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viernes, 8 de abril de 2016

San Alberto Magno (8 de abril)


San Alberto Magno.

(† 1280.)


El sapientísimo y humildísimo san Alberto Magno fue natural de Lauingen, que es una población de Baviera (hoy en Alemania) . Llegado a la edad de dieciséis años lo llamó la Virgen santísima a la sagrada orden de Predicadores, recientemente fundada por el glorioso santo Domingo; y fue a Venecia para aprender las letras humanas en la famosa escuela de Jordano: mas como desconfiase de su aprovechamiento, determinaba ya dejar el estudio y el propósito que tenía de entrar en aquella religión. En esta perplejidad, acudió a su único y celestial refugio, que era la santísima Virgen, la cual lo consoló sobremanera, y lo alentó a seguir la carrera comenzada. Con esto se dio el santo mancebo muy de veras al estudio, viniendo a salir en todas las letras y ciencias tan consumado, que lo llamaron por excelencia el Filósofo, y le dieron el renombre de Magno. Resplandeció su sabiduría en las cátedras de Colonia, Ratisbona, y singularmente en la de París, que era a la sazón la más célebre de toda las universidades; y eran tantos los discípulos que concurrían a las lecciones de aquel nuevo Salomón, que se vio obligado a leer en la plaza pública, la cual se llamó después por mucho tiempo la plaza de san Alberto-Colonia. Tuvo en la universidad de Colonia por discípulo a santo Tomás de Aquino, digno alumno de tan gran maestro, el cual abiertamente profetizó que santo Tomás había de alumbrar el mundo como sol de la Iglesia de Dios. Lo eligieron después provincial, y el santo Maestro visitó siempre a pie los conventos de la orden, y cuando Urbano IV le mandó aceptar la silla episcopal de Ratisbona, entró san Alberto de noche en la ciudad; mas no pudo evitar los aplausos de todo el pueblo cuando salió el día siguiente a celebrar la misa. Hacía en el palacio una vida austerísima como en su convento, y creyendo que era poco el fruto que hacía en su obispado no paró hasta renunciar a la mitra para volver a su retiro del claustro. Y después de haber sido como el oráculo del concilio de Lión, y recibido con humildes lágrimas las honras del pontífice y de toda la corte romana, entendiendo que se acercaba el fin de su vida, comenzó a darse del todo a la oración, y a rezar cada día el oficio de difuntos sobre la sepultura en que se había de enterrar su cadáver, y a los ochenta y siete años de su vida entregó su alma al Creador. 


Reflexión: 

Quien leyere el solo catálogo de los libros que escribió el glorioso Alberto Magno, se llenará de maravilla y asombro, viendo que trató con maestría sobre todas las ciencias: porque no solamente fue gran filósofo, teólogo, moralista e intérprete sagrado, mas también orador, médico y matemático, abarcando en su ingenio universal los tesoros de la humana sabiduría. Dime pues, ahora: si varones tan sabios y santos, como Alberto Magno, han consagrado sus portentosos talentos a la fe de nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia, ¿no es suma desvergüenza la de los modernos impíos, cuando dicen que la religión católica ha sido siempre la herencia de los ignorantes? Harto ignorantes y malvados son los que se atreven a hablar así. ¡Cuánto mejor hicieran si en lugar de gobernarse por las luces de su menguado ingenio, se fiaran de la doctrina de Cristo, confirmada con tantos y tan divinos milagros, y profesada por todos los hombres más sabios y santos de veinte siglos! ¡Parece imposible que en negocio de tanta importancia como es el de la eterna salvación, obren con tanta imprudencia! 


Oración: 

¡Oh! Dios que cada año nos alegras con la solemnidad de tu bienaventurado confesor Alberto, concédenos propicio que imitemos las buenas obras de aquel santo, cuyo nacimiento para la gloria celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

lunes, 7 de marzo de 2016

Santo Tomás de Aquino, doctor (7 de marzo)



Santo Tomás de Aquino, doctor.

(† 1274.)



El bienaventurado santo Tomás de Aquino, doctor angélico y luz de la Iglesia católica, fue hijo de los nobilísimos condes de Aquino, y nació en la ciudad de Nápoles. A los cinco años de edad fue enviado al monasterio de Monte Casino; a los diez volvió a Nápoles en donde aprendió las letras humanas, y a los catorce tomó el hábito de santo Domingo. No es posible decir ni casi imaginar lo que su madre, sus dos hermanas y dos hermanos hicieron para rendir al santo mancebo y estorbar su santo propósito:  Porque le maltrataron, pusieron las manos en él, y por fuerza quisieron quitarle el hábito y se lo rasgaron. Le mandaron llevar preso con buena guardia a la fortaleza de Rocaseca, donde le apretaron sobremanera, no sólo con la cárcel penosa, sino con otros medios infernales, concertándose con una mujer recién casada y lasciva para que le trajese a mal: Mas, el purísimo joven, viendo que las razones no bastaban con ella, echó mano de un tizón de fuego que estaba en la chimenea, y arrojó aquel demonio del infierno, por cuya victoria mereció que dos ángeles del cielo le pusiesen un cíngulo de perpetua castidad. Pasados dos años de prisión, oyó Teología en la ciudad de Colonia, donde sus condiscípulos, viendo que siempre callaban, y que de su complexión era grueso y abultado, le llamaban el Buey mudo; mas su maestro, que era el famoso Alberto Magno, les dijo: ¿A éste le llamáis buey mudo? Pues yo os aseguro que ha de dar tales mugidos, que se oirán por toda la tierra. Y en efecto se cumplió este pronóstico, desde que santo Tomás fue graduado de doctor en la universidad de París, porque así en las cátedras como en los libros, asombró al mundo con su maravillosa sabiduría. Acudía siempre a Dios en sus dudas, y estando en Nápoles orando en la capilla de san Nicolás, se comenzó a arrebatar y a levantarse una braza en alto, y le habló el crucifijo que está en el altar y le dijo: "Bien has escrito de mí, Tomás: ¿qué recompensa quieres?". Y él respondió: "Ninguna cosa quiero, Señor, sino a Vos". Finalmente, después de haber escrito la Suma Teológica y otros muchos libros, y predicado como apóstol el Evangelio, y edificado con sus virtudes a toda la Iglesia de Dios, a los cincuenta años de edad, recibió el premio suspirado de sus merecimientos, resplandeciendo eternamente como sol y guía segura de las escuelas.

Reflexión:

Entre las excelencias que tuvo el ingenio del santo, fue una encerrar en breves palabras grandes sentencias: Le preguntó una vez su hermana cómo se podría salvar; y él le respondió: "Queriendo". Otra vez le preguntó cuál era la cosa que más se había de desear en esta vida, y respondió: "Morir bien". Decía que la ociosidad era el anzuelo con que el demonio pescaba, y que con él, cualquier cebo era bueno. Aseguraba que no entendía cómo un hombre que sabe que está en pecado mortal, podía reírse y alegrarse en ningún tiempo. Preguntando cómo se conocería si un hombre era perfecto, respondió: Quien en su conversación habla de niñerías y burlas; quien huye de ser tenido en poco y le pesa si lo es, aunque haga maravillas, no le tengáis por perfecto, porque todo es virtud sin cimiento; y quien no quiere sufrir, cerca está de caer". Recoge pues, hijo mío, alguna de estas sentencias, en las cuales está encerrada la verdadera sabiduría.

Oración:

Señor Dios, que con la admirable erudición de tu bienaventurado confesor, Tomás de Aquino, esclareces a tu Iglesia, y con sus santos ejemplos la fecundizas; te rogamos nos concedas tu divina gracia, así para entender su doctrina, como para imitar sus buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


viernes, 5 de julio de 2013

La extrema pobreza



Lucas 18, 22-23: 

"Cuando esto oyó Jesús, le dijo: "Aún te falta una cosa: vende todo cuanto tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme". Cuando él oyó esto se entristeció, porque era muy rico"


Catena Aurea Santo Tomás de Aquino:

Beda: 

"Todo el que quiera ser perfecto debe vender lo que tiene; no en parte, como lo hicieron Ananías y Safira, sino todo" 


Teofilacto: 

"Por tanto, cuando dice Jesús "todo lo que tienes", aconseja la extrema pobreza. Porque si algo te sobra o te queda, vivirás esclavo de ello" 


San Basilio:

"No dice, sin embargo, que se vendan los bienes porque sean malos por naturaleza; de otro modo no serían criaturas de Dios. Por esto no aconseja que los desechemos como malos, sino que los distribuyamos. Y se condena alguno, no porque los posee, sino porque abusa de ellos; por lo cual, el distribuir los bienes según manda Dios, borra los pecados y concede la vida eterna. Por esto añade: "Y dalo a los pobres". 


Crisóstomo: 

"En realidad Dios puede alimentar a los pobres sin que nos compadezcamos de ellos; pero quiere que se unan por amor los que dan con los que reciben" 


San Basilio: 

"Diciendo, pues, el Señor: "Dalo a los pobres", creo que ninguno debe hacerlo con negligencia, sino con presteza, principalmente por sí mismo -si se tiene en algo- y si no, por aquellos de quienes consta que obrarán con fidelidad y prudencia. Porque es maldito aquel que ejecuta con pereza las obras del Señor ( Jer 48,10)" 


Crisóstomo: 

"Pero se pregunta cómo Jesucristo ha podido decir que es necesario para la perfección dar al pobre cuanto se tiene, cuando San Pablo dice que hacer esto sin amor es imperfecto; pero concuerda ciertamente con esto lo que añade: "Y ven y sígueme". Esto da a conocer que hay que hacerlo por amor: "todos conocerán que sois discípulos míos, si os amáis mutuamente" ( Jn 13,35)" 


Teofilacto: 

"Pero conviene asimismo que el hombre posea todas las demás virtudes, a la vez que la pobreza. Por esto le dice: "Y ven y sígueme"; esto es, también en lo demás sé discípulo mío, y sígueme fielmente por siempre" 


San Cirilo: 

"Aquel hombre no fue capaz de contener el vino nuevo, siendo él un odre viejo, sino que se rompió por la tristeza. Por esto sigue: "Cuando él oyó esto se entristeció", etc." 


San Basilio:

El mercader no se entristece gastando en las ferias lo que tiene para adquirir sus mercaderías, pero tú te entristeces dando polvo a cambio de la vida eterna"

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ser los Primeros en HONRAR al Prójimo



Ser los Primeros en HONRAR al Prójimo


Santo Tomás de Aquino:

"En cualquier hombre hay algo por lo que se lo puede considerar superior, según aquellas palabras de Filipenses 2, 6: "Pensando cada uno, por humildad, que los otros son superiores a él". Y, según esto, todos deben buscar ser los primeros en honrar a los demás" 

(Sto Tomás de Aquino; S.Th.q 103, a2)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Política Inteligente: ¡DeSiguAldad!


Política Inteligente: ¡DeSiguAldad! 

Santo Tomás de Aquino: 

"Cuanto más variadas sean las desigualdades entre los hombres que componen la sociedad, mejor será el servicio a las necesidades de sus miembros".

sábado, 23 de junio de 2012

¿Qué es la MÚSICA?

 Dos Ángeles sentados haciendo Música (Gherardo Starnina)


¿Qué es la MÚSICA?

San Juan Damasceno:
"La Música es una serie de sonidos que se llaman unos a otros"

San Bernardo: 
"La Música es un arte humano, admirable y meloso, que sonoramente concierta sus variaciones en el cielo y en la tierra"

San Isidoro:
"La Música es una sabiduría de la modulación que consiste en el Canto y en el sonido"

San Agustín: 
"La Música es la ciencia de bien medir, la ciencia de bien modular, que es el Arte de la mutación de un tono a otro, siguiendo ciertas notas agradables al oído" 

Santo Tomás de Aquino:
"El canto sagrado es necesario para excitar la voluntad del hombre a que se eleve hacia Dios. Por esta razón, todo lo que puede ser útil a este fin, está convenientemente empleado en la música"

Santo Tomás de Villanueva:
"Una música llana y religiosa aleja al demonio , y el mismo que se ríe de las amenazas de la blandiente espada, huye espantado al oir los sonidos de la cítara" 



sábado, 10 de diciembre de 2011

SILENCIO



SILENCIO

(Estudio Bíblico de Cornelio A Lapide


NECESIDAD DEL SILENCIO

"Guardad silencio, vosotros que habitáis en la isla, vosotros que estáis separados del mundo", dice Isaías (22, 2)

"Esté todo hombre pronto a escuchar, pero lento a obrar", dice el apóstol Santiago (1, 19.)

Es célebre la sentencia de Séneca: "El que no sabe callarse, no sabe hablar" (In. Prov.)

"El silencio no daña a nadie", dice Catón, "y romperlo es muchas veces perjudicial" (lta. Laert., lib. VII., c. 1.)

Lengua, "lingua", viene, dicen, del verbo "ligare", alar; lo que indicaría la necesidad de contener la lengua. Teócrito, oyendo hablar á Naximeno decía: "Ya empieza el río de palabras; pero para el sentido es una gota" (Ita Stoboeus, serm. XXXIX.)

"El insensato no sabe callarse", dice Solón (Ita. Slobceus, serm. XXXIV.)

"Así como elegís lo que habéis de comer"
, dice San Agustín, "elegid también las palabras que habéis de decir" (In Psal. 51)

"Hablad con obras, y no con la lengua", añade San Agustín (Serm. XXXll in Evang. Luc)

"Si alguno de entre vosotros, cree ser religioso y no refrena su lengua, seduce su propio corazón, y su religión es vana", dice el apóstol Santiago (1, 26.)

San Antonio decía constantemente: "Contened vuestra lengua" (In Vil. Patr.)

Leemos en la vida de los padres que un venerable anciano decía que "los que no sabían guardar silencio eran un establo sin puerta".

El real profeta decia a Dios: "Poned, Señor, un cerrojo en mi boca y una puerta en mis labios" (Salmo 140, 3)

Guardar silencio, cerrar el oído y pasar de largo es lo que conviene hacer cuando nos insultan. Es lo que hacía el santo rey David: "Me hacía el sordo y me hacía el mudo" (Salmo 37, 14)

"Lo que os recomiendo ante todo, es que sepáis guardar silencio"
, dijo Séneca escribiendo a Lucilio (Epist. LXXII.)

"Guardar silencio ante la cara del Señor"
, dice el profeta Sofonio (1, 7.) Y como Dios está en todo lugar, es preciso guardar silencio en lo posible.


JESUCRISTO Y LOS SANTOS DAN EJEMPLO DE SILENCIO

Dios ha hablado raras veces a la tierra. Jesucristo durante su vida mortal, hablaba raras veces, y profería pocas palabras cuando abría los labios.

La Santísima Virgen hablaba tan poco, que la Escritura no cita más que cuatro circunstancias en que aquella inmaculada e incomparable Virgen haya dicho algunas palabras:

1.º en la anunciación;
2.º cuando entonó su sublime cántico Magníficat, en la visita que hizo a su prima Isabel;
3.º cuando, habiendo perdido a Jesucristo, le halló en el templo después de tres dias;
4.° en las bodas de Ganá en Galilea.

Los Santos han sido siempre muy amantes del silencio.


LA NATURALEZA ENTERA DA EJEMPLO DEL SILENCIO

Los Cielos proclaman el poder, la sabiduría, la riqueza y la gloria de Dios; y sin embargo guardan silencio.

El universo se calla; y sin embargo habla al hombre a su modo y alaba a Dios. Los ríos más grandes son los que hacen menos ruido.

Sólo el hombre, dotado de razón, tiene el don de la palabra: válgase pues de su razón para hablar.


EXCELENCIA Y VENTAJAS DEL SILENCIO

"El don más precioso y el más sublime, sobre todo para una mujer, es el silencio, la modestia y el retiro", dice San Jerónimo (Ad Marcellam.)

"El silencio halla la paz y la justicia", dice Isaías (32, 17)

¿Queréis aprender a hablar? Guardad silencio, y reflexionad en el silencio lo que tenéis que decir, y cómo habéis de decirlo.

Escuchad, ved, callad y tendréis la paz del alma.

"Si alguno no peca de palabra, es un hombre perfecto, y puede dominar todo su cuerpo con el freno que pone a su lengua"
, dice el apóstol Santiago (3, 2). Así pues, el que reprime su lengua, rige su cuerpo, sus sentidos, la concupiscencia y las diversas pasiones.

"El Señor combatirá por vosotros, y vosotros guardaréis silencio"
, dice el Exodo (14, 14)

"Vuestra fuerza estará en vuestro silencio"
, dice Isaías (30, 15)

Dichosa el alma que se embriaga en los manantiales de las divinas conversaciones con su silencio, diciendo muchas veces con Samuel: "Hablad, Señor, pues vuestro servidor os escucha" (1 Rey. 3, 9.)

"El pecado se encuentra donde hay multitud de palabras, pero el que modera sus labios es prudentísimo", dicen los Proverbios (10, 19)

"El hombre prudente se calla"
, añaden los Proverbios (11, 12)

"Hay tesoros preciosos escondidos en una boca cerrada"
, dice el Eclesiástico (30, 18)

"Dichoso el que espera en silencio la salvación de Dios"
, dice Jeremías (Lament. 3, 26.)

Dice Talasio: "El silencio purifica el alma, le da más perspicacia e inteligencia y guarda el corazón" (De Silentio.)

"El silencio inflama el corazón de amor a Dios"
, dice San Francisco de Asís (S. Bonav., in ejus vita.)

"La dignidad del silencio es la corona del hombre"
, dice Eurípides (De Lingua.)

Jeremías dice: "Dichoso el que ama el silencio, estará sentado solitario, y se callará porque Dios lo ha colocado consigo". (Lament. 3, 28)

Dice San Bernardo: "El solitario estará sentado, y se callará. Todo en él y alrededor suyo guardará silencio; estará al abrigo de las turbaciones, de las agitaciones, de las sugestiones diabólicas, de los tormentos y de los deseos de la carne, y de los turbulentos ruidos del mundo" (Serm. I. de SS. Petro et Paulo.)

"El silencio es el sello del hombre sabio y prudente"
, agrega (Tract. LVII. in c. VII. Reg.)


HAY DIVERSOS SILENCIOS

Hay varios silencios
, dice Sto. Tomás:

1.º es el silencio de admiración;
2.º un silencio de segaridad;
3.º un silencio de longanimidad; y
4.° el silencio del reposo del corazón
(i. p. q. 6. art. 40.)

martes, 22 de noviembre de 2011

LO QUE HEMOS DE HACER PARA SALVARNOS



18 Consejos de Cornelio A Lapide para todo Católico Bautizado que ansíe estar entre los Pocos Católicos que se Salvan



PARA SALVARNOS NECESITAREMOS:

1. Esforzarnos violentamente.
2. Morir.
3. Avanzar siempre.
4. No mirar atrás.
5. Trabajar con temor y estremecimiento.
6. Olvidar la tierra y pensar en el Cielo.
7. Aprovecharnos del tiempo favorable, que es el presente.
8. Vivir para Jesucristo.
9. Combatir por la fe.
10. Sufrir las pruebas con paciencia.
11. Huir, guardar silencio y retiro.
12. Ser prudente.
13. Tener compasión del alma y vigilarla.
14. Pensar en el juicio.
15. Recomenzar, marchar, y tener sólo a Dios por meta.
16. Guardar el alma con solicitud.
17. Observar la ley de Dios.
18. Querer salvarse, y quererlo enérgicamente.


1. Es necesario esforzarse violentamente. "El reino de los Cielos sufre violencia, y los que emplean violencia se apoderan de él", dice Jesucristo (Mat. 11, 12). En otra parte dice: "Esforzaos por entrar por la Puerta Angosta" (Lc. 13, 24). Y añade: "Si alguno quiere venir conmgo, que renuncie a sí mismo, lleve su cruz de cada día, y me siga." (Lc. 9, 23).

2. Es preciso morir. "El que quiera salvar su alma, ha de perderla" dice Jesucristo (Mt. 16, 25); es decir, debe dedicarla a la práctica de la mortificación y de todas las virtudes.

3. Es preciso avanzar siempre. "Corred de tal suerte, que ganéis el premio" dice San Pablo (1 Cor. 11, 24) "Los que combaten en la arena se abstienen de todo: ellos, para recibir una corona corruptible. Así pues, yo corro también, no como a la casualidad; combato también, pero no como golpeando el aire, sino que castigo mi cuerpo, y lo reduzco a servidumbre". (1 Cor. 9, 15-17)

4. No mirar atrás. "Cualquiera que pone la mano en el arado, y mira atrás, no es propio para el reino de Dios", dice Jesucristo (Lc. 9, 62)

5. "Es menester trabajar para nuestra salvación con temor y estremecimiento", dice el gran apóstol (Filip. 2, 12)

6. Olvidar la tierra y pensar en el Cielo. Dice San Pablo: "Prosigo mi curso para alcanzar aquello a que he sido destinado por el Señor Jesús. No pienso haberlo alcanzado; pero solamente, olvidando lo que está detrás y ateniéndome a lo que está delante de mí, me dirijo al término de la recompensa a que me ha llamado Dios en Jesucristo" (Filip. 3, 12-14)

7. Es menester aprovecharnos del tiempo favorable, que es el presente. Dice San Pablo: "Ved que ahora es el tiempo aceptable; ved que ahora es el día de la salvación" (2 Cor 6, 2)

8. Es preciso vivir para Jesucristo. Dice el gran Apóstol: "Es preciso vivir para Jesucristo que ha muerto para todos, a fin de que los que viven no vivan para sí, sino para aquel que ha muerto y resucitado por ellos". (2 Cor 5, 15)

9. Es menester combatir por la fe. "Trabad el buen combate de la fe, y poneos en posesión de la vida eterna, a la que habéis sido llamados", escribe San Pablo a Timoteo (Tim. 6, 12)

10. Es preciso sufrir las pruebas con paciencia. Dice San Pablo: "Por muchas tribulaciones, hemos de entrar al reino de Dios". (Hech. 14, 21)

11. Es necesario huir, guardar silencio y retiro. Hemos de emplear los medios dados a San Arsenio por un ángel; vedlos aquí: "Arsenio, huid, guardad el silencio y el retiro; estos son los principios de la salvación". (In Vit. Patr.)

12. Es preciso ser prudente. "El alma imprudente pierde su salvación", dicen los Proverbios (Prov. 19, 2). La prudencia es lo que la Sabiduría (Sab. 9, 10) llama "ciencia de los Santos"; y el ángel, en San Lucas (Lc. 1, 17), "sabiduría de los justos".

13. Es preciso tener compasión del alma y vigilarla. "Ten piedad de tu alma, haciéndola agradable a Dios, y modérate", dice el Eclesiástico (30, 24).

14. Hemos de pensar en el juicio. "Dios -dice Orígenes- ha confiado y recomendado a vuestra alma su imagen y su semejanza, y habéis de devolverle tan intacto como os lo ha dado este tan precioso depósito". (In Cant.)

15. Es preciso recomenzar, marchar, y tener sólo a Dios por meta. Rogado San Carlos Borromeo que indicase los mejores medios para agradar a Dios y asegurar su salvación, trazó las reglas siguientes: "1.º Es preciso comenzar cada día, es decir, que nos hemos de esforzar cada día en servir a Dios con tanto fervor como si empezásemos de nuevo entoncs; 2.º marchar en el momento actual en presencia de Dios; 3.º tener sólo a Dios por fin en todas y en cada una de las acciones". (In ejus vita.)

16. Hemos de guardar el alma con solicitud. Según dice el Deuteronomio (4, 15): "Guardad solícitos vuestras almas".

17. Es menester observar la ley de Dios. "Si queréis llegar a la vida, guardad los mandamientos", dice Jesucristo (Mat. 19, 17) "El que observa los preceptos de Dios, salva su alma", dicen los Proverbios (Prov. 19, 16). Dice Jesucristo: "Todos los que dicen: Señor, Señor; no entrarán en el reino de los Cielos, sino que el que haga la voluntad de mi Padre es el que entrará en el reino de los Cielos" (Mat. 5, 21)

18. Es preciso querer salvarse, y quererlo enérgicamente. Preguntado Santo Tomás de Aquino por su hermana sobre lo que tenía que hacer para salvarse, contestó: "Volendo" ("Queriendo"): es decir, que podrás salvarte si lo quieres eficazmente; pues esta voluntad eficaz, que es el fin de la salvación, te obligará a adoptar con ardor todos los medios necesarios para que la consigas" Y habiéndole luego su hermana preguntado qué es lo que deseaba más ardientemente en esta vida, contestó: "Morir bien": (Benè mori. 4. p.q. art. 9.)





miércoles, 9 de noviembre de 2011

El Primer Discurso Infalible de un Papa



EL PRIMER DISCURSO INFALIBLE DE UN PAPA

Hech 2, 14-36:

14Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los once, alzó su voz y les habló:



"Varones judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sea esto de vuestro conocimiento y prestad atención a mis palabras, 15 porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis, pues apenas es la hora tercera del día; 16 sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel:

17 Y SUCEDERA EN LOS ULTIMOS DIAS--dice Dios-- QUE DERRAMARE DE MI ESPIRITU SOBRE TODA CARNE; Y VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARAN,VUESTROS JOVENES VERAN VISIONES,Y VUESTROS ANCIANOS SOÑARAN SUEÑOS; 18 Y AUN SOBRE MIS SIERVOS Y SOBRE MIS SIERVAS DERRAMARE DE MI ESPIRITU EN ESOS DIAS, y profetizarán. 19 Y MOSTRARE PRODIGIOS ARRIBA EN EL CIELO Y SEÑALES ABAJO EN LA TIERRA: SANGRE, FUEGO Y COLUMNA DE HUMO. 20 EL SOL SE CONVERTIRA EN TINIEBLAS Y LA LUNA EN SANGRE, ANTES QUE VENGA EL DIA GRANDE Y GLORIOSO DEL SEÑOR. 21 Y SUCEDERA QUE TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO.

22 Varones de Israel, escuchad estas palabras: A Jesús de Nazaret, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio de Él entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, 23 a éste, entregado por el designio determinado y la presciencia de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis, 24 a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que El quedara bajo el dominio de ella. 25 Porque David dice de El: VEIA SIEMPRE AL SEÑOR EN MI PRESENCIA; PUES ESTA A MI DERECHA PARA QUE YO NO VACILE. 26 POR LO CUAL MI CORAZON SE ALEGRO Y MI LENGUA SE REGOCIJO; Y AUN HASTA MI CARNE DESCANSARA EN ESPERANZA; 27 PUES TU NO ABANDONARAS MI ALMA EN EL HADES, NI PERMITIRAS QUE TU SANTO VEA CORRUPCION. 28 ME HAS HECHO CONOCER LOS CAMINOS DE LA VIDA; ME LLENARAS DE GOZO CON TU PRESENCIA.

29 Hermanos, del patriarca David os puedo decir confiadamente que murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.30 Pero siendo profeta, y sabiendo que DIOS LE HABIA JURADO SENTAR a uno DE SUS DESCENDIENTES EN SU TRONO, 31 miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que NO FUE ABANDONADO EN EL HADES, NI su carne SUFRIO CORRUPCION. 32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice:

DIJO EL SEÑOR A MI SEÑOR: "SIENTATE A MI DERECHA, 35 HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS POR ESTRADO DE TUS PIES". 36 Por lo cual sepa toda la casa de Israel con certeza que Dios ha constituído Señor y Cristo a este mismo Jesús que vosotros clavasteis en la cruz."

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Nueve Comentarios de Msr. Straubinger:

Versículos 17 y siguientes: "Sobre toda carne": Sobre todos los hombres. Esta profecía (Joel 2, 28-32; cf. Is. 44, 3), además de su cumplimiento en Pentecostés,
TIENE UN SENTIDO ESJATOLÓGICO, como se ve en los v. 19 s. ("Versículos 19 y siguientes") referentes a los fenómenos cósmicos que están anunciados para los últimos tiempos (cf. Mt. 24, 29; Apoc. 6, 12), o sea, para "el día del Señor" (v. 20), cuya venida los primeros cristianos esperaban "de hora en hora", como dice San Clemente Romano. Cf. 1, 6; I Cor. 1, 8; 7, 29; Fil. 4, 5; I Tes. 5, 2; Heb. 10, 25 y 37; Sant. 5, 8; II Pedr. 3, 9; etc. "Téngase presente que en los Evangelios y en todo el Nuevo Testamento se habla muchas veces de la primera venida de Jesucristo y luego se pasa a hablar de la segunda" (Biblia de El Paso). De ahí las palabras después de esto con que empieza el citado texto de Joel (2, 28, que en el hebreo es 3, 1). Crampon allí observa: "A la restauración en el orden temporal sucederá, por el poder del Espíritu de Dios, una admirable floración espiritual, que se extenderá a todas las clases del pueblo de Dios. A todos hablará Dios por sueños y visiones, es decir, por las dos formas principales de las revelaciones proféticas, que antes no eran concedidas sino a un pequeño número de hombres". La misma expresión después de esto usa Santiago en 15, 16.


Versículo 22: "Que Dios hizo por medio de Él". San Pedro y todos los apóstoles cuidan de mantener esta profunda verdad que el mismo Jesús no se cansaba de repetir y que no es sino la absoluta y total humillación del Hijo ante el Padre (Fil. 2, 6-8). Pudiendo el Verbo por su propia virtud divina, que recibe del Padre eternamente, nunca hizo obra alguna, ni aun la propia Resurrección (v. 24), sino por su Padre a fin de que toda la gloria fuese para el Padre (Heb. 5, 4 ss.). No hay cosa más sublime que sorprender así en el mismo seno de la Divina Familia, el espectáculo de esa fidelidad del Hijo por una parte, y por la otra el amor infinito con que el Padre elogia a Jesús (Salmo 44, 3 ss.) y le da "un Nombre que es sobre todo nombre" (Filip. 2, 9).

Versículos 24 y siguientes: Sobre este notable anuncio de la
Resurrección de Jesús en el Antiguo Testamento, cf. Hech 3, 22, donde se comenta: "Os sucitará un profeta puede traducirse también: Os resucitará un profeta. Según esta interpretación, el celebre vaticinio de Moisés sobre el Mesías (Deut. 18, 15) anunciaría que tales profecías habían de cumplirse en Él después de muerto y resucitado. Lucas al narrar, y Pedro al hablar aquí, usan en griego el verbo anastesei (lo mismo que el texto de Moisés en los LXX, que es la versión citada por San Pedro), cuyo sentido principal es resucitará, y repiten el mismo verbo en el v. 26, donde tal sentido es evidente y exclusivo de todo otro: levantar de entre los muertos. Esta versión tiene en su favor circunstancias importantes, puesto que Pedro está hablando de la Resurrección de Jesús, y su intención expresa es aquí (como en Hech. 2, 24 ss., donde usa el mismo verbo), mostrar precisamente que esa resurrección estaba anunciada desde Moisés, como lo estaba por David (véase 2, 25 ss., Salmo 15, 8 ss. y 2, 30; Salmo 131). Igual testimonio que éstos de Pedro, da Pablo en Hech. 13, 33 ss., con idénticos argumentos y usando el mismo verbo. Por lo demás, Jesús ya lo ha dicho a los discípulos de Emaús (uno de los cuales era tal vez el mismo Lucas) llamándolos "necios y tardos de corazón" en comprender que su rechazo por Israel, sus dolores, muerte y resurrección estaban previstos, para lo cual "comenzando por Moisés" les hizo interpretación de las profecías (Lc 24, 25-27). Y el mismo Lucas relata luego que, a fin de hacerles comprender esos anuncios, el divino Maestro "les abrió la inteligencia para que entendiesen las Escrituras" y les dijo que estaba escrito "en Moisés, en los Profetas y en los Salmos" que el Cristo sufriese "y resucitase de entre los muertos al tercer día" (Lc. 24, 44-46).

Versículos 25 y siguientes: Véase el Salmo 15, 8-11. En el versículo 8 comienza la cita dogmática que San Pedro hace de este pasaje como profecía en Hech 2, 25-28. Considerado desde otro punto vista, para la vida espiritual, este constante cultivo de la Presencia de Dios, es, según San Buenaventura, la más preciosa espiritualidad, pues a cada instante aumenta en nosotros las virtudes teologales, por nuevas luces del Espíritu Santo, y equivale a la oración constante de que nos habla San Pablo (I Tes. 5, 17); pues este divino Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables (Rom. 8, 26) y derrama en nuestros corazones la caridad de Dios (Rom. 5, 5). Esa presencia delante del Padre ha de ser filial, es decir, eminentemente confiada, teniendo en cuenta que Él nos mira con infinito amor y bondad (cf. Salmo 102, 13), y se traslada Él mismo a nuestra alma juntamente con Jesús (cf. I Jn 3, 1; Jn 14, 23, etc.)/ En el versículo 9: "Descansará segura": En la esperanza de la resurrección (San Agustín)./ Versículo 10: "Alma": Significa vida, todo el hombre. Aquí se muestra a todas luces el carácter mesiánico de este Salmo. David no habla por su propia persona, sino en representación de Jesucristo, quien predice su Resurrección. (véase Hch. 2, 25 ss. y 13, 34 ss.)./ Versículo 11: "Las delicias de tu diestra": Aquí no se trata ya sólo de la unión espiritual con el Esposo, que el Cantar presenta como el abrazo de su diestra (Can. 2, 2 y 8, 3); en sentido mesiánico alude a la Humanidad santísima del mismo Cristo sentado para siempre a la diestra del Padre y recibiendo la misma gloria que eternamente tuvo el Verbo en el seno de la divina Trinidad (cf. Jn 14, 10 ss.; 16, 16 y 28; 17, 21 ss.). Allí está Él desde su Ascensión hasta que venga para hacer nuestro cuerpo semejante al suyo (Hch. 3, 20 s.; Filip. 3, 20 s.). Y entretanto sólo piensa en rogar por nosotros (Jn. 14, 16; Rm. 8, 34; Heb. 7, 25), pues la gloria que Él ansía dar al Padre consiste en obtener para nosotros el sumo bien (Jn. 17, 2). /

David no habla por su propia persona, sino en representación y como figura de Jesucristo. Véase la explicación que San Pedro da en los v. 29 ss.
"Está a mi dercha para que yo no vacile": Esa asistencia constante que el Padre prestó a su Hijo amadísimo (v. 22 y nota; Jn 8, 29), para sostenerle en su Pasión (Salmo 68, 21) es una gran luz para comprender el abandono de que habla Cristo en la Cruz (Mt. 27, 46; Mc. 15, 34; Salmo 21, 2) no significa que el Padre retirase de él su sostén (eso habría sido desoír la oración de Cristo), sino, como bien observa Santo Tomás, que lo abandonaba "en manos de los hombres" (Mt. 17, 22) en vez de mandar contra ellos ¡"más de doce legiones de ángeles"! (Mt 26, 53).

Versículo 30: Véase en II Rey. 7, 8 ss. esta promesa, que fue recordada por el Salmo de Salomón (S. 131, 11), por el de Etán (S. 88, 20-38) y ratificada por el ángel a María (Lc. 1, 32). San Pablo la reitera en Antioquía de Pisidia (Hch. 13, 32 ss.).


Versículo 31: "Habló de la Resurrección de Cristo" Véase la profecía de Moisés invocada en igual sentido por el Apóstol (Hch. 3, 22)


Versículo 33: "La Promesa del Espíritu Santo": Por donde se ve que fue con su Pasión cómo Cristo conquistó para nosotros el Espíritu Santo, según lo confirma S. Juan (Jn. 7, 39). Sobre el valor infinito de este don, cf. Jn. 14, 26; 15, 26; 16, 7 y notas.

Versículos 34 y siguientes: Véase Salmo 109, 1 y nota. El mismo Jesús explicó esta profecía en Mt. 22, 41-46 como prueba de su divinidad. Pedro la usa aquí (v. 36), lo mismo que San Pablo (Heb. 1, 8-13; I Cor. 15, 25), como anuncio del futuro triunfo de Cristo.

Versículo 36: "Ha constituído": Cf. Salmo 109, 4 y nota.

miércoles, 24 de junio de 2009

Contra el Diezmo Judío y Protestante


El "diezmo" se ha de pagar. Es un mandato irrevocable en la Iglesia. ¿Pero debe entenderse el diezmo como lo entienden los judíos o cómo lo entienden los protestantes, o ahora los carismáticos?

Los carismáticos invierten con el diezmo, creyendo pentecostalmente que serán prosperados material y obligatoriamente por pagar la exacta cuota mensual de sus ingresos. Pero ¿a quién pagan esos diezmos? ¡Ni siquiera a un clérigo! Lo depositan al pastor de la comunidad pentecostal a la que asisten, que en la mayoría de los casos es un laico casado que vive de su trabajo y lucra de los diezmos.

Pues el sacrificio del diezmo es aplaudido por los pastores protestantes, "haciendo de la religión un negocio" (1 Tim.3, 8), el que más le reditúa, aferrándose al ceremonial de la Ley para renunciar a la libertad generosa del Evangelio.

En las propagandas de su diezmar, podrán ver sus testimonios farisaicos y usureros (¡usuran hasta al mismísimo Buen Dios!) demostrando cómo ahora poseen automóviles, ascensos laborales, duplicados ingresos, herencias, mejores negocios y mejores micrófonos para publicitar sus herejías, gracias al cumplimiento inminente de dar el 10 % de todos sus ingresos. Y en su afán de enriquecerse olvidan lo principal: "Vivir con sobriedad" (Tit 2, 12)

Uno al verlos, ve a esos falsos cristos, y con inmediatez recuerda la Parábola del Fariseo y del Publicano, donde el que NO QUEDÓ JUSTIFICADO ANTE DIOS decía: "Doy el diezmo de todo lo que poseo" (Lc 18, 9-14). Y un odio cristiano le grita imperecederamente a las obras muertas y a los fingidos virtuosos:
"¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello". (Mt 23, 23)

La Iglesia de Ntro Señor Jesucristo, jamás ha descuidado aquello de diezmar. He aquí lo que la Iglesia manda y aconseja:


"No se condena, pues, el sacrificio en sí mismo: antes hubo oblación, y ahora la hay; el pueblo ofrecía sacrificios y la Iglesia los ofrece; pero ha cambiado la especie, porque ya no los ofrecen siervos, sino libres. En efecto, el Señor es uno y el mismo, pero es diverso el carácter de la ofrenda: primero servil, ahora libre; de modo que en las mismas ofrendas reluce el signo de la libertad; pues ante él nada sucede sin sentido, sin signo o sin motivo. Por esta razón ellos consagraban el diezmo de sus bienes. En cambio quienes han recibido la libertad, han consagrado todo lo que tienen al servicio del Señor. Le entregan con gozo y libremente lo que es menos, a cambio de la esperanza de lo que es más, como aquella viuda pobre que echó en el tesoro de Dios todo lo que tenía para vivir (Lc 21,4). (S. Ireneo, contra herejes)


"Por eso el Señor, en lugar de "No cometerás adulterio" mandó no desear con concupiscencia (Mt 5,27-28); en lugar de "No matarás" prohibió ceder a la ira (Mt 5,21-22); en vez de simplemente pagar el diezmo, ordenó repartir los bienes entre los pobres (Mt 19,21); no amar sólo al prójimo, sino también al enemigo (Mt 5,43-44); y no únicamente estar dispuestos a dar y compartir (1Tm 6,18), sino también a dar generosamente a aquellos que nos arrebatan nuestros bienes: "Si alguien te quita la túnica, dale también el manto; no le reclames al otro lo que te arrebata; y trata a los demás como quieres que ellos te traten" (Lc 6,29-30). De modo que no debemos entristecernos de mala gana cuando algo nos quitan, sino que lo demos voluntariamente, incluso que nos alegremos más dando al prójimo por gracia que cediendo a la necesidad: "Si alguien te obliga a caminar con él una milla, acompáñalo otras dos" (Mt 5,41), de manera que no lo sigas como un esclavo, sino que tomes la delantera como un hombre libre. De este modo te harás siempre útil en todo a tu prójimo, no mirando su malicia sino sólo tratando de ejercitar la bondad, para hacerse semejante al Padre, "el cual hace salir su sol sobre los malos y los buenos, y llueve sobre justos e injustos" (Mt 5,45). (Idem)


"En la ley hubo mandamientos puramente ceremoniales, como la circuncisión, la inmolación de los corderos y cosas por el estilo, que, por ser sólo figuras de lo que vendría después, ya no es lícito ahora guardarlas; de suerte que quien ahora las guardase daría a entender que Cristo aún estaba por venir. Otros preceptos eran puramente morales, como los de los diezmos, y éstos hay que guardarlos también ahora. De donde se sigue que tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento vale esta ley; "pues el que trabaja merece su recompensa" (Lc X,7). Mas la determinación de tal porción corresponde ahora a la Iglesia, así como en el Antiguo Testamento correspondía a la Ley. En cambio, otros preceptos, como los judiciales, fueron parte ceremoniales y parte morales, y, según eso, no es lícito guardarlos en lo que tienen de ceremoniales, pero sí en lo que tienen de morales, aunque no precisamente en su propia forma." (Sto Tomás de Aquino, Com. Heb)


"De lo que se ordena a un fin se ha de juzgar cual corresponde a tal fin. Los diezmos, pues, deben pagarse no fijándose en la naturaleza de lo que se da, sino en el fin con que se dan, que es ayudar a los ministros, con cuya dignidad está reñido el que reclamen aún lo más menudo con todo rigor. Tal proceder, en efecto, se lo tomarían a mal, como el Filósofo enseña en el IV Ethic.. Y éste es el motivo por el que la antigua ley no determinó nada acerca del pago de estas pequeneces, sino que lo dejó al arbitrio de quien quisiera pagarlos, por aquello de que lo muy pequeño casi no se tiene en cuenta. De ahí que los fariseos, como reivindicando para sí la perfecta observancia de la ley, pagasen incluso el diezmo de tales minucias (Mt 23,23). Y no es por esto por lo que el Señor los reprende, sino únicamente porque menospreciaban lo más importante, o sea, los preceptos espirituales. Nos da a entender, sin embargo, que por su minuciosidad eran más bien encomiables cuando dice: Bien estaba el practicar tales cosas, refiriéndose sin duda a los tiempos de la ley, como expone el Crisóstomo. Parece asimismo que en todo esto hay más de conveniencia que de obligación. Y así, en la actualidad, nadie está obligado a pagar los diezmos de estas menudencias, a no ser, si acaso, por la costumbre del país." (Sto. Tomás de Aquino, S.Th)

domingo, 7 de junio de 2009

¿Debió Cristo predicar a los judíos sin escandalizarlos?


Objeciones por las que parece que Cristo debió predicar a los judíos sin escandalizarlos.

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1. Porque, como dice Agustín en el libro De agone christiano, en Jesucristo hombre se nos ofreció como modelo de vida el Hijo de Dios. Ahora bien, nosotros debemos evitar el escándalo, no sólo de los fieles, sino también de los infieles, conforme a las palabras de 1 Cor 10,32: No deis escándalo a los judíos, ni a los gentiles ni a la Iglesia de Dios. Luego parece que también Cristo debió evitar el escándalo de los judíos en su enseñanza.

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2. No es propio del sabio comportarse de modo que se impida el efecto de su labor. Ahora bien, Cristo, al turbar con su enseñanza a los judíos, impedía el efecto de la misma, pues en Lc 11,53-54 se dice que, por reprender el Señor a los fariseos y a los escribas, comentaron a acosarle terriblemente y a hacerle hablar de muchas cosas, poniéndole lazo y tratando de cogerle por alguna palabra de su boca, para acusarlo. Luego no parece haber sido conveniente que los escandalizase con su enseñanza.

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3. dice el Apóstol en 1 Tim 5,1: No reprendas con dureza al anciano, sino exhórtale como a un padre. Ahora bien, los sacerdotes y los príncipes de los judíos eran los ancianos de aquel pueblo. Luego parece que no debían ser reprendidos con dureza.

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Contra esto: está que en Is 8,14 se había profetizado que Cristo sería piedra de tropiezo y piedra de escándalo para las dos casas de Israel.
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Respondo: La salvación del pueblo debe preferirse a la paz de cualquier hombre particular. Y, por este motivo, cuando algunos impiden con su maldad la salvación del pueblo, no ha de temer su escándalo el predicador o el doctor, a fin de proveer a la salvación del pueblo. Pero los escribas, los fariseos y los príncipes de los judíos impedían mucho, con su malicia, la salvación del pueblo, ya porque se oponían a la doctrina de Cristo, por la que solamente podía conseguirse la salvación, ya porque con sus costumbres depravadas corrompían también la vida del pueblo. Y por eso el Señor, a pesar de su escándalo, enseñaba públicamente la verdad, que ellos aborrecían, y reprendía sus vicios. Y por eso, en Mt 15,12.14 se lee que, cuando los discípulos dijeron al Señor: ¿Sabes que los judíos, al oír tus palabras, se han escandalizado?, les contestó: Dejadlos. Son ciegos y guías de ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en la fosa.

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A las objeciones:

1. El hombre debe comportarse de modo que no escandalice a nadie, para que a ninguno dé ocasión de ruina con sus hechos o con sus dichos menos rectos. No obstante, si de la verdad se origina el escándalo, es preferible mantener el escándalo antes que abandonar la verdad, como escribe Gregorio.

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2. La reprensión pública de los escribas y fariseos por Cristo no impidió, sino que más bien promovió el efecto de su enseñanza. Porque al quedar al descubierto los vicios de aquéllos ante el pueblo, éste se apartaba menos de Cristo a causa de las palabras de los escribas y los fariseos, que se oponían siempre a la enseñanza de Cristo.

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3. Esa sentencia del Apóstol debe entenderse respecto de aquellos ancianos que no lo son sólo por la edad o por la autoridad, sino también por la honestidad, conforme a aquel pasaje de Núm 11,16: Reúneme setenta hombres entre los ancianos de Israel, de los que tú sabes que son ándanos del pueblo. Pero si convierten la autoridad de su ancianidad en instrumento de malicia, pecando públicamente, deben de ser reprendidos abiertamente y con dureza, como lo hizo Daniel: Envejecido en la maldad, etcétera (Dan 13,52).

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Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, Tercera Parte, Cuestión 42, Artículo 2.


miércoles, 3 de junio de 2009

La Herejía Prosperista se lleva a miles de Católicos






Estos libros los podrán comprar en http://shalombooksny.com/. La avaricia protestante y la usura judía se entremezclan para materializar lo espiritual y espiritualizar lo material, con el simple afán de ganancias terrenas. Y cada vez son más los católicos (la mayoría protestantizados a través del carismatismo) que se alejan de la SANA DOCTRINA y abandonan la FE.

Aquí la Sana Doctrina, sin la cual nos espera el Infierno:

"Si sois esclavos de los hombres, no evitáis medio alguno, cuando se os promete la libertad; y, en cambio, cautivos de la avaricia, ni siquiera os ponéis a pensar por qué medios os podríais liberar de semejante dura esclavitud. La pobreza no es dura; la tiranía de la riqueza es amarguísima. Considera cuán alto precio pagó Cristo por nosotros. Derramó su sangre; se entregó a sí mismo. Y vosotros, tras de eso, os habéis derribado por el suelo; y lo que es peor, os deleitáis en la servidumbre, como en un banquete. La ignominia constituye vuestras delicias y lo que es aborrecible se os ha vuelto amable."
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S. J. Crisóstomo (Hom XC)

Aquí induce a los Corintios a dar limosnas a ejemplo de Cristo, diciendo: Quiero comprobar vuestro buen ingenio para dar, es claro que a los pobres, cosa que debéis hacer a ejemplo de Cristo; porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, la que dio El al género humano. La gracia y la verdad por Jesucristo, etc. (Jn 1,17). Y se le llama gracia porque todo cuanto de nuestras penalidades asumió el Hijo de Dios en su totalidad se le debe atribuir a la gracia, porque ni se le adelantó nadie en bondad, ni fue obligado por la fuerza de alguien, ni llevado por necesidad suya. Así es que por esta gracia por nosotros se hizo pobre. Y dice indigente, lo que es más que pobre. Porque se llama indigente no al que simplemente tiene muy poco, sino al que carece de todo; porque el pobre algo tiene. Así es que para significar la mayor pobreza se dice: se hizo indigente, es claro que en las cosas temporales. El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza (Luc. 9,58). Yo soy el hombre que ha visto la miseria (Tren. 3,10). Pero se hizo indigente no por necesidad sino voluntariamente, para que este favor ya no fuese favor, y por esto dice: siendo rico, es claro que en bienes espirituales. Es el Señor de todos, rico para con todos (Rm 10,12). En mi mano están la riqueza y la gloria, la opulencia y la justicia (Pr 8,18). Y dice siendo, no habiendo sido, para que no parezca que Cristo perdiera las riquezas espirituales al asumir la indigencia. Porque de tal manera asumió esta indigencia que no perdió aquellas inestimables riquezas. Ricos y pobres juntos en uno (Ps. 48,3). Rico en las cosas espirituales, pobre en las temporales. Y el por qué quiso hacerse indigente lo agrega diciendo: para que por su pobreza fuésemos ricos, o sea, para que por su misma pobreza en las cosas temporales fueseis ricos en las espirituales. Y esto por dos cosas, por el ejemplo y por sacramento. Por el ejemplo porque si Cristo amó la pobreza, también nosotros por su ejemplo debemos amarla. Y amando la pobreza en las cosas temporales nos hacemos ricos en las espirituales. ¿No es verdad que Dios eligió a los pobres en este mundo para hacerlos ricos en la fe? (Sant. 2,5). Y por eso dice: para que por su pobreza, etc. Y por sacramento, porque todo lo que Cristo hizo y sufrió fue por nosotros. De aquí que así como por haber sufrido la muerte fuimos librados de muerte eterna y restituidos a la vida, así también por haber sufrido la indigencia en las cosas temporales, fuimos librados de la indigencia en las espirituales y hechos ricos en las espirituales. Habéis sido enriquecidos con toda ciencia, etc. (1Co 1,5).
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Sto. Tomás de Aquino (Com. a 2 Cor)

sábado, 30 de mayo de 2009

La doctrina CATÓLICA de la PREDESTINACIÓN


"¿Qué diremos, pues? ¿Acaso hay injusticia en Dios? De ninguna manera. Pues Dios dice a Moisés: Usaré de misericordia con quien me pluguiere usarla, y tendré compasión de quien querré tenerla. Así que no es obra del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque dice al Faraón en la Escritura: Para esto mismo Yo te levanté, para ostentar en ti mi poder y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. De modo que de quien El quiere tiene misericordia, y a quien quiere le endurece. (Rom. 9, 14-18)

Habiendo adelantado el Apóstol que según la elección de Dios prefiere al uno respecto del otro, no por las obras, sino por la gracia del que llama, aquí inquiere sobre la justicia de tal elección. Y primero propone una duda; luego la resuelve: De ninguna manera. Pues dice a Moisés, etc.; tercero, objeta en contra de la solución: Pero me dirás: ¿y por qué entonces?, etc. Así es que primero dice: Dicho está que sin mérito precedente a uno lo elige Dios y a otro lo reprueba. ¿Qué diremos, pues? Acaso con esto se podrá probar que hay injusticia en Dios? Parece que así es. Porque es de justicia en las distribuciones que se hagan con igualdad entre los iguales. Ahora bien, los hombres, quitada la diferencia de los méritos, son iguales. Así es que si no teniendo consideración alguna de los méritos, Dios distribuye desigualmente, eligiendo a uno y reprobando a otro, parece que hay injusticia en El, lo cual es contra aquello que se dice en el Deuteronomio 32,4: Dios es fiel y sin ninguna iniquidad; y en el Salmo 1 18,137: Justo eres, oh Señor, y rectos son tus juicios. Y debe saberse que queriendo resolver esta objeción, Orígenes incurrió en error. Porque en su Periarjon dice que Dios desde el principio únicamente creaturas espirituales hizo, y todas iguales, de modo que no por la desigualdad de ellas se pudiese, conforme a la predicha razón, atribuirle injusticia alguna a Dios; pero que posteriormente, por la diversidad de méritos resultó la diversidad de las creaturas. Que porque de aquellas creaturas espirituales algunas se convierten a Dios por amor más o menos, y según esto son distintos los diversos órdenes de los ángeles; pero otras se apartan de Dios más o menos, y según esto son encerradas en cuerpos o bien nobles o bien innobles: algunas en cuerpos celestes; otras en cuerpos de demonios; otras en cuerpos de hombres; y que conforme a esto la razón de la formación y diferenciación de las creaturas corpóreas es el pecado de la creatura espiritual; lo cual es contra lo que se dice en Génesis 1,3 1: Y vio Dios todas las cosas que había hecho, y eran en gran manera buenas, con lo cual se da a entender que la causa de producir las creaturas corporales es la bondad, como dice Agustín (De civitate Dei, XI). Por lo cual, desechada esta opinión, debemos ver de qué manera resuelve el Apóstol la duda, diciendo: De ninguna manera, pues Dios dice a Moisés; etc. Y acerca de esto hace dos cosas. Primero resuelve la predicha objeción en cuanto al amor a los santos; y luego en cuanto al odio-o reprobación de los malos: Porque dice en la Escritura, etc.

Acerca de lo primero hace dos cosas. Primero propone la autoridad de la Escritura, de la cual se desprende la solución; luego, de ella saca la conclusión: Así es que no es obra del que quiere, etc. Ahora bien, esgrime la autoridad de Éxodo 33,19, donde dice el Señor a Moisés, según nuestro texto: Yo usaré de misericordia con quien quisiere, y haré gracia a quien me pluguiere; pero el Apóstol la aduce conforme a los Setenta, diciendo: Pues a Moisés le dice el Señor: Usaré de misericordia con quien me pluguiere usarla, y tendré compasión de quien querré tenerla, donde conforme al contexto todos nuestros bienes se atribuyen a la misericordia de Dios, según Is 63,7: Yo me acordaré de las misericordias del Señor y al Señor alabaré por rodas las cosas que El ha hecho a favor nuestro. Y en Trenos 3,22: Es una misericordia del Señor el que nosotros no hayamos sido consumidos, porque muchas son sus piedades. Y esta lectura se explica en la Glosa de dos maneras, y según esto con esta autoridad doblemente se resuelve la cuestión y la objeción. De un modo así: Usaré de misericordia con quien me apiade, esto es, con el que sea digno de misericordia, y para mayor énfasis lo reitera diciendo: y tendré compasión de quien querré tenerla, esto es, con quien yo juzgue digno de merecerla, como también se dice en el Salmo 102,13: Se ha compadecido el Señor de los que le temen. Y conforme a esto, aun cuando misericordiosamente use de su misericordia, sin embargo, no incurre en injusticia, porque da a quienes conviene dar, y no da al que no se le debe dar, conforme a la rectitud de su juicio. Pero el tener misericordia de quien es digno de ella se puede entender de dos maneras.

Primero, de modo que se entienda que alguien es digno de misericordia en virtud de obras preexistentes en esta vida -aun cuando no en otra, como dijo Orígenes-, lo cual corresponde a la herejía de los Pelagianos, que afirmaron que la gracia de Dios se da a los hombres conforme a sus méritos. Pero ésto no se puede sostener, porque, como se ha dicho, aun esos mismos bienes los merece el hombre por Dios y son efecto de la predestinación. También se puede entender de modo que se diga que alguien es digno de misericordia no en virtud de algunos méritos que precedan a la gracia, sino en virtud de méritos subsecuentes, por ejemplo para que digamos que Dios le da a alguien la gracia, y ab aeterno se propuso dársela a quien por su presciencia supo que haría buen uso de ella. Y así es como la Glosa entiende que tendrá misericordia de quien se debe tenerla. Por lo cual dice: Usaré misericordia con quien me pluguiere usarla, esto es, tendré misericordia llamando y aplicándole la gracia a quien de antemano sé que le daré mi misericordia, sabiendo que habrá de convertirse y que en Mí permanecerá.

Objeción.-Pero parece que ni siquiera esto se puede decir convenientemente. Porque es manifiesto que nada se puede presentar como razón de la predestinación que sea el efecto de la predestinación, aun cuando se tomara tal como está en la presciencia de Dios, porque la razón de la predestinación se entiende anticipadamente a la predestinación, mas el efecto en ella misma se incluye. Ahora bien, es manifiesto que todo beneficio de Dios que se le otorga al hombre para su salvación es un efecto de la divina predestinación. Porque el beneficio divino no sólo se extiende a la infusión de la gracia por la que se justifica el hombre, sino también al uso de la gracia: así como también en las cosas naturales no sólo causa Dios las propias formas en las cosas, sino también los movimientos y operaciones de las formas, por ser Dios el principio de todo movimiento, de modo que cesando su operación de motor, de las formas no se sigue ningún movimiento u operación. Y por eso se dice en Is 26,12: Todas nuestras obras Tú las realizas en nosotros, Señor. Y esto lo prueba Aristóteles con especial razonamiento acerca de las obras de la voluntad humana.

Solución: Como el hombre puede hacer cosas opuestas, por ejemplo sentarse o no sentarse, es necesario que sea llevado al acto por algo distinto. Ahora bien, es llevado al acto de una u otra de estas cosas por deliberación, en virtud de la cual una de las opuestas se prefiere a la otra. Pero como además puede el hombre deliberar o no deliberar, es necesario que haya algo por lo que sea llevado al acto de la deliberación. Y como no se puede proceder en esto al infinito, necesario es que haya algún principio extrínseco superior al hombre que lo mueva a deliberar, y ese principio no es sino Dios. De esta manera, el mismo uso de la gracia proviene de Dios, aunque no por esto sobre el hábito de la gracia., así como tampoco sobran las formas naturales, aun cuando Dios obre en todas las cosas, porque, como se dice en Sabiduría 8,1: El mismo ordena todas las cosas con suavidad, porque por sus formas todas las cosas se inclinan como voluntariamente hacia aquello a lo que son ordenadas por Dios. Y por lo tanto no puede ser que los méritos que siguen a la gracia sean la razón de tener misericordia o de predestinar, sino la sola voluntad de Dios, conforme a la cual misericordiosamente libera a algunos.

Porque es claro que la justicia distributiva tiene lugar en aquellas cosas que se dan por deuda, por ejemplo, si algunos merecen una paga, para que a los que más trabajen mayor paga se les dé; mas no tiene lugar en aquellas cosas que voluntaria y misericordiosamente da alguien. E emplo: si alguien que se encuentra a dos mendigos en a calle, sólo a uno le da u ordena que se le dé lo que puede como limosna, no es injusto sino misericordioso. De manera semejante, si alguien, de dos que de manera igual lo han ofendido, a uno le perdona la ofensa, y no al otro, es misericordioso con el primero y justo con el otro, y con ninguno es injusto. Y así, como todos los hombres por el pecado del primer padre nacen sometidos al castigo, aquellos a los que Dios libera por su gracia, por su sola misericordia los libera; y así, con algunos es misericordioso, con los que libera; y con otros es justo, con los que no libera, y en ningún caso es injusto. Y por eso resuelve el Apóstol la cuestión por autoridad, que todo lo atribuye a la divina misericordia. Pero es de saberse que la misericordia de Dios se aplica conforme a tres cosas. Primero conforme a la predestinación, que ab aeterno se propuso liberar a algunos. La misericordia del Señor permanece eternamente y para siempre (Ps 102,17). Segundo: conforme a la vocación y la justificación con las que salva a los hombres en el tiempo. El nos salvó según su misericordia (Tit 3,5). Tercero: exaltando mediante la gloria cuando libera de toda miseria. El que te corona de misericordias y gracias (Ps 102,4). Y por eso dice: Usaré de misericordia, es claro que llamando y justificando, con quien me pluguiere usarla, predestinando y otorgando misericordia; y finalmente glorificando a aquel con quien usó de misericordia llamándolo y justificándolo. Y aquí el sentido concuerda mejor con nuestro texto, que dice: Tendré misericordia con quien quisiere y seré clemente con quien me plazca. Donde es claro que no a méritos sino a la sola voluntad divina se atribuye la divina misericordia.

En seguida, cuando dice: Así es que no es obra del que quiere, etc., concluye la tesis de la predicha autoridad. Y esta conclusión se puede entender de múltiple manera. Primero, así: Así es que la misma salvación del hombre no es obra del que quiere ni del que corre, esto es, no se le debe a alguien por voluntad suya ni por obra externa, a la que se llama carrera (según aquello de 1Co 9,24: Corred, pues, de tal manera que le ganéis), sino de Dios que tiene misericordia, o sea, que procede de la sola misericordia de Dios, y en gran manera se sigue de la autoridad invocada en el Deuteronomio 9,4: No digas en tu corazón: por razón de la justicia que ha visto en mí me ha introducido el Señor en la posesión de esta tierra. Mas se puede entender de otra manera, para que el sentido sea éste: Todas las cosas proceden de la misericordia de Dios, así es que no es obra del que quiere, o sea, el querer, ni del que corre, o sea, el correr, sino que una y otra cosa son de Dios que tiene misericordia, según 1Co 15,10: No yo, sino la gracia de Dios conmigo. Y Juan 15,5: Sin Mí nada podéis hacer. Pero si sólo esto entendiera el Apóstol con estas palabras, como tampoco la gracia quiere ni corre sin el libre albedrío del hombre, se podría decir al contrario: No es de Dios misericordioso, sino del que quiere y corre, cosa que los oídos piadosos no soportan. De aquí que más bien otra cosa es lo que con estas palabras se debe entender, de modo que la primacía se le atribuya a la gracia de Dios.

Porque siempre la acción se atribuye al principal agente más que al secundario, como si dijéramos que no es el hacha lo que hace el arca sino ei carpintero con el hacha: ahora bien, la voluntad del hombre es movida por Dios al bien. Por lo cual dijimos arriba (cap. VIII,14): Todos cuantos son movidos por el Espíritu de Dios éstos son hijos de Dios. Por lo cual la operación interior del hombre no se debe atribuir principalmente al hombre sino a Dios. Dios es el que por su benevolencia obra en vosotros tanto el querer como el hacer (Ph 2,13).

Pero si no es del que quiere el querer, ni del que corre el correr, sino de Dios, que a ello mueve al hombre, parece que el hombre no es dueño de su acto, que corresponde a la libertad del albedrío. Pero por eso mismo hay que decir que Dios todo lo mueve, aunque de modo diverso, en cuanto que cada quien es movido por El según el modo de su propia naturaleza. Y así el hombre es movido por Dios a querer y correr al modo de la libre voluntad. Y así, por lo tanto, el querer y el correr es del hombre como de libre agente; pero no es del hombre como si él principalmente se moviera, sino de Dios.

En seguida, cuando dice: Porque dice en la Escritura, etc., resuelve la cuestión propuesta en cuanto a la reprobación de los malos. Y primero invoca la autoridad; luego, infiere la conclusión: De modo que de quien El quiere tiene misericordia, etc. Dice, pues: Resulta claro que no hay injusticia en Dios en cuanto a que ab aeterno ama a los justos. Pero tampoco la hay en El en cuanto a que ab aeterno repruebe a los malos. Porque dice Dios en la Escritura (Éxodo 9,16): Que a este íin te levanté, o bien, te sufrí, según otro texto, para mostrar en ti mi poder, por donde mi nombre sea celebrado en toda la tierra. Donde primero hay que considerar qué hace Dios con los reprobos, lo que muestra diciendo: Que a este fin te sufrí, o sea, que merecías la muerte por los males que habías hecho (Los que practican tales cosas son dignos de muerte: Rm 1,32); y sin embargo no te di muerte al instante, sino que te sufrí y conservé con vida para lo que sigue: para mostrar en ti, etc. Y también en este sentido se puede leer así: te levanté, o sea, que estando muerto ante Mí por tus acciones, te concedí la vida, como si te levantara. En lo cual se ve claro que la iniquidad del reprobo no la hace Dios, siendo que por sus actos merece ser aniquilado al instante; pero el hecho de conservarlo y sufrirlo con vida procede de su excesiva bondad. Castígame, ¡oh Señor!, pero según sea tu juicio, y no según tu furor, a fin de que no me reduzcas a la nada (Jerem 10,24).

Se puede entender de otro modo: Te levanté en pecado para que te hagas más malo. Pero esto no se debe entender de manera que sea Dios quien cause la maldad en el hombre, sino que debe entenderse permisivamente, porque por su justo juicio permite que algunos rueden en el pecado a causa de precedentes iniquidades, como está dicho arriba (Rm 1,28): Los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido. Pero paréceme a mí que en esto hay que entender algo más: porque es claro que por cierto impulso interior se mueven los hombres por Dios al bien o al mal. Por lo cual dice Agustín (¡n lib. de gratia et lib. arbitr., c. 20) que Dios obra en los corazones de los hombres para inclinar la voluntad de ellos a lo que El quiera, o al bien por su misericordia o al mal por merecerlo ellos así. De aquí que más frecuentemente se dice que Dios suscita a alguno para el bien, según Daniel: El Señor excitó el santo espíritu de un tierno jovencito llamado Daniel (Dan 13,45). También se dice que suscita a algunos para hacer el mal, según aquello de Is 13,17-18: He aquí que Yo levantaré contra ellos a los Medos, los cuales no buscarán plata, ni querrán oro, sino que matarán a saetazos a los niños; de un modo a hacer bienes, de otro modo a hacer males: al bien inclina las voluntades de los hombres directamente y por Sí mismo, como actor de los bienes; y se dice que al mal inclina o excita a los hombres ocasionalmente, en cuanto que Dios le propone al hombre algo o interiormente o exteriormente que en cuanto es en sí induce al bien; pero el hombre por su maldad perversamente lo usa para mal. 1gnoras que la benignidad de Dios te lleva al arrepentimiento; mas conforme a tu dureza y tu corazón impenitente te atesoras ira para el día de la cólera (Rom" 2,4-5). Y Job 24,23: Dale Dios lugar de penitencia, y él abusa de esto para ser más soberbio. Y de manera semejante, Dios por sí mismo incita interiormente al hombre al bien, por ejemplo al rey a defender los derechos de su reino o bien a castigar a los rebeldes. Pero de este buen estímulo el hombre malo abusa conforme a la malicia de su corazón. Y esto es clarísimo en Is 10,6; donde dice de Assur: Enviarle he contra un pueblo fementido y contra un pueblo que ha provocado mi indignación y le daré mis órdenes para que se lleve sus despojos, etc. Y luego (7): Es verdad que él no lo pensará así, y que en su corazón no formará tal concepto. Y de esta manera acaeció con el Faraón, que siendo estimulado por Dios para proteger su reino, mal empleó por completo tal estímulo con gran crueldad.

Lo segundo que se debe considerar es con qué fin Dios haga en parte estas cosas y en parte las permita. Porque débese tener en cuenta que Dios obra en las creaturas para manifestárseles, según aquello de Romanos 1,20: Lo invisible de Dios se hace notorio al entendimiento por sus obras. Luego también el dicho estímulo a esto mismo se ordena, tanto en cuanto a los presentes para ostentar en ti mi poder (Vieron los hijos de Israel la poderosa mano que extendiera el Señor contra los Egipcios: Éxodo 14), como en cuanto a los ausentes para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra (Predicad entre las naciones su gloria: Salmo 95,3). Y así es claro que en cuanto a esto no hay injusticia en Dios porque usa de su creatura según los méritos de ella para su propia gloria. Y en este mismo sentido se puede explicar el texto si se dice te dejé, esto es, ordené tu maldad para mi gloria; porque Dios regula la maldad pero no la causa.

En seguida, cuando dice: De modo que de quien El quiere tiene misericordia, etc., infiere cierta conclusión de una y otra autoridad arriba invocadas. Porque de esto que ya se dijo: Usaré de misericordia de quien querré tenerla, concluye: Luego de quien El quiere tiene misericordia.-Se ha compadecido el Señor de los que le temen (Ps 102,13). Y de esto otro que está dicho: Para esto mismo yo te levanté, concluye: Y a quien quiere lo endurece.-Endureciste nuestro corazón de modo que no te temiéramos (Is 63,17). De ellos a unos bendijo y los ensalzó y consagró, y a otros los maldijo y abatió (Eccli 33,12). Y ciertamente lo que se dice de la misericordia de Dios no tiene duda, supuestas las razones ya dichas. Pero en cuanto al endurecimiento se presenta una doble duda. Primero porque la dureza del corazón corresponde a la culpa, según el Eclesiástico 3,27: El corazón duro lo pasara mal al fin. Ahora bien, si Dios endurece, se sigue que es el agente de la culpa. Contra lo cual se dice en Santiago 1,13: Dios a ninguno tienta. A esto hay que decir que Dios no dice que endurezca a algunos directamente, como si en ellos causara la maldad, sino indirectamente, en cuanto que de las cosas que hace en el hombre en su interior o exteriormente, el hombre toma ocasión de pecado, y esto el mismo Dios lo permite. Por lo cual no se dice que endurece como si arrojara a la maldad, sino por no proporcionar la gracia. Hay una segunda duda, porque el dicho endurecimiento no se ve que se pueda atribuir a la voluntad divina, puesto que está escrito (¡ Tes 4,3): Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación. Y también: El cual quiere que todos los hombres sean salvos (I Tim 2,4). Á lo cual hay que decir que tanto la misericordia como la justicia traen consigo la disposición de la voluntad. Por lo cual así como la misericordia se atribuye a la voluntad divina, así también lo que es de justicia. Por lo tanto así es como se debe entender de quien El quiere tendrá misericordia, es claro que por su misericordia, y a quien quiere le endurece débese entender por su justicia; porque aquellos a quienes endurece merecen el ser endurecidos por El mismo, como arriba está dicho (Rm 1).

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Sto Tomás de Aquino (Com. Rom)

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