio, a fin de que únicamente quienes fueran bautizados y guardaran la fe, fueran salvos. “El que fuere bautizado y creyere se salvará, mas el que no creyere se condenará”(Mc. 16, 16). Sin embargo, hay un elemento que el hombre moderno, incluso el hombre piadoso, frecuentemente pasa por alto o definitivamente, ignora: sea por ignorancia religiosa o por la pereza intelectual que caracteriza al “católico” de hoy, o sea por la complicidad que el “sacerdote” tiene con ese defecto en su grey.


El elemento clave: la integridad de la fe

El elemento clave es que la fe debe guardarse íntegra y sin mancha, so pena de comprometer la salvación, es decir, la vida eterna. Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 13, 15 de agosto de 1832: “Si dice el Apóstol que hay ‘un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo’ (Ef. 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, ‘están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo’ (Lc. 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual ‘es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha’ (Credo Atanasiano)”.). De esta manera, se entiende la herejía como el peor de todos los males (“Es un hecho cierto y bien establecido que no hay ningún otro crimen que ofenda tan gravemente a Dios ni le cause tanta ira como lo hace el vicio de la herejía”, afirma el Papa San Pio X, en Editae Sapae), ya que arranca las ovejas del rebaño del Buen Pastor. Naturalmente, para su contraparte, el demonio y su ejército, esa pérdida no es sino un triunfo temporal, efímero, aunque por su implicancia: eterno; es motivo de “regocijo”, para Lucifer y sus aliados más cercanos: los herejes, quienes promueven una doctrina diferente a la que enseñó el Divino Salvador.

Cada vez que un católico acepta, conscientemente y no por error “material”, una doctrina herética, el infierno gana un miembro (irrecuperable si ese hombre muere en estado de herejía); el cuerpo místico de Cristo pierde una oveja amada, y viceversa.

Sin temor a simplificar en extremo la realidad, se puede afirmar que a este punto o bajo este prisma de análisis, se resume casi toda la historia. Si se estudia la historia y se revisa la actualidad desde su perspectiva más alta, todo acontecimiento pasado o cualquier situación en curso, puede analizarse y resumirse como la pugna entre estas dos fuerzas inevitablemente opuestas: la fuerza salvadora de la iglesia y las fuerzas diabólicas de los herejes, llamados las “puertas del infierno”. Enseña el Papa Vigilio, en el Segundo Concilio de Constantinopla, 553: “… tenemos en cuenta lo que fue prometido para la Santa Iglesia y Aquel que dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por ellas entendemos que son las lenguas mortales de los herejes)”(1). La batalla, como es lógico, se libra por cada oveja del rebaño, por cada alma que se salva o se condena. Ese es el campo de batalla por excelencia entre el bien y el mal y el eje por el cual se explica la obra del Creador. El ámbito de la salvación o condenación eterna de las almas es el prisma que permite comprender los acontecimientos en su más alta perspectiva.

El Concilio Vaticano II: el mayor éxito del demonio desde la persecución a Cristo

Entendida así la lucha entre el bien y el mal ―entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas― es dramático constatar que el Concilio Vaticano II sin duda alguna, constituye el mayor éxito estratégico de la causa de lucifer y los herejes, desde la persecución a Cristo. El conjunto de las herejías emanadas desde la pluma del demonio y escritas en las actas que, a su servicio, dispusieron y autorizaron con su sello, Juan XXIII y luego Pablo VI, generó toda una “eclesiología” nueva, diametralmente opuesta a la enseñada por los legítimos sucesores de San Pedro. De ese conciliábulo, se originó una religión nueva y herética. La extensión de la evidencia es de tal magnitud, que escapa a las posibilidades de esta breve reflexión otorgar todas las pruebas en este artículo, aunque está disponible en el sitio web. Sin embargo, podemos identificar la principal de todas las herejías de este fatídico evento revolucionario: “Fuera de la iglesia sí hay salvación” . Esta sentencia (condenada por múltiples declaraciones papales ex cathedra, es decir, infalibles) fue la piedra angular de la herejía del Vaticano II y de ella se desprendieron fácilmente muchas otras. Se expandieron por el que dejó de ser el mundo católico, con la rapidez que la ponzoña de una cascabel avanza por el torrente sanguíneo de su víctima. ¡Cuántas almas se intoxicaron de ese veneno de satanás! ¡Y cuántas ovejas se separaron del rebaño para siempre!

Aceptada esa herejía, fácilmente fue aceptado el ecumenismo: ese supermercado gnóstico de religiones corruptas por las cuales, insolentemente, se proclama que ha de hallarse el camino al cielo. No es difícil encontrar en los seglares y más aún, entre los “sacerdotes y obispos”, quienes, en consecuencia, niegan la divinidad de Cristo, la infalibilidad papal, la indefectibilidad de la Tradición y de la Revelación y, en fin, todo cuanto hay de verdadero reemplazándolos por la mentira despiadada, por la herejía infame.

La Iglesia es otro Cristo

“Christianus alter Christus”, los cristianos son otros Cristos, enseña la iglesia. Lo que se aplica a la vida del Salvador, se aplica ―pese a la inconmensurable desproporción― a cada uno de los cristianos fieles. Cada uno de ellos, desde el primero hasta el último cristiano de la historia, invariablemente será perseguido sin causa justificada, por los adversarios milenarios del Verbo: esa raza de hijos de las tinieblas que llenan sus corazones y puños de odio a la Verdad y a quienes la propaguen. Así, el profesor universitario que se atreva a defender un principio católico durante una clase, será denunciado por sus alumnos por intolerancia religiosa y probablemente perderá su empleo; el estudiante valiente que no asista a un espectáculo inmoral, será “excomulgado” del grupo de estudio que otrora le sonreía y ofrecía una promisoria red de contactos; la madre católica que se niegue a participar de las frivolidades de su círculo de “amigas”, irá gradualmente quedando sola. De ella se dirán calumnias, mentiras infundadas, inspiradas por la antigua serpiente; se dirá que ella ahora pertenece a una secta y que ahí le prohibieron vestirse “a la moda” o conversar “de forma abierta”. El ostracismo, la soledad, el desprecio y la guerra a muerte, espera a cada uno de los cristianos que reconocen al Divino Maestro y que enfrentan al príncipe de este siglo, el demonio.

Bajo un cierto punto de vista, podríamos afirmar, por extensión, que el mismo principio se aplica a la Santa Iglesia Católica, es decir, al conjunto de los fieles: aquellos bautizados que obedecen al sucesor de San Pedro y que guardan la fe íntegramente. Podríamos afirmar que “la iglesia es otro Cristo”.

El Concilio Vaticano II fue una parodia de la pasión de Nuestro Señor

La herencia maldita que profirió las calumnias contra Nuestro Señor, las profirió luego desde la basílica de San Pedro, en el Vaticano, al celebrarse dicho conciliábulo: “la iglesia se equivocó”, “la iglesia fue instrumento del mal” e incluso, “la iglesia pecó” (¡!). ¡Cuán falsas y atrevidas blasfemias se levantaron contra el Cordero de Dios y cuántas, desde los asientos del Concilio, se levantaron contra su Iglesia, su cuerpo místico!

La promulgación universal del Concilio Vaticano II hace con que la situación de la Iglesia sea análoga al trágico paso del santísimo Cordero de Dios por el patíbulo. La vía dolorosa parece repetirse, como si la repulsiva serpiente hiciera una parodia teatral de la pasión de Nuestro Señor, conduciendo a su Iglesia, su cuerpo místico, por una nueva vía dolorosa, llena de aflicciones. Parodia insolente: ¿de qué serviría su sangre preciosísima si los miembros de su iglesia se corrompen con las nuevas doctrinas? ¿No es esto una afrenta al sacrificio del Divino Salvador?



Tres personajes de la pasión de Nuestro Señor y de su cuerpo místico

Nos detendremos en tres personajes que en la nueva pasión, también están presentes: los fariseos acusadores, el juez que se lava las manos y el verdugo.

Los nuevos fariseos

La obra del demonio avanzó tanto en los últimos siglos, que, a diferencia de épocas anteriores, los enemigos de la iglesia ya no se encontraban “extra-muros”. El Papa San Pío X lo denunció así en su encíclica Pascendi, alertando a los católicos respecto al nuevo enemigo: el laico y el clérigo modernista. La ciudad de Cristo ahora tenía los enemigos dentro, haciendo más difícil la situación para los fieles. De esta manera, las principales herejías se propagaban ahora desde el “seno” de la iglesia, desde el púlpito o desde la sede obispal. Y comenzaron a proferir las calumnias contra la Iglesia, como fariseos acusadores.

Ayer, los fariseos acusaron a Nuestro Señor, aullando como un lobo furioso: “¡Él mintió!”. Hoy, los nuevos fariseos proclaman sin vergüenza: “la iglesia mintió”. Ayer fue “Él no es Dios”, hoy es “la Iglesia católica no es la Iglesia de Cristo”. Ayer, “Él no es el Salvador”; hoy, “fuera de la iglesia sí hay salvación”.

En el Concilio, fueron los príncipes de la Iglesia los acusadores, cuales nuevos fariseos mal intencionados. Acusaron a la iglesia de estar obsoleta, de no actualizarse, de necesitar un “aggiornamento”, de no haber acogido a los “hermanos judíos” y protestantes, de ser la culpable de haber alejado a los “hermanos separados”…

Los teólogos Ratzinger, Hans Küng, Rahner, Danielou, de Lubac, Schillebeeckx, y cuántos otros hicieron suya la calumnia farisaica. Sin la proclama anticristiana de estos nuevos fariseos, pocas fuerzas habría tenido la hueste de Lucifer para avanzar y promulgar el Concilio.


El juez que lava sus manos pudo detener la Pasión

Más que por su cargo o poder temporal, el personaje del juez es especialmente relevante porque en esas manos estuvo la posibilidad real de liberar a la Víctima de la turba diabólica. Esa posibilidad concreta de actuar para detener a los acusadores endemoniados, es la característica esencial del juez que lava sus manos.

¿En manos de quién estuvo la posibilidad de detener el Concilio? En manos de los obispos como De Castro Mayer, Sigaud, Ottaviani, Lefevbre, y muchos otros que eran conocidos como “conservadores”. ¿Qué hicieron para detener la pasión del cuerpo místico de Cristo? Nada. Todos ellos, al final, dieron su firma de aprobación al fatídico Vaticano II. No hicieron nada heroico que la historia haya consignado. Sólo aplicaron el principio sofista de “ceder para no perder”, ceder cuando se trata de Cristo, avanzar cuando se trata de su honra o intereses personales.

¿Qué hicieron aquellos que pudieron detener la flagelación? El silencio de sus sepulturas parece responder en este momento trágico, varias décadas después.

El verdugo

Y ahí estaba el verdugo, el hombre que debía herir la carne inocente del Cordero. Esperando a su víctima con la frialdad propia de un asesino.

Es sabido que aquellos hombres que tuvieron en sus manos la tarea más execrable de la historia, es decir, los verdugos que azotaron el cuerpo adorable de Jesús, tuvieron que cubrir sus ojos con una venda. Observar el cuerpo sacratísimo de la Santísima Víctima, herido, ver la carne inocente hecha todo una llaga, les resultaba humanamente insoportable.

Como un nuevo verdugo de Cristo, Pablo VI, el supuesto “Papa” que desarrolló y terminó el Concilio, flageló el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor, pero ahora, la carne despedazada, era de su cuerpo místico, la iglesia. No cubrió sus ojos, el nuevo verdugo de Cristo: no había en él, arrepentimiento ni remordimiento alguno. La vista del cuerpo del Divino Maestro, herido, le producía la falsa felicidad pasajera que los demonios sienten cuando triunfan sobre un alma en su afán de perdición. El nuevo verdugo, el cardenal Giovanni Battista Montini, llamado Pablo VI, tomó entre sus manos el flagelo de la herejía y la apostasía y desató la furia de Lucifer sobre su víctima adorable, en esta nueva pasión: sin piedad, sin escrúpulo alguno.

Cada una de las actas conciliares se clavaba, dolorosamente, como una nueva espina en la cabeza de la iglesia.

Cada paso del conciliábulo del infierno, llevó al cuerpo místico de Cristo a un sufrimiento aun mayor que el anterior. La similitud con la primera pasión de Cristo es evidente.

Oración para pedir a Nuestra Señora el espíritu católico en la era post-conciliar

¡Oh Virgen Dolorosa! ¡Oh Madre de la Iglesia! Ten en consideración la miseria de este siervo y especialmente, su debilidad y pecado, y ayudadme. Libradme de ser un nuevo fariseo y en consecuencia, de levantar contra la Iglesia de Cristo, una nueva calumnia, como tantas ha recibido vuestro amado Hijo de los príncipes de la Iglesia, los obispos traidores.

Libradme de perder la santa fe que, por una predilección misteriosa, en este gusano infiel, suscitaste.

No permitas que las consignas heréticas del Vaticano II siquiera rocen mi alma. Si me volviera un hereje, me uniría a los verdugos que dilaceran el cuerpo místico de Cristo con toda clase de propaganda anticristiana. ¡El sólo hecho de imaginarme de pie contra Dios, me hace temblar de horror!

En esta hora de tinieblas, en la cual todo parece perdido, dame la certeza de que el triunfo vendrá luego, como al tercer día vino la resurrección. A pesar de la sonrisa sarcástica de los incrédulos, a pesar de que todo parece perdido, dame la certeza de la restauración total de la iglesia católica, cual cuerpo glorioso, cuya herencia será el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo sobre las naciones.

Pon en mi corazón decaído por la infidelidad, el valor de San José de Arimatea, para que llegada la hora de defender a la iglesia de sus perseguidores, no lave mis manos en un acto de indiferencia apóstata, sino que me levante con todas mis fuerzas, que son las que vos me dais, en un acto de fidelidad militante para darlo todo, absolutamente todo, por la gloria del cuerpo místico de Cristo, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, fuera de la cual, no hay absolutamente ninguna salvación. Amén.


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Notas:

(1) Papa San León IX, 2 de septiembre de 1053: “La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro (…) porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina”/Santo Tomás de Aquino (1262 d.C.): “La sabiduría pueda llenar los corazones de los fieles, y silenciar la terrible insensatez de los herejes, adecuadamente representados como las puertas del infierno”.


lunes, 13 de febrero de 2012

En la Inmaculada, Santa y Verdadera Iglesia ¡NO HABITA LA HEREJÍA!


En la Inmaculada, Santa y Verdadera Iglesia
¡NO HABITA LA HEREJÍA!

¡Para muestra, un botón!

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium # 15 (HERÉTICO; ANTI-DOGMÁTICO), dice:

La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro.”


Esto es lo que enseña el falso Cocilio Vaticano II y que practica la Nueva Iglesia Oficial de Roma, con Benedicto XVI a la cabeza. Esto es totalmente herético, contrariando la necesidad de aceptar el Papado y la Fe íntegra para salvarse, para ser católico y cristiano verdadero.

Aquí, en cambio, diametralmente opuesto, lo definido desde siempre y para siempre, infaliblemente:

El Papa Pío IX, Amantissimus (# 3), 8 de abril de 1862:

“Hay otras pruebas, casi incontables, extraídas de los testigos más confiables que clara y abiertamente testifican con gran fe, exactitud, respeto y obediencia que todos los que quieren pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo deben honrar y obedecer a esta Sede Apostólica y al Romano Pontífice.”


El Papa Pío VI, Charitas (# 32), 13 de abril de 1791:

“Por último, una palabra permanece junto a Nos. Porque nadie puede estar en la Iglesia de Cristo sin estar unido con su cabeza visible y fundada en la Sede de Pedro.”



El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896:

“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, QUE SIEMPRE HAN MIRADO COMO EXCLUIDO DE LA COMUNIÓN CATÓLICA Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO.”

Y si alguno se atreve a relativizar lo definido EX CATHEDRA, sepa que incurre en la Ira de Dios:

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 3, cap. 4, canon 3:

“Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema


miércoles, 5 de agosto de 2009

Las Herejías de María Valtorta


APRECIACION GENERAL


La obra María Valtorta presenta tantas irregularidades que es difícil entender como es que ha podido tener aceptación en los medios católicos, aún tradicionalistas, al parecer. En general, por las herejías que sustenta- y otras cuestiones negativas adyacentes- no comprendemos como pudo ser aceptada por sacerdotes de formación antigua, como un Romualdo Miglirini asistente espiritual de Valtorta, y un Fray Juan de Escobar, avalador de las ediciones de la obra, por lo menos de 1976.

O bien no leyeron éstos detenidamente los escritos de María Valtorta –lo cual es difícil de suponer, dada la seriedad de la cuestión-, o actuaron – y actúa como Escobar- como cómplices de la propagación de una obra que presenta gravísimos errores en materia de fe. Sea como fuere. En la obra de Valtorta hay un misterio de complejidad con la herejía, que envuelve en particular últimamente a los “comentaristas” de la obra que evidentemente son postconciliares, y que en notas al calce delas páginas insertan comentarios haciendo notar la coincidencia de muchas doctrinas de María Valtorta con los errores del Vaticano II .

El asunto es que a través de varias ediciones producidas últimamente por un llamado “Centro Editorial Valtortiano” central de la edición en varios idiomas de El hombre Dios, la obra está recibiendo amplia difusión.

El editor un señor Emilio Pisani, en compañía de Fray Escobar, traductor al castellano de la obra, esta evidentemente confiado en la ignorancia de los católicos (aunque las herejías fundamentales de la obra son evidentes hasta para un niño del catecismo) para conseguir, como lo ha estado haciendo hasta hoy, el éxito de librería de la obra Valtorta.

Es preciso hacer notar algo importante respecto a las ediciones de la obra de Valtorta. En ninguna de las ediciones en castellano –desde 1976- aparece constancia de la Censura Eclesiástica. Ciertamente para nosotros, católicos, la censura de libros ,- con la cual hicieron un astuto juego los postconciliares, suprimiéndola por unos años después del Vaticano II para dejar correr las herejías, y renovándola posteriormente a su manera- no es válida-. La valida para nosotros es la del antiguo y permanente Código de Derecho Canónico anterior a la reforma efectuada por orden de Juan Pablo II. Ahora bien, en la edición de 1976, - castellano que es la que tenemos a la vista junto con la de 1989 – no aparece ninguna Censura o “Nuhil Obstat”- . Conocemos la ligereza de los postconciliares en esto de la censura, pero lo que hay que hacer notar, repetimos, es el hecho de que valiéndose de los textos de la Valtorta para apoyar las doctrinas del Vaticano II, no aparezca el apoyo de la Censura postconciliar. ¿No han querido comprometerse para poder dejar la puerta abierta a una autodefensa ante la acusación de hereje cómplices del libro que por otra parte comenta favorablemente ?. Bien que ellos así son. Mas no deja de ser un dato interesante.

Por otra parte, se dice en la Introducción a la edición en castellano de 1976, que María Valtorta “ el 18 de abril de 1949 ofreció a Dios el sacrificio de no ver la aprobación de su obra, uniendo a este sacrificio el precioso don de su inteligencia”. Esto significa evidentemente o da a entender, que la obra de Valtorta fue sometida a censura y no logró la aprobación eclesiástica. Eran los tiempos de S.S. Pío XII. y repite el P. Escobar: “María no pudo tener la satisfacción de ver que su obra era aprobada” (P.9) No explica si por fin la obra tuvo o no la aprobación. Pero tratándose de una cuestión tan seria, lo menos que podía hacer Escobar es consignar la fecha de la aprobación, si es que hubo posteriormente, después de aquel rechazo de 1949. Que hubo rechazo de la obra por parte de la autoridad eclesiástica, lo indica claramente Escobar al mencionar el sacrificio de Valtorta, y la fecha que seguramente fue en la que recibió la negativa. “El 18 de abril de 1949. Los motivos para el rechazo más que nada en aquel entonces, eran más que suficientes,

Algo sobre las leyes canónicas de la Santa Iglesia respecto a la censura eclesiástica de libros, escritos diversos, revelaciones, etc.

Lo que en el Código de Derecho Canónico se expresa. – el antiguo –sobre la publicación de libros, artículos, textos de revelaciones privadas, imágenes religiosas, todo tema religioso, en fin, está contenido en los cánones del 1384 al 1400 principalmente. Ahí se expresa:

1.,- Que la Santa Iglesia tiene derecho de exigir que los fieles no publiquen libros que ella no hay previamente examinado, y a prohibir con justa causa todo lo que haya sido publicado sin su autorización por cualquier persona.

2.- Todos los escritos antes de su publicación deben ser aprobados por el obispo de la diócecis dentro de la cual se publica la obra. Este obispo tendrá nombrado un censor de oficio, clérigo dedicado a examinar el contenido de lo que se piensa publicar, para determinar si no contiene errores contra la fe y costumbres. Una vez aprobada la obra se incluirá en las primeras páginas el Nihil Obstat con la firma del censor y aprobación del obispo. También se expresa con la frase Con las debidas licencias o Imprimatur – puede imprimirse- Si la obra presentada para ser examinada contiene algún error. Es rechazada y se niega la aprobación, por lo cual el autor no puede publicarla, o si la publica sin la constancia de censura incurre en grave delito al que se refiere el Canon Núm .2318 que dice:

2318. Incurren en excomunión ipso facto reservada de un modo especial a la Santa Sede, una vez que la obra es del dominio público, (ipso facto quiere decir sin necesidad de ninguna declaración) los editores de libros apostatas, herejes o cismáticos, en los que se defiende la apostasía, la herejía o el cisma y asimismo los que defienden dichos libros u otros prohibidos nominalmente por letras apostólicas, o los que a sabiendas y sin la licencia necesaria, los leen o los retiene en su poder. ( Sin la licencia necesaria significa que a determinadas personas cuyo criterio católico es confiable, la Iglesia puede conceder la lectura de libros prohibidos en particular para estudiarlos para su refutación) continúa...

Los autores y editores que sin la debida licencia, hacen imprimir libros de las Sagradas Escrituras o sus anotaciones y comentarios, incurren ipso facto en excomunión no reservada.

Ahora bien, aquí cabe una observación: no existiendo al presente autoridades canónicamente jerárquicas que juzguen según el Derecho sobre los libros, ¿a qué nos atenemos los católicos respecto a los libros que en defensa de la Fe se publican sin aparecer licencia?... En primer lugar, hay que tener en cuenta la intención con la que escriben los sacerdotes y laicos que al momento presente escriben en defensa de la Fe católica y de la Iglesia verdadera. Esta intención conlleva ya el deseo de conformar sus escritos con la Doctrina verdadera. Por lo general, son personas preparadas doctrinalmente que han podido detectar los errores de la Iglesia postconciliar, y han comentado unos con otros los mismos temas. El Magisterio de la Santa Iglesia ha determinado clara y abundantemente a través de veinte siglos cuál es la recta Doctrina, de modo que no es difícil compararla con las novedades heréticas, colaborando a que la Doctrina verdadera se mantenga y los fieles logren rechazar los errores. Pero además, hay que hacer notar que siendo el deseo manifiesto de los escritores tradicionalistas defender la Fe, seguramente todos están dispuestos, si se les hace notar algún error, a conformar su pensamiento con el de la Santa Iglesia. Esto vale por la situación presente en que quedaría un inmenso hueco sin llenar, de no existir quien tomase la defensa escrita de la Doctrina; mucho antes de aparecer los cánones censurando los libros, millares de católicos escribieron difundiendo y defendiendo la Fe. La censura se hizo necesaria en particular al aparecer los errores difundidos por Lutero.

Ahora bien, más que nunca son válidos los cánones que previenen contra libros heréticos que personas con una elemental cultura religiosa pueden detectar, y es deber de quienes pueden comprobar comparándolos con la doctrina verdadera, que una obra o escrito contienen herejías, al advertir sobre todo en este momento acerca de dichos errores. La manera de probar con seguridad, es comparar la doctrina errónea con la Doctrina de la Iglesia. Esta prueba es irrefutable de por sí.



VOLVIENDO A LA OBRA DE MARÍA VALTORTA

Aquí se trata de un comentario a su obra, haciendo notar los errores, algunas herejías, en que ella incurre, comparadas con la Doctrina de la Santa Iglesia. No se trata de un juicio de su personalidad ni de su intención, sólo de hacer notar lo que una censura eclesiástica normal no aceptaría de sus escritos.

Una observación más

Antes de pasar adelante en este comentario queremos recordar que la Santa Iglesia no obliga, sino que deja en libertad a los católicos de aceptar o no las revelaciones privadas. Lo único que está obligado un católico a aceptar son los dogmas de la Fe.

Por otra parte, la Santa Iglesia reconoce que hasta en los escritos de los ya llamados “ siervos de Dios” es posible que se encuentren errores. “ Siervos de Dios” son aquellos cuyos juicios para la posible beatificación se ha iniciado, y cuyas personas y vida pueden ser dados a conocer. No obstante, en su constante solicitud por mantener libre de error la manifestación de la Fe incluso en los escritos de estos siervos, la Iglesia somete estos escritos a una Comisión especial sobre cuyo resultado dictamina el mismo Romano Pontífice, quien decide según el resultado si puede o no llevarse adelante la causa. Por lo general se ha encontrado – si los escritos hubieran sido publicados durante la vida del autor ­que éstos no contienen error alguno, mas son sometidos a estudio los inéditos principalmente, dado que en general los siervos de Dios que han escrito lo han hecho con abundancia, aunque no todos incluyen revelaciones. "Los escritos de los Siervos de Dios en los cuales se encuentre alguna cosa que pueda escandalizar a los fieles, o no conformes con la fe, son juzgados en última instancia por el Romano Pontífice, quien decide si se puede o no seguir adelante". (Canon 2071, Derecho Canónico)

Pero hay algo más sobre lo cual juzga la Santa Iglesia en su solicitud. El Canon Núm. 2072 dice que "El juicio favorable del Romano Pontífice no constituye la aprobación de los escritos, ni es obstáculo para que el Promotor de la fe y los consultores, puedan y deban proponer en la discusión de las virtudes las objeciones sacadas de los escritos del Siervo de Dios". Aclaramos en este caso el Papa no está definiendo sobre cuestiones de fe, y de los errores del considerado puede deducirse algo que hable mal de las virtudes del mismo. Tal es, en una palabra, lo que la Iglesia determina sobre escritos, y por lo mismo revelaciones privadas, -supuestamente revelaciones- de los que escriben sobre cuestiones religiosas en particular de orden místico.

En última instancia, no es por sus escritos (aunque su contenido cuente mucho para el caso) por lo que la Santa Iglesia canoniza a un individuo, sino por sus virtudes que se tiene que demostrar que practicó heroicamente. La cuestión de sus escritos es cosa secundaria aunque mucho cuenten, sobre todo si hizo con ellos durante su vida labor apostólica y pueden ser útiles para la promoción de la vida espiritual y difusión de la Fe o su defensa.

La Iglesia toma mucho en cuenta la actitud general que respecto de la obediencia a la misma tuvo durante su vida el escritor, y si en el caso de los Siervos de Dios se puede suponer que si escribió algún error, si viviera se retractaría. Respecto a las revelaciones (supuestas) privadas, podemos demostrar cómo aún en el caso de los santos pueden ser falsas; tal es el caso de San Vicente Ferrer, (año 1415) quien siendo eminente defen­sor de la Iglesia en su tiempo, cayó en el error de predicar que el fin del mundo estaba cercano, lo cual creyó1a mayoría de la cristiandad, habiendo resultado falso el anuncio. Esto nos puede prevenir contra predicciones semejantes.

Por último, podemos recordar que el gran Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, quien abundantemente escribió sobre cuestiones de Fe y también místicas, queriendo permanecer en fidelidad a la Iglesia y previendo que en sus escritos pudiera hallarse algún error contra la Fe, (que por otra parte Jamás se encontró) no obstante su gran sabiduría, con gran humildad escribió como culminación de su obra escrita lo siguiente, que resumimos: "Someto al juicio de la Santa Iglesia todos mis escritos". Este ha sido posteriormente durante siete siglos el lema de muchos escritores católicos, que de antemano manifiestan someterse a este juicio para no quedar fuera de la Santa Iglesia por algo involuntario.

En el caso que tratamos de María Valtorta, queremos suponer que ella con buena fe se hubiera retractado de las herejías que escribió, si alguien con autoridad se las hubiera hecho notar, lo que lamentablemente no sucedió, ni aún por parte de los sacerdotes de formación antigua que la dirigieron espiritualmente e impulsaron. En el caso de los errores de sus obras, lo que es de lamentar no es que ella, por ignorancia, hubiera escrito cosas contra la Fe, sino que aún al presente se difunda su obra, y nada menos que por una casa editora fundada especialmente para esta difusión, careciendo sus obras de censura ninguna ni aún por parte de los postconciliares, que otorgan al presente dicha censura, -aunque ellos tampoco sean de fiar- pero al menos por la seriedad del caso.

Por lo cual es necesario y urgente proporcionar un ligero análisis de los principales errores de esta obra así divulgada.

LOS VISIBLES ERRORES CONTRA LA FE CONTENIDOS EN LA OBRA SON LOS SIGUIENTES:

1. Asegura la autora que la Revelación divina continúa, y que ella es la continuadora, llamándola el mismo Cristo "mi María Juan", o sea, una especie de "hermana" de San Juan evangelista, cuya prolongación sería ella, encargada de proseguir y explicitar la Revelación, admitiendo una evolución de los dogmas ya definidos. Esta evolución dogmática está condenada por la Santa Iglesia.

La Revelación divina que comenzó en el Antiguo Testa­mento, se cierra y clausura con el Apocalipsis de San Juan, donde al respecto escribe el Apóstol: "Yo atestiguo a todo el que escucha mis palabras de la profecía, de este libro, que, si alguno añade algo a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas descritas en este libro, y si alguno quita algo de las palabras de esta profecía, quitará Dios su parte del árbol de la vida". (Apoc. 22, 18, 19)

La Santa Iglesia enseña que la divina Revelación terminó así pues con este libro, que clausura el Nuevo Testamento, y es contra la doctrina de la misma enseñar que la Revelación puede continuar por medio de otros "profetas" o ser explicitada contrariando lo ya definido dogmáticamente.

Ningún católico puede, pues, aceptar dicha "prolongación de la revelación" por medio de una "vidente", quizá ignorante ella misma en su equívoco, de la doctrina de la Iglesia al respecto. La autora asegura haber recibido todo lo que describe y narra como una revelación, no sólo sobre puntos secundarios, sino para aclarar los evangelios mismos, o sea que hasta la venida de ella no teníamos los católicos por medio de la Iglesia una visión clara. Según eso Cristo mismo diría a la Valtorta acerca de la obra escrita por ella que "esta obra tiene por objeto iluminar ciertos puntos que un conjunto de circuns­tancias han cubierto de oscuridad y forman así unas zonas obscuras en la luminosidad del cuadro evangélico y puntos que parecen fisuras, y no son sino puntos obscurecidos entre uno y otro episodios, puntos indescifrables y en aclararlos está la llave para comprender exactamente ciertas situaciones..." y así largas pero ratas a favor de la revelación valtortiana que -decimos- no sólo dan la impresión de querer asegurar que algo faltaba a la Revelación, sino de hecho lo aseguran, y esto en boca de Cristo mismo.

Es Cristo, según lo que se escribe, Quien asegura en las visiones a la Valtorta, que sus escritos son inspiraciones del Espíritu Santo, y quien exhorta a los lectores -dice- a escuchar a la que llama muchas veces su "pequeño J uan " (por lo del apóstol) o su "María Juan " a manera de identificación de am­bos. El desprecio de la doctrina de la Iglesia que enseña que la divina Revelación terminó con el último Apóstol, es evidente y contradictorio cuando la "vidente" pone en boca del mismo Cristo la contradicción a la doctrina. Por ejemplo, dice que le habla el Señor amonestando a los que leen la obra de ella y no la aceptan por saber que la Revelación está terminada:

"Si objetáis que la Revelación terminó con el último de los Apóstoles y no habría nada más que agregar, ¿y si yo me he querido complacer en reconstruir el cuadro de mi caridad divina así como hace un restaurador de mosaicos que repone las piezas deterioradas y que faltan, y quise hacerlo hasta este siglo en que el linaje humano se precipita en las tinieblas... ? ... En verdad deberíais bendecirme, porque he aumentado con nuevas luces la luz que tenéis, y que ya no es más suficiente para ver a vuestro Salvador". (Págs. 887 y sig. de la obra)

Respecto a lo anterior, es verdad que cualquiera puede decirse iluminado por Dios, asegurar que le habla el mismo Cristo, y que le son reveladas cosas. Lo inadmisible es, (los mencionados iluminados pueden ser ignorantes, psíquicamente inadaptados, escribiendo tal vez sin mala fe,) que herejías y extravagancias sean aceptadas por personas cultas en materia religiosa, y repetimos una vez más, por sacerdotes avalado res de la superchería a sabiendas de que se trata del fruto de una imaginación exaltada, donde la fantasía llega a la negación de la Fe.

¡La Santa Iglesia según eso, esperó durante siglos a que apareciera María Valtorta para que continuara y reformara el Evangelio!... y si esto fuera verdad, claro está que pecaríamos todos los que no podemos aceptar sus explicitaciones, dado que son "divinamente reveladas". Las páginas de la 879 al final de la obra contienen en particular todas las herejías sobre la Revelación expuestas por la Valtorta, en el capítulo titulado "Despedida de la Obra".

Por otra parte los editores de El Hombre Dios refiriéndose a la más reciente edición en español de la obra, se salen, como vulgarmente se dice, por la tangente, defendiendo la obra de acusación de herejía (y defendiéndose ellos mismos) afirmando que "toca a la autoridad eclesiástica juzgar si el fenómeno de esta obra se puede o se debe considerar todo o en parte explicar como algo sobrenatural"... En este comentario estamos asegurando que por lo que expone como "revelado", la autora incurre en herejía manifiesta. Los editores pasan por alto este hecho, -imposible pensar que con desconocimiento de causa, tratándose del Padre Escobar-, y se limitan a asegurar que la Valtorta "no añade ningún dogma" en su obra. No lo añade, decimos, porque no es ella quien tiene que proclamarlo en todo caso, pero s;, con abundancia de pruebas que podemos presentar, arremete contra varios dogmas, no en el sentido de negarlos explícitamente, diciendo "niego esto o aquello", pero sí inventando doctrinas contrarias a las ya infaliblemente proclamadas como verdades de fe. y en esto es en lo que hay mayor peligro.

Los editores, hay que hacer notar, que a lo largo de toda la obra no han dejado pasar la ocasión de poner al calce de las páginas, abundantes Notas en las que se hace notar la coincidencia de las doctrinas de la Valtorta con las del Vaticano II, lo toman también en defensa de su visionaria y sus teorías afirmando, que "esta obra pudiera explicarse acudiendo a los carismas ordinarios o extraordinarios de que habla el Vaticano II." (pág. 888) Y como los carismas son dones reales del Espíritu Santo, claramente se atribuye aquí a la Valtorta el ser una carismática que entra en el cuadro de los inspirados. Este aval a una obra herética es imperdonable por parte de quienes sí deben conocer la doctrina de la Iglesia Católica.

Los postconciliares están dejando correr la obra de Valtorta seguramente porque es un vivo exponente del evolucionismo dogmático y un auxiliar en la propagación de las herejías postvaticanistas.

2. María Valtorta afirma que la Virgen María es después de Cristo, "la Primogénita del Padre". (Pág. 3, Tomo 1)

Alude al "segundo lugar" después del Hijo. Según eso, no sería María la "primogénita", sino en expresión forzada la "secondogénita". Esto constituye una herejía, ya que sólo Nuestro Señor, Cristo, es el Unigénito, o sea, el único engendrado por el Padre, consubstancial a Él, según el Credo (Creo en Jesucristo su único Hijo) "Primogénito entre todas las criaturas", es también Cristo, al participar de la naturaleza humana el Verbo. Pero nunca la Iglesia dio este título o prerrogativa a la Madre de Dios, con todo y reconocer todas sus glorias y grandezas. No puede haber "secondogénitos" del Padre, o sea, igualados al único Hijo. Si Cristo es el único Hijo, se sobreentiende que no puede existir un segundo.

3. María Valtorta sustenta la herejía de la Redención universal incondicional. (Págs. 544, 788)

Con esto se hace eco de las herejías del Vaticano II, en particular de ésta que predica Juan Paulo II de quien damos una cita: "Todos los hombres desde el principio del mundo hasta su final, han sido redimidos y justificados por Cristo y por su cruz". (Signo de Contradicción, pág. 112)

María Valtorta manifiesta que le reveló el mismo Jesús a ella que:

"La pareja Jesús-María es la antítesis de la pareja Adán y Eva. La primera está destinada a anular todo lo que hicieron Adán y Eva, y devolver el linaje humano al punto en que fue creado, rico en gracia y en todos los dones que el Creador le dio. La raza humana se ha encontrado con una regeneración total, por obra de la pareja Jesús-María que son sus nuevos fundadores. Todo el tiempo pasado ha sido borrado. El tiempo y la historia del hombre empiezan desde este momento en que la nueva Eva, por un cambio de la creación, saca de su seno al nuevo Adán". (Pág. 544)

La doctrina de la Santa Iglesia es como sabemos, que "Cristo Redentor se colocó en sustitución nuestra para expiar, pero el hombre para actuar en sí la salvación obrada por Cristo debe adherirse a Él libremente con la Fe y la Caridad". (Diccionario de Teología Dogmática, Pietro Parente, pág. 312) Así pues, sabemos que si bien Cristo murió por todos, no todos los hombres se salvan, como explicita el Concilio de Trento al definir la doctrina dogmática de la Eucaristía, sino sólo aquellos que el Tridentino llama "muchos".

4. María Valtorta afirma que Cristo le reveló que la Redención no la consumó Él sino Su Madre. (Pág. 600) He aquí otra herejía, pues si bien la Iglesia considera a María como "corredentora", de ningún modo ha enseñado que ella haya "consumado " la Redención. Esta la efectuó completamente Nuestro Señor en la Cruz. Pero Valtorta dice que le dijo Jesús:

"Todos creen que la Redención terminó con mi último aliento. No. La terminó mi Madre, añadiendo la triple tortura para redimir la triple concupiscencia". No es necesario hacer notar, pues, lo herético de esta afir­mación puesta nada menos que en boca de Cristo. En cuanto a la "triple concupiscencia" que dice que, venciendo, hizo que María consumara la redención, Valtorta afirma a lo largo de su obra que tanto Nuestro Señor como Su Madre sufrieron durante toda su vida "terribles tentaciones carnales" ¡! contra las que tuvieron que luchar mucho para vencerlas. Sobre esto veremos más adelante.

5. Valtorta afirma heréticamente que el pecado origi­nal consistió en el acto sexual realizado por los primeros padres. (Págs. 98, 254, 257, 258)

Son prolongadas las "revelaciones" que dice Valtorta tener al respecto, por lo que presentaremos sólo lo elemental de su herejía (pág. 254). Afirma que los primeros padres Adán y Eva desconocían la manera de engendrar hijos realizando su unión. Que la procreación se iba a realizar por intervención especial de Dios, sin unión sexual. Que el conocimiento de esta unión les estaba vedado a Adán y Eva, y que fue el motivo o señuelo con el que la serpiente tentó a Eva; en resumen, afirma:

"...Eva se acercó al árbol del bien y del mal, para llegar a conocer este misterio, estas leyes de la vida... Se acercó dispuesta a recibir este misterio, no de la revelación de la enseñanza pura y del influjo divino, sino de la enseñanza impura y del influjo satánico..." "Eva quiso ser semejante a Dios en la procreación..." Añade que el demonio tomó como motivo de la prohibición divina respecto al árbol el negarles Dios a Adán y Eva "ser siquiera libres como los animales" (textual) "ya que la fiera puede amar con un verdadero amor y ser creadora como Dios". Según eso Dios quería "reservarse para él solo el poder creador". (Pág. 254) No sería necesario repetir más necedades. Baste con añadir que en la descripción que hace Valtorta sobre la tentación del demonio a Eva, dice tales obscenidades que bastarían para despertar al más ignorante de la convicción de que todo esto sea "revelación divina" sobre la cuestión.

La doctrina de la Iglesia sobre el pecado original no enseña que éste haya consistido en el acto sexual. Según la exposición teológica de esta cuestión, " Adán y Eva no eran desco­nocedores del uso del matrimonio, pues Adán dice: "Dejará el hombre a su padre ya su madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una sola carne", (Génesis 2) 20). En esto obedecían naturalmente al precepto divino: "Creced y multiplicaos". Lo que sucedió fue, según el Concilio de Orange que trata la cuestión, que los primeros padres creados en integridad, por causa de su desobediencia perdieron la gracia santificante y demás dones". Entre estos dones perdidos se hallaba la falta de un desorden en la concupiscencia, o deseo desordenado de los goces sensibles, entre ellos el del goce sexual. El pecado original consistió en un acto de desobediencia que nada tuvo que ver Con la sexualidad. Véase por ejemplo una obra accesible como la Teología del Dogma Católico de Abanuza, (pág. 644)

Pero Valtorta insiste una y otra vez en la afirmación Con detalles que, unidos a otros relatos SUyoS dizque "revelados" hacen pensar en una inclinación morbosa a tratar lo sexual.

6. Valtorta afirma que tanto Nuestro Señor Jesucristo como la Santísima Virgen sufrieron durante toda su vida terribles tentaciones sexuales, que tuvieron que vencer mediante arduas luchas.

En esta afirmación, que dice la escritora que es fruto de una revelación hecha a ella por el mismo Cristo, se encuentra de manifiesto una vez más la total ignorancia de Valtorta de la doctrina dogmática católica en puntos elementales.

Ni Jesucristo, Dios hecho hombre, ni la Santísima Virgen pudieron padecer tentaciones porque carecían de lo que la Iglesia llama el "fomes peccati o inclinación al mal, producto de los efectos del pecado original. Cristo por ser el Hijo de Dios, estuvo como hombre exento de tal inclinación, siendo impecable. La Santísima Virgen como destinada a ser Madre de Dios, por la gracia de su Inmaculada Concepción, concebida sin pecado en orden a su maternidad divina, no tuvo las consecuencias del pecado original, siendo según la doctrina de la Iglesia, también impecable, o sea, incapaz de pecar. Inmunes el Hijo Dios, y la Madre de Dios, así pues, de todo aquello que como inclinación al mal aqueja al resto de los hijos de Adán. No tuvieron, no pudieron, ser tentados de hacer el mal. Se ve tentado a hacer el mal, uno que es capaz de hacerlo. Ni mucho menos pudieron haber sido tentados en el aspecto sexual, como insiste Valtorta en afirmar varias veces poniendo en boca del mismo Cristo el relato de estas tentaciones, como las principales que habría sufrido. Las tentaciones de Cristo en el desierto fueron puramente externas, -enseña la Iglesia- para darnos ejemplo, no porque Nuestro Señor hubiera tenido tentaciones como todo hombre heredero del pecado original.

Exponiendo en concreto la doctrina de la Santa Iglesia en la cuestión que estamos tratando, es como sigue:

"Cristo se vio libre de todo pecado, de hecho". (Doctrina de fe divina católica, definida) "En virtud de la Unión Hipostática, la voluntad humana de Cristo estuvo siempre y en todo sometida a la voluntad divina". "Cristo no pudo pecar, ni hubo en Él capacidad alguna de pecar. Fue absolutamente impecable" (Teología del Dogma Católico, J. de Abarzuza, O.F.M., págs. 737-38) El Padre Abarzuza en su magnífico Compendio de Teología resume la doctrina católica al respecto y la explicita. Abundar en la explicación de estas doctrinas de la impecabilidad de Cristo y María Su Madre, llevaría muchas páginas, pero los católicos fácilmente podemos entender y aceptar que siendo Cristo el Verbo de Dios encarnado no podía tener inclinación al mal, ni sentirse tentado de realizarlo. Lo mismo se dice de la Virgen María en virtud de su Inmaculada Concepción en orden a su maternidad divina.

En sus innobles relatos de las supuestas tentaciones sexuales que dice Valtorta que le relató el mismo Cristo, ésta abunda en detalles que ofenden la divina Persona del Salvador y de su Santísima Madre. Nos hacen pensar en "Jesucristo Super Estrella" y otras obras creadas para mofarse de la divinidad de Nuestro Señor. Sobre las tentaciones impuras contra las cuales dice Valtorta que luchó toda su vida la Virgen María; dice Valtorta:

"Teniendo en cuenta nuestro querer ilinútado (habla aquí también de Cristo, quien le está hablando, supuestamente) tuvimos que juntar una práctica constante de todo lo que era opuesto al modo con que obró la pareja Adán-­Eva. Pero el Eterno sabe cuánta heroicidad fue necesaria en determinados momentos y en determinados casos. No quiero hablar más que de mi Madre, no de Mí. De la nueva Eva que rechazó, desde sus tiernos años, lisonjas de Satanás para seducirla a que mordiese el fruto y saborear la dulzura que. hizo necia a la compañera de Adán..." (pág. 545).

y según Valtorta, Cristo le revela que "María Su Madre sufrió el tormento de asaltos periódicos de tentaciones desde el viernes de la crucifixión hasta el alba del domingo". Que "la atacó con una terrible tentación, tentación en la carne de María..." (pág. 600).

Parecería que tras de leer esta aberración no sería preciso mayor comentario, pero es necesario citar algo más para abrir los ojos de los lectores. Dice Valtorta sobre lo que asegura le reveló Nuestro Señor sobre sus propias tentaciones de impureza:

"Satanás se preocupó ante todo de arrastrarme a la impureza... La tentativa de Satanás se enderezó con este objetivo para vencerme" (pág. 285). Por cierto, Valtorta añade una tentación de impureza a las que narra el Evangelio en el desierto. y en una de las conversaciones con Judas con quien según eso se explaya el Señor hablándole de sus tentaciones, Cristo narra a Valtorta lo siguiente:

"Dice Judas a Jesús: "Jesús, ¿jamás has pecado?" A lo que habría respondido Jesús: "Jamás he querido pecar. Tengo treinta años, Judas, y no he vivido en una cueva ni en algún monte, sino entre los hombres. Y aun cuando hubiese vivido en el lugar más solitario, ¿crees que no hubiera llegado hasta ahí la tentación? ... Todos tenemos en nosotros el bien y el mal (comentario nuestro: o sea, que Cristo es presentado como un puro hombre que tiene en sí la semilla del mal). Todos los llevamos en nosotros... Cuando uno que tiene hambre no tiene comida, el olor de los platillos le hace la boca agua. Entonces la tentación es fuerte como este deseo, Judas; (está hablando según eso Cristo de la tentación sexual) Satanás la hace más aguda y tentadora para llevar a cabo cualquier acción. Después de que el acto ha sido terminado y tal vez provoque náuseas, la tentación con todo esto no sucumbe, sino que como un árbol podado, produce más ramas..."

"¿y jamás has cedido?" -dice Judas- "Jamás he cedido"

"¿Cómo lo has logrado?" "He dicho: Padre, no me dejes caer en la tentación"... ¿Cómo, Tú el Mesías, Tú que obras milagros, has pedido ayuda del Padre?" "No tan sólo ayuda; he pedido no inducirme a la tentación"...

En este relato hay que considerar tres cuestiones, además de lo ya expuesto sobre la impecabilidad de Cristo y por lo mismo la imposibilidad de ser tentado.

1. Valtorta falsea el Evangelio. En ninguno de los cuatro evangelios se lee sobre más tentaciones que las del desierto, y mucho menos se habla de tentaciones sexuales del Señor .

2. En segundo, trata de inclinar al lector a la aceptación de las tentaciones de Cristo, al recordar las palabras fi­nales del Padre Nuestro donde Jesús enseña a sus discípulos a orar, pidiendo al Padre no ser inducidos, o no permitir la caída en la tentación, como si esto último fuese una peti­ción que abarcase a Cristo. El Padre Nuestro contiene peticiones propias de los hombres, entre las cuales se incluye esta última. No porque Cristo enseñase a los suyos a pedir no caer en tentación, puede deducirse de que esta petición fuera propia suya, ya que Él no podía caer en tentación, y al referirse a su Padre hacía la distinción sobre el modo de ser "el Padre" Padre suyo, y Padre en forma distinta de los hombres, cuando decía: "Mi Padre y vuestro Padre".

3. En tercero, a lo largo de la obra de Valtorta se observa una sinuosa intención de hacer aparecer a Cristo como un puro hombre, sujeto a miserias incluso de la carne, en desmedro de Su Divinidad. Se diría que la obra ha sido escrita por judíos, ya que el estilo sinuoso y hasta sarcástico en ocasiones parece ser de enemigos de Cristo. La burla es evidente, bajo el disfraz de una fantasía sentimentaloide y una melosidad chocante. Por ejemplo, el hacer llamar a Cristo "mamá" a la Santísima Virgen, con término empleado sólo en México como diminutivo de "Madre" (dicen los editores que se trata de una traducción del italiano al castellano) hace cursi una obra donde debería privar el sentido reverencial. Si la traducen al inglés seguramente harán llamar a Cristo "mamy" o "mom" a Su Madre Santísima. Esto, repetimos, es una burla.

Pero pensamos que sería irrespetuoso continuar transcri­biendo las narraciones de las tentaciones de la carne que atribuye la Valtorta a Cristo y la Santísima Virgen falseando el Evangelio, como cuando hace aparecer al Señor tentado por una corte de mujeres semidesnudas que Anás hace acercarse lascivamente al Señor durante su estancia en su casa en la Pasión.

Abundan estas falsificaciones de la Escritura con sobrada intención. Hay ciertamente una intención oculta para los ignorantes de la Biblia, por ejemplo cuando la Valtorta pone en boca de la Santísima Virgen la afirmación de que "Jerusalén no es ciudad santa, porque Jesús no murió dentro de sus murallas". Que "Jerusalén, -por el contrario-lo arrojó fuera de sí como un vómito". y para esto al calce pone la cita del Levítico cap., 1ó, sin poner el versículo.

Al respecto, al tiempo en que se escribió el Levítico no existía la ciudad de Jerusalén, la que fue conquistada mucho después por el rey David; como propiedad de los hebreos. Si quisiera decir la Valtorta que se trata de una profecía, tendría que mencionar, ( como David a Belén) el autor del Levítico el nombre de la ciudad de Jerusalén, pero ni aparece el nombre de esta ciudad en la cita que da, ni menos, pues, que haya arrojado de sí a Cristo, ni menos como un "vómito". Lo del "vómito" parece un desahogo judío. En el Levítico, -consulte el lector- no aparece nada de esto. En cuanto a la cita que hace de San Pablo, tampoco aparece Cristo como ningún "vómito" arrojado de Jerusalén. Se refiere el Apóstol a la muerte de los corderos, símbolo de Cristo, que eran llevados, cargando simbó1icamente los pecados del pueblo, según el Levítico, a morir fuera del campamento. El pueblo judío andaba en ese tiempo del Levítico, errante y viviendo en campamentos, no en Jerusalén.

Pero si nos atenemos a lo que hay detrás de la afirmación sinuosa de que "Jerusalén no es santa" hay que recordar que para los postconciliares ahora son ciudades santas los centros capitales de reunión de los paganos, como lo expresa el documento titulado "La Peregrinación en el Gran Jubileo del Año Dos Mil", donde Juan Paulo n además de hacer aparecer a Cristo como un "peregrino" más, declara ciudades santas a la Benarés de los hindúes, la Meca de los Musulmanes, y la ciudad de Auswicht por lo del "holocausto" de los judíos, que los postconciliares consideran el único en el mundo.

El objeto de afirmar que Jerusalén no es santa porque Nuestro Señor no murió dentro de sus muros (por la cos­tumbre romana de sacar al campo a los condenados a la cruz es negar la santidad de esta ciudad, tenida por santa por los católicos, ya que ciertamente, los alrededores de Jerusalén donde estuvo la Cruz son sus aledaños, y dentro de ella comenzó la Pasión, incluso el camino al Calvario. De este tipo son las sinuosas afirmaciones de la Valtorta que van dejando dudas entre los ignorantes admiradores de la "visionaria".

El documento sobre la gran peregrinación aparece en el semanario del Vaticano L 'Osservatore Romano del 8 de mayo de 1998.



OTROS ASPECTOS DE LA OBRA DE VALTORTA

Además de numerosísimas falsificaciones de la Sagrada Escritura en su sentido, adiciones como aquello de que "la última palabra de Cristo en la Cruz fue "mamá" y no lo que aparece en el evangelio, existen cuestiones doctrinales que siguen la pauta herética del Vaticano II. Por ejemplo, errores acerca de la naturaleza del Sacerdocio. Errores sobre las palabras de la consagración, que la Valtorta pone en labios de Cristo, distintas de las dogmáticamente formuladas por la Santa Iglesia para la realización del Sacramento. Falsedades sobre la doctrina de la salvación y santificación, ya que dice que "los mandamientos solos bastan, guardados, para santificarse", y que esto se lo revela el Señor. Esto en oposición a la necesidad de pertenecer a la Iglesia, y afirmando que los dones del Espíritu Santo que producen la santidad se pueden dar fuera de la Iglesia. Errores sobre la naturaleza de la Iglesia, diciendo que Cristo le ha manifestado que todos son un mis-mo pueblo de Dios, creyentes y no en Él. Lo del "mismo pueblo de Dios" es doctrina del Vaticano II como sabemos, para favorecer a los judíos en particular, ya la masónica teoría de la igualdad de religiones.

CONCLUSIÓN

En una palabra, un estudio exhaustivo sobre la obra titulada "El Hombre Dios", cuyo título original en italiano se dice que es "El Poema del Hombre Dios", título significativo, -pues significaría que la vida de Cristo es un poema imaginario-, ya que la poesía es imaginación y no historia, un estudio, decimos, de este tipo, se llevaría un gran volumen más pesado de leer que una pura obra de teología. Si el sentido de la fe no delata a los católicos la perversidad del mamotreto que constituye la obra de la Valtorta, es difícil instruirles palabra por palabra acerca de lo que es erróneo e innoble respecto de Nuestro Señor y Su Madre Santísima. El objeto de este breve comentario ha sido alentar a quienes con buena fe y entusiamados por los relatos sentimentales de la vida de Cristo, que hace la Valtorta, crean encontrar un alimento espiritual en sus páginas cayendo sin querer en la trampa que constituye dicha obra.

Que es evidente que es un gran auxiliar para los postconciliares, no se puede negar. Son sus doctrinas, sus teorías, sus herejías, las difundidas a través de estos escritos, y además es el favorecimiento del judaísmo religioso, con muchos términos iguales que los que emplean los del Vaticano II para inclinar a los católicos a "amar a Israel", dándoles un curso sobre judaísmo como lo hacen a través del Nuevo Catecismo, con pretexto de estas "revelaciones" hechas su­puestamente a María Valtorta.

Se dice que un sacerdote le ordenó escribir su auto-biografía; si la escribió y publicó alguien, sería interesante conocerla. Carecemos de muchos datos necesarios para tener una idea completa de las motivaciones de alguien que sigue con fidelidad los lineamientos doctrinales del Vaticano II. Evidentemente, por las numerosas citas del seudoconcilio que los comentaristas de la obra ponen al calce de las páginas, la obra de Valtorta constituye un impulso a las herejías del Vaticano II y doctrinas posteriores de él emanadas.

Dios quiera estas páginas abran los ojos de quienes con buena fe y ávidos de lectura espiritual, buscan encontrar un alimento en lo que no es sino veneno hábilmente difundido para abatir en las almas de Fe en Jesucristo Dios y Hombre.



COMENTARIO

A la obra “El Hombre Dios”, de María Valtorta.

La conclusión después de examinar minuciosamente la obra a la luz de la doctrina dogmática de la Santa Iglesia y en lo referente a otras cuestiones, es la siguiente, de todo lo cual presentaremos las pruebas:

1. La obra es herética en puntos fundamentales, respecto a la doctrina dogmática de la Iglesia.

2. Obscena. Por las descripciones que hace acompañando por ejemplo a la herejía que sustenta sobre el Pecado Original.

3. Favorecedora de la nuevas herejías sustentadas por el Vaticano II, que secunda, y aprovechada por los postconciliares que explican las doctrinas postvaticanistas confirmándolas, valiéndose de textos de la obra, como aparece en las notas al calce de muchas páginas.

4. Favorecedora de las tesis a favor del Judaísmo que sustentan los postconciliares.

5. Manifiestamente errada en cuestiones que tratándose de una obra que se dice fruto de revelaciones, no cabrían en el contexto, como por ejemplo, lo que dice que el demonio "deja un olor a azufre" y que "los ángeles tienen alas".

6. Canónicamente irregular, aún en lo que respecta a la censura de la iglesia postconciliar; esto significaría el deseo de no comprometerse con la obra ni aún los postconciliares, y otras irregularidades serias que se harán notar.

7. Por todo esto, inadmisible y peligrosa para los católicos, inductora de la herejía, que debe ser rechazada.

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Anselmo de la Cruz

fuente: http://www.geocities.com/asociacionmariana/Valtorta.htm

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