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martes, 17 de mayo de 2016

Garantías Divinas del Catecismo Romano





"Los mismos predecesores nuestros (...) quisieron que según la mente del mismo sagrado Concilio (Tridentino) se compusiese otra obra que abrazase toda la doctrina en que fuese menester instruir a los fieles y que estuviese muy lejos de todo error: Este libro, imprimieron y publicaron con el nombre de Catecismo Romano, mereciendo en ello ser alabados por dos títulos: ya porque en él juntaron aquella doctrina que es común en la iglesia y está lejos de todo peligro de error; ya también porque con expresísimas palabras propusieron esta misma doctrina para el fin de enseñarse públicamente al pueblo. (...) Propusieron solamente las cosas necesarias y muy útiles para la salvación, explicadas con distinción y claridad, en el Catecismo Romano, para que se enseñen al pueblo cristiano"

S.S. Clemente XIII, extractos de la Bula "In Dominico Agro", 1782





Descargar gratis el Catecismo Romano y observar por sí mismos las garantías eclesiásticas y pontificias Aquí

martes, 19 de enero de 2016

Bula Sollicitudo Omnium Ecclesiarum del Papa Pio VII (1814), para Restablecimiento Perpetuo de la Compañía de Jesús




Bula Sollicitudo Omnium Ecclesiarum del Papa Pio VII (1814), 
para Restablecimiento Perpetuo de la Compañía de Jesús






BULA DE LA SANTIDAD DE PIO VII 
para el restablecimiento de la compañía de Jesús 

PÍO OBISPO, SIERVO DE LOS DE DIOS, 
Para perpetua memoria 

"La solicitud de todas las iglesias confiada por disposición de Dios a nuestra debilidad, a pesar de la desproporción de nuestros méritos, nos impone el deber de poner en ejecución todos los medios que se hallan en nuestro poder, y que en su misericordia se dignó concedernos la divina providencia, para subvenir en su tiempo y sin ninguna acepción de pueblos a las necesidades espirituales del universo cristiano, en cuanto lo permiten las multiplicadas vicisitudes de los tiempos y lugares. 

Deseando satisfacer en lo que exije de Nos nuestro cargo pastoral, al momento que llegó  a nuestra noticia que Francisco de Kareu y otros sacerdotes seculares establecidos hace muchos años en el inmenso imperio de Rusia, y unidos antiguamente a la compañía de Jesús, suprimida por nuestro predecesor Clemente XIV, de feliz memoria, nos suplicaban les concediésemos por nuestra autoridad el poder para reunirse en corporación, a fin de hallarse en estado, en virtud de las leyes particulares a su instituto, de educar la juventud en los principios de la fe y buenas costumbres, de dedicarse a la predicación, ejercicio de la confesión y administración de los demás sacramentos; hemos tenido por conveniente escuchar sus súplicas, y lo hemos hecho de tanta mejor voluntad, cuanto que el emperador Pablo I, reinante en aquella sazón, nos había recomendado con viva instancia estos mismos sacerdotes, por cartas que eran la expresión de su aprecio y benevolencia hacia ellos, y que nos dirigió el 11 de agosto del año del Señor mil ochocientos, cartas en que manifestaba que seria de todo su agrado, que por nuestra propia autoridad y para el bien de los católicos de todo su imperio, restableciésemos en él la compañía de Jesús. 

Por tanto, considerando la gran utilidad que resultará a aquellas vastas regiones, casi enteramente destituidas de operarios evangélicos, y reflexionando que tales eclesiásticos podían procurar a la religión una ventaja inestimable, por sus costumbres puras, elogiadas por tantos, por sus trabajos infatigables, por su ardiente celo por la salvación de las almas y por su aplicación continua a la predicación de la palabra de Dios; hemos creído que sería racional secundar las miras de un príncipe tan bienhechor y poderoso. En consecuencia, por nuestras cartas dadas en forma de breve, el siete de mayo del año del Señor mil ochocientos y uno, concedimos al referido Francisco Kareu y demás compañeros establecidos en el imperio ruso, y a todos los que pudiesen acudir a él, la facultad de reunirse en corporación o congregación, bajo el nombre de compañía de Jesús, en una o muchas casas a voluntad del superior, sin salir de los límites del imperio de Rusia; y por nuestro beneplácito y el de la Santa Sede apostólica, diputamos en cualidad de superior general de la referida sociedad al susodicho Francisco Kareu, con el poder y facultades necesarias y convenientes para seguir y observar la regla de San Ignacio de Loyola, aprobada y confirmada por nuestro predecesor Paulo III, de feliz recordación, en virtud de sus constituciones apostólicas; y a fin de que hallándose reunidos y asociados de este modo en congregación relijgosa, pudiesen entregarse a la educación de la juventud en la religión, en las ciencias y en las letras, al gobierno de los seminarios y colegios, y con la aprobación y consentimiento de los ordinarios de los lugares, al ministerio de la palabra santa, confesión y administración de los sacramentos; recibimos la congregación de la compañía de Jesús bajo nuestra protección y sumisión inmediata a la sede apostólica; y nos reservamos para Nos y nuestros sucesores el disponer y arreglar, lo que con la ayuda del Señor se crea conveniente para fortalecer y asegurar la referida congregación, y para corregir los abusos, si se introdujesen en ella; y al efecto derogamos expresamente las constituciones apostólicas, estatutos, costumbres, privilegios e indultos, concedidos y confirmados de cualquier manera, que fuesen contrarios a las anteriores disposiciones, especialmente las letras apostólicas de nuestro predecesor Clemente XIV, que empezaban por las palabras Dominus ac Redemptor noster; pero únicamente en lo que fuesen contrarias a las referidas nuestras en forma de breve que empezaban por la palabra Catholicae, dadas solamente para el imperio de Rusia. 

Poco tiempo después de haber decretado estas medidas para el imperio ruso, creímos deberlas hacer extensivas al reino de las Dos Sicilias, a instancia de nuestro carísimo hijo en Jesucristo, el rey Fernando, que nos suplicó se estableciese en sus estados la compañía de Jesús, como lo había sido por Nos en el referido imperio; porque en tiempos tan desgraciados le parecía ser de la mayor importancia el servirse de los clérigos de la compañía de Jesús, para formar a la juventud en la piedad cristiana y en el temor de Dios que es el principio de la sabiduría, y para instruirla en lo relativo a la doctrina y ciencias, principalmente en los colegios y escuelas públicas. Correspondiendo de buena gana por el deber de nuestro cargo, a los piadosos deseos de tan ilustre príncipe, que sólo mira la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas, hemos extendido nuestras letras dadas para el imperio de Rusia al reino de las Dos Sicilias, por otras nuevas en forma de breve que empiezan por las palabras Per alias, expedidas el treinta de julio del año del Señor mil ochocientos y cuatro. 

Los votos unánimes de casi todo el universo cristiano por el restablecimiento de la compañía de Jesús, nos traen continuamente súplicas vivas e instantes de parte de nuestros venerables hermanos los arzobispos y obispos, y de las personas más distinguidas de todas clases, especialmente desde que la fama ha llevado por todos lados la abundancia de frutos que producía esta sociedad en las regiones que ocupaba y su fecundidad en la producción de nuevos vástagos que prometen extender y adornar por todas partes el campo del Señor. 

La misma dispersión de las piedras del santuario producida por las recientes calamidades y reveses, que más bien deben deplorarse que traer a la memoria, la destrucción de la disciplina de órdenes regulares (gloria y ornamento de la religión y del estado) cuya reunión y son el objeto de nuestros pensamientos y continuos, exigen que demos nuestro asentimiento a deseos tan unánimes y justos. Nos creeríamos culpables delante de Dios, de una gravísima falta, si en medio de las urgentes necesidades que sufren los negocios públicos, descuidásemos el proporcionar los saludables auxilios que Dios, por su singular providencia, puso en nuestras manos colocadas en la navecilla de Pedro ajitada incesantemente, si no admitiésemos a los pilotos robustos y experimentados que se nos ofrecen para romper la fuerza de las olas que amenazan continuamente sepultarnos en un inevitable naufragio. 

Llevados por tan fuertes razones y poderosos motivos, hemos resuelto ejecutar lo que ardientemente deseábamos desde el principio de nuestro pontificado. Así que, después de haber con nuestras fervientes preces implorado el divino auxilio, y reunidos los sufragios y consejos de varios de nuestros venerables hermanos los cardenales de la santa Iglesia romana, de nuestra cierta ciencia y en virtud de la plenitud del poder apostólico, hemos creído ordenar y establecer, como en efecto ordenamos y establecemos por la presente e irrevocable constitución emanada de Nos, que todas las concesiones y facultades concedidas por Nos, únicamente para el imperio de Rusia y reino de las Dos Sicilias, sean extensivas desde este momento, como de hecho las extendemos, a todas las partes de nuestro estado eclesiástico, así como a todos los demás estados y dominios. 

Por tanto, dispensamos y concedemos a nuestro carísimo hijo Tadeo Burzozowski, superior general de la compañía de Jesús, y a los diputados legítimamente por él, todas las facultades necesarias y convenientes, según nuestro beneplácito y el de la Santa Sede apostólica, para poder libre y lícitamente, en todos los estados y dominios arriba mencionados, admitir y recibir a todos aquellos que pudiesen ser admitidos y recibidos en el orden regular de la compañía de Jesús, los que reunidos en una o muchas casas, colegios o provincias, bajo la obediencia del superior general en ejercicio, y distribuidos según lo exijan los casos, arreglarán su modo de vivir a las disposiciones de la regla de San Ignacio de Loyola, aprobada y confirmada por las constituciones apostólicas de Paulo III: queremos y permitimos también que tengan facultades para entregarse a la educación de la juventud católica en los principios de religión, y sujeción a las buenas costumbres, así como para gobernar los seminarios y colegios, y con el consentimiento y aprobación de los ordinarios de los lugares, podrán pedir el oír confesiones, predicarla palabra de Dios y administrar los sacramentos, libre y lícitamente. Y desde ahora recibimos a las casas, provincias e individuos de la susodicha sociedad, lo mismo que a los que en lo venidero se puedan asociar y agregar a ella, bajo nuestra guardia, protección y obediencia y de la sede apostólica; reservándonos para Nos y nuestros sucesores los pontífices romanos, el determinar y prescribir lo que creamos conveniente para establecer y asegurar más y más la referida sociedad, y reprimir los abusos, si (lo que Dios no permita) se introdujesen en ella.

Advertimos y exhortamos con todo nuestro poder, a todos y cada uno de los superiores, prepósitos, rectores asociados y alumnos, cualesquiera que fuesen de dicha sociedad restablecida, que se muestren constantemente y en todas partes fieles hijos e imitadores de su digno padre y gran fundador: que observen diligentemente la regla que les dejó prescrita y que se esfuercen en cuanto puedan en la práctica de las amonestaciones y útiles consejos que dio a sus hijos.

Por último recomendamos en el Señor, a nuestros queridos hijos los nobles e ilustres príncipes y señores temporales, así como a nuestros venerables hermanos los arzobispos y obispos, y a toda persona constituida en dignidad, la compañía de Jesús y cada uno de sus miembros; y les exhortamos y rogamos que no permitan ni toleren que nadie los inquiete, sino que los reciban, como conviene, con bondad y caridad. 

Queremos que las presentes y todo su contenido queden perpetuamente firmes, válidas y eficaces; y que tengan y produzcan entero y pleno efecto, y se observen inviolablemente en todo tiempo y por todos a quienes corresponda, y que juzgue y establezca conforme a las mismas todo juez revestido de cualquier poder; y declaramos nulo y de ningún valor cualquier acto contrario a ellas de cualquier autoridad que emane, sea con ignorancia o a sabiendas. 

No obstante, todas las constituciones y decretos apostólicos y especialmente las referidas letras en forma de breve de Clemente XIV, de feliz memoria, que empiezan Dominus ac Redemptor noster, expedidas bajo el anillo del pescador el veinte y uno de julio del año del Señor mil setecientos setenta y tres, a las que, como a todas las demás contrarias, derogamos expresa y terminantemente por el efecto de las presentes. 

A nadie sea lícito infringir o quebrantar por una empresa temeraria, el tenor de nuestra disposición, estatuto, extensión, concesión, indulto, declaración, facultad, reserva, amonestación, exhortación, decreto y derogación; y si alguno osare intentarlo, sepa que incurre en la indignación de Dios Todopoderoso y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo.

Dado en Roma en Santa María la Mayor el año de la Encarnación de Nuestro Señor, mil ochocientos catorce, a siete de los idus de agosto y décimo quinto de nuestro pontificado"


Fuente: Diccionario de Derecho Canónico, Tomo III, Abate Andrés, Madrid 1848

domingo, 11 de enero de 2015

Una Infalible Definición Doctrinal que es Fundamental Conocer y Aceptar en nuestros tiempos


Una Infalible Definición Doctrinal 
que es Fundamental Conocer 
y Aceptar en nuestros tiempos

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra: 

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica” 

(Denzinger 714).

domingo, 23 de noviembre de 2014

Encíclica Sapientiae Christianae, Papa Leon XIII (fragmento), EX CATHEDRA, 1890.

Encíclica Sapientiae Christianae, Papa Leon XIII (fragmento), EX CATHEDRA, 1890

Hemos querido dejar audible este fragmento infalible del gran Papa Leon XIII (concerniente al mandato universal de la propagación y defensa de la Fe Católica), ya sea por la necesidad urgentísima que padecen las mayorías de las almas en esta realidad de la Gran Apostasía y Confusión casi total; o ya por la obligación de nuestras propias almas.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Al Antipapa Francisco no le interesa la Educación Católica


Al Antipapa Francisco no le interesa la Educación Católica

Esta es la diferencia entre un Antipapa Rotario (masónico) y un Papa verdadero que se pronuncia infaliblemente y para siempre:

Papa Pio XI, "Divini Illius Magistri", 1929, EX CATHEDRA:
"Por lo que toca a la extensión de la misión educativa de la Iglesia, ésta comprende a todos los pueblos, sin limitación alguna de tiempo o lugar, según el mandato de Cristo:
Enseñad a todas las gentes (Mt 28,19); y no hay poder terreno que pueda legítimamente obstaculizar o impedir esta misión universal."


viernes, 31 de mayo de 2013

Para conservar la Verdadera Fe de Cristo



Para conservar la Verdadera Fe de Cristo 

"Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica" 

(San Vicente de Lerins)

Por lo mismo, recordamos:

1) REZAR DIARIAMENTE EL ROSARIO COMPLETO (con cuyas garantías Nuestra Señora de Fátima nos prometió LA AYUDA DE DIOS)

2) ESTUDIAR LAS SAGRADAS ESCRITURAS Y EL MAGISTERIO INFALIBLE DE LA IGLESIA (LA LEY DIVINA ANTE TODO)

3) ATENERSE A LO QUE SIEMPRE Y EN TODAS PARTES HIZO Y DIJO LA SANTA IGLESIA CATÓLICA

domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Es tu Iglesia "católica" la Verdadera Iglesia Católica que fundó Jesucristo?

Antipapa Juan Pablo II besando el Corán


¿Es tu Iglesia "católica" 
la Verdadera Iglesia Católica 
que fundó Jesucristo?

Nuestra Iglesia tiene 2000 años, fundada por Jesucristo en el Papado perenne de Pedro, el Primer Papa. Garantizando en él y en sus sucesores la indefectibilidad, inmutabilidad e infalibilidad de la verdadera Doctrina Cristiana. Es decir que ningún Papa puede desdecirse ni desdecir lo que ya otra antecesor ha pronunciado solemnemente, una vez y para siempre, desde la Cátedra de Pedro.

¿Tu Iglesia ha sido fundada en el año 1965 con la promulgación solemne del pérfido y falso "Concilio Vaticano II"? Entonces tu Iglesia no es la verdadera Iglesia que fundó Cristo; ni tu fe es la Fe que podrá salvarte.

Nosotros creemos que Fuera de la Iglesia Católica No hay Salvación, juntamente con todos los Papas: Ver las Pruebas Aquí.

¿Tú crees, en cambio, con el Vaticano II, Lumen Gentium # 16 que: “la divina Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios"? Pues esa no es la verdadera Iglesia de Cristo, que en su Nuevo Testamento declara, en Romanos 1 ,19-21: “Puesto que lo que se puede conocer de Dios, les es manifiesto a ellos. Porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas de él invisibles, se ven después de la creación del mundo, considerándolas por las obras criadas; aun su virtud eterna, y su divinidad: DE MODO QUE SON INEXCUSABLES".

Nosotros creemos con todos los Papas que quien no se somete al Sumo Pontífice y a la Sede Apostólica, queda excluido de la Iglesia Católica (1)

¿Tú crees, en cambio, con el Vaticano II, Lumen Gentium # 15, que: “La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro.”? Pues tu religión no es la religión que fundó Cristo hace 2000 años, ¡y te irás al infierno si no te conviertes!

Nosotros creemos que la Iglesia REPRUEBA a los que sienten de un modo diverso a lo que la Iglesia Católica ha enseñado SIEMPRE (2)

¿Tú crees, en cambio, con el Vaticano II, Nostra Aetate (#4), que: “no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos"? Pues tu Iglesia es falsa y todos los que a sus herejías adhieren se condenarán, como se condenarán los antipapas heréticos del Vaticano II, los judíos y cismáticos:



Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra: 

“La Santa Iglesia romana firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia (ecclesiastici corporis) que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premiso eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica”

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(1) El Papa Pío IX, Amantissimus (# 3), 8 de abril de 1862: “Hay otras pruebas, casi incontables, extraídas de los testigos más confiables que clara y abiertamente testifican con gran fe, exactitud, respeto y obediencia que todos los que quieren pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo deben honrar y obedecer a esta Sede Apostólica y al Romano Pontífice.”/ El Papa Pío VI, Charitas (# 32), 13 de abril de 1791: “Por último, una palabra permanece junto a Nos. Porque nadie puede estar en la Iglesia de Cristo sin estar unido con su cabeza visible y fundada en la Sede de Pedro.”/ El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896: “Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, QUE SIEMPRE HAN MIRADO COMO EXCLUIDO DE LA COMUNIÓN CATÓLICA Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO.”

Recordemos que los Antipapas del Vaticano II han sido los primeros promotores de estas herejías, y que ellos no son Papas verdaderos (por más que usen ese nombre y casi todo el mundo los reconozca como tal) porque un Papa no puede ser hereje, ni contradecir la doctrina ya definida de Cristo a través de otro Papa.

(2): Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Bula Cantate Domino, 1442, ex cathedra: “La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios, omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo (…) A cuantos, por consiguiente, sienten de modo diverso y contrario, [la sacrosanta Iglesia Romana] los condena, REPRUEBA y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia” 

Para más información, visite: Vaticano Católico 

 

martes, 13 de marzo de 2012

LA IGLESIA ES OTRO CRISTO


LA IGLESIA ES OTRO CRISTO

Excelente Artículo Cuaresmal tomado íntegramente del Recomendable Blog El Cruzado.org; escrito por el genial José de León

La Iglesia es otro Cristo: Reflexión de Cuaresma

Por José de León

La visión más alta de la historia

Nuestro Señor quiso que su sangre fuese el precio de la redención y la formación de la iglesia, la nueva arca de la salvación prefigurada por el Arca de Noé, fuera de la cual no hubo salvación. Todos los que a ella no subieron, perecieron. Fundó la Iglesia sobre San Pedro y promulgó el Evangelio, a fin de que únicamente quienes fueran bautizados y guardaran la fe, fueran salvos. “El que fuere bautizado y creyere se salvará, mas el que no creyere se condenará”(Mc. 16, 16). Sin embargo, hay un elemento que el hombre moderno, incluso el hombre piadoso, frecuentemente pasa por alto o definitivamente, ignora: sea por ignorancia religiosa o por la pereza intelectual que caracteriza al “católico” de hoy, o sea por la complicidad que el “sacerdote” tiene con ese defecto en su grey.


El elemento clave: la integridad de la fe

El elemento clave es que la fe debe guardarse íntegra y sin mancha, so pena de comprometer la salvación, es decir, la vida eterna. Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 13, 15 de agosto de 1832: “Si dice el Apóstol que hay ‘un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo’ (Ef. 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, ‘están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo’ (Lc. 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual ‘es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha’ (Credo Atanasiano)”.). De esta manera, se entiende la herejía como el peor de todos los males (“Es un hecho cierto y bien establecido que no hay ningún otro crimen que ofenda tan gravemente a Dios ni le cause tanta ira como lo hace el vicio de la herejía”, afirma el Papa San Pio X, en Editae Sapae), ya que arranca las ovejas del rebaño del Buen Pastor. Naturalmente, para su contraparte, el demonio y su ejército, esa pérdida no es sino un triunfo temporal, efímero, aunque por su implicancia: eterno; es motivo de “regocijo”, para Lucifer y sus aliados más cercanos: los herejes, quienes promueven una doctrina diferente a la que enseñó el Divino Salvador.

Cada vez que un católico acepta, conscientemente y no por error “material”, una doctrina herética, el infierno gana un miembro (irrecuperable si ese hombre muere en estado de herejía); el cuerpo místico de Cristo pierde una oveja amada, y viceversa.

Sin temor a simplificar en extremo la realidad, se puede afirmar que a este punto o bajo este prisma de análisis, se resume casi toda la historia. Si se estudia la historia y se revisa la actualidad desde su perspectiva más alta, todo acontecimiento pasado o cualquier situación en curso, puede analizarse y resumirse como la pugna entre estas dos fuerzas inevitablemente opuestas: la fuerza salvadora de la iglesia y las fuerzas diabólicas de los herejes, llamados las “puertas del infierno”. Enseña el Papa Vigilio, en el Segundo Concilio de Constantinopla, 553: “… tenemos en cuenta lo que fue prometido para la Santa Iglesia y Aquel que dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por ellas entendemos que son las lenguas mortales de los herejes)”(1). La batalla, como es lógico, se libra por cada oveja del rebaño, por cada alma que se salva o se condena. Ese es el campo de batalla por excelencia entre el bien y el mal y el eje por el cual se explica la obra del Creador. El ámbito de la salvación o condenación eterna de las almas es el prisma que permite comprender los acontecimientos en su más alta perspectiva.

El Concilio Vaticano II: el mayor éxito del demonio desde la persecución a Cristo

Entendida así la lucha entre el bien y el mal ―entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas― es dramático constatar que el Concilio Vaticano II sin duda alguna, constituye el mayor éxito estratégico de la causa de lucifer y los herejes, desde la persecución a Cristo. El conjunto de las herejías emanadas desde la pluma del demonio y escritas en las actas que, a su servicio, dispusieron y autorizaron con su sello, Juan XXIII y luego Pablo VI, generó toda una “eclesiología” nueva, diametralmente opuesta a la enseñada por los legítimos sucesores de San Pedro. De ese conciliábulo, se originó una religión nueva y herética. La extensión de la evidencia es de tal magnitud, que escapa a las posibilidades de esta breve reflexión otorgar todas las pruebas en este artículo, aunque está disponible en el sitio web. Sin embargo, podemos identificar la principal de todas las herejías de este fatídico evento revolucionario: “Fuera de la iglesia sí hay salvación” . Esta sentencia (condenada por múltiples declaraciones papales ex cathedra, es decir, infalibles) fue la piedra angular de la herejía del Vaticano II y de ella se desprendieron fácilmente muchas otras. Se expandieron por el que dejó de ser el mundo católico, con la rapidez que la ponzoña de una cascabel avanza por el torrente sanguíneo de su víctima. ¡Cuántas almas se intoxicaron de ese veneno de satanás! ¡Y cuántas ovejas se separaron del rebaño para siempre!

Aceptada esa herejía, fácilmente fue aceptado el ecumenismo: ese supermercado gnóstico de religiones corruptas por las cuales, insolentemente, se proclama que ha de hallarse el camino al cielo. No es difícil encontrar en los seglares y más aún, entre los “sacerdotes y obispos”, quienes, en consecuencia, niegan la divinidad de Cristo, la infalibilidad papal, la indefectibilidad de la Tradición y de la Revelación y, en fin, todo cuanto hay de verdadero reemplazándolos por la mentira despiadada, por la herejía infame.

La Iglesia es otro Cristo

“Christianus alter Christus”, los cristianos son otros Cristos, enseña la iglesia. Lo que se aplica a la vida del Salvador, se aplica ―pese a la inconmensurable desproporción― a cada uno de los cristianos fieles. Cada uno de ellos, desde el primero hasta el último cristiano de la historia, invariablemente será perseguido sin causa justificada, por los adversarios milenarios del Verbo: esa raza de hijos de las tinieblas que llenan sus corazones y puños de odio a la Verdad y a quienes la propaguen. Así, el profesor universitario que se atreva a defender un principio católico durante una clase, será denunciado por sus alumnos por intolerancia religiosa y probablemente perderá su empleo; el estudiante valiente que no asista a un espectáculo inmoral, será “excomulgado” del grupo de estudio que otrora le sonreía y ofrecía una promisoria red de contactos; la madre católica que se niegue a participar de las frivolidades de su círculo de “amigas”, irá gradualmente quedando sola. De ella se dirán calumnias, mentiras infundadas, inspiradas por la antigua serpiente; se dirá que ella ahora pertenece a una secta y que ahí le prohibieron vestirse “a la moda” o conversar “de forma abierta”. El ostracismo, la soledad, el desprecio y la guerra a muerte, espera a cada uno de los cristianos que reconocen al Divino Maestro y que enfrentan al príncipe de este siglo, el demonio.

Bajo un cierto punto de vista, podríamos afirmar, por extensión, que el mismo principio se aplica a la Santa Iglesia Católica, es decir, al conjunto de los fieles: aquellos bautizados que obedecen al sucesor de San Pedro y que guardan la fe íntegramente. Podríamos afirmar que “la iglesia es otro Cristo”.

El Concilio Vaticano II fue una parodia de la pasión de Nuestro Señor

La herencia maldita que profirió las calumnias contra Nuestro Señor, las profirió luego desde la basílica de San Pedro, en el Vaticano, al celebrarse dicho conciliábulo: “la iglesia se equivocó”, “la iglesia fue instrumento del mal” e incluso, “la iglesia pecó” (¡!). ¡Cuán falsas y atrevidas blasfemias se levantaron contra el Cordero de Dios y cuántas, desde los asientos del Concilio, se levantaron contra su Iglesia, su cuerpo místico!

La promulgación universal del Concilio Vaticano II hace con que la situación de la Iglesia sea análoga al trágico paso del santísimo Cordero de Dios por el patíbulo. La vía dolorosa parece repetirse, como si la repulsiva serpiente hiciera una parodia teatral de la pasión de Nuestro Señor, conduciendo a su Iglesia, su cuerpo místico, por una nueva vía dolorosa, llena de aflicciones. Parodia insolente: ¿de qué serviría su sangre preciosísima si los miembros de su iglesia se corrompen con las nuevas doctrinas? ¿No es esto una afrenta al sacrificio del Divino Salvador?



Tres personajes de la pasión de Nuestro Señor y de su cuerpo místico

Nos detendremos en tres personajes que en la nueva pasión, también están presentes: los fariseos acusadores, el juez que se lava las manos y el verdugo.

Los nuevos fariseos

La obra del demonio avanzó tanto en los últimos siglos, que, a diferencia de épocas anteriores, los enemigos de la iglesia ya no se encontraban “extra-muros”. El Papa San Pío X lo denunció así en su encíclica Pascendi, alertando a los católicos respecto al nuevo enemigo: el laico y el clérigo modernista. La ciudad de Cristo ahora tenía los enemigos dentro, haciendo más difícil la situación para los fieles. De esta manera, las principales herejías se propagaban ahora desde el “seno” de la iglesia, desde el púlpito o desde la sede obispal. Y comenzaron a proferir las calumnias contra la Iglesia, como fariseos acusadores.

Ayer, los fariseos acusaron a Nuestro Señor, aullando como un lobo furioso: “¡Él mintió!”. Hoy, los nuevos fariseos proclaman sin vergüenza: “la iglesia mintió”. Ayer fue “Él no es Dios”, hoy es “la Iglesia católica no es la Iglesia de Cristo”. Ayer, “Él no es el Salvador”; hoy, “fuera de la iglesia sí hay salvación”.

En el Concilio, fueron los príncipes de la Iglesia los acusadores, cuales nuevos fariseos mal intencionados. Acusaron a la iglesia de estar obsoleta, de no actualizarse, de necesitar un “aggiornamento”, de no haber acogido a los “hermanos judíos” y protestantes, de ser la culpable de haber alejado a los “hermanos separados”…

Los teólogos Ratzinger, Hans Küng, Rahner, Danielou, de Lubac, Schillebeeckx, y cuántos otros hicieron suya la calumnia farisaica. Sin la proclama anticristiana de estos nuevos fariseos, pocas fuerzas habría tenido la hueste de Lucifer para avanzar y promulgar el Concilio.


El juez que lava sus manos pudo detener la Pasión

Más que por su cargo o poder temporal, el personaje del juez es especialmente relevante porque en esas manos estuvo la posibilidad real de liberar a la Víctima de la turba diabólica. Esa posibilidad concreta de actuar para detener a los acusadores endemoniados, es la característica esencial del juez que lava sus manos.

¿En manos de quién estuvo la posibilidad de detener el Concilio? En manos de los obispos como De Castro Mayer, Sigaud, Ottaviani, Lefevbre, y muchos otros que eran conocidos como “conservadores”. ¿Qué hicieron para detener la pasión del cuerpo místico de Cristo? Nada. Todos ellos, al final, dieron su firma de aprobación al fatídico Vaticano II. No hicieron nada heroico que la historia haya consignado. Sólo aplicaron el principio sofista de “ceder para no perder”, ceder cuando se trata de Cristo, avanzar cuando se trata de su honra o intereses personales.

¿Qué hicieron aquellos que pudieron detener la flagelación? El silencio de sus sepulturas parece responder en este momento trágico, varias décadas después.

El verdugo

Y ahí estaba el verdugo, el hombre que debía herir la carne inocente del Cordero. Esperando a su víctima con la frialdad propia de un asesino.

Es sabido que aquellos hombres que tuvieron en sus manos la tarea más execrable de la historia, es decir, los verdugos que azotaron el cuerpo adorable de Jesús, tuvieron que cubrir sus ojos con una venda. Observar el cuerpo sacratísimo de la Santísima Víctima, herido, ver la carne inocente hecha todo una llaga, les resultaba humanamente insoportable.

Como un nuevo verdugo de Cristo, Pablo VI, el supuesto “Papa” que desarrolló y terminó el Concilio, flageló el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor, pero ahora, la carne despedazada, era de su cuerpo místico, la iglesia. No cubrió sus ojos, el nuevo verdugo de Cristo: no había en él, arrepentimiento ni remordimiento alguno. La vista del cuerpo del Divino Maestro, herido, le producía la falsa felicidad pasajera que los demonios sienten cuando triunfan sobre un alma en su afán de perdición. El nuevo verdugo, el cardenal Giovanni Battista Montini, llamado Pablo VI, tomó entre sus manos el flagelo de la herejía y la apostasía y desató la furia de Lucifer sobre su víctima adorable, en esta nueva pasión: sin piedad, sin escrúpulo alguno.

Cada una de las actas conciliares se clavaba, dolorosamente, como una nueva espina en la cabeza de la iglesia.

Cada paso del conciliábulo del infierno, llevó al cuerpo místico de Cristo a un sufrimiento aun mayor que el anterior. La similitud con la primera pasión de Cristo es evidente.

Oración para pedir a Nuestra Señora el espíritu católico en la era post-conciliar

¡Oh Virgen Dolorosa! ¡Oh Madre de la Iglesia! Ten en consideración la miseria de este siervo y especialmente, su debilidad y pecado, y ayudadme. Libradme de ser un nuevo fariseo y en consecuencia, de levantar contra la Iglesia de Cristo, una nueva calumnia, como tantas ha recibido vuestro amado Hijo de los príncipes de la Iglesia, los obispos traidores.

Libradme de perder la santa fe que, por una predilección misteriosa, en este gusano infiel, suscitaste.

No permitas que las consignas heréticas del Vaticano II siquiera rocen mi alma. Si me volviera un hereje, me uniría a los verdugos que dilaceran el cuerpo místico de Cristo con toda clase de propaganda anticristiana. ¡El sólo hecho de imaginarme de pie contra Dios, me hace temblar de horror!

En esta hora de tinieblas, en la cual todo parece perdido, dame la certeza de que el triunfo vendrá luego, como al tercer día vino la resurrección. A pesar de la sonrisa sarcástica de los incrédulos, a pesar de que todo parece perdido, dame la certeza de la restauración total de la iglesia católica, cual cuerpo glorioso, cuya herencia será el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo sobre las naciones.

Pon en mi corazón decaído por la infidelidad, el valor de San José de Arimatea, para que llegada la hora de defender a la iglesia de sus perseguidores, no lave mis manos en un acto de indiferencia apóstata, sino que me levante con todas mis fuerzas, que son las que vos me dais, en un acto de fidelidad militante para darlo todo, absolutamente todo, por la gloria del cuerpo místico de Cristo, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, fuera de la cual, no hay absolutamente ninguna salvación. Amén.


____________________________________

Notas:

(1) Papa San León IX, 2 de septiembre de 1053: “La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro (…) porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina”/Santo Tomás de Aquino (1262 d.C.): “La sabiduría pueda llenar los corazones de los fieles, y silenciar la terrible insensatez de los herejes, adecuadamente representados como las puertas del infierno”.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Las Condenas Infalibles del Papa San Martín I, mártir




SAN MARTIN I, 649-653(655)

CONCILIO DE LETRAN,649(Contra los monotelitas)

Denz-256 Can. 3: "Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según verdad por madre de Dios a la santa y siempre Virgen María, como quiera que concibió en los últimos tiempos sin semen por obra del Espíritu Santo al mismo Dios Verbo propia y verdaderamente, que antes de todos los siglos nació de Dios Padre, e incorruptiblemente le engendró, permaneciendo ella, aun después del parto, en su virginidad indisoluble, sea anatema".

Denz-272: "Si alguno, pues, según se acaba de decir, no rechaza y anatematiza a una voz con nosotros todas estas impiísimas doctrinas de la herejía de aquéllos y todo lo que en favor de ellos o en su definición ha sido escrito por quienquiera que sea, y a los herejes nombrados, es decir, a Teodoro, Ciro y Sergio, Pirro y Pablo, como rebeldes que son a la Iglesia Católica, o si a alguno de los que por ellos o por sus semejantes han sido temerariamente depuestos o condenados por escrito o sin escrito, de cualquier modo y en cualquier lugar y tiempo, por no creer en modo alguno como ellos, sino confesar con nosotros la doctrina de los Santos Padres, lo tiene por condenado o absolutamente depuesto, y no considera a ese tal, quienquiera que fuere, obispo, presbítero o diácono, o de cualquier otro orden eclesiástico, o monje o laico, como pío y ortodoxo y defensor de la Iglesia Católica y por más consolidado en el orden en que fué llamado por el Señor, y no piensa por lo contrario que aquéllos son impíos y sus juicios en esto detestables o sus sentencias vacuas, inválidas y sin fuerza o, más bien, profanas y execrables o reprobables, ese tal sea anatema".

Denz-273 Can. 19: "Si alguno profesando y entendiendo indubitablemente lo que sienten los criminales herejes, por vacua protervia dice que estas son las doctrinas de la piedad que desde el principio enseñaron los vigías y ministros de la palabra, es decir, los cinco santos y universales Concilios, calumniando a los mismos Santos Padres y a los mentados cinco santos Concilios, para engañar a los sencillos o para sustentación de su profana perfidia, ese tal sea anatema".


miércoles, 9 de noviembre de 2011

El Primer Discurso Infalible de un Papa



EL PRIMER DISCURSO INFALIBLE DE UN PAPA

Hech 2, 14-36:

14Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los once, alzó su voz y les habló:



"Varones judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sea esto de vuestro conocimiento y prestad atención a mis palabras, 15 porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis, pues apenas es la hora tercera del día; 16 sino que esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel:

17 Y SUCEDERA EN LOS ULTIMOS DIAS--dice Dios-- QUE DERRAMARE DE MI ESPIRITU SOBRE TODA CARNE; Y VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARAN,VUESTROS JOVENES VERAN VISIONES,Y VUESTROS ANCIANOS SOÑARAN SUEÑOS; 18 Y AUN SOBRE MIS SIERVOS Y SOBRE MIS SIERVAS DERRAMARE DE MI ESPIRITU EN ESOS DIAS, y profetizarán. 19 Y MOSTRARE PRODIGIOS ARRIBA EN EL CIELO Y SEÑALES ABAJO EN LA TIERRA: SANGRE, FUEGO Y COLUMNA DE HUMO. 20 EL SOL SE CONVERTIRA EN TINIEBLAS Y LA LUNA EN SANGRE, ANTES QUE VENGA EL DIA GRANDE Y GLORIOSO DEL SEÑOR. 21 Y SUCEDERA QUE TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERA SALVO.

22 Varones de Israel, escuchad estas palabras: A Jesús de Nazaret, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio de Él entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, 23 a éste, entregado por el designio determinado y la presciencia de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis, 24 a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que El quedara bajo el dominio de ella. 25 Porque David dice de El: VEIA SIEMPRE AL SEÑOR EN MI PRESENCIA; PUES ESTA A MI DERECHA PARA QUE YO NO VACILE. 26 POR LO CUAL MI CORAZON SE ALEGRO Y MI LENGUA SE REGOCIJO; Y AUN HASTA MI CARNE DESCANSARA EN ESPERANZA; 27 PUES TU NO ABANDONARAS MI ALMA EN EL HADES, NI PERMITIRAS QUE TU SANTO VEA CORRUPCION. 28 ME HAS HECHO CONOCER LOS CAMINOS DE LA VIDA; ME LLENARAS DE GOZO CON TU PRESENCIA.

29 Hermanos, del patriarca David os puedo decir confiadamente que murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.30 Pero siendo profeta, y sabiendo que DIOS LE HABIA JURADO SENTAR a uno DE SUS DESCENDIENTES EN SU TRONO, 31 miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que NO FUE ABANDONADO EN EL HADES, NI su carne SUFRIO CORRUPCION. 32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice:

DIJO EL SEÑOR A MI SEÑOR: "SIENTATE A MI DERECHA, 35 HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS POR ESTRADO DE TUS PIES". 36 Por lo cual sepa toda la casa de Israel con certeza que Dios ha constituído Señor y Cristo a este mismo Jesús que vosotros clavasteis en la cruz."

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Nueve Comentarios de Msr. Straubinger:

Versículos 17 y siguientes: "Sobre toda carne": Sobre todos los hombres. Esta profecía (Joel 2, 28-32; cf. Is. 44, 3), además de su cumplimiento en Pentecostés,
TIENE UN SENTIDO ESJATOLÓGICO, como se ve en los v. 19 s. ("Versículos 19 y siguientes") referentes a los fenómenos cósmicos que están anunciados para los últimos tiempos (cf. Mt. 24, 29; Apoc. 6, 12), o sea, para "el día del Señor" (v. 20), cuya venida los primeros cristianos esperaban "de hora en hora", como dice San Clemente Romano. Cf. 1, 6; I Cor. 1, 8; 7, 29; Fil. 4, 5; I Tes. 5, 2; Heb. 10, 25 y 37; Sant. 5, 8; II Pedr. 3, 9; etc. "Téngase presente que en los Evangelios y en todo el Nuevo Testamento se habla muchas veces de la primera venida de Jesucristo y luego se pasa a hablar de la segunda" (Biblia de El Paso). De ahí las palabras después de esto con que empieza el citado texto de Joel (2, 28, que en el hebreo es 3, 1). Crampon allí observa: "A la restauración en el orden temporal sucederá, por el poder del Espíritu de Dios, una admirable floración espiritual, que se extenderá a todas las clases del pueblo de Dios. A todos hablará Dios por sueños y visiones, es decir, por las dos formas principales de las revelaciones proféticas, que antes no eran concedidas sino a un pequeño número de hombres". La misma expresión después de esto usa Santiago en 15, 16.


Versículo 22: "Que Dios hizo por medio de Él". San Pedro y todos los apóstoles cuidan de mantener esta profunda verdad que el mismo Jesús no se cansaba de repetir y que no es sino la absoluta y total humillación del Hijo ante el Padre (Fil. 2, 6-8). Pudiendo el Verbo por su propia virtud divina, que recibe del Padre eternamente, nunca hizo obra alguna, ni aun la propia Resurrección (v. 24), sino por su Padre a fin de que toda la gloria fuese para el Padre (Heb. 5, 4 ss.). No hay cosa más sublime que sorprender así en el mismo seno de la Divina Familia, el espectáculo de esa fidelidad del Hijo por una parte, y por la otra el amor infinito con que el Padre elogia a Jesús (Salmo 44, 3 ss.) y le da "un Nombre que es sobre todo nombre" (Filip. 2, 9).

Versículos 24 y siguientes: Sobre este notable anuncio de la
Resurrección de Jesús en el Antiguo Testamento, cf. Hech 3, 22, donde se comenta: "Os sucitará un profeta puede traducirse también: Os resucitará un profeta. Según esta interpretación, el celebre vaticinio de Moisés sobre el Mesías (Deut. 18, 15) anunciaría que tales profecías habían de cumplirse en Él después de muerto y resucitado. Lucas al narrar, y Pedro al hablar aquí, usan en griego el verbo anastesei (lo mismo que el texto de Moisés en los LXX, que es la versión citada por San Pedro), cuyo sentido principal es resucitará, y repiten el mismo verbo en el v. 26, donde tal sentido es evidente y exclusivo de todo otro: levantar de entre los muertos. Esta versión tiene en su favor circunstancias importantes, puesto que Pedro está hablando de la Resurrección de Jesús, y su intención expresa es aquí (como en Hech. 2, 24 ss., donde usa el mismo verbo), mostrar precisamente que esa resurrección estaba anunciada desde Moisés, como lo estaba por David (véase 2, 25 ss., Salmo 15, 8 ss. y 2, 30; Salmo 131). Igual testimonio que éstos de Pedro, da Pablo en Hech. 13, 33 ss., con idénticos argumentos y usando el mismo verbo. Por lo demás, Jesús ya lo ha dicho a los discípulos de Emaús (uno de los cuales era tal vez el mismo Lucas) llamándolos "necios y tardos de corazón" en comprender que su rechazo por Israel, sus dolores, muerte y resurrección estaban previstos, para lo cual "comenzando por Moisés" les hizo interpretación de las profecías (Lc 24, 25-27). Y el mismo Lucas relata luego que, a fin de hacerles comprender esos anuncios, el divino Maestro "les abrió la inteligencia para que entendiesen las Escrituras" y les dijo que estaba escrito "en Moisés, en los Profetas y en los Salmos" que el Cristo sufriese "y resucitase de entre los muertos al tercer día" (Lc. 24, 44-46).

Versículos 25 y siguientes: Véase el Salmo 15, 8-11. En el versículo 8 comienza la cita dogmática que San Pedro hace de este pasaje como profecía en Hech 2, 25-28. Considerado desde otro punto vista, para la vida espiritual, este constante cultivo de la Presencia de Dios, es, según San Buenaventura, la más preciosa espiritualidad, pues a cada instante aumenta en nosotros las virtudes teologales, por nuevas luces del Espíritu Santo, y equivale a la oración constante de que nos habla San Pablo (I Tes. 5, 17); pues este divino Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables (Rom. 8, 26) y derrama en nuestros corazones la caridad de Dios (Rom. 5, 5). Esa presencia delante del Padre ha de ser filial, es decir, eminentemente confiada, teniendo en cuenta que Él nos mira con infinito amor y bondad (cf. Salmo 102, 13), y se traslada Él mismo a nuestra alma juntamente con Jesús (cf. I Jn 3, 1; Jn 14, 23, etc.)/ En el versículo 9: "Descansará segura": En la esperanza de la resurrección (San Agustín)./ Versículo 10: "Alma": Significa vida, todo el hombre. Aquí se muestra a todas luces el carácter mesiánico de este Salmo. David no habla por su propia persona, sino en representación de Jesucristo, quien predice su Resurrección. (véase Hch. 2, 25 ss. y 13, 34 ss.)./ Versículo 11: "Las delicias de tu diestra": Aquí no se trata ya sólo de la unión espiritual con el Esposo, que el Cantar presenta como el abrazo de su diestra (Can. 2, 2 y 8, 3); en sentido mesiánico alude a la Humanidad santísima del mismo Cristo sentado para siempre a la diestra del Padre y recibiendo la misma gloria que eternamente tuvo el Verbo en el seno de la divina Trinidad (cf. Jn 14, 10 ss.; 16, 16 y 28; 17, 21 ss.). Allí está Él desde su Ascensión hasta que venga para hacer nuestro cuerpo semejante al suyo (Hch. 3, 20 s.; Filip. 3, 20 s.). Y entretanto sólo piensa en rogar por nosotros (Jn. 14, 16; Rm. 8, 34; Heb. 7, 25), pues la gloria que Él ansía dar al Padre consiste en obtener para nosotros el sumo bien (Jn. 17, 2). /

David no habla por su propia persona, sino en representación y como figura de Jesucristo. Véase la explicación que San Pedro da en los v. 29 ss.
"Está a mi dercha para que yo no vacile": Esa asistencia constante que el Padre prestó a su Hijo amadísimo (v. 22 y nota; Jn 8, 29), para sostenerle en su Pasión (Salmo 68, 21) es una gran luz para comprender el abandono de que habla Cristo en la Cruz (Mt. 27, 46; Mc. 15, 34; Salmo 21, 2) no significa que el Padre retirase de él su sostén (eso habría sido desoír la oración de Cristo), sino, como bien observa Santo Tomás, que lo abandonaba "en manos de los hombres" (Mt. 17, 22) en vez de mandar contra ellos ¡"más de doce legiones de ángeles"! (Mt 26, 53).

Versículo 30: Véase en II Rey. 7, 8 ss. esta promesa, que fue recordada por el Salmo de Salomón (S. 131, 11), por el de Etán (S. 88, 20-38) y ratificada por el ángel a María (Lc. 1, 32). San Pablo la reitera en Antioquía de Pisidia (Hch. 13, 32 ss.).


Versículo 31: "Habló de la Resurrección de Cristo" Véase la profecía de Moisés invocada en igual sentido por el Apóstol (Hch. 3, 22)


Versículo 33: "La Promesa del Espíritu Santo": Por donde se ve que fue con su Pasión cómo Cristo conquistó para nosotros el Espíritu Santo, según lo confirma S. Juan (Jn. 7, 39). Sobre el valor infinito de este don, cf. Jn. 14, 26; 15, 26; 16, 7 y notas.

Versículos 34 y siguientes: Véase Salmo 109, 1 y nota. El mismo Jesús explicó esta profecía en Mt. 22, 41-46 como prueba de su divinidad. Pedro la usa aquí (v. 36), lo mismo que San Pablo (Heb. 1, 8-13; I Cor. 15, 25), como anuncio del futuro triunfo de Cristo.

Versículo 36: "Ha constituído": Cf. Salmo 109, 4 y nota.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Papa Eugenio IV: La Necesidad de las Aguas del Sacramento del Bautismo


Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Exultate Deo, 22 de noviembre de 1439, ex cathedra:


“El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, si no renacemos por el agua y el Espíritu, como dice la Verdad, no podemos entrar en el reino de los cielos (Juan 3, 5). La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural”.

sábado, 29 de octubre de 2011

Jesucristo: ¡Dios Verdadero!


JESUCRISTO: ¡DIOS VERDADERO!


“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1, 1).

“Tomás respondió, y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20, 28).

“Les dijo Jesús: De cierto, de cierto os digo que antes que Abraham existiera, Yo Soy” (Juan 8, 58).

“Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado, y el dominio estará sobre su hombro. Se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9, 6)

“Y matasteis al Autor de la vida…” (Hechos 3, 15).

“Y en medio de los candeleros vi a uno semejante al Hijo del Hombre, (…) Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y puso sobre mí su mano derecha y me dijo: ‘No temas. Yo soy el primero y el último. He aquí que vivo por los siglos de los siglos…’” (Apoc. 1).

“Yo el Señor, yo soy el primero y el último” (Isaías 41, 4).

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, sesión 8, 22 de noviembre de 1439, ex cathedra: “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y en que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. – Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. (…) Y en esta Trinidad, nada es antes no después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.
“Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo (…) hijo de Dios, es Dios y hombre. (…) Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse”.

viernes, 28 de octubre de 2011

La Sentencia de la Iglesia: Un Bautismo. Papa Pablo III


Papa Pablo III, Concilio de Trento, canon 2 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, 1547, ex cathedra:


Si alguno dijere que el agua verdadera y natural no es necesaria en el bautismo y, por tanto, desviare a una especie de metáfora las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: ‘Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo’ [Juan 3, 5], sea anatema”.




miércoles, 12 de octubre de 2011

Procrear... ¡Por gravísimo que sea!

Santa Brígida de Suecia (imagen): Tuvo 8 hijos, entre los que se cuenta a Santa Catalina de Suecia.

Así son innumerables los santos que no temieron seguir el mandato de la Iglesia. Santa Catalina de Siena fue la hija número 24; él Papa San Pío X fue el segundo de 10 hijos pobres; y actualmente, hay ejemplos sobrados en Internet de familias con 9 u 11 hijos, todos sanos, nacidos por cesárea, por ejemplo.




S.S. Pio XI, Casti Connubbi, EX CATHEDRA:


"Sin embargo, ningún motivo, por gravísimo que sea, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la procreación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta.


Por lo cual no es de admirar que las mismas Sagradas Letras atestigüen con cuánto aborrecimiento la Divina Majestad ha perseguido este nefasto delito, castigándolo a veces con la pena de muerte, como recuerda San Agustín: "Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole. Que es lo que hizo Onán, hijo de Judas, por lo cual Dios le quitó la vida" [Génesis 38, 8-10]

Habiéndose, pues, algunos manifiestamente separado de la doctrina cristiana, enseñada desde el principio y transmitida en todo tiempo sin interrupción, y habiendo pretendido públicamente proclamar otra doctrina, la Iglesia católica, a quien el mismo Dios ha confiado la enseñanza y defensa de la integridad y honestidad de costumbres, colocada, en medio de esta ruina moral, para conservar inmune de tan ignominiosa mancha la castidad de la unión nupcial, en señal de su divina legación, eleva solemne su voz por Nuestros labios y una vez más promulga que cualquier uso del matrimonio, en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia y natural virtud procreativa, va contra la ley de Dios y contra la ley natural, y los que tal cometen, quedan marcados con la culpa de un pecado grave".

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Errores condenados por el Papa Inocencio XI, EX CATHEDRA:

"9. "El acto del matrimonio que se ejerce únicamente por placer, es totalmente libre de toda culpa y defecto venial" --PROPOSICIÓN CONDENADA"

sábado, 8 de octubre de 2011

No Expongas a tu Bebé a Morir Sin el Bautismo




II CONCILIO MILEVI, 416; Y XVI CONCILIO DE CARTAGO, 418, aprobados respectivamente por Inocencio I y por Zósimo (EX CATHEDRA)
[Contra los pelagianos] -Del pecado original y de la gracia
101 Can. 2:

"Igualmente plugo que quienquiera niegue que los niños recién nacidos del seno de sus madres no han de ser bautizados o dice que, efectivamente, son bautizados para remisión de los pecados, pero que de Adán nada traen del pecado original que haya de expiarse por el lavatorio de la regeneración; de donde consiguientemente se sigue que en ellos la fórmula del bautismo 'para la remisión de los pecados', ha de entenderse no verdadera, sino falsa, sea anatema. Porque lo que dice el Apóstol: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así a todos los hombres pasó, por cuanto en aquél todos pecaron [cf. Rom. 5, 12], no de otro modo ha de entenderse que como siempre lo entendió la Iglesia Católica por el mundo difundida. Porque por esta regla de la fe, aun los niños pequeños que todavía no pudieron cometer ningún pecado por sí mismos, son verdaderamente bautizados para la remisión de los pecados, a fin de que por la regeneración se limpie en ellos lo que por la generación contrajeron. (...)


Si alguno dijere que el Señor dijo: -En la casa de mi Padre hay muchas moradas (Jn 14, 2), para que se entienda que en el reino de los cielos habrá algún lugar intermedio o lugar alguno en otra parte, donde viven bienaventurados los niños pequeños que salieron de esta vida sin el bautismo, sin el cual no pueden entrar en el reino de los cielos que es la vida eterna-, sea anatema. Pues como quiera que el Señor dice: Si uno no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no entrará en el reino de los cielos (Jn. 3, 5), ¿Qué católico puede dudar que será partícipe del diablo el que no mereció ser coheredero de Cristo? Porque el que no está a la derecha, irá sin duda alguna a la izquierda".

sábado, 24 de septiembre de 2011

Se va al Infierno quien muere en pecado original




"En verdad, en verdad te digo, que no puede entrar en el reino de Dios sino aquél que fuere renacido de agua y de Espíritu Santo". (Jn 3, 5)


"Si alguno dijere que el sacramento del bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación (Juan 3, 5), sea anatema". (Papa Paulo III, Concilio de Trento, sesión 7, can. 5 sobre el sacramento del bautismo).




"Tal se nos propone ciertamente en los Evangelios que para entrar en este reino los hombres han de prepararse haciendo penitencia, y no pueden de hecho entrar si no es por la fe y el bautismo, sacramento este que, si bien es un rito externo, significa y produce, sin embargo, la regeneració interior". (Papa Pío XI, Quas primas, # 15, 11 de diciembre de 1925)



"También se ha decidido, que si alguno dijese que por esta razó el Señr dijo: ‗En la casa de mi Padre hay muchas moradas・ (Juan 14, 2), que ello puede entenderse que en el reino de los cielos habrá algún lugar intermedio o cualquier otro lugar donde viven los niños benditos que partieron de esta vida sin el bautismo, sin el cual no pueden entrar en el reino de los cielos, que es la vida eterna, sea anatema.(Papa San Zosimo, Concilio de Cartago, canon sobre el pecado y la gracia, 417)




"El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual pues por é nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, "si no renacemos por el agua y el Espíritu" como dice la Verdad, "no podemos entrar en el reino de los cielos" (Juan 3, 5). La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural. (Papa Eugenio IV, Concilio de Trento, ―Exultate Deo‖ 22 de noviembre de 1439)



"En cambio, el sacramento del bautismo (que se consagra en el agua por la invocación de Dios y de la indivisa Trinidad, es decir, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo) aprovecha para la salvación, tanto a los niños como a los adultos fuere quienquiera el que lo confiera debidamente en la forma de la Iglesia. (Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, constitución 1, 1215).


"Igualmente [profeso], que el bautismo es necesario para la salvación y, por ende, si hay inminente peligro de muerte, debe conferirse inmediatamente sin dilación alguna y que es váido por quienquiera y cuando quiera que fuere conferido bajo la debida materia y forma e intención. (Papa Benedicto XIV, Nuper ad nos, 16 de marzo de 1743, Profesión de fe).



"Si alguno niega que hayan de ser bautizados los niñs recié salidos del seno de su madre, aun cuando procedan de padres bautizados, o dice que son bautizados para la remisión de los pecados, pero que de Adán no contraen nada del pecado original que haya necesidad de ser expiado en el lavatorio de la regeneración para conseguir la vida eterna, de donde se sigue que la forma del bautismo para la remisió de los pecados se entiende en ellos no como verdadera, sino como falsa: sea anatema. (Papa Paulo III, Concilio de Trento, del pecado original, sesión V)

"Asimismo definimos (…) las almas de aquellos que mueren en pecado mortal actual o con solo el original, bajan inmediatamente al infierno, para ser castigadas, si bien con penas diferentes. (Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, ―Laetentur coeli‖, sesión 6, 6 de julio de 1439).


"Y como no dice: si alguno no naciese del agua y del espíritu no podrá obtener la salvación o la vida eterna, sino: "No entrará en el reino de Dios", dicen algunos a esto: los niños deben ser bautizados para que puedan entrar con Cristo en el reino de Dios, a donde no llegarán si no son bautizados. Aunque los niños -dicen los pelagianos- si mueren sin bautismo, deberían pasar a la vida eterna porque no están sometidos al yugo del pecado. Pero ¿por qué se vuelve a nacer, si no hay que renovarse de alguna cosa antigua? ¿Y por qué la imagen de Dios no entra en su reino si no es porque se lo impide el pecado? (San Agustín, De bapt. parv. 1, 30)

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