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sábado, 9 de abril de 2016

Santa María Cleofé (9 de abril)



Santa María Cleofé.

(Siglo I. )

La fidelísima y dichosa sierva de Jesucristo santa María Cleofé era parienta de la santísima Virgen pues estaba casada con Alfeo, el cual era hermano del glorioso patriarca san José, e hijo como él de Jacob. Tuvo de su bendito matrimonio cuatro hijos, que fueron san Simón, llamado Simón Cananeo o Zelotes, Santiago el menor, Judas Tadeo, y Joseph o José. Los tres primeros fueron escogidos para el apostolado de nuestro Señor Jesucristo; y el último entró, como se cree, en el número de los setenta y dos discípulos. A estos cuatro bienaventurados hijos de santa María Cleofé llama el Evangelio hermanos del Señor, conforme a la costumbre de los hebreos, que llamaban con el nombre de hermanos a los que sólo eran próximos parientes. Pues, esta dichosa parienta de la Madre de Dios, y santa madre de tres Apóstoles, cobró tan grande y entrañable devoción a la adorable persona de nuestro Señor Jesucristo, que no pudo separarse de El ni aun en el tiempo de su pasión en que los mismos discípulos huyeron y le desampararon: y así, refieren los santos Evangelios, que se halló presente en el Calvario con María Madre de Jesús, y María Salomé y el discípulo amado san Juan. Ella asistió también al entierro del divino cadáver; ella fue con Salomé y la Magdalena a embalsamarlo con aromas y ungüento preciosos al amanecer del primer día de la semana, que ahora es el domingo; siendo estas tres santas mujeres las primeras que oyeron de boca de los ángeles la alegre nueva de la resurrección; y a ellas se apareció después el mismo Señor resucitado y glorioso, y les mandó que fueran a dar noticia de esto a los discípulos, a los cuales se mostró la tarde de aquel mismo día, cuando por temor de los judíos estaban recogidos en el Cenáculo, cerradas las puertas. También se manifestó el Señor resucitado a Cleofás, que era el marido de santa María Cleofé, cuando iba con otro discípulo al castillo de Emaús, y se les descubrió en la fracción del pan. Finalmente después de tantos y tan divinos regalos con que el Señor recompensó la devoción y amor de esta su sierva, le concedió la gracia singularísima de morir asistida por los santos Apóstoles y por la misma Madre de Dios, como piadosamente se cree. 

Reflexión: 

No podemos leer sino movidos de envidia santa la inefable dicha que tuvo la bienaventurada María Cleofé de conversar, obsequiar y adorar la sagrada persona de nuestro Señor Jesucristo; mas traigamos a la memoria lo que el mismo Señor dijo a santo Tomás: "Bienaventurados los que no vieron y creyeron, (Jn. XX.) porque, como dice Tertuliano, son muy grandes los méritos de la fe, y ordenados a gran recompensa. Con todo si lees los cuatro Evangelios, escritos por los apóstoles y discípulos del Señor, podrás en ellos ver y oír espiritualmente a Jesucristo: porque, como nos dice san Juan Evangelista, los santos Apóstoles nos anunciaron en el Evangelio lo que vieron por sus ojos, lo que oyeron por sus oídos y lo que palparon con sus manos; y como refieren los hechos y palabras del Señor con tan gran sencillez y verdad, no podremos menos de creer con viva fe las cosas que dicen, y enamorarnos de la divina persona de Jesucristo, y derramar suavísimas lágrimas, viendo las finezas de amor que ha hecho Dios por los hombres, a fin de que creyendo que Jesucristo es verdadero Hijo de Dios, y guardando su santa ley, alcancemos la vida eterna. 

Oración: 

Oh Dios, autor de nuestra salud, dígnate oír nuestras súplicas, para que como nos alegramos en la fiesta de la bienaventurada María Cleofé, así aprendamos de ella a servirte con afectuosa y piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

jueves, 7 de abril de 2016

San Egesipo (7 de abril)



San Egesipo, autor eclesiástico.

(† 181)

El glorioso y antiquísimo historiador de la Iglesia san Egesipo fue hebreo de nación; y habiéndose convertido a la fe y recibido el santo Bautismo, se juntó con los demás fieles cristianos de la Iglesia de Jerusalén, de la cual dice el evangelista san Lucas que la muchedumbre de hombres y mujeres que creían en el Señor eran un solo corazón y una sola alma, y que los que tenían haciendas las vendían y repartían el precio a los pobres, conforme a la necesidad de cada uno, y que todos se reunían para alabar a Dios. Estaba san Egesipo lleno del espíritu de Jesucristo, y como había recibido la doctrina celestial del Evangelio de mano de los discípulos de los Apóstoles, viendo que algunos monstruos infernales derramaban el veneno de la herejía, pretendiendo inficionar al pueblo de Dios y alterar las tradiciones de la Iglesia, con celo apostólico levantó el grito contra aquellos apóstatas y herejes, publicando en una Historia eclesiástica, cuál era la doctrina de la verdad de Cristo que de mano en mano había llegado a todas las iglesias. Para esto fue el santo doctor a Roma donde conferenció con santísimos obispos elegidos por los Apóstoles y discípulos del Señor, y habiéndose informado muy particularmente de las creencias y prácticas de todas las principales iglesias del Oriente y del Occidente, escribió en el año 133 los cinco libros de su Historia eclesiástica, de la cual nos conserva todavía algunos lugares el sapientísimo Eusebio. En ella comenzaba san Egesipo por referir la Pasión de nuestro Señor Jesucristo y después los sucesos más señalados de las primeras cristiandades, sus dogmas, sus costumbres piadosas y sus tradiciones hasta los días en que él vivía; manifestando en esta historia escrita en lenguaje muy sencillo y lleno de verdad, como el estilo de los Apóstoles, que a pesar de haber sembrado los herejes sus pestilenciales errores en el campo del Señor, ninguna de las iglesias había sido inficionada ni había caído en el error, sino que todas conservaban con gran entereza la doctrina celestial que cien años antes había predicado a los hombres el divino Maestro. Finalmente después de haber pertrechado san Egesipo la casa de Dios con tan excelentes libros, y edificándola con sus santas y apostólicas virtudes, en el año 181 de Jesucristo, pasó de esta vida temporal a la eterna y gloriosa. 


Reflexión: 

Quien considere la perfectísima unidad de fe, que ha conservado siempre la Iglesia católica, echará de ver que por ella se distingue de todas las sectas y falsas religiones. Los idólatras no adoran unos mismos ídolos; cada nación y a veces cada pueblo y aun familia, adora el suyo. Entre los turcos se contradicen sus Muftis y entre los herejes sus predicantes. Lutero en el solo artículo de la Comunión mudó de parecer treinta y seis veces: y la confesión Augustana, que viene a ser como el credo de los protestantes Luteranos, ha variado sus dogmas cuantas veces se ha reimpreso. Pero la fe de la Iglesia católica siempre ha sido la misma: y a pesar de haber sido enseñada por cuatro Evangelistas, trece Apóstoles, setenta y dos discípulos, veintiún concilios ecuménicos y doscientos sesenta Pontífices hasta nuestro actual papa León XIII, jamás ha variado ni ofrecido una sola discordancia en sus dogmas. ¿Cómo se explica esta maravillosísima unidad de fe? Sencillamente: porque las doctrinas de los hombres falibles se contradicen y mudan: mas la verdad de Dios permanece para siempre. 


Oración: 

Atiende, Señor, a las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu bienaventurado confesor Egesipo, para que los que no confiamos en nuestra virtud, seamos ayudados por las oraciones de aquel que fue de tu agrado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

viernes, 31 de mayo de 2013

Para conservar la Verdadera Fe de Cristo



Para conservar la Verdadera Fe de Cristo 

"Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica" 

(San Vicente de Lerins)

Por lo mismo, recordamos:

1) REZAR DIARIAMENTE EL ROSARIO COMPLETO (con cuyas garantías Nuestra Señora de Fátima nos prometió LA AYUDA DE DIOS)

2) ESTUDIAR LAS SAGRADAS ESCRITURAS Y EL MAGISTERIO INFALIBLE DE LA IGLESIA (LA LEY DIVINA ANTE TODO)

3) ATENERSE A LO QUE SIEMPRE Y EN TODAS PARTES HIZO Y DIJO LA SANTA IGLESIA CATÓLICA

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