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domingo, 19 de junio de 2016

Los santos hermanos Gervasio y Protasio, mártires (19 de junio)



Los santos hermanos Gervasio y Protasio, mártires.

(† Siglo I)


Habiendo descubierto san Ambrosio por divina revelación los sepulcros de estos santos mártires de Milán, halló a la cabecera una escritura con estas palabras: "Yo, Filipo, siervo de Cristo, en compañía de mi hijo hurté los cuerpos de estos santos, y dentro de mi casa los sepulté. Su madre se llamó Valeria, y Vital su padre. Nacieron de un parto, y los llamaron Gervasio y Protasio. Siendo ya difuntos sus padres, y habiendo sucedido ellos abintestato en sus bienes, vendieron la casa propia en que habían nacido y toda su hacienda, y repartieron el precio de ella a los pobres y a sus esclavos, dándoles libertad. Diez años vacaron a sólo Dios, dándose a la lección y a la oración, y al onceno, alcanzaron la corona del martirio. A esta sazón pasó por Milán el general Astasio que iba a la guerra contra los bárbaros: le salieron al camino los sacerdotes de los ídolos, y le dijeron que si quería alcanzar victoria de sus enemigos apremiase a Gervasio y Protasio, que eran cristianos, para que sacrificasen a los dioses inmortales, los cuales estaban de ellos tan enojados, que no querían hacer a los pueblos el favor que solían con sus oráculos. Les mandó Astasio buscar y prender, y les rogó que le hiciesen el placer de ofrecer con él sacrificio a los dioses, para que prosperasen su jornada y tuviese buen suceso aquella guerra: a lo que respondió Gervasio: "la victoria ¡oh Astasio! la da del cielo el Dios verdadero y no las estatuas vanas y mudas de los dioses". Se enojó Astasio sobremanera con esta respuesta, y lo mandó luego azotar y herir con plomadas fuertemente hasta que allí muriese; y con este tormento Gervasio dio su espíritu al Señor. Quitado de aquel lugar el cadáver, hizo llamar a Protasio y le dijo: "¡Desventurado y miserable! mira por ti, y no seas loco como tu hermano". Respondió Protasio: "¿Quién de los dos es miserable, tú que me temes a mí, o yo que no te temo a ti, ni hago caso de tus dioses ni de tus amenazas?" Al oír el general estas palabras lo mandó moler a palos con unos bastones nudosos, y le dijo: "¿Quieres perecer como tu hermano? El santo respondió: "No me enojo contigo porque mi Señor Jesucristo no abrió su boca contra los que le crucificaron: te tengo lástima y te perdono porque no sabes lo que haces". Finalmente el general lo hizo degollar, y mandó arrojar los sagrados cadáveres de los dos hermanos en un muladar. Y yo Filipo, siervo de Cristo, con mi hijo tomé de noche los cuerpos de estos santos y los llevé a mi casa y siendo Dios sólo testigo los puse en un arca de piedra". 


Reflexión: 

Habiéndose aparecido los santos a san Ambrosio, arzobispo de Milán, convocó éste a todos los obispos comarcanos, y cavando la tierra en el lugar señalado que estaba en la iglesia de san Nábor y san Félix, hallaron el arca de piedra. La abrieron, y vieron los cuerpos de los mártires, y el fondo del sepulcro lleno de sangre, exhalando un maravilloso olor que se extendió por toda la iglesia, e ilustrándoles el Señor con estupendos milagros, señaladamente dando vista a un ciego muy conocido en toda aquella ciudad de Milán. Roguemos al Señor que estos auténticos prodigios referidos largamente por san Ambrosio que los presenció, abran los ojos de nuestra alma para ver con mayor luz del cielo la divinidad de la fe por la cual dieron sus vidas tan ilustres mártires. 


Oración: 

¡Oh Dios! que cada año nos alegras con la festividad de tus bienaventurados mártires Gervasio y Protasio; asístenos con tu gracia para que nos inflamen con sus ejemplos estos santos de cuyos méritos nos alegramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

miércoles, 4 de mayo de 2016

Santa Mónica (4 de mayo)



Santa Mónica, viuda, madre de san Agustín.

(† 387)

Santa Mónica, gloriosa madre de san Agustín, fue de nación africana e hija de padres cristianos, que la criaron con toda honestidad y virtud. Siendo niña se levantaba de noche a rezar las oraciones que su madre Facunda le enseñaba, y era tan amiga de hacer limosna, que de su propia comida quitaba parte para dar a los pobres. Deseó perseverar en virginidad; pero condescendió con la voluntad de sus padres, que la casaron con un varón llamado Patricio, el cual, aunque era hombre noble, era gentil. Tuvo mucho que sufrir con él santa Mónica, mas fue tal su prudencia, sufrimiento y buen término, que no sólo ablandó el carácter áspero y colérico del marido, sino que también le ganó para Jesucristo. Más le costó rendir a su propio hijo san Agustín, porque siendo mozo se enredó en los vicios y liviandades y en los desatinos de los herejes Maniqueos, y la santa madre derramaba ríos de lágrimas por su hijo, y clamaba de día y de noche sin cesar al Señor, suplicándole que lo sacase de aquella profundidad de errores y torpezas en que estaba. Era esto de manera que no podía reposar ni sosegar en espíritu, y así acudiendo una vez a su santo obispo, rogándole que le enseñase y convenciese, el buen obispo la consoló diciendo: "Por vida vuestra, señora, que no es posible que perezca un hijo de tantas lágrimas". Quiso san Agustín dejar la ciudad de Cártago, donde leía retórica, y pasar a Roma para valer más. Procuró la santa estorbárselo por todos los medios que pudo; y en fin él la engañó y se fue a Roma, donde tuvo una grave enfermedad, de la cual lo libró el Señor por las oraciones de su buena madre, la cual se determinó cruzar el mar y buscarlo por Italia. Lo halló en Milán, a donde había sido enviado de Roma para enseñar retórica, y en aquella ciudad, con la comunicación y sermones de san Ambrosio, se convirtió y bautizó, a los treinta y cuatro años de edad. Volviendo, pues, santa Mónica muy consolada y alegre con su hijo san Agustín, para África, y habiendo llegado a la ciudad de Ostia aguardando embarcación, hablando a solas con su hijo del amor y deseo de las cosas celestiales, le dijo que nuestro Señor le había cumplido su deseo de verle cristiano, y cayó luego enferma tan gravemente, que a los nueve días pasó de esta vida mortal a la vida perdurable, siendo de edad de cincuenta y seis años. Desde que murió esta santa, se hizo memoria de ella con singular veneración en toda la Iglesia.

Reflexión:

De su madre, dice san Agustín, que gobernaba su casa con gran piedad, ejercitándose continuamente en loables obras, que criaba sus hijos en el temor de Dios, regenerándoles tantas veces, cuantas ellos se apartaban del camino de la virtud, que era muy amiga de hacer amistades entre las personas que se tenían mala voluntad, y que nunca refería cosa que hubiese oído de los unos a los otros, procurando en todo unir los corazones desunidos y quitarles la amargura del odio con la dulzura de la santa caridad. Tengan presente este ejemplo todas las madres y señoras cristianas, para que sus familias sean un cielo de paz, y críen sus hijos, no para ser unos condenados del infierno, sino para verles gozar de su gloriosa compañía en la gloria. Y si se apartaren, como san Agustín en su mocedad, del camino del bien, no cesen como santa Mónica, de rogar por ellos al Señor, hasta lograr su conversión.


Oración: 

Oh Dios, consuelo de los afligidos y salud de los que en ti esperan, que atendiste misericordiosamente a las piadosas lágrimas de la bienaventurada Mónica en la conversión de su hijo Agustín, concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y hallemos el perdón de ellos en tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 17 de junio de 2012

El Mandamiento de JUZGAR ¡HASTA A LOS ÁNGELES!

Ángeles (Bicci di Lorenzo)

El Mandamiento de JUZGAR 
¡HASTA A LOS ÁNGELES!


1 Corintios 6, 3:
"¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¡Cuánto más hemos de juzgar asuntos de esta vida!"

Todos aquellos que se hacen falsos jueces amargos en prohibir Juicios Justos, en esta vida, sobre TODAS LAS COSAS, de las cuales, y por su conocimiento cierto y evidente, pueden y deben juzgarse; no se dan cuenta que están prohibiendo el juicio no sólo que castiga, anatemiza y condena; sino también el que perdona, que indulta, que repara, que enmienda y que pacifica armoniosamente el orden público y restaura el bien común.

Que hemos de JUZGAR TODAS LAS COSAS lo confirma el Apóstol cuando dice:

 1 Cor 2, 15:
"En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas..."

Y si no fuera necesario juzgar, no se podría CORREGIR AL QUE YERRA, como manda la Tercera de las Siete Obras de Misericordia Espirituales a las que obliga la Santa Iglesia Católica. Y, por lo mismo, no diría autoritativamente Nuestro Señor:

 Mateo 18, 15:
"Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas..."

Porque si no se juzgara previamente; no se podría aplicar sobre el juicio las virtudes de la discreción, humildad y la mansedumbre en procura de mejorar (en el caso del que merece un juicio desfavorable) y hacer que "escuche" y entienda aquel que recibirá, a partir del juicio, el aviso caritativo contra sus pecados o imperfecciones. Y por eso el Apóstol, sobre la base de un buen juicio, aconseja restaurar con mansedumbre:

Gálatas 6, 1:
"Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándose a sí mismo, no sea que vosotros también seáis tentados"

Es cierto que es el hombre de mala voluntad, falto de humildad y juzgador temerario (porque, o se es juez justo, o se es juez malo), el que no acepta la Justicia cuando se vuelve contra sí mismo y sus mezquinos intereses. Porque aquel que es verdadero cristiano; no sólo acepta, sino que pide ser ajusticiado; tal como dice el Salmista:

Salmos 141, 5:
"Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; será aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza, pues todavía mi oración es contra las obras impías"

Pero para el pecador, que se hace un dios a su medida y no quiere oír; sufrirá las mismas palabras de Jesucristo cuando, persiguiendo al que bien juzga, intenta juzgarlo a Él mismo, al Juez Justo. Porque todo Juicio Verdadero que se intenta abolir o aniquilar; no atenta contra el hombre; sino contra Dios; Jesucristo, la Verdad.
¡Qué tarde será cuando comprenda! De los que son como él habla el Proverbio:

 Proverbios 28, 5:
"Los hombres malvados no entienden de justicia, mas los que buscan al SEÑOR lo entienden todo".

Dios nos dio buen juicio para juzgar las cosas buenas como buenas, y las malas como malas. ¡Y Ay del que juzgue subversivamente! ¡Ay del que lavándose las manos, como Poncio Pilatos, no juzgare justamente o prohibiera el juicio justo, utilizando y, por cambiar el sentido, profanando las Palabras Eternas de Nuestro Señor Jesucristo! Porque si Dios dijo "No Juzguéis" (Mt. 5, 1 y Lc. 6, 37) lo dijo en el sentido que siempre supo resguardar y mantener la Santa Iglesia Católica con todos sus verdaderos discípulos: Aquellos que siempre obedecieron, obedecen y obedecerán el mandato de JUZGAR bien. Porque Cristo preserva de un posible error el Mandamiento de Juzgar TODAS LAS COSAS, no por el juez que se reconoce y es Católico; sino por lo juzgado que no puede, a veces, llegar a reconocerse plenamente... Por eso la Iglesia enseña que Jesús prohibe el Juicio Temerario; no el Juicio, ni el Juez. Porque juicioso y juez justo es todo buen católico. Y por ello mismo, explican los Padres de la Iglesia y demás Exégetas:

San Ambrosio:
"Añade el Señor que no debemos juzgar temerariamente, con el fin de que conociendo tu propio delito, no te atrevas a dar tu parecer sobre otro. Por lo que dice: "No juzguéis"."

San Jerónimo:
"Jesucristo no mandó no juzgar; sino que mandó juzgar bien. Mas, si prohíbe juzgar, ¿cómo San Pablo juzga al incestuoso de Corinto ( 1Cor 5), y San Pedro acusa de mentira a Ananías y Sáfira ( Hch 4)?"

San Juan Crisóstomo: 
"Por eso no dijo: "No dejes descansar el pecado", sino más bien: "No juzgaréis", esto es, no seas amargo juez. Corrige, sí, pero no como enemigo que busca la venganza, sino como médico que brinda la medicina".

Por eso mismo, porque es Jesucristo quien nos lo ordena: ¡Juzgad, Juzgad y Juzgad! Escuchadlo, Oh Cristianos Fieles, Ustedes que juzgarán hasta a los mismos ángeles, de su propia Boca Sagrada:

.
Proverbios 31, 9: "Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y del necesitado"

Génesis 31, 37: "Que juzguen..."

 Éxodo 18, 22: "Juzgad al pueblo en todo tiempo..."
 
Deuteronomio 1,16: "Oigan los pleitos entre sus hermanos, y juzguen Justamente..."

Deuteronomio 25, 1: "Cuando haya pleito entre algunos y acudan al tribunal para que los juzguen, absolverán al justo y condenarán al culpable"

Zacarías 7, 9: "Así ha dicho el Señor de los Ejércitos: "Juicio Verdadero juzguen, y misericordia y compasión practique cada uno con su hermano"

Zacarías 8, 16: "Díganse la Verdad unos un otros, juzguen con verdad y juicio de paz" 

Jeremías 21, 12: "Casa de David, así dijo el Señor: "Juzgad de mañana juicio, y librad al oprimido de mano del opresor; para que mi ira no salga como fuego..."

Isaías 5, 3: "...Juzguen Entre Mí y Mi viña"

1 Corintios 10, 15: "Os hablo como a sabios; juzgad vosotros lo que digo"

1 Corinthians 11, 13: "Juzgad vosotros mismos: ¿es propio que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta?"

1 Corintios 14, 29: "...Los demás juzguen"

Hechos 4, 19: "Ustedes mismos juzguen si es justo delante de Dios obedecer obeder al hombre antes que obedecer a Dios"

Juan 7, 24: "No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con juicio justo"


1 Corintios 6, 3: 

"¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? 

¡Cuánto más hemos de juzgar asuntos de esta vida!"





Don Francisco Delafuente

jueves, 15 de marzo de 2012

lunes, 19 de diciembre de 2011

AYUNO Y ABSTINENCIA




AYUNO Y ABSTINENCIA

(Estudio Bíblico de Cornelio A Lapide)

NECESIDAD DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

Ya en la antigua ley, ya en la nueva, Dios ordena el ayuno. La Iglesia hace de él un precepto. "Quitad la leña del fuego, si queréis que mengüe la llama", dice un poeta. Mas, la concupiscencia es un fuego devorador: es pues preciso hacer ayunar la carne.

"Vale mucho mejor para vosotros, dice San Jerónimo, que padezca más bien vuestro estómago que vuestra alma; vale mucho más mandar a la carne, que obedecerle, vacilar con pie incierto y débil que caer en impurezas. Es con el rigor de los ayunos y de las vigilias que pueden rechazarse los dardos envenenados del demonio: muerto está el que vive en medio de las delicias". (Epist)

El mismo Platón prohibía comer carne dos veces al día, y saciarse. (Lib. de Legib.)

Necesidad del ayuno y de la abstinencia para evitar el pecado...
Necesidad del ayuno y de la abstinencia para expiar los pecados cometidos...
Necesidad del ayuno y de la abstinencia para vencer y rechazar al demonio.

"¿En qué consiste que no hemos podido arrojar a este demonio?, decían los discípulos a Jesucristo. El les respondió: "Estos demonios no pueden ser arrojados sino por medio de la oración y del ayuno" (Mc. 9, 27-28).

Es imposible ser casto si uno no se mortifica.

El ayuno es obligatorio bajo pena de pecado mortal desde la edad de veintiún años, a menos que razones legítimas lo dispensen.


EJEMPLOS DE AYUNO Y ABSTINENCIA

Los ejemplos que tenemos del ayuno y de la abstinencia, nos prueban su necesidad.

Moisés, Elías y Jesucristo, ayunaron durante cuarenta días. Y la Iglesia, á imitación de estos ayunos, estableció el de cuarenta días de la cuaresma.
Los primeros cristianos ayunaban todos los días, y no tomaban más que una sola comida, que tenía lugar al ponerse el sol.

Los ermitaños, los anacoretas ayunaban constantemente. En todos los siglos los religiosos han ayunado. Los verdaderos fieles siempre han sido exactos en ayunar. Judith ayuna; Esther, sentada en el trono, ayuna. Los judíos tenían sus ayunos. Los mahometanos tienen también los suyos, y los observan religiosamente.
Juan Bautista, en el desierto, ayunó e hizo abstinencia todos los días durante treinta años; su alimento consistía en miel salvaje y langostas. Todos los Ninivitas, desde el más pequeño al más grande, desde el más joven al más viejo, desde el pobre hasta el rey, hicieron un riguroso ayuno; y hasta obligaron a ayunar a los animales.


EXCELENCIA DEL AYUNO, SUS ADMIRABLES EFECTOS Y SUS VENTAJAS

Dice San León: "El ayuno engendra los pensamientos castos, las voluntades razonables y rectas, y los más saludables consejos: con esta aflicción voluntaria, la carne muere para las concupiscencias, y el espíritu se renueva con las virtudes". (Serm. 2).

Oíd a San Ambrosio: "¿Qué es el ayuno, sino la imagen del cielo y el precio con que puede adquirirse? El ayuno es el alimento del alma, el alimento del espíritu. El ayuno es la vida de los ángeles; el ayuno es la muerte del pecado, la destrucción de los crímenes, el remedio de la salvación, el manantial de la gracia, el fundamento de la castidad. Por medio del ayuno se llega pronto a Dios". (De Elia et jejun.)

"El ayuno, dice San Efrén, es el carro que conduce al cielo. El ayuno suscita profetas, y enseña sabiduría a los legisladores. El ayuno es el guarda perfecto del alma, cohabita con el cuerpo sin dañarle. El ayuno es un arma a toda prueba para los soldados valientes y los intrépidos atletas. El ayuno resiste a las tentaciones; da unción a la piedad. El ayuno apaga la violencia del fuego, cierra las fauces de los leones, y encamina las oraciones al cielo. La abstinencia es madre de la santidad, disciplina de la juventud y adorno de la vejez". (De Jejun. c. IX).

"No sólo es el ayuno una virtud perfecta, sino el cimiento de las demás virtudes; es la santificación, la pureza, la prudencia, virtudes sin las cuales nadie puede ver a Dios". (Lib. II. ad Demetrid).

"El hambre, dice San Ambrosio, es amiga de la virginidad, y enemiga de la lujuria; pero los excesos en la mesa ahogan la castidad y alimentan las pasiones" (Serm. de Quadrag.)

"Así como el soldado no es nada sin armas, dice S. Crisóstomo, y las armas no son tampoco nada sin el soldado, de la misma manera la oración no es nada sin el ayuno, ni el ayuno sin la oración" (In Matth., c. VI).

"El ayuno, dice San Basilio, hace que los hombres sean semejantes a los ángeles" (De Jejun.)

"El ayuno es el alimento del alma", dice San Crisóstomo (In Matth., c. VI).

"El ayuno, añade el mismo Santo, purifica el alma, alivia los sentidos, sujeta la carne al espíritu, hace que el corazón esté contrito y humillado, disipa las nubes de la concupiscencia, apaga los ardores de las pasiones abrasadoras, y enciende la antorcha de la castidad". (In cap. IV. Matth)

"Ved lo que hace el ayuno, dice S. Alanasio: cura las enfermedades, calma la impetuosidad de la sangre, ahuyenta los demonios, arroja los malos pensamientos, da más belleza y blancura al alma, más pureza al corazón, y hace que el cuerpo esté más sano y robusto". (Lib. I de Virgis)

"Por medio del ayuno es como Elias sube al cielo en un carro triunfal", dice San Ambrosio (De Elia et Jejun.)

"Sabemos, dice S. Pedro de Ravena, que es el ayuno el alcázar de Dios, el campo de Jesucristo, la muralla inexpugnable del Espíritu Santo, el estandarte de la fe, el signo de la castidad, el trofeo de la santidad" (Serm. de Jejun.)

"Puesto que por gula perdimos las alegrías del paraíso, dice San Gregorio, esforcémonos en conquistarlas de nuevo con el ayuno y la abstinencia" (Homil. de Jejun.)

"¿A qué debió Sansón el ser tan fuerte e invencible? dice San Basilio. ¿No fue el ayuno el que hizo merecer a su madre la gracia de concebirlo? El ayuno le concibió, el ayuno le alimentó, y el ayuno hizo de él un prodigio de fuerza. (Homil. de Jejun.)

"El ayuno, añade aquel gran Doctor, engendra profetas, da más fuerza a los fuertes; el ayuno da sabiduría a los que dictan leyes, es el escudo de los que combaten con valor. El ayuno es el que dio fuerza a Sansón, y en tanto que éste fue fiel en guardarlo, derribó a millares de enemigos en cada combate, arrancó las puertas de las ciudades, y los leones no pudieron resistir al vigor de su brazo. Pero desde el momento en que la embriaguez del vino y de la voluptuosidad se apoderaron de él, en seguida le prendieron los enemigos, le arrancaron los ojos, y fue juguete de los niños. (Idem.)
"Cuando el alma derrama lágrimas de arrepentimiento, dice San Gregorio, es también indispensable que la carne, que ha sido esclava de los criminales placeres, sea castigada con el ayuno" (Homil. de Jejun.)

"Samuel, dice San Jerónimo, reunió el pueblo en Masfath, le fortificó con un ayuno que impuso, y así le hizo victorioso de sus enemigos". (In Lib. Reg.).
"A fin de poder combatir a sus enemigos, dice San León, repararon las fuerzas de su alma y de su cuerpo por medio de un ayuno severo. Se abstuvieron de comer y de beber; se impusieron esta ruda penitencia, y para vencer a sus enemigos, empezaron por vencer en sí mismos el atractivo de la gula. (Serm. de Quadrag.)

"Los ayunos, añade el mismo San León, nos hacen fuertes contra el pecado; triunfan sobre las concupiscencias, rechazan las tentaciones, calman el orgullo, templan la ira, y alimentan todos los afectos de la buena voluntad para hacernos practicar perfectamente todas las virtudes".

"El ayuno, dice San Atanasio, eleva al hombre hasta el trono de Dios" (Tract. de Virgin.)

"Judith ayunaba todos los días de su vida menos el día del sábado", dice la Escritura (Judith 8, 6).
"Holofernes y sus soldados, amigos de beber mucho, se embriagaban, dice San Ambrosio; pero había una mujer, Judith, que no bebía, ayunaba todos los días, menos los festivos. Armada con el ayuno, se adelanta y destruye todo el ejército de los Asirios. Por medio de la energía de una resolución formada en la abstinencia, corta la cabeza a Holofernes, salva su pudor y alcanza la victoria. Fortificada con el ayuno, se introduce en el campo extranjero; Holofernes queda sumergido en el vino, y no siente el golpe mortal. Así el ayuno de una sola mujer anonada el numeroso ejército de los Asirios y salva el pueblo de Dios". (Serm. de Orat. et Jejun.)

"Por causa del odio y de la crueldad de Aman, el rey Asuero ordenó el exterminio de los judíos que estaban cautivos. Al momento, dice la Escritura, la reina Esther, asustada del inminente peligro, acude al Señor. Dejando todos sus adornos de reina, se pone vestidos de luto; en vez de usar perfumes, cubre su cabeza con cenizas y polvo, castiga su cuerpo con ayunos, y manda decir a Mardoqueo: Id, reunid a todos los judíos que encontréis en Lusan, y rogad por mí: no comáis ni bebáis nada durante tres días y tres noches: yo ayunaré también con mis criadas; y entonces, a pesar de la ley que lo prohíbe, entraré sin ser llamada a las habitaciones del rey, y me expondré al peligro y a la muerte para salvar a mi pueblo". (Esther 4, 16)

"Esther, dice San Ambrosio, se volvió más hermosa con el ayuno; porque el Señor aumentaba su gracia en aquella alma sobria" (Lib. de Elia et jejun.). "Asi es que desde el momento en que se presentó al rey, dice la Escritura, Dios cambió el corazón de Asuero, el cual se lanzó en sus brazos. ¿Qué tenéis, Esther? le dijo: soy vuestro hermano, nada temáis, no moriréis." (Esther 15, 11-13). De este modo Esther, con su ayuno y su oración, se conquistó un nombre inmortal, alcanzando libertad para su pueblo, un patíbulo para el cruel Aman, justicia para Asuero y gloria para Dios.

"La que ayunó tres días, dice San Ambrosio, gustó al rey y obtuvo lo que pedia, la salvación de su pueblo. Y entre tanto Aman, sentado en un regio festín, en medio de su intemperancia pagó la pena que su embriaguez merecía. El ayuno es pues el sacrificio de la reconciliación y el aumento de las virtudes" (Lib. de Eliaet Jejun.). "Esther con su ayuno, dice Clemente de Alejandría, es más fuerte que todos sus enemigos; desgarra el decreto tiránico que hacía perecer a su pueblo, y calma al tirano; reprime a Aman y hace triunfar a los suyos". (Lib. VI Strom.)

"Judas Macabeo y sus soldados obtienen con sus ayunos los socorros del cielo, y numerosas victorias sobre sus poderosos y temibles enemigos". (Lib. Machab.)

"El Ayuno, dice San Ambrosio, es el dueño de la continencia, la disciplina de la pureza, la humildad del espíritu, la flagelación de la carne corrompida, la expresión de la sobriedad, la regla de la virtud, la purificación del alma, la mano de la misericordia, el principio de la dulzura, el atractivo de la caridad, la gracia de la vejez, el custodio de la juventud. El ayuno es el alivio de las enfermedades, el alimento de la salvación, el viático del buen camino, el tesoro de toda la vida". (De Elia et Jejun).

Los Ninivitas son condenados por la justicia de Dios a ser destruidos; se dedican a un riguroso y universal ayuno, y al momento Dios les perdona.

Los Apóstoles ayunan y oran; el Espíritu Santo baja sobre ellos, los llena de sus dones y los convierte en hombres heróicos

San Ambrosio atribuye todos los milagros de Elías a sus ayunos. "Con sus ayunos, dice, Elías cierra el cielo al criminal pueblo judaico; con su ayuno resucita al hijo de la viuda; su ayuno detiene las inundaciones; su ayuno hace bajar el fuego del cielo; su ayuno le hace subir al cielo en un carro de fuego; con su ayuno de cuarenta días consigue conversar con Dios y hallarse en su presencia. Cuanto más ayuna, más poderoso es; detiene también las aguas del Jordán con su ayuno". (De Elia et Jejun.)

El ayuno es la salud del cuerpo, del alma, de la memoria y de la inteligencia. El ayuno prolonga la vida, nos libra de mil enfermedades precoces y crueles ¿Cuál es siempre el primer mandato de un médico? ¿Cuál es su primero y principal remedio? La dieta, que es un ayuno y una abstinencia absolutos


FALSOS PRETEXTOS QUE SE ALEGAN PARA NO AYUNAR

Alegamos mil razones falsas para librarnos de la ley del ayuno: la edad, la debilidad de estómago, las ocupaciones, la rigidez de la ley, etc.

Los pecadores no pueden ayunar, es decir, no tienen fuerza para salvarse, y la tienen para condenarse; pero es más costoso ir al
infierno que ir al cielo. El mundo tiene tormentos, sacrificios,
privaciones, exigencias, órdenes mil veces más penosas que el Evangelio.

¿Y no ha de haber ninguna energía para el bien, habiendo tanta fuerza para el mal? Los que se creen demasiado débiles para ayunar y hacer abstinencia, saben perfectamente imponerse privaciones cuando se trata aunque no sea más que de ganar una corta cantidad de dinero; y cuando se les asegura que obtendrán la gracia, el cielo y la gloria eterna con algunos días de ayuno, son demasiado débiles!

¡Ah! no es la debilidad del temperamento la verdadera causa de la violación de una ley tan santa y tan ventajosa; las verdaderas causas de este desorden, son la pérdida de la fe, la indiferencia, la gula y la impiedad.

Quiero que vuestra salud sea débil; pero ¿no tenéis la culpa de haber perdido vuestra salud? ¿No la destruis con la avaricia, la lujuria, la vanidad, la gula, la embriaguez, la cólera, los juegos y otros excesos? Muchas veces la salud sólo está alterada por el desorden de las pasiones. ¡Oh! ¡cuántos hay que abusan de esta salud, don tan precioso de Dios!


HAY VARIAS ESPECIES DE AYUNO

Hay el ayuno de la voluntad. Hemos ayunado, dicen algunos, y ¿por qué no ha tenido en cuenta nuestros ayunos? Porque, dice Isaías, "seguís vuestros caprichos y voluntades en los días de ayuno" (Isaías 58, 3). "¿Acaso el ayuno que yo estimo, dice el Señor por medio de Isaías, no es más bien el que tú deshagas los injustos contratos, que canceles las obligaciones usurarias que oprimen, que dejes en libertad a los que han quebrado, y quites todo gravamen?" (Is. 58, 6). "¡Que partas tu pan con el hambriento, y que a los pobres y a los que no tienen hogar los acojas en la casa, y vistas, al que veas desnudo, y no desprecies tu propia carne" (Is. 58, 7). "Si esto haces, amanecerá tu luz, como la aurora, y llegará presto tu curación; y delante de ti, irá siempre tu justicia, y la gloria del Señor le acogerá en su seno. (Is. 58, 8). "Entonces invocarás al Señor, y Él te oirá benigno: clamarás, y Él te dirá: Aquí estoy". (Is. 58, 9)

Notad aquí que el Señor enseña y explica cuál debe ser el ayuno de los cristianos durante la cuaresma y los demás días de ayuno. Es preciso:

1.º "que el alma se abstenga de los vicios, así como el cuerpo se abstiene del alimento", dice San Jerónimo (Ad Celant.). "Porque el objeto del ayuno es humillar el cuerpo y sujetarlo al alma, sujetar el alma a la razón, la razón a la virtud y al espíritu, y el espíritu a Dios; y si no os encamináis a este fin, en vano emplearéis el remedio de los ayunos, de la misma manera que el enfermo toma inútilmente el remedio, si no se abstiene de lo que puede dañarle", dice San Crisóstomo (In Gen. I, homil. VIII)
"El mérito de nuestros ayunos, dice S. León, no estriba solamente en la abstinencia de los alimentos; de nada sirve quitar al cuerpo su nutrición, si el alma no se aparta de la iniquidad, y si la Iengua no deja de hablar mal". (Serm. IV. in Quadrag.)
"Si sólo la boca ha pecado, dice, San Bernardo, que ayune ella tan sólo, y basta; pero si todo peca en nosotros, ¿ por qué todo no ha de ayunar? Que ayune pues la vista y se prive de las miradas y de toda curiosidad vana; que ayune el oído, y no se abra ni a las fábulas, ni a los rumores; que ayune la lengua y se prive de la maledicencia y de la murmuración; que ayunen las manos huyendo de la pereza; y sobre todo que ayune el alma, alejándose de los pecados y de su propia voluntad. Porque sin semejante ayuno, Dios rechaza los demás". (Serm III. de Jejun. Quadrag.)
Es pues preciso hacer que el ayuno del cuerpo sea meritorio por medio del ayuno del alma, y del corazón y la abstinencia de los pecados. Este es el ayuno que prescribe el profeta Joel: "Santificad vuestro ayuno" (Joel 1, 25). "Porque, como explica San Gregorio, santificar el ayuno es dedicarse a oír las buenas obras, ofreciendo a Dios la abstinencia de la carne. Cese la ira, cálmense las querellas; porque, en vano se mortifica el cuerpo, si no se pone un freno a las malas inclinaciones". (Homil. XVI in Evang.)
San Jerónimo nos dice: "¿De qué sirve debilitar el cuerpo con el ayuno, si el espíritu se subleva de orgullo? ¿Qué alabanzas puede merecernos la palidez que imprime el ayuno, si estamos llenos y manchados de envidia? ¿Qué virtud hay en no beber vino, y en embriagarse de ira y de odio?" (Ad Celant).

2.° "Partid vuestro pan con el que tiene hambre" (Is. 58. 7) Esta es la segunda condición que Dios exige en el ayuno para que lo acepte. "El ayuno, dice San Gregorio, debe ir acompañado de piedad y de limosna; es preciso dar al pobre lo que quitamos al estómago: Es preciso dar pan a los pobres, hospitalidad al extranjero, y vestidos al desnudo". (Homil XVI. in Evang.)
"Aquello de que os priváis, dice el mismo Doctor, es menester darlo a otro, a fin de que el medio que empleáis para castigar vuestra carne, sirva para reparar las fuerzas de vuestro prójimo" (Homil. XVI. in Evang.)
Santificad vuestro ayuno. "Que vuestro ayuno tenga alas para penetrar hasta el cielo, dice San Bernardo: el ala de la oración y el ala de la justicia. Santifiquen el ayuno, para que la intención pura y la oración ferviente lo ofrezcan a la Majestad divina" (Serm. IV de Jejun. Quadrag.)

martes, 29 de noviembre de 2011

El Vicio del Cigarrillo



El Vicio del Cigarrillo

¿Un aperitivo? ¿Cuál es ese aperitivo del cual no puedes desprenderte un sólo día?


¿Un estimulante? ¿Qué estímulo puede dar aquello que agobia, enferma y mata el organismo?


¿Un porte? ¿Se imaginan a Cristo o algún santo prendiendo un pucho con la colilla anterior que se consume?


Evidentemente, el vicio del cigarrillo (como cualquier otro vicio) es un terrible pecado, que atenta contra el templo del Espíritu Santo; y el cigarrillo en sí, sabido es de sus sustancias adictivas y mortíferas. Cada residuo que deja un solo cigarrillo, tarde siete horas en eliminarse del cuerpo. Es por eso que no se juzgue a la ligera a quien se ve fumar, porque tal vez la pureza de quien fuma uno o dos por día, no haga impuro su "solaz" echar humo. Siempre y cuando, tampoco perjudique a su prójimo. No obstante, hay muy pocas probabilidades de que el cigarrillo, y el ambiente que el mismo implica, no arraste a vicios y pecados graves. Y cuando el cigarrillo se vuelve un vicio; se convierte en una "borrachera" del tabaco, una "glotonería" mortal.


Job 12, 25: "Andan a tientas en tinieblas, sin luz, Y los hace tambalearse como borrachos".


Proverbios 23, 21: "Porque el borracho y el glotón se empobrecerán, y la somnolencia se vestirá de harapos".


Gálatas 5, 21: "Envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios".


San Agustín: "Cada vicio trae consigo una pena que le es propia (...). Todo espíritu desarreglado es el castigo de sí mismo".


San Jerónimo: "No confiar en nuestras fuerzas. Muchas personas eminentes en virtud, han caído en el abominable vicio, y han perdido la más hermosa de las virtudes por su seguridad".


¿Qué se necesita para dejar el vicio del cigarrillo? Querer dejarlo. Luego, Dios hará el resto:


San Ambrosio: "Un hombre estaba sumergido en el fango hasta el cuello, y viendo pasar a un viajero, extendió sus manos y exclamó: "¡Tened lástima de mí, y sacadme de este fango!". El viajero le alargó la mano; pero el que estaba en la cloaca, en vez de querer salir, sumergió en el cieno el brazo que se prestaba a auxiliarle, tratando de atraerle al cenagoso abismo donde se hallaba. Aquel hombre, trocando su caridad en furor, le dijo: Miserable hipócrita, ¿por qué me pides auxilio, si quieres quedarte en el fango, y aún tratas de sumergirme en él? Puesto que quieres tu corrupción y tu muerte, tenla solo, y guarda lo que has elegido. Así obran los que ruegan a Dios que les saque de la impura cloaca de los vicios y abrazan constantemente el vicio, del que se obstinan en no querer salir". (In c. IV. Apoc.).


"Ya que quieres reventar con tantos cigarrillos, al menos aleja tu vicio de mi cara" podría decir alguien que cuide la salud de su cuerpo; pero sabe bien todo buen cristiano; que urge en todo, y en primer lugar, la salud del alma a la del cuerpo. He de allí que si ofendemos, contristamos y alejamos al Dios que vive en nosotros, de nada servirá librarnos del humo de los pulmones. Mas ese humo, sometiendo al adicto, es ofrenda a dioses falsos y muerte eterna para el pecador.





viernes, 18 de noviembre de 2011

La Importancia de la Limosna



La Importancia de la Limosna


(Traducciones y Comentarios Bíblicos de Monseñor Straubinger)

Tobías 4, 7-12: "Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Usa de misericordia con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aun lo poco; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte, y no dejará caer el alma en las tinieblas. La limosna será motivo de gran confianza delante del altísimo Dios para todos los que la hacen."

(Dios nos está mirando siempre con infinito amor. El que esto sabe, no querrá perder esa mirada por no mirar con bondad al pobre. El que da al pobre se parece al agricultor que no pierde al dejar caer la semilla en los surcos. Por eso dice San Ambrosio: "Sed agricultores espirituales; sembrad lo que puede seros útil. Es sembrar bien poner la limosna en manos de las viudas. Si la tierra os da más de lo que le confiáis, ¡cuánto más os devolverá la caridad! Todo lo que dais al pobre, redunda en vuestro provecho; sembráis en la tierra, y esta simiente germina en el cielo." Recordemos siempre el Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzará misericordia" (Mt. 5, 7).)

Tobías 12, 8-9: "Buena es la oración con el ayuno, y mejor la limosna que acumular tesoros de oro; porque la limosna libra de la muerte, y es ella que borra pecados y hace hallar misericordia y vida eterna".

(Por limosna ha de entenderse aquí todas las obras de misericordia. "Así como el fuego del infierno, dice San Cipriano, se apaga con el agua saludable del bautismo, así la llama del pecado se apaga con la limosna y las obras buenas". "Las limosnas, dice San Leon Magno, borran los pecados, y preservan de la muerte y del infierno".).

Tobías 14, 11: "Encomendad a vuestros hijos que practiquen la justicia y den limosnas; que tengan presente a Dios y le bendigan en todo tiempo sinceramente y con todo esfuerzo".

Eclesiástico 3, 33-34: "El agua apaga el fuego ardiente, y la limosna resiste a los pecados. Dios es el proveedor del que hace bien, se acuerda de él para lo venidero, y al tiempo de su caída hallará apoyo".

("Dios sostendrá al que hace limosna para que no caiga o le levantará de su caída" (San Juan Crisóstomo)
"Todos somos mendigos de Dios; pero para que Dios reconozca a los suyos, reconozcamos a los nuestros. ¿Con qué cara os atreveréis a pedir a Dios, si no queréis socorrer a vuestro semejante" (San Agustín). "Sin misericordia para los pobres es imposible conseguir misericordia" (San Cipriano).

Eclasiástico 4, 1: "Hijo, no defraudes al pobre de su limosna; ni apartes tus ojos del necesitado"

("No defraudes al pobre de su limosna"; en griego: "de su sustento". De aquí se ve que el pobre no ha de ser considerado como un hombre molesto, sino que tiene para ser socorrido un verdadero derecho. "Por esto cometemos una especie de robo si le negamos lo que para ellos es necesario y a nosotros nos sobra. Los Padres de la Iglesia jamás han dado otra explicación a este texto" (Vigourux, Polyglotte). Esto no es sólo consecuencia del derecho a la vida en el orden natural, sino que también es correlativo del mandamiento del amor, síntesis de toda Ley divina (Mt. 22, 36-40; Rom. 13, 8-10). Por "pobres" ha de entenderse todos los que no tienen lo necesario para sí y para su familia. La Sagrada Escritura no cesa de recomendar la limosna y la misericordia con el pobre).

Eclesiástico 4, 2-7: "No desprecies al que padece hambre; ni exasperes al pobre en su necesidad.
No aflijas el corazón del desvalido ni dilates el socorro al que se halla angustiado.
No deseches el ruego del atribulado, ni apartes tu rostro del menesteroso.
No apartes tus ojos del mendigo, irritándole; ni des ocasión a los que te piden, de que te maldigan por detrás.
Porque escuchada será la imprecación del que te maldijere en la amargura de su alma; y oírle ha su Creador.
Muéstrate afable a la turba de los pobres; humilla tu corazón ante el anciano, y baja tu cabeza delante de los grandes".

Eclesiástico 7, 10: "No descuides el hacer oración, y dar limosna".

Eclesiástico 12, 3: "No lo pasará bien el que de continuo hace mal, y no da limosnas; porque el Altísimo aborrece a los pecadores; y usa de misericordia con los que se arrepienten".

Eclasiástico 17, 18: "La limosna del hombre la guarda (Dios) como un sello, y tendrá cuidado de las buenas obras del hombre como de las niñas de sus ojos".

(No se puede hacer de la limosna un elogio más alto. Jesús lo ratificará en Mt. 25, 40 (...). "La limosna es la amiga de Dios, siempre está en su presencia", dice San Crisóstomo.)


Eclasiástico 29, 11-18: "Sé tú de alma más generosa con el humilde, y no le hagas esperar por la limosna. En cumplimiento del mandamiento socorre el pobre y en su necesidad no lo despidas con las manos vacías. Pierde el dinero por amor de tu hermano y de tu amigo, y no lo escondas sin provecho debajo de una losa. Emplea tu tesoro según los preceptos del Altísimo, y te rendirá más que el oro. Encierra la limosna en el seno del pobre, y ella rogará por ti para librarte de todo mal. Peleará contra tu enemigo mejor que el escudo y la lanza de un campeón".

("Encierra tu limosna en el seno del pobre"; es decir, en vez de oro y plata, pon en tu caja las bendiciones que te dan los pobres. Es una dicha poder dar. Para San Crisóstomo la gracia de la limosna es igual a la gracia de los milagros, de la curación de los enfermos, de la resurrección de los muertos, de la expulsión de los demonios, y añade: "No sólo ha ordenado Dios la limosna para auxilio de los indigentes, sino también para aumentar los bienes de los que dan".)

Deuteronomio 14, 7-11: "Cuando hubiere en medio de ti un pobre de entre tus hermanos, en una de tus ciudades, en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará, no endurezcas tu corazón, ni cierres tu mano contra tu hermano pobre; sino ábrele tu mano y préstale lo suficiente para satisfacer la necesidad que le oprime. Ten cuidado, no sea que se levante en tu corazón el perverso pensamiento: "Se va acercando el año séptimo, el año de la remisión"; y tu ojo sea malo para con tu hermano indigente, de modo que no le des nada; pues si él clama contra ti a Yahvé, tú te acarreas pecado. Dale sin falta, y al darle no debe dolerte el corazón; porque a raíz de esto te bendecirá Yahvé, tu Dios, en todas tus obras y en todo aquello que emprendas. Porque nunca dejará de haber pobres en el país, por lo cual yo te mando diciendo: Abre tu mano a tu hermano, es decir, a tu pobre y a tu necesitado en tu tierra".

(Trasciende aquí la economía divina que permite que siempre haya pobres, para que no nos falte la ocasión de abrir la mano y cumplir el gran mandamiento del amor al prójimo. También Jesús afirma que siempre habrá pobres (Mt. 26, 11); y para estimularnos en socorrerles se identifica Él mismo con ellos (Mt. 25, 34 s.))

Isaías 58, 10
: "Cuando abras tus entrañas al hambriento, y sacies el alma afligida, nacerá tu luz en medio de las tinieblas, y tu obscuridad será como el mediodía"


("Nacerá tu luz en medio de las tinieblas": "Son muchos los que buscan la luz y que creen poder encontrarla haciendo estudios, escudriñando obras filosóficas, penetrando en las profundidades de la ciencia. Lo hacen porque confunden conceptos, y suponen que es necesaria una inteligencia desarrollada para recibir la luz, tomándola como privilegio de los intelectuales. Se olvidan que la luz es un don gratuito que Dios da gratuitamente a los pequeños" Cf. Lc. 10, 21 y nota.)

Daniel 4, 24: "Por eso, oh rey, séate grato mi consejo, redime tus pecados con obras de justicia, y tus iniquidades con obras de misericordia para con los pobres. Tal vez así se prolongará tu prosperidad".

("Con obras de misericordia": Como vemos, desde el Antiguo Testamento, la Biblia no se cansa de destacar la importancia de la limosna para recibir el perdón de los pecados (...). Lo mismo hacen, claro está, los Santos Padres. San Cipriano y San Ambrosio comparan su eficacia a la del Bautismo y dicen que, así como el fuego del infierno se apaga con las aguas saludables del sacramento, la llama del pecado se apaga con la limosna y las buenas obras. San León dice: "Las limosnas borran los pecados y preservan de la muerte y del infierno.")

Zacarías 7, 9: "Yahvé de los ejércitos habló de esta manera: "Juzgad según la verdad y practicad la misericordia y la piedad cada uno para con su hermano".

Mateo 5, 7: "Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia".

Mateo 5, 42: "Da a quien te pide, y no vuelvas la espalda a quien quiera tomar prestado de ti."

("Da a quien te pide": "No digáis, observa un maestro de vida espiritual: gasto mis bienes. Estos bienes no son vuestros, son bienes de los pobres, o más bien, son bienes comunes, como el sol, el aire y todas las cosas".)

Mateo 6, 1-4: "Cuidad de no practicar vuestra justicia a la vista de los hombres con el objeto de ser mirado por ellos; de otra manera no tendréis recompenza de vuestro Padre celestial. Cuando, pues, haces limosna, no toques la bocina delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga. Tú, al contrario, cuando haces limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. Para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará".

Lucas 11, 41: "Por eso, dad de limosna el contenido, y todo para vosotros quedará puro".

("El contenido": Esto es, como observa Pirot, lo que está dentro de las copas y platos. Es una de las grandes luces que da Jesús sobre el valor de la limosna, concordando con Lucas 16, 9)

Lucas 16, 9: "Por lo cual Yo os digo, granjeaos amigos por medio de la inicua riqueza para que, cuando ella falte, os reciban en las moradas eternas".

Lucas 12, 33: "Vended aquello que poseéis y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejecen, un tesoro inagotable en los cielos, donde el ladrón no llega, y donde la polilla no destruye".

("Vended aquello que poseéis": No se trata aquí de la pobreza total, como en el caso del joven rico (Lc. 18, 22). Ello no obstante, vemos que Jesús está hablando a la pequeña grey de sus predilectos que han de compartir su reino (Lc. 22, 28-30). No es de extrañar, pues, que, sin perjuicio de mantener la situación en que la providencia del Padre ha colocado a cada uno y a su familia, les aconseje desprenderse de lo que pueda ser un tropiezo para la vida espiritual, para no poseer con ahinco ningún bien en que hayamos puesto el corazón (v. 34) y que sea entonces como un pequeño ídolo, rival de Dios.)

Hechos de los Apóstoles 20, 35: "En todo os di ejemplo de cómo es menester, trabajando así, sostener a los débiles, acordándose de las palabras del señor Jesús, que dijo Él mismo: "Más dichoso es dar que recibir".

(La preciosa sentencia de Jesús que aquí nos comunica San Pablo no está en el Evangelio, si bien recuerda lo que el divino Maestro dijo a sus apóstoles "Recibisteis gratuitamente, dad gratuitamente. No tengáis ni oro ni plata", etc (Mt. 10, 8 ss.). "Muchas veces parece caridad lo que es carnalidad. Porque la inclinación de la carne, la propia voluntad, la esperanza de galardón, la afección del provecho pocas veces nos dejan" (Imitación de Cristo III, 5; Kempis).)

Romanos 12, 8: "El que da, hágalo con liberalidad; el qu preside, con solicitud; el que usa de misericordia, con alegría".

(Sobre la alegría en las obras de misericordia, véase II Cor. 9, 7; Fil. 14; Heb. 13, 7. "La verdadera limosna consiste en dar de modo que sintamos alegría en aquel acto y nos consideremos más bien beneficiados que protectores; porque menos favor hacemos a los pobres que a nosotros mismos, si se tiene presente que recibimos más de lo que damos" (San Crisóstomo). Véase las palabras de Jesús en hech. 20, 35.)

sábado, 8 de agosto de 2009

San Ambrosio


SAN AMBROSIO, Arzobispo de Milán, 7 de Diciembre

El valor y la constancia para resistir el mal forman parte de las virtudes esenciales de un Obispo, tan ausentes en la mayoría de los Obispos actuales, que cobardemente pactan con el mundo sin importarles que el lobo se coma a sus ovejas.

En ese sentido, San Ambrosio fue uno de los más grandes pastores de la Iglesia de Dios. Se le consideró tradicionalmente como uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia de occidente y siempre se le ha considerado como un modelo para todos los Obispos.

Nacido hacia el 340, hijo de Ambrosio, prefecto de la Galia, que murió cuando su hijo era todavía joven, y su esposa volvió con la familia a Roma. La madre de San Ambrosio dio a sus hijos una educación esmerada, y puede decirse que el futuro Santo debió mucho a su madre y a su hermana Santa Marcelina.

El joven aprendió el griego, llegó a ser buen poeta y orador y se dedicó a la abogacía. En el ejercicio de su carrera llamó la atención de Anicio Probo y de Símaco . Este último, que era prefecto de Roma, se mantenía en el paganismo. Probo era prefecto pretorial de Italia. Ambrosio defendió ante este último varias causas con tanto éxito, que Probo le nombró asesor suyo.

Más tarde, el emperador Valentiniano nombró al joven abogado gobernador con residencia en Milán (norte de Italia). Cuando Ambrosio se separó de su protector Probo, éste le recomendó: "Gobierna más bien como obispo que como juez". El oficio que se había confiado a Ambrosio era uno de los puestos de mayor importancia y responsabilidad en el Imperio Romano.

El obispo Auxencio, un hereje arriano que había gobernado la diócesis de Milán durante casi veinte años, murió el año 374. La ciudad se dividió en dos partidos, ya que unos querían a un obispo fiel a la fe católica y otros eran progresistas que deseaban a un arriano .

Para evitar en cuanto fuese posible que la división degenerase en pleito, San Ambrosio acudió a la iglesia en la que iba a llevarse a cabo la elección, y exhortó al pueblo a proceder a ella pacíficamente y sin tumulto.

Mientras el santo hablaba, alguien gritó: "¡Ambrosio Obispo!" Todos los presentes repitieron unánimemente ese grito , y católicos y arrianos eligieron al Santo para el cargo. Ambrosio quedó desconcertado tanto más cuanto que, aunque era cristiano, no estaba todavía bautizado. Pero los obispos presentes ratificaron su nombramiento por aclamación.
Ambrosio alegó irónicamente que "la emoción había pesado más que el derecho canónico" y trató de huir de Milán.

El emperador recibió un informe sobre lo sucedido. Por su parte, Ambrosio también le escribió, rogándole que le permitiese renunciar. Valentiniano respondió que se sentía muy complacido por haber sabido elegir a un gobernador que era digno de ser Obispo, y mandó al Vicario de la provincia que tomase las medidas necesarias para consagrar a Ambrosio. Este trató de escapar una vez más y se escondió en casa del senador Leoncio. Pero, cuando Leoncio se enteró de la decisión del emperador, entregó al Santo, y éste no tuvo más remedio que aceptar.
Así pues, recibió el bautismo y, una semana más tarde, el 7 de diciembre de 374, se le confirió la consagración episcopal. Tenía entonces unos treinta y cinco años.

Con el tiempo, su carácter fue mostrando que no se trataba de ningún cobarde, sino que sólo había pretendido renunciar a ese cargo por su innata humildad.

A lo largo de su santa vida, San Ambrosio nunca dudó en luchar ardorosamente contra los judíos, definiendo la Sinagoga como:

"...una casa de impiedad, un receptáculo de maldades, que Dios mismo había condenado...".

Fue San Ambrosio el preceptor ni más ni menos que del mismísimo San Agustín, uno de los innegables pilares filosóficos de la Tradición Católica y autor del conocido " Tratado Contra los Judíos".

Poco después de su ordenación, San Ambrosio había escrito al emperador Valentiniano quejándose con amargura de los abusos de ciertos magistrados imperiales, que defendían a los judíos y mantenían pactos con ellos, especialmente los paganos.


El emperador le respondió: "Desde hace tiempo estoy acostumbrado a tu libertad de palabra y no por ello dejé de aceptar tu elección. No dejes de seguir aplicando a nuestras faltas los remedios que la ley divina prescribe".

San Basilio, otro gran Padre de la Iglesia, escribió a Ambrosio para felicitarle, o más bien dicho para felicitar a la Iglesia por su elección para exhortarle a combatir vigorosamente a los judíos .

San Ambrosio, que se creía muy ignorante en las cuestiones teológicas, se entregó al estudio de la Sagrada Escritura y de las obras de los autores eclesiásticos, particularmente de Orígenes y San Basilio. En sus estudios le dirigió San Simpliciano, un sabio sacerdote romano, a quien amaba como amigo, honraba como padre y reverenciaba como maestro.

San Ambrosio combatió con tanto éxito el judaísmo y la herejía arriana que los erradicó casi por completo de Milán. El santo vivía con gran sencillez y trabajaba infatigablemente. Sólo cenaba los domingos, los días de la fiesta de algunos mártires famosos y los sábados. En efecto, en Milán no se ayunaba nunca en sábado; pero cuando Ambrosio estaba en Roma, ayunaba también los sábados. El santo no asistía jamás a los banquetes y recibía en su casa con suma frugalidad. Todos los días celebraba la Santa Misa por su pueblo y vivía consagrado enteramente al servicio de su grey.

Cuando las masas cristianas, debido a las pérfidas acciones de los hebreos, no pudieron reprimir su ira y quemaron una sinagoga, San Ambrosio no sólo les dio todo su respaldo, sino que señaló:
"Yo declaro que prendí fuego a la sinagoga o que cuando menos yo ordené a esas personas que lo hicieran... Y si se me objeta que yo no prendí personalmente fuego a la sinagoga, yo contesto, que empezó a ser quemada por juicio de Dios".

Y no debemos olvidar que San Ambrosio de Milán está reconocido en la Santa Iglesia como modelo de Obispo, digno de imitar y como uno de los ejemplos más preclaros de la caridad cristiana . Esto demuestra que la caridad no debe utilizarse para proteger a las fuerzas del mal.

Las masas, hartas ya de los engaños y perfidias de los judíos , tuvieron muchos incidentes, llegando a salir a la calle a la caza del judío; el emperador reaccionó violentamente en defensa del pueblo judío. Pronto San Ambrosio salió en defensa del Pueblo Romano y excomulgó al emperador Teodosio, declarándolo condenado al infierno y prohibiéndole pisar cualquier Iglesia mientras no pidiese perdón y eliminase esas leyes que defendían a los judíos (hijos del Diablo).

Finalmente, el emperador acabó cediendo, pidiendo perdón humillado de rodillas ante nuestro gran obispo San Ambrosio, quien le perdonó, lo abrazó cristianamente con amor y le dio la absolución.
En conmemoración de aquello, San Ambrosio compuso el "Te Deum ", hermoso himno que todavía hoy subsiste y se canta, por el triunfo del Poder Divino sobre las Fuerzas Mundanas . San Ambrosio compuso además de éste, en diversas ocasiones, otros muchos himnos dotados de gran belleza y de un enorme valor artístico.

Un día, mientras San Ambrosio dictaba, Paulino, que era su secretario y fue más tarde su biógrafo, vio una llama en forma de escudo posarse sobre su cabeza y descender gradualmente hasta su boca, en tanto que su rostro se ponía blanco como la nieve .

A este propósito escribió Paulino: "Estaba yo tan asustado, que permanecí inmóvil, sin poder escribir. Y a partir de ese día, dejó de escribir y de dictarme, de suerte que no terminó la explicación del salmo".

En efecto, el escrito sobre el salmo se interrumpe en el versículo veinticuatro. Después de ordenar al nuevo Obispo de Pavía, San Ambrosio tuvo que guardar cama.

Cuando el conde Estilicón, tutor de Honorio, se enteró de la noticia, dijo públicamente: "El día en que ese hombre muera, la ruina se cernirá sobre Italia". Inmediatamente, el conde envió al Santo unos mensajeros para pedirle que rogara a Dios que le alargase la vida .

El Santo repuso: "He vivido de suerte que no me avergonzaría de vivir más tiempo. Pero tampoco tengo miedo de morir, pues mi Amo es bueno". El día de su muerte, Ambrosio estuvo varias horas acostado con los brazos en cruz, orando constantemente.

San Honorato de Vercelli, que se hallaba descansando en otra habitación, oyó una voz que le decía tres veces: "¡Levántate pronto, que se muere!".

Inmediatamente bajó y dio el viático a San Ambrosio, quien murió a los pocos momentos. Era el Viernes Santo, 4 de abril de 397. El santo tenía aproximadamente cincuenta y siete años. Fue sepultado el día de Pascua.
Sus reliquias reposan bajo el altar mayor de su basílica, a donde fueron trasladadas el año 835. Su fiesta se celebra el día del aniversario de su consagración episcopal, tanto en oriente como en occidente. Su nombre figura en el canon de la misa del rito de Milán.


ORACIÓN

San Ambrosio: que así como tu palacio de Arzobispo estaba siempre abierto para que entraran todos los necesitados de ayudas materiales o espirituales, que así también cada uno de nosotros estemos siempre disponibles para hacer todo el mayor bien posible a los demás. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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Autor: G. Pérez

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