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lunes, 28 de marzo de 2016

"Los judíos crucificaron a Jesucristo por brujería e inducir a idolatría; y rezan para que sean destruidos todos los cristianos"



"Los judíos crucificaron a Jesucristo
por brujería e inducir a idolatría;
y rezan para que sean destruidos todos los cristianos"


Tal título no es un invento cristiano, sino una verdad pública sobre el pueblo deicida. Tan pública que puede desglosarse de las enseñanzas, de por ejemplo, el rabino Shpangental. Vea, abajo, el video en donde profiere todo tipo de ofensas y blasfemias anticristianas, pero a la vez probando que en sus libros consta que Jesús hacía milagros y que ellos lo asesinaron crudelísimamente con muerte de cruz, y que hoy rezan por nuestra destrucción y procuran quitar el cristianismo de la faz de la tierra, cosa que por otra parte, y si no fuera por la protección divina, casi están consiguiendo.

El rabino Talmudista Raphael Shpangental, profesor en el Centro de Estudios de Judaismo de Majon Meir departamento Iberoamericano, en el centro Majon Ora, enseña a jóvenes judías, en Israel, las atrocidades que enseña el Talmud y su odio contra Cristo, el Cristianismo y los cristianos:

Destacamos algunos temas y sus minutos, la mayor parte son negados por los judíos, desconociendo que se contengan en el Talmud, (en el mismo video se explica que están vedados o autocensurados por protección), aquí está la prueba de que no es así:

Minutos 1 -13: Detesta a los misioneros cristianos y se burla de la Santísima Trinidad.

Minutos 14:50: El cristianismo debe ser odiado porque viene a suplantar al judaísmo, además es idolatría.

Minutos 19:28: Nueva oración contra los "Minim" cristianos, otra especie, para destruirlos.

Minutos 22:36: Texto de la terrible oración que elevan todos los días a su dios para que destruya a los "minim" (cristianos).

Minutos 24:32: Declara que es contra Cristo y los cristianos.

Minutos 50:12: Declara que ellos MATARON a Cristo. El Sanedrín o Bet Din lo condenó a muerte y lo mató, colgándolo de la Cruz.

Minutos 58:50: Cristianismo es idolatría no así el islam, se puede entrar en una mezquita no así en una iglesia.

Y el resto, los insultos con que se refieren a Nuestro Señor Jesucristo.



No podemos sino terminar con la oración litúrgica del Viernes Santo:

"Oremus et pro perfifis judaeis: ut Deus et Dominus noster auferat velamen de cordibus eorum; ut et ipsi agnoscant Jesum Christum Dominum Nostrum".

"Oremos también por los pérfidos judios, para que Dios Nuestro Señor quite el velo de sus corazones, a fin de que reconozcan con nosotros a Jesucristo Nuestro Señor".



Fuente: http://propagandacatolica.blogspot.com.ar/2014/02/videos-confesion-de-partes-relevo-de.html

viernes, 25 de marzo de 2016

Aspiraciones según La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Viernes Santo)



Aspiraciones según La Pasión de 
Nuestro Señor Jesucristo 

(Viernes Santo)


Aspiración acerca del Huerto

¡Oh hermoso Huerto de los Olivos, de hoy en adelante tú serás el más delicioso objeto de mi corazón; quiero perderme en tus paseos; quiero perderme con Dios para nunca perderme: Quiero respirar tu aire, porque está bendecido con los suspiros de mi Maestro: Quiero coger sus flores, porque Jesús les dio el colorido con su sangre: Quiero lavarme en tus fuentes, porque están santificadas con el sudor de Jesús: No quiero más alegría que la tristeza del Hijo de Dios, ni más voluntad que la suya! ¿Oh benigno Salvador mío, Maestro y Doctor del género humano! ¿Es posible que os habéis de haber desprendido de vuestra propia voluntad, que era tan arreglada y tan pura, para darme ejemplo de mortificación de mis pasiones; y que yo, a vista vuestra, he de conservar unas inclinaciones tan desarregladas y perversas? ¿Es posible que todavía he de desear vivir unido a mí mismo, a un maestro tan perverso, cuando veo al sumo bien, que se desprende de sí mismo para incorporarme a su mérito?


Aspiración acerca de las lágrimas de san Pedro


¡Oh, y qué cierto es, decía San Pedro, que una felicidad soberbia es siempre muy temible! Tú que desafiabas a las puertas del infierno, caíste al oír la voz de una mujercilla. Tantas victorias como tú te figurabas, han sido despojo de una mano tan flaca. Volvamos de nuevo a la pelea, y si ella triunfó de ti, triunfa tú por lo menos de tí mismo. ¡Ay dé mí! Solamente el ver el lugar de mi caída me da miedo. Los débiles lazos de una mujer artificiosa me parecen cadenas de diamante. ¿Pero qué puede temer un hombre que ya está resuelto a morir? Si tú hallases la muerte en aquel lugar de suplicios, lejos de huir de ella, la acariciarías; por ahora mi alma es indigna de ser víctima de su Dios, lavémosla para lo sucesivo con nuestras lágrimas. Yo caí delante del fuego, quiero levantarme con el auxilio del agua: En otra ocasión caminé sobre las aguas para presentarme a Jesús; ahora quiero volverme a él por el camino de mis lágrimas. Quiero ahora hablar con los ojos, ya que hablé tan malamente con la lengua; y esta boca que solamente debía abrirse para pronunciar oráculos a la Iglesia, se abrió para cometer una traición; ya que no ha quedado libertad sino para gemir, gocemos de estas reliquias de libertad, y después de haber acabado con todo, volvámonos a la misericordia de Jesús, la que no pueden agotar todos los pecados del mundo; en adelante seré para la Iglesia un perpetuo ejemplo de caída y de arrepentimiento; y de muerte y de vida para los pecadores. Todos los días de mi vida lloraré el desacierto de una sola noche.


Aspiración acerca del Pretorio

¡Ay de mí! ¿Qué es lo que veo! ¡Una corona de espinas clavada en la cabeza de un hombre de espinas! Un hombre de dolores, que arde entre dos fuegos, uno de amor y otro de tribulación; ambos le abrasan igualmente, pero ninguno de los dos le consume. ¡Oh belleza la más pura de todas, hasta dónde te han llevado mis pecados! Ya no veo en tal hombre, sino una piel ensangrentada y despedazada por los dientes de los tigres, y de los leopardos. ¡Ay de mí, qué espectáculo éste! Veo despojar a aquel gusanito de seda, que hasta ahora viste nuestras Iglesias, y nuestros Altares. ¿Cómo es posible que tuviesen ojos de hombres aquellos que miraban vuestro cuerpo castísimo para castigarlo y afearlo? ¡Ah, hermoso alabastro, y cómo te has mudado en escarlata! Cada golpe ha hecho en ti una herida, y cada herida es una fuente de sangre; ¿y tantas fuentes de sangre no han de poder sacar de mis ojos una lágrima? Oh sagrado Ruiseñor de la cruz, ¿quién os ha puesto entre esas espinas, para que hagáis tanta armonía con solo vuestro silencio? ¡Oh, espinas santas! No pregunto dónde están vuestras rosas; sé muy bien que éstas son la sangre de Jesús, y que todas las rosas quisieran ser espinas si conocieran bien vuestro valor. Jesús os tuvo sobre su cabeza, pero yo quiero teneros en mi corazón: Vosotros seréis el objeto de mis dolores, para ser después el manantial de mis alegrías.


Aspiración acerca de la Crucifixión y 
Muerte de Nuestro Señor Jesucristo

¡Oh, espectáculos horrorosos! ¡Oh, abismos de bondad y de misericordia! Mi corazón se divide entre el horror y la piedad, entre el odio y el amor, entre las execraciones y la admiración. Pero la admiración y el asombro me sacan fuera de mí mismo. Es éste aquel cruento sacrificio esperado por tantos siglos, aquel misterio escondido, aquella profunda sabiduría de la cruz, aquel Jesús doloroso que habiéndose declarado medianero entre la tierra y el cielo, da una honrosa satisfacción al Eterno Padre por los pecados de todo el género humano. ¡Ay de mí! ¡Oh, pobre Señor! ¡Tú no tenías más que una sola vida, y yo estoy viendo mil instrumentos de muerte que te la quitaron! ¿Era necesario abrir tantas y tan ensangrentadas puertas para dar salida a tu alma inocente? Por ventura, ¿no podía salir del cuerpo, sin formarse por todas partes caminos de heridas, los que después de haber servido de objeto a la crueldad de los hombres, sirven ahora de caracteres de tu fidelidad? ¡Oh, Jesús mío! Perdonadme; yo no sé lo que me digo, porque ya no os conozco sino por vuestras misericordias; éstas son tan excesivas, que era necesario nada menos que un Dios para sufrir lo que Vos habéis padecido. En vuestro desfigurado rostro busco aquellos rasgos de vuestra antigua hermosura, y no hallo sino los de vuestro amor. ¡Ay de mí! ¡Oh hermosísima cabeza, que llevas sobre ti toda la gloria del cielo empíreo, dividid conmigo esa dolorosa diadema; mis pecados la sembraron, y Vos queréis que vuestra inocencia sea quien la recoja! ¡Oh boca sacrosanta, dadme esa hiel que estoy mirando entre vuestros labios; permitid que de aquí en adelante rocíe yo con ella todos mis placeres, pues ella dio fin a la larga duración de vuestros dolores! Manos santas, pies venerables, dadme esos clavos con que estáis traspasados; basta el amor para que permanezcáis clavado en la cruz, pero a mí mantenedme siempre unido con la cadena de la caridad. ¡Ah, lanza cruel, ¿a dónde vas traspasando ese costado? Tú pensabas hallar ahí la vida del Hijo, y tropezaste con el corazón de su Madre; ¡pero, ah! que pensando tú en hacer un homicidio, no hiciste más que fabricarme un sepulcro, en el que desde ahora quiero encerrar mi alma. Cuando examino las heridas de mi Señor, veo en ellas mis propias manos; pero ya quiero también imprimir en ellas mi arrepentimiento; quiero escribir en ellas mi conversión con caracteres eternos, y si todavía me queda alguna vida, quiero que sea precisamente la que dimane de la muerte de mi Jesús crucificado.



Fuente: "La sabiduría evangélica", P. Nicolás Caussin, 1797


martes, 4 de agosto de 2009

¿Por qué PÉRFIDOS JUDÍOS?



Acotaciones filológicas y hermenéuticas al Oremus et pro Iudaeis


Perfidus se aplica a aquel que traiciona la confianza (fides) o que rompe sus promesas. Perfidus está formado por la preposición per, que se añade para reforzar el significado de la palabra, bien en sentido positivo (como permagnus o permolestus), o bien en sentido negativo (como periurus o perfidus). La terminación -idus designa una propiedad o estado en relación con la raíz de la que deriva el adjetivo que la contiene: en este caso hay que ponerlo en relación con el verbo semi-deponente fido (fiarse de alguien, tener confianza). La palabra FIDES está unida a los "lazos de clientela", los lazos de hospitalidad y amicitia, y los juramentos solemnes ante la divinidad; tiene que ver con la relación que entablan un gran señor, justo y poderoso, con sus siervos o con colaboradores de menor rango que se ayudan mutuamente, cada uno según su función. Es decir, se relaciona con los compromisos de amistad, fidelidad, compromiso y confianza por lazos de un individuo o más hacia otro que tiene una influencia o un peso preponderante en la sociedad. O, dicho de otro modo, su sentido fundamental se refiere a pactos de colaboración existentes entre alguien sencillo de un bajo estamento y una figura poderosa que le brinda su apoyo y sellan una lealtad mutua, con frecuencia por razones políticas; el otro sentido hace alusión al compromiso de fidelidad y confianza peculiar existente entre el amante y la amada, como lo expresan poetas como Catulo. Así pues, perfidus es aquel con quien no se deben sellar pactos porque es indigno de confianza, pues incumplen su parte en un trato, o bien aquel individuo que no es apto para una relación de pareja porque está inclinado a tener deslices y no es sincero en su entrega. El Cristianismo vino a unificar ambos sentidos romanos de FIDES en sentido figurado para expresar el compromiso existente entre el alma del fiel y el amante del alma (Cristo), y la relación entre Dios y su Iglesia, identificando FIDES con el concepto griego PISTIS. De Fides deriva la palabra fe. Si consultamos "Pro Quinctio" de Cicerón (6, 26), veremos que la palabra perfidus se refiere a quien es falso, tramposo, traicionero y falto de honradez. La oda 27 del tercer libro de las Odas de Horacio es también suficiente demostración para darse cuenta de que perfidus alude a aquel que es traicionero, indigno de confianza y proclive a romper los pactos importantes. El término adecuado que sirve para referirse a quien no es fiel a la religión verdadera es infidelis, mientras que infidus es un término más equívoco, porque puede aludir doblemente tanto a aquel que no es digno de confianza como a aquel que es inconstante o infiel a algo. Los judíos se entiende perfectamente que se les llame perfidi, porque los judíos actuales son talmúdicos, es decir, son los herederos de los fariseos, a quienes Cristo llama hipócritas más de una vez, les dedica una serie de recriminaciones que bien merece la pena leer, analizar y seguir teniéndolas en cuenta para estar siempre alerta (Mt. 23, 13-36). Y no sólo a los fariseos en particular, sino también se refiere alguna vez Nuestro Señor a los judíos en general, como cuando les acusa de ser hijos del Diablo, que su padre es padre de la mentira y homicida desde el principio, dando a entender que ellos son así (Jn 8, 31-48). Además acusa a los judíos en más de una ocasión de intentar matarlo, cosa que jamás hizo, por ejemplo con los romanos. Se ve entonces, que los judíos habían tramado la muerte de Jesús mucho antes de que fuera llevado a Pilatos, sin que exista, en cambio, ningún pasaje de los Evangelios que indique alguna intención o plan de los romanos tendiente a realizarla. Las siguientes palabras de Santo Tomás de Aquino demuestran una vez más a qué se refiere el Catolicismo hablando de los pérfidos: "Pues los judíos veían en Él todas las señales que los profetas dijeron que iba a haber [...] pues veían con evidencia las señales de la Divinidad de Él, mas por odio y envidia hacia Cristo, las tergiversaban; y no quisieron confiar en las palabras de Éste, con las cuales se confesaba Hijo de Dios" (cfr. Summa Theologica, 3 p., qu. 47, art. 5). Pero, más claro de lo que resulta en la siguiente parábola, como Cristo lo expresa, no puede estar: "Y comenzó a contar al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña y se la arrendó a unos labradores y salió de viaje por bastante tiempo. Y en el momento adecuado envió a los labradores un siervo para que le diesen del fruto de la viña. Pero los labradores, tras apalearlo, lo despidieron vacío. Y volvió a enviar a otro siervo; pero ellos, apaleándolo y ultrajándolo, lo despidieron vacío. Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos también a ese, tras herirlo, lo echaron. Pero dijo el Señor de la viña: '¿qué voy a hacer? Enviaré a mí hijo el amado; quizás a él lo respetarán'. Sin embargo, al verle los labradores, razonaban entre sí diciendo: 'Éste es el heredero; vamos a matarlo para que la herencia sea nuestra.' Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos, el Señor de la viña? Vendrá y hará perecer a esos labradores y entregará la viña a otros. " (Lc. 20, 9-16)


Autor: Guillermo-C-H Pérez Galicia


viernes, 31 de julio de 2009

LOS JUDÍOS SEGÚN LA DOCTRINA CRISTIANA


LOS JUDÍOS SEGÚN LA DOCTRINA CRISTIANA


Ya en el Nuevo Testamento, la doctrina cristiana sobre los judíos es muy clara. En cualquier caso, ningún católico puede creer nada que vaya contra el sentir unánime de los Santos Padres [1]. Pues bien, todos los Padres de la Iglesia manifiestan unánimemente el mismo sentir respecto a los judíos. Veremos también que el Magisterio conciliar y pontificio reitera la misma enseñanza, como no podía ser de otra manera. Harían falta muchos libros para recopilar todo lo que los Padres dicen contra el pueblo deicida. Veamos sólo unos pocos de los textos más importantes.San Juan Crisóstomo, Padre y Doctor de la Iglesia, proclamado por San Pío X patrón de todos los predicadores católicos del mundo, es el más importante de los Padres Orientales; aparte de que a ningún judaizante actual le agradaría lo que San Juan dice en cada una de sus obras sin contradecirse, nos ha dejado nada menos que ocho extensas homilías contra los judíos. Veamos algunos fragmentos:"Siempre que el judío os dice a vosotros: fueron los hombres los que nos hicieron la guerra, fueron los hombres los que conspiraron contra nosotros; contestadles: los hombres no os hubieran hecho la guerra si Dios no lo hubiera permitido." "Mi verdadera guerra es contra los judíos... los judíos han sido abandonados por Dios, y por el crimen de este Deicidio no hay expiación posible."
[2] "Pero ahora vosotros habéis eclipsado todas las maldades del pasado, pero de ningún modo dejasteis atrás el grado sumo del delito, mediante vuestra locura cometida contra Cristo. Por ello estáis ahora siendo castigados peor aún que en el pasado. Toda vez que, si ésa no es la causa de vuestra actual deshonra, ¿por qué motivo, aun siendo vosotros unos asesinos de niños, Dios se contentó con vosotros en otro tiempo y en cambio vuelve ahora la espalda a quienes llegan a tales atrevimientos? Verdaderamente está claro que os atrevisteis a un delito mucho mayor y peor que el infanticidio y que cualquier delito asesinando a Cristo". [3] También entre los Padres Orientales nos encontramos con San Eusebio de Cesarea, a quien debemos gran parte de lo que conocemos sobre los cristianos de los primeros siglos. Martirizado el año 308, San Eusebio nos enseña cosas como la siguiente:"Se pueden oír los gemidos y lamentaciones de cada uno de los profetas, gimiendo y lamentándose característicamente por las calamidades que caerán sobre el Pueblo Judío a causa de su impiedad a Aquél que han abandonado. Cómo su reino ... debería ser totalmente destruido después de su pecado contra Cristo; cómo la Ley de su Padre debería ser abrogada, ellos mismos privados de su antiguo culto, despojados de la independencia de sus antepasados y convertidos en esclavos de sus enemigos en vez de ser hombres libres. Cómo su metrópolis real debería ser arrasada por el fuego. Su santo altar experimentar las llamas y la extrema desolación, su ciudad no más tiempo habitada por sus antiguos poseedores, sino por razas de otro tronco, mientras ellos deberían ser dispersados entre los gentiles por el mundo entero sin tener nunca una esperanza de cesación alguna del mal o espacio para respirar de su congoja".
El mismo sentir es el que manifiestan el resto de Padres Orientales. Entre los Padres Occidentales, cabe citar, para no extenderse, a San Ambrosio de Milán y a San Jerónimo.A San Jerónimo debemos la Vulgata, texto canónico oficial de las Sagradas Escrituras [4]. Entre otras muchas cosas sobre los judíos (todas, sin excepción, en la misma dirección) él nos enseñó: "Esta maldición continúa hasta el día de hoy sobre los judíos, y la sangre del Señor no cesará de pesar sobre ellos".San Ambrosio, aparte de ser el maestro de San Agustín [5], ha sido siempre considerado el modelo a seguir para todos los obispos católicos. Como él nos explica, la Sinagoga es: "una casa de impiedad, un receptáculo de maldades, que Dios mismo había condenado" [6]. La Santa Madre Iglesia continuará siempre enseñando a sus hijos las mismas enseñanzas de doctrina apostólica que habían sido firmemente defendidas por los Santos Padres. Así nos adentramos en la esplendorosa Edad Media, con un doctor tan importante para los siglos venideros como San Bernardo de Claraval
afirmando tajantemente: "Los judíos han sido dispersados por todo el mundo, para que mientras paguen la culpa de tan gran crimen, puedan ser testigos de nuestra Redención" [7].Las mismas enseñanzas van encontrarse en los grandes santos de la Edad Media, el Renacimiento y los siglos posteriores hasta nuestros días. Entre los Doctores de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, máximo expositor de la Doctrina de la Iglesia y que debe tomarse como guía segura para todo católico [8], no se desvía un ápice de la doctrina de los Padres de la Iglesia sobre los judíos, ni tampoco de las enseñanzas de los santos que le precedieron.El Aquinate, consultado por la Duquesa de Brabante sobre si era conveniente que en sus dominios los judíos fueran obligados a llevar una señal distintiva para diferenciarse de los cristianos, contesta: "Fácil es a esto la respuesta, y ella de acuerdo a lo establecido en el Concilio general [9], que los judíos de ambos sexos en todo territorio de cristianos en todo tiempo deben distinguirse en su vestido de los otros pueblos. Esto les es mandado a ellos en su ley, es a saber, que en los cuatro ángulos de sus mantos haya orlas por las que se distingan de los demás".El Doctor Angélico también sostuvo doctrinalmente que: "Los judíos no pueden lícitamente retener lo adquirido por usura, estando obligados a restituir a quienes hayan extorsionado ... Los judíos por razón de sus culpas están en perpetua servidumbre, los señores pueden por lo tanto, tomarles sus cosas, dejándoles lo indispensable para la vida"
[10]. Y además: "A los judíos no se les debería permitir quedarse con lo obtenido por medio de la usura; lo mejor sería que se les obligara a trabajar para ganarse la vida, en vez de no hacer otra cosa que hacerse más avaros" [11]. Y respecto a la postura que los judíos tomaron hacia Nuestro Señor: "Pues veían en Él todas las señales que los profetas dijeron que iba a haber [...] pues veían con evidencia las señales de la Divinidad de Él, mas por odio y envidia hacia Cristo, las tergiversaban; y no quisieron confiar en las palabras de Éste, con las cuales se confesaba Hijo de Dios" [12]. Los concilios de la Iglesia, así como los papas, han ido siempre en la misma dirección del sentir unánime de los Padres y de los santos [13]. Aunque podamos extraer testimonios de todos los papas de la historia que como tales se han manifestado al efecto [14], baste con que citemos a tres: uno a caballo entre la Antigüedad Tardía y la Edad Media (San Gregorio Magno), otro del Renacimiento (San Pío V) y otro de época moderna (Benedicto XIV).Benedicto XIV, dejando al margen otros documentos [15]
en que trata la cuestión judía mostrándose firme en preservar lo que dice la tradición, en la encíclica A quo primum nos enseña:"Los judíos se ocupan de asuntos comerciales, amasan enormes sumas de dinero de estas actividades, y proceden sistemáticamente a despojar a los cristianos de sus bienes y posesiones por medio de sus exacciones usurarias. Aunque al mismo tiempo ellos piden prestadas sumas de los cristianos a un nivel de interés inmoderadamente alto, para el pago de las cuales sus sinagogas sirven de garantía, no obstante sus razones para actuar así son fácilmente visibles. Primero de todo, obtienen dinero de los cristianos que usan en el comercio, haciendo así suficiente provecho para pagar el interés convenido, y al mismo tiempo incrementan su propio poder. En segundo lugar, ganan tantos protectores de sus sinagogas y de sus personas como acreedores tienen".A San Pío V le debemos, entre otras cosas, haber sido el artífice de la victoria de Lepanto y haber extendido el Santo Rosario, además de codificar el rito romano de la Santa Misa. Entre sus numerosos escritos tratando la cuestión judía [16], podemos citar la famosa bula Hebraeorum Gens [17], de la que extraemos lo siguiente:"El pueblo judío ... llegado el tiempo de la plenitud, ingrato y pérfido, condenó indignamente a su Redentor a ser muerto con muerte ignominiosa ... omitiendo las numerosas modalidades de usura con las que por todas partes, los hebreos consumieron los haberes de los cristianos necesitados, juzgamos como muy evidente ser ellos encubridores y aun cómplices de ladrones y asaltantes que tratan de traspasar a otro las cosas robadas y malversadas u ocultarlas hasta el presente, no sólo las de uso profano, mas también las del culto divino. Y muchos con el pretexto de tratar asuntos propios de su oficio, ambicionando las casas de mujeres honestas, las pierden con muy vergonzosos halagos; y lo que es más pernicioso de todo, dados a sortilegios y encantamientos mágicos, supersticiones y maleficios, inducen a muchos incautos y enfermos a los engaños de Satanás, jactándose de predecir el futuro, tesoros y cosas escondidas... Por último tenemos bien conocida e indagada la forma tan indigna en que esta execrable raza, usa el nombre de Cristo, y a qué grado sea dañosa a quienes, habrán de ser juzgados con
dicho nombre y cuya vida pues está amenazada con los engaños de ellos".Citemos, por último, a San Gregorio Magno [18], por haber conjugado en su persona el ser el último de los Padres latinos y Papa a la vez. Puesto que ahora hay quien cree que los judíos son hermanos en Abraham, no está de más traer a colación la siguiente enseñanza: "Si nosotros, por nuestra fe, venimos a ser hijos de Abraham, los judíos, por su perfidia, han dejado de serlo" [19].Lógicamente, también los concilios, tanto locales como universales, siempre que se han pronunciado sobre el problema judío, lo han hecho homogéneamente con las enseñanzas de los Padres, Doctores y Sumos Pontífices.De los concilios locales [20] nos limitaremos a citar un par de cánones de concilios toledanos, por la particular autoridad dogmática de valor universal que la Santa Iglesia Romana siempre les ha concedido:"... Cualquier obispo, presbítero, o seglar, que en adelante les prestare apoyo (a los judíos) ... bien sea por dádivas bien por favor, se considerará como verdaderamente profano y sacrílego, privándole de la comunión de la Iglesia Católica, y reputándole como extraño al reino de Dios, pues es digno que se separe del cuerpo de Cristo el que se hace patrono de los enemigos de este Señor"
[21]. "De la perfidia de los judíos. Aunque en la condenación de la perfidia de los judíos, hay infinitas sentencias de los Padres antiguos y brillan además muchas leyes nuevas; sin embargo como según el vaticinio profético relativo a su obstinación, el pecado de Judá está escrito con pluma de hierro y sobre uña de diamante, más duros que una piedra en su ceguera y terquedad. Es, por lo tanto, muy conveniente que el muro de su infidelidad debe ser combatido más estrechamente con las máquinas de la Iglesia Católica, de modo que, o lleguen a corregirse en contra de su voluntad, o sean destruidos de manera que perezcan para siempre por juicio del Señor" [22]. Finalmente, entre los ecuménicos, baste recordar el IV Concilio de Letrán, concilio importantísimo que definió dogmas como el Extra Ecclesiam nulla salus, la Transubstanciación o la existencia del Infierno. Este concilio, en su canon 68, es diáfano expresando cómo los judíos, malditos de Dios, deben llevar un distintivo especial en sus ropas.
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[1] Pío IV, bula Iniunctum nobis, 13 de noviembre de 1564: "...el verdadero sentido de las Sagradas Escrituras tampoco lo aceptaré ni interpretaré jamás sino conforme al sentir unánime de los Padres".
León XIII, encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893: "los Santos Padres que 'después de los Apóstoles plantaron, regaron, edificaron, apacentaron y alimentaron a la Iglesia y por cuya acción creció en ella', tienen autoridad suma siempre que explican todos de modo unánime".[2] Oratio IV Adversus Iudaeos.[3] Oratio VI, 2 Adversus Iudaeos.[4] El Concilio de Trento establece: "Si alguno no recibiere esos mismos libros íntegros con todas sus partes, como ha sido costumbre leerlos en la Iglesia católica y se contienen en la vieja edición de la Vulgata latina, como sagrados y canónicos, o si sabiéndolo y con deliberación despreciare las tradiciones anteriormente dichas, sea excomulgado".[5] San Agustín es el Doctor de la Iglesia más importante de todos los tiempos, después de Santo Tomás de Aquino. Además de su Tratado contra los judíos, su tratamiento del tema no se desvía un ápice del resto de Doctores en todas sus demás obras, donde frecuentemente habla de la cuestión judía. [6] Epístola IX al emperador Teodosio.[7] Epístola 363 a la Iglesia de Francia Oriental.[8] El Papa San Pío X, en la encíclica Pascendi, proclama solemnemente: "Es importante notar que, al prescribir que se siga la filosofía escolástica, Nos referimos a la que enseñó Santo Tomás de Aquino: todo lo que Nuestro Predecesor decretó acerca de la misma, queremos que siga en vigor y, por si fuera necesario, lo repetimos y lo confirmamos, y mandamos que se observe estrictamente por todos". Y el papa Pío XII, en la encíclica Humani generis (1950), enseña que la filosofía tomista es la guía más segura para la doctrina católica y condena toda desviación de ella.
[9] IV de Letrán, año 1215, c. 68.[10] Opera Omnia. Edición Pasisills, 1880. Tábula 1 a-o, tomo XXXIII, p. 534.[11] De regimine principum.[12] Summa Theologica, 3 p., qu. 47, art. 5.[13] Es famoso el caso de San Juan de Capistrano, muy conocido como "azote de los judíos"; este santo franciscano capuchino, de gran ascetismo y virtud, fue empleado como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas y con muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo obispo de importantes diócesis, pero prefirió seguir siendo humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos. Se le confiaron misiones delicadas, como la detracción de los Fraticelli, la lucha en Moravia contra la herejía husita (obra del judío Jean Huss), las negociaciones para la incorporación de los griegos a la Iglesia Romana, la vigilancia de los judíos, la contención del cisma de Basilea, etc. Por iniciativa de santos como él, los judíos tenían que llevar un gorro de dos cuernos (pileteum cornutum), que simbolizaba su filiación diabólica (Cf. Jn. 8, 44), así como una estrella amarilla identificativa para guardarse de su maldad, y se les recluía en guetos. Por la influencia de San Juan de Capistrano, el Papa Martín V, inicialmente indulgente con los judíos por ignorancia, cambió de actitud.[14] Entre otros: Honorio III (1217 y 1221), Gregorio IX (1233), Inocencio IV (1244), Clemente IV (1267), Gregorio X (1274), Nicolás III (1278), Nicolás IV (1288), Juan XXII (1317 y 1320), Urbano V (1365), Gregorio XI (1375), Martín V (1425), Eugenio IV (1442), Calixto III (1456), Sixto IV (1478), Pablo III (1535, 1542 y 1543), Julio III (1554), Pablo IV (1555 y 1556), Pío IV (enero y febrero de 1562), Gregorio XIII (1577, 1581 y 1584), Sixto V (1586), Clemente VIII (1592 y 1593), Pablo V (1610), Urbano VIII (1625, 166, 1635 y 1636), Alejandro VII (1657, 1658, 1662 y 1663), Alejandro VIII (1690), Inocencio XII (1692), Clemente XI (1704, 1705 y 1712), Benedicto XIII (1726, 1727 y 1729), Pío IX (1858).
[15] Tal es el caso de Postremomens (28 de febrero de 1747), Apostolici Ministerii munus (16 de septiembre de 1747), Singulari Nobis consolationi (9 de febrero de 1749), Elapso proxime Anno (20 de febrero de 1751), Probe te meminisse (15 de diciembre de 1751) y Beatus Andreas (22 de febrero de 1755).[16] Algunos otros son Romanus Pontifex (19 de abril de 1566), Sacrosanctae catholicae ecclesiae (29 de noviembre de 1566) o Cum nos nuper (19 de enero de 1567).[17] Mediante esta bula, el Papa expulsó a los judíos de los Estados Pontificios (26 de febrero de 1569).[18] Entre otras cosas, se puede recordar que San Gregorio Magno escribió también una carta a Recaredo en la que le felicita por no haber aceptado un soborno de 30.000 sueldos de los judíos de Toledo, que pretendían manipular al rey para que ejerciese presión en el Concilio a fin de que no se promulgasen leyes de protección frente al peligro judío.[19] Sermones dominicales de los Santos Padres, Papa San Gregorio Magno.[20] Aparte del Concilio de Jerusalén, que fue el primero y se dedicó a la condena de la herejía judaizante, contamos con el planteamiento del problema judío en el Concilio de Elvira (306), el Concilio de Agde (506) celebrado bajo los auspicios de San Cesáreo, el Concilio de Clermont (535), el Concilio III de Orleans (538), el Concilio de Mâcon (581), el Concilio Trulano (692) considerado siempre el suplemento de los Concilios Ecuménicos V y VI, el Concilio de Gerona (1078), el Concilio de Oxford (1222), el Concilio de Narbona (1235), los Concilios de Vienne y Breslau (1267), el Concilio de Mainz (1310), el Concilio de Basilea (1434), etc.
[21] Concilio IV de Toledo, Canon LVIII.[22] Concilio XVI de Toledo, canon I.


Autor: Guillermo P.


viernes, 10 de abril de 2009

Clavado en una cruz y escarnecido


Soneto a Jesús Crucificado


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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