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jueves, 3 de marzo de 2016

De la esperanza constante en que, san Francisco de Sales, vivía de la conversión de los pecadores



De la esperanza constante en que, san Francisco de Sales, vivía de la conversión de los pecadores


Era tal su bondad de corazón, que no podía juzgar mal de nadie, por malo que fuese, y así hacía cuanto podía para ocultar y disculpar las faltas del prójimo, ya con la fragilidad humana, ya con lo violento de las tentaciones, y ya con el gran número de los que cometen semejantes faltas. Cuando éstas eran tan públicas que no podían ocultarse, entonces acudía al recurso de lo por venir, diciendo: "¿Quién sabe si éste se convertirá? ¿Y quiénes somos nosotros para juzgar a nuestros hermanos? Si Dios no nos tuviese de su mano, seríamos mucho peores, y ya estaríamos sepultados en los infiernos (Cf. Salmo 93, 13)
Veinticuatro horas tiene cada día; le basta a cada uno su miseria (Mt. 6, 34). Los mayores pecadores suelen venir a ser los mayores penitentes, como sucedió a David, y a otros muchos, cuya penitencia edificó más de lo que destruyó su escándalo. De las piedras, sabe hacer Dios, hijos de Abrahan (Mt. 3, 9). Las admirables transformaciones de su poderosa mano hacen que, los que antes fueron vasos de ignominia, se conviertan en vasos de honor.
No quería que se desconfiase de la conversión de los pecadores hasta el último suspiro, porque decía que esta vida es el camino de nuestra peregrinación, y que los que andan más derechos, pueden caer; y los que caen, se pueden levantar, por virtud de la divina gracia.
Aun adelantaba más; pues ni después de la muerte quería que se juzgase mal de los que vivieron una vida desarreglada y mala, como no fuese de aquellos cuya condenación se sabe por la Sagrada Escritura. Y para salir de aquí, no quería que nadie se metiese a examinar los arcanos que Dios ha reservado a su sabiduría y poder. Se fundaba principalmente para esto, en que así como la primera gracia no se da por algún mérito nuestro, así la última, que es la de la perseverancia final, tampoco se da a nuestro mérito, porque "¿quién conoció hasta ahora los juicios del Señor o quién fue su consejero?" (Rom. 11, 34). Por esta razón, no quería que aún después del último suspiro, se desconfiase de la salvación de los que morían, por más lastimosa que fuese su muerte a nuestras vista; pues no teniendo nosotros más fundamentos que lo exterior para nuestras conjeturas, pueden engañarse en ellas aún los mas hábiles. Sobre esto se refirió el suceso siguiente:

Un Predicador de buen humor, hablando del Heresiarca, que fue causa de la revolución de la Iglesia de Ginebra, dijo en un sermón, que no se podía juzgar de la condenación de nadie después de la muerte, sino sólo de aquellos ya declarados por réprobos en la Sagrada Escritura, ni aun de la de aquel Heresiarca, que con sus errores fue causa de tantos males, porque ¿quién sabe si Dios le tocaría al corazón en el último momento de su vida y si él se convertiría? Es cierto, continuó el mismo, que fuera de la Iglesia y de la verdadera fe no hay salvación que esperar; pero ¿quién sabe sí acaso desearía eficazmente su reunión a la Iglesia Católica, y si, reconociendo en su corazón la verdad de aquella misma fe que había combatido en vida, se arrepintió en la hora de la muerte?
Después de haber tenido así suspenso a todo su auditorio, concluyó en fin diciendo: "Debemos tener ciertamente gran concepto de la bondad de Dios Jesucristo mismo ofreció su paz, su amistad y la salvación al traidor que le entregó con un ósculo de paz, ¿por qué no habrá podido ofrecer lo mismo a este Heresiarca? Por ventura, ¿se ha encogido el brazo poderoso de Dios? ¿Es ahora menos bueno y menos misericordioso aquel que desde la eternidad es todo misericordia, y misericordia sin número, sin medida y sin fin?
Pero añadió: creedme, y os puedo asegurar que no miento; si no se condenó, hizo una escapada cual ninguno; y si se salvó del naufragio eterno, debe a Dios, en reconocimiento, un cirio tan cumplido como ningún otro de su clase. Con este remate tan inesperado y tan festivo, sacó a su auditorio de la suspensión, pero no le sacó, ciertamente, muchas lágrimas.


Fuente: "El espíritu de San Francisco de Sales, obispo y príncipe de Ginebra" (Cap. XIII), Jean Pierre Camus (Obispo de Belley), 1802

domingo, 11 de enero de 2015

Los Cismáticos NO SE SALVAN


Lo Cismáticos NO SE SALVAN

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra:

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica” 

(Denzinger 714).

Los Protestantes y demás Herejes NO SE SALVAN


Los Protestantes y demás Herejes NO SE SALVAN


Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra:

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica” 

(Denzinger 714).

Los Judíos NO SE SALVAN


Los Judíos NO SE SALVAN

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra:

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica 

(Denzinger 714).

Los Paganos y No Católicos NO SE SALVAN



Los Paganos y No Católicos NO SE SALVAN

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra: 

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica” 

(Denzinger 714).

Una Infalible Definición Doctrinal que es Fundamental Conocer y Aceptar en nuestros tiempos


Una Infalible Definición Doctrinal 
que es Fundamental Conocer 
y Aceptar en nuestros tiempos

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra: 

“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica” 

(Denzinger 714).

lunes, 22 de diciembre de 2014

El Sacrilegio de Creer que un Hereje puede NO estar ardiendo en el Infierno


El Sacrilegio de Creer que un Hereje 
puede NO estar ardiendo en el Infierno

Todo hombre debe saber que sin Dios no hay felicidad posible; ni en este mundo ni en el otro. Dios nos ha dado para nuestra libertad y entendimiento dos opciones tan simples, que hasta un niño puede entender que los buenos tienen el premio de ir al Cielo con Dios y sus santos; y los malos el castigo de irse al Infierno con el Diablo y sus demonios. Todo hombre debe saber que necesita a Dios para salvarse. Todo hombre necesita por tanto a Jesucristo. Todo hombre necesita conocer, aceptar y obedecer a Jesucristo, que es Dios, en todo lo que nos Revela a través de su Santa Iglesia, cuya cabeza es Pedro. Todo hombre debe creer en la Iglesia Católica y en que fuera de ella no hay salvación.

Por todo esto es un sacrilegio que muchos crean en la posibilidad remota de que un hereje (después de su muerte) pueda no estar ardiendo en el infierno. Y para avalar su doctrina, se excusan en falacias comunes: "La Iglesia no condena", "Dios tiene el poder y la voluntad para salvar al peor hereje y apóstata", "Dios es tan bueno que vaciará el infierno", y muchas herejías y blasfemias peores que no reproducimos porque con éstas ya alcanzan para disculparnos. 

Si esto fuera así; ¿por qué Dios hubiera entregado a su Hijo Único para salvarnos? ¿Para qué habría renovado su Alianza con los hombres y hubiera mandado a predicar y bautizar en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo? ¿Para qué habría enseñado que el que no coma su Carne y beba su Sangre no tendrá Vida Eterna?

Es imposible que alguien como el hereje y Antipapa Juan Pablo II no esté ardiendo en el Infierno. Por cualquiera de sus herejías sabemos que no fue Papa (Vea AQUÍ por qué un hereje no puede ser Papa). Por estar fuera de la Iglesia, no puede ser Santo. Y quien rinda culto de latría a un hereje y condenado al infierno, a Satanás rinde culto. Y por si se argumentara lo dudoso de las muchas herejías públicas de Juan Pablo II, facilitamos un resumen de las mismas en el enlace que puede pinchar AQUÍ.

¡Ay de los que por querer salvar a un ya condenado al infierno; están condenando la propia alma que podrían aún salvar! ¡Tales sacrilegios reclaman arrepentimiento, conversión y penitencia! 

¿Quién podría ser tan sacrílego que negase que los donatistas y las otras pestes... arderán eternamente con el diablo? San Vicente de Lerins, "Commonitorium" I, 6


Todo el que quiera salvarse, ante todo es necesario que mantenga la fe católica; y el que no la ha guardado íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia


“[La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella” Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia

lunes, 29 de julio de 2013

Ni Chicha ni Limonada... ¡NADA bueno!



"Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ése, ni siquiera comáis" (1 Cor 5, 11)



Ni Chicha ni Limonada... ¡NADA bueno!

Redundar en cada previsible payasada que haga este LAICO herético; o mejor dicho, HERESIARCA que nunca fue cura (por no recibir jamás válida ordenación), ni obispo ni ¡mucho menos Papa!, por cada vez que salga a exhibir sus monerías y demagogias para con la estupidez; y denunciar cada detalle de las incontables abominaciones que comete como escandaloso "pecador público": Francisco I; sería cometer la ingenuidad de creer que puede separarse en esta vida la cizaña del trigo, o de que, por la Puerta Angosta, que es Jesucristo, a través de su Santa Iglesia Católica, pudieran salvarse todos los muchos que anhelen entrar... o incluso los que se burlan del Dios crucificado.

La herejía de que todos se salvan, llega al colmo con el proselitismo "barato" del argentino Bergoglio. El mal parece haber sido desterrado, o nunca haber existido, o fácilmente vencible con las recetas fast food del Romano Antipapa. Y lo más paradójico y cruel de todo esto, es que mientras una mayoría de protestantes y falsos católicos, que hoy en día es sinónimo; se maravillan porque les parece no encontrar NADA malo en este blanqueado carismático; los pocos católicos que viven de la Fe, se percatan de no encontrar NADA bueno en él. Y es que hasta el tentador se aprovecha de las cosas buenas de este mundo para confundir lo bueno... ¿Pero cómo, en cambio, no se anima a confundir con cierta remembranza tradicionalista este sembrador de herejes? 

El Dios de nuestros padres, que es sabio, lo permite... Y tal vez sea porque, en el poco tiempo que queda, se evidencia y fortalece la convicción histórico-religiosa del sedevacantismo.

¡Por huir del Demonio y Satanistas; cada vez más fieles están encontrando a Dios!

martes, 25 de junio de 2013

Papa Hereje: Separado de la Iglesia, sin ninguna otra sentencia



Papa Hereje: Separado de la Iglesia, 
sin ninguna otra sentencia

San Antonino de Florencia (1459):

En el caso en que el Papa se convirtiera en un hereje, se encontraría, por ese solo hecho y sin ninguna otra sentencia, separado de la Iglesia. Una cabeza separada de un cuerpo no puede, siempre y cuando se mantenga separado, ser cabeza de la misma entidad de la que fue cortada. Por lo tanto, un Papa que se separare de la Iglesia por la herejía, por ese mismo hecho, dejaría de ser la cabeza de la Iglesia. No puede ser un hereje y seguir siendo Papa, porque, puesto que él está fuera de la Iglesia, no puede poseer las llaves de la Iglesia”.

(Summa Theologica, citado en Actes de Vatican I. V. Frond pub.)



San Antonino de Florencia (Florencia, 1 de marzo de 1389 - 2 de mayo de 1459), dominico italiano, cuyo nombre real era Antonino Pierozzi. Nació en 1389, hijo de un notario florentino. Entró en 1406 como dominico bajo la tutela de Giovanni Dominici, defensor de la Fe contra las herejías humanistas que comenzaban a florecer en la ciudad. Fue nombrado Arzobispo de Florencia en 1446 por nada menos  que el gran Papa Eugenio IV, el mismo que dijera una vez y para siempre: “La Santa Iglesia Romana cree firmemente, profesa y enseña que aquéllos que no están en el seno de la Iglesia Católica, no solamente los paganos, sino también los judíos o herejes y cismáticos, jamás compartirán la vida eterna, e irán irremediablemente al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles, a no ser que se hayan unido a la Iglesia antes de morir…” (Cantate Domino).  San Antonino murió en Florencia en mayo de 1459, a la edad de 70 años. Entre sus obras destacan la Summa sacrae theologiae y la Chronica. Se lo reconoce por sus sermones edificantes. Fue canonizado por el papa Adriano VI en 1523 y su fiesta tradicional es el 10 de mayo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

La Iglesia Católica es Santa



DE LA SANTIDAD DE LA IGLESIA

1. ¿Es la Iglesia Santa?

Sí. Lo dice la Sagrada Escritura en terminos formales: "Jesucristo ha amado la Iglesta, dice San Pablo, y se entregó por ella para santificarla, purificándola en el Bautismo por su palabras, para hacerla una Iglesia gloriosa, no teniendo mancha o arruga, ni cosa de este género, sino que es Santa e Inmaculada" (Ef. 5, 25)

"Vosotros sois, dice San Pedro, la estirpe escogida, el Sacerdocio Real, la Nación Santa, el Pueblo adquirido" (1 Pedro 2, 9)

2. ¿Es de la Iglesia de la tierra, o de la del Cielo, de quien se deben entender estas palabras de la Escritura?

De la una y de la otra. La santidad tiene principio en la tierra, y perfección en el Cielo; y no es santa la Iglesia en el Cielo, sino porque lo fue en la tierra: Sobre la tierra es donde fue purificada y santificada por Jesucristo.

3. ¿En qué es santa la Iglesia?

1º) En que Jesucristo, su cabeza, es Santo y es el manantial de toda santidad.
2º) La doctrina de la Iglesia es Santa y lo será siempre
3º) La Iglesia es Santa por la pureza de costumbres de un gran número de sus miembros No hay Santos sino en su gremio, ni salvación fuera de la Iglesia.

4. ¿Por qué decís que es santa la doctrina de la Iglesia?

1º)Porque no enseña la Iglesia como artículos de Fe, si no la pura doctrina que ha aprendido de Jesucristo por los Apostóles.
2º) La doctrina de la Iglesia, que es la palabra de Jesucristo, santifica a los que la siguen.

5. ¿Cómo sabemos que la Iglesia no enseña como artículos de Fe, si no lo que ha aprendido de Jesucristo por los Apostóles?

Hay dos medios para convencerse, de que el primero conviene sólo a los sabios;  pero el segundo está a la vista de todo el Mundo.

6. ¿Cuál es el primero de estos medios?

Es el examinar cada dogma de la Iglesia por la Escritura Sagrada, y la Ttradición; que son los dos conductos por donde ha llegado a nosotros la doctrina de los Apostóles.

7. ¿Por qué decís que sólo los sabios pueden examinar cada dogma de la Iglesia por la Sagrada Escritura y por la Tradición?

Cada uno puede convencerse por la menor reflexión y por la experiencia. ¿Cómo pueden los simples e ignorantes entrar en disputas tan largas y difíciles? ¿Serían simples e ignorantes si pudieran entrar en ellas? Los que han pretendido que podía y debía cada fiel entrar en este examen, han fundado una máxima imposible (como ha enseñado la experiencia) y contraria a las Escrituras Sagradas, y a las luces de todo lo más esclarecido y Santo; y que jamás ha habido en la Iglesia y en la recta razón.

8. ¿Cuál es el segundo medio para saber si es la doctrina de la Iglesia conforme a lo que enseñaron los Apostóles? 

Es poner alguna atención en las promesas que hizo Jesucristo a su Iglesia, y en que las mismas sectas separadas convienen todas. Son estas promesas, claras y precisas. Son siempre una prueba permanente de la infalibilidad de la Iglesia en todos los tiempos; y de la perseverancia con que ha de enseñar hasta el fin de los siglos las verdades que puso Jesucristo en depósito en los Apostóles, para trasladarlas a todos los Pueblos de la tierra.

9. ¿Qué es lo que prometió Jesucristo a su Iglesia?

1º) Que sería siempre animada por el Espíritu Santo 
2º) Que la asistiria hasta el fin de los siglos, para librarla de caer en error. Los términos de estas promesas son claros y precisos. Los veis aquí: 

"Yo pediré a mi Padre, dice Jesucristo, y os embiaré un otro consolador, que vivirá eternamente con vosotros: El Espíritu de verdad, que no puede recibir el Mundo, porque no le ve, ni le conoce. Pero vosotros le conoceréis, porque vivirá con vosotros, y estará con vosotros. Cuando venga este espíritu de verdad; enseñará toda verdad" (Jn 14, 16; Jn 16, 13) 

Promete Jesucristo a su Iglesia, el espíritu de verdad, para vivir con ella eternamente. Luego el error, será eternamente desterrado. 

"Tú eres Pedro; dice Jesucristo en otro lugar; y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del Infierno, no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18) 

"Toda potestad, dice aun en otro lugar Jesucristo; me ha sido dada en el Cielo y en la tierra. Id, enseñad a todas las Naciones, y Bautizadlas en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y veis aqui estoy siempre con vosotros hasta el fin de los siglos" (Mt 28, 18-20) 

No hay palabra que perder de todas estas de Jesucristo. Veese primeramente que ha de permanecer siempre la Iglesia, y que no habrán de trastornarla todos los esfuerzos del Demonio, ni hacerla caer en error; porque si pereciese la Iglesia, o si se mudase su Fe; es evidente que habrían prevalecido contra ella el infierno y el espíritu de mentira.
Se ve en segundo lugar que hace Jesucristo mirar a sus Apostóles como un efecto de su omnipotencia, la protección que ha de dar a su Iglesia, hasta el fin de los siglos. Ha de estar siempre con ella, no la abandonará nunca. ¿Quién es quien puede resistir al todopoderoso? YO SOY yo a quien ha sido dada toda potestad en la tierra y en el Cielo. CON VOSOTROS, a quien yo envío para instruir a todas las Naciones, y para administrarles el Bautismo, y todos los otros Sacramentos. Yo estoy con vosotros bautizando, con vosotros instruyendo TODOS LOS DÍAS. No hay alguna interrupción que temer, ni habrá día, o momento, en que no sea verdad decir, que yo estoy con vosotros HASTA EL FIN DE LOS SIGLOS. No es sólo esto, mis Apóstoles, hasta vuestra muerte; es para siempre hasta el fin del Mundo.

Así esta promesa no mira a los Apóstoles solos: mira también a sus sucesores, en su ministerio, hasta el fin de los siglos. Según esta promesa, habrá, pues, una Iglesia hasta el fin de los siglos, que instruirá, baurizará, subsistirá contra los esfuerzos del Demonio; y que será asistida por Jesucristo, sin que él la abandone un sólo instante. Porque lo ha prometido, y es todopoderoso para ejecutar su promesa.

10. ¿Prueban claramente estas promesas que es la doctrina de la Iglesia, la misma que enseñaron los Apostóles, y que no ha sido alterada por error alguno?

Lo es sin duda. Si ha de animar siempre la Iglesia, el Espiritu Santo, y enseñarle toda vefdad; si no han de prevalecer las puertas del Infierno contra ella nunca; si ha de asistirla Jesucristo hasta el fin de los siglos, en la predicación de la verdad, y en la administración de los Sacramentos. Es cierta por una consecuencia necesaria, que sean siempre los Sacramentos santamente administrados en la Iglesia; que todas las verdades sea siempre en ella puramente predicadas, y que no pueda enseñar jamás algún error: Lo que supone que enseñará siempre lo que ella ha aprendido de los Apóstoles de Jesucristo.

11. ¿No parece seguirse de aquí que no hay persona en la Iglesia que pueda administrar mal los Sacramentos, ni enseñar algún error? 

No se sigue esto; son hechas estas promesas a la Iglesia en cuerpo, y no a todos los particulares, que son sus miembros. Ha habido y habrá siempre en la Iglesia gentes, que harán esfuerzos para introducir el error
 y el desorden; pero han sido, y serán siempre confundidos. Pueden engañarse los particulares en la administración de los Sacramentos, y en sus instrucciones; pero el cuerpo de la Iglesia no se ha engañado ni se engañará nunca en sus decisiones, ni las reglas, que señala para la administración de los Sacramentos; porque es el mismo Jesucristo,  su Espíritu, Espíritu de verdad, quien forma estas decisiones y quien da estas reglas. Hemos visto que las promesas son allí expresas; y por esto dice San Pablo, que "la Iglesia es la base y la columna inmóvil de la verdad" (1 Timoteo 3, 15)
Es pues verdad decir que serán siempre los Sacramentos santamente administrados en la Iglelia, y que será enseñada siempre en ella la verdad.

12. ¿Por qué decís, que es capaz todo el Mundo de convencerse de la santidad de la doctrina de la Iglesia, haciendo atención a las promesas de Jesucristo?

Porque no es esto tan difícil de controvertir, como lo es el examen de cada dogma, en particular las promesas hechas a la Iglesia, son claras y patentes a todo el Mundo. No las contradice secta alguna separada: no es menester estudiar ni raciocinar sobre este punto. Pero cuando se está una vez persuadido de la verdad de estas promesas, la santidad de la Iglesia en su doctrina, su duración, y su infalibilidad, son todo esto una consecuencia tan natural, que la percibe todo el Mundo sin pena. Cualquiera que quiere pleitear sobre esto, es del número de aquellos espíritus, de quienes dice San Pablo, que "son condenados por su propio juicio" (Tito 3, 11) 

13. ¿Por qué habéis dicho que la doctrina de la Iglesia hace Santos a los que la siguen?

Porque no enseña la Iglesia sino la doctrina de Jesucristo; ni puede enseñar cosa que sea contraria a ella. Pero no se puede santificar sino es creyendo, y practicando estas verdades. "Santificadlos en la verdad, dice Jesucristo en la oración referida por San Juan, vuestra palabra es la misma verdad". "Esta palabra, dice David, que ilumina, y convierte las almas" (Jn 17, 17; Salmo 8, 8)

14. ¿Por qué habéis dicho que no hay Santos, si no en el gremio de la Iglesia?

Porque fuera de la Iglesia no hay salvación. Todos los que mueren fuera de la Iglesia perecen, como perecieron por las aguas del diluvio todos los que no entraron en el Arca.

15. ¿Son Santos todos los que están en la Iglesia?

Todos son llamados a la santidad, pero no son todos Santos: "Muchos son los llamados, dice Jesucristo, pero poco los elegidos" (Mt 20, 16) : Lo que significa que deshonran mucho la santidad de su vocación, por la corrupción de su vida. La Iglesia de la tierra está compuesta de paja y de buen grano (ver Mt 3, 12; Mt 13, 25 ss.), de buenos y malos (ver Mt 22, 10), de miembros vivos y de miembros muertos, y los miembros muertos son en mayor número, que el de los vivos; pero fuera de la Iglesia, ni hay santidad ni salvación (ver S. Agustín, Conf. Cártago cap. 9; "de la unidad de la Iglesia)

16. ¿No se puede atribuir a la Iglefia la corrupción de sus hijos, en especial la de los Pastores; y decir que está la Iglesia corrompida, cuando los Pastores que la gobiernan, están corrompidos, y tienen una vida escandalosa?

No se puede juzgar del cuerpo de la Iglefia, por el vicio de los particulares: hablando San Pablo de los Pastores de su tiempo, se quejaba que "la mayor parte buscaba sus intereses, y no los de Jesucristo" (Fil. 2, 21) Se ha quejado siempre la Iglesia de este vicio de sus hijos, y le ha condenado siempre. Es menester juzgar de la santidad de la Iglesia por sus decisiones e instrucciones, y no por la conducta de algunos particulares; no ha autorizado ni autorizará nunca la Iglesia el mal en sus decisiones: siempre ha aprobado, y practicado el bien. "La Iglesia, dice San Agustín, ni hace, ni aprueba, ni permite nunca cosa que sea contra la Fe, y contra las buenas costumbres; aunque esté obligada por su caridad y sabiduría, a tolerar en algunos particulares el mal del que ella se queja, y que no puede corregir siempre. Léanse los Cánones de los Concilios y las instrucciones, de todo lo que ha habido en todos los tiempos, de Pastores esclarecidos y piadosos. Cuando se hallasen en algún Tribunal algunos Jueces de malas costumbres; si los decretos, que el cuerpo pronuncia son justos, no embarazará la mala vida de los particulares, que el Tribunal no sea estimado, y reverenciado como el Santuario de la Justicia". (ver San Agustín, carta 55...)

Msr Carlos Colbert, "Instrucciones Generales", 1710



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Para leer más sobre el Dogma FUERA DE LA IGLESIA ABSOLUTAMENTE NADIE SE SALVA pinchar AQUÍ




miércoles, 13 de junio de 2012

La VOZ de San Plácido

 San Plácido (Pietro Perugino)

La VOZ de San Plácido

San Plácido animaba a sus santos compañeros con fervoroso celo y con cristiana elocuencia. Sus dos hermanos, y sobre todo su hermana, lejos de llorar su desgraciada suerte, consideraban aquella que parecía funesta casualidad, por la mayor dicha que les pudiera suceder; atribuyendo a las oraciones de su santo hermano la inestimable gracia que les tenía preparada la divina Providencia. 

Mientras tanto viendo los bárbaros su invencible constancia, a pesar de los palos y de los malos tratamientos que les hacían sufrir todos los días; determinaron quitarles la vida antes de volverse a embarcar. Hicieron otra tentativa para que renunciasen a la fe, pero san Plácido, hablando en nombre de todos, desengañó al tirano, diciéndole: 

"Son vanos todos tus esfuerzos. Antes bien debes tú mismo mirar por tu salvación y renunciar a tus paganas superticiones, que los ídolos, a quienes tú rindes cultos, son inanimadas estatuas sin fuerza y sin movimiento, imágenes despreciables de divinidades quiméricas, y no hay otro Dios que aquel que adoramos los Cristianos, criador del universo, árbitro de nuestra eterna suerte y supremo Juez, que en breve ha de ser de todos." 

Interrumpiole el bárbaro, que ya no podía sufrir la generosa intrepidez del santo Mártir; mandó que con un duro guijarro le hiciesen pedazos los dientes y las mandíbulas. No contento con esto, para que no pudiese hablar, le mandó arrancar la lengua hasta la misma raíz. Pero el que perdió la lengua por amor de Jesucristo, no por eso perdió el uso de ella, antes bien, con asombroso prodigio, prosiguió hablando con voz más clara, más sonora y más corpulenta que nunca, maravilla que convirtió a muchos gentiles, pero no convirtió al tirano. Antes más y más enfurecido, temiendo algun alboroto popular, mandó que a todos les cortasen la cabeza. Fueron conducidos a la orilla del mar, sitio señalado para la ejecución del suplicio. Luego que llegaron a él, se hincaron todos de rodillas y ofrecieron a Dios el sacrificio de sus vidas. San Plácido, cuya milagrosa voz esforzaba más y más el valor de los generosos Mártires, hizo en nombre de todos, esta devota oración a Jesucristo: 

"Salvador mío, Jesucristo, que te dignaste padecer muerte de cruz por nuestra salvación, sé propicio a estos, tus humildes siervos. Danos constancia hasta el fin y haznos la merced de que seamos asociados al coro de tus santos Mártires. Consérvanos intrépidos hasta el último momento de nuestra vida y dígnate aceptar el sacrificio que te hacemos de ella" 

Toda la bienaventurada tropa respondió inmediatamente "Amén", y en el mismo punto fueron sacrificadas todas aquellas inocentes víctimas el dia 6 de octubre del año 841, en número de treinta y tres: Siendo las más célebres, Plácido, de edad de venticuatro años; Fausto y Fírmato, diáconos Euliquio y Victorino, hermanos de nuestro Santo y su santa hermana Flavia. 

Acabada esta carnicería, los bárbaros pusieron fuego al monasterio, demoliéronle y profanaron la iglesia. Hecho esto, se volvieron a embarcar, pero recibieron luego el castigo por su barbaridad, porque apenas se hicieron a alta mar, estando todavía enfrente del Faro de Mesina, se levantó una furiosa tormenta en la cual perecieron todos, sin salvarse ni uno solo. Hallábase a la sazón, ausente del monasterio, Gordiano, uno de sus monjes; y cuando volvió a él, encontró todavía enteros los cuerpos de los Mártires, junto a la orilla del mar. Dioles sepultura en la iglesia donde permanecieron hasta el siglo XVI, en que fueron hallados y elevados de la tierra con grande solemnidad, casi mil y cien años después de su glorioso martirio, y honró Dios con muchos milagros aquella magnífica traslación. 


Fuente: Jean Croiset, "Año cristiano"

lunes, 13 de febrero de 2012

En la Inmaculada, Santa y Verdadera Iglesia ¡NO HABITA LA HEREJÍA!


En la Inmaculada, Santa y Verdadera Iglesia
¡NO HABITA LA HEREJÍA!

¡Para muestra, un botón!

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium # 15 (HERÉTICO; ANTI-DOGMÁTICO), dice:

La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro.”


Esto es lo que enseña el falso Cocilio Vaticano II y que practica la Nueva Iglesia Oficial de Roma, con Benedicto XVI a la cabeza. Esto es totalmente herético, contrariando la necesidad de aceptar el Papado y la Fe íntegra para salvarse, para ser católico y cristiano verdadero.

Aquí, en cambio, diametralmente opuesto, lo definido desde siempre y para siempre, infaliblemente:

El Papa Pío IX, Amantissimus (# 3), 8 de abril de 1862:

“Hay otras pruebas, casi incontables, extraídas de los testigos más confiables que clara y abiertamente testifican con gran fe, exactitud, respeto y obediencia que todos los que quieren pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo deben honrar y obedecer a esta Sede Apostólica y al Romano Pontífice.”


El Papa Pío VI, Charitas (# 32), 13 de abril de 1791:

“Por último, una palabra permanece junto a Nos. Porque nadie puede estar en la Iglesia de Cristo sin estar unido con su cabeza visible y fundada en la Sede de Pedro.”



El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896:

“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, QUE SIEMPRE HAN MIRADO COMO EXCLUIDO DE LA COMUNIÓN CATÓLICA Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO.”

Y si alguno se atreve a relativizar lo definido EX CATHEDRA, sepa que incurre en la Ira de Dios:

Papa Pío IX, Primer Concilio Vaticano, sesión 3, cap. 4, canon 3:

“Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema


domingo, 1 de enero de 2012

Extra Ecclesiam Nulla Salus


Orígenes (248 d.C.): 

“Si alguien de esa gente quiere salvarse, deje que se le permita entrar a este hogar, para que pueda obtener su salvación. Que nadie, pues, os persuada de otra manera ni que nadie se deje engañar: fuera de este hogar, esto es, fuera de la Iglesia, nadie se salva”.

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