sábado, 8 de agosto de 2009

San Ambrosio


SAN AMBROSIO, Arzobispo de Milán, 7 de Diciembre

El valor y la constancia para resistir el mal forman parte de las virtudes esenciales de un Obispo, tan ausentes en la mayoría de los Obispos actuales, que cobardemente pactan con el mundo sin importarles que el lobo se coma a sus ovejas.

En ese sentido, San Ambrosio fue uno de los más grandes pastores de la Iglesia de Dios. Se le consideró tradicionalmente como uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia de occidente y siempre se le ha considerado como un modelo para todos los Obispos.

Nacido hacia el 340, hijo de Ambrosio, prefecto de la Galia, que murió cuando su hijo era todavía joven, y su esposa volvió con la familia a Roma. La madre de San Ambrosio dio a sus hijos una educación esmerada, y puede decirse que el futuro Santo debió mucho a su madre y a su hermana Santa Marcelina.

El joven aprendió el griego, llegó a ser buen poeta y orador y se dedicó a la abogacía. En el ejercicio de su carrera llamó la atención de Anicio Probo y de Símaco . Este último, que era prefecto de Roma, se mantenía en el paganismo. Probo era prefecto pretorial de Italia. Ambrosio defendió ante este último varias causas con tanto éxito, que Probo le nombró asesor suyo.

Más tarde, el emperador Valentiniano nombró al joven abogado gobernador con residencia en Milán (norte de Italia). Cuando Ambrosio se separó de su protector Probo, éste le recomendó: "Gobierna más bien como obispo que como juez". El oficio que se había confiado a Ambrosio era uno de los puestos de mayor importancia y responsabilidad en el Imperio Romano.

El obispo Auxencio, un hereje arriano que había gobernado la diócesis de Milán durante casi veinte años, murió el año 374. La ciudad se dividió en dos partidos, ya que unos querían a un obispo fiel a la fe católica y otros eran progresistas que deseaban a un arriano .

Para evitar en cuanto fuese posible que la división degenerase en pleito, San Ambrosio acudió a la iglesia en la que iba a llevarse a cabo la elección, y exhortó al pueblo a proceder a ella pacíficamente y sin tumulto.

Mientras el santo hablaba, alguien gritó: "¡Ambrosio Obispo!" Todos los presentes repitieron unánimemente ese grito , y católicos y arrianos eligieron al Santo para el cargo. Ambrosio quedó desconcertado tanto más cuanto que, aunque era cristiano, no estaba todavía bautizado. Pero los obispos presentes ratificaron su nombramiento por aclamación.
Ambrosio alegó irónicamente que "la emoción había pesado más que el derecho canónico" y trató de huir de Milán.

El emperador recibió un informe sobre lo sucedido. Por su parte, Ambrosio también le escribió, rogándole que le permitiese renunciar. Valentiniano respondió que se sentía muy complacido por haber sabido elegir a un gobernador que era digno de ser Obispo, y mandó al Vicario de la provincia que tomase las medidas necesarias para consagrar a Ambrosio. Este trató de escapar una vez más y se escondió en casa del senador Leoncio. Pero, cuando Leoncio se enteró de la decisión del emperador, entregó al Santo, y éste no tuvo más remedio que aceptar.
Así pues, recibió el bautismo y, una semana más tarde, el 7 de diciembre de 374, se le confirió la consagración episcopal. Tenía entonces unos treinta y cinco años.

Con el tiempo, su carácter fue mostrando que no se trataba de ningún cobarde, sino que sólo había pretendido renunciar a ese cargo por su innata humildad.

A lo largo de su santa vida, San Ambrosio nunca dudó en luchar ardorosamente contra los judíos, definiendo la Sinagoga como:

"...una casa de impiedad, un receptáculo de maldades, que Dios mismo había condenado...".

Fue San Ambrosio el preceptor ni más ni menos que del mismísimo San Agustín, uno de los innegables pilares filosóficos de la Tradición Católica y autor del conocido " Tratado Contra los Judíos".

Poco después de su ordenación, San Ambrosio había escrito al emperador Valentiniano quejándose con amargura de los abusos de ciertos magistrados imperiales, que defendían a los judíos y mantenían pactos con ellos, especialmente los paganos.


El emperador le respondió: "Desde hace tiempo estoy acostumbrado a tu libertad de palabra y no por ello dejé de aceptar tu elección. No dejes de seguir aplicando a nuestras faltas los remedios que la ley divina prescribe".

San Basilio, otro gran Padre de la Iglesia, escribió a Ambrosio para felicitarle, o más bien dicho para felicitar a la Iglesia por su elección para exhortarle a combatir vigorosamente a los judíos .

San Ambrosio, que se creía muy ignorante en las cuestiones teológicas, se entregó al estudio de la Sagrada Escritura y de las obras de los autores eclesiásticos, particularmente de Orígenes y San Basilio. En sus estudios le dirigió San Simpliciano, un sabio sacerdote romano, a quien amaba como amigo, honraba como padre y reverenciaba como maestro.

San Ambrosio combatió con tanto éxito el judaísmo y la herejía arriana que los erradicó casi por completo de Milán. El santo vivía con gran sencillez y trabajaba infatigablemente. Sólo cenaba los domingos, los días de la fiesta de algunos mártires famosos y los sábados. En efecto, en Milán no se ayunaba nunca en sábado; pero cuando Ambrosio estaba en Roma, ayunaba también los sábados. El santo no asistía jamás a los banquetes y recibía en su casa con suma frugalidad. Todos los días celebraba la Santa Misa por su pueblo y vivía consagrado enteramente al servicio de su grey.

Cuando las masas cristianas, debido a las pérfidas acciones de los hebreos, no pudieron reprimir su ira y quemaron una sinagoga, San Ambrosio no sólo les dio todo su respaldo, sino que señaló:
"Yo declaro que prendí fuego a la sinagoga o que cuando menos yo ordené a esas personas que lo hicieran... Y si se me objeta que yo no prendí personalmente fuego a la sinagoga, yo contesto, que empezó a ser quemada por juicio de Dios".

Y no debemos olvidar que San Ambrosio de Milán está reconocido en la Santa Iglesia como modelo de Obispo, digno de imitar y como uno de los ejemplos más preclaros de la caridad cristiana . Esto demuestra que la caridad no debe utilizarse para proteger a las fuerzas del mal.

Las masas, hartas ya de los engaños y perfidias de los judíos , tuvieron muchos incidentes, llegando a salir a la calle a la caza del judío; el emperador reaccionó violentamente en defensa del pueblo judío. Pronto San Ambrosio salió en defensa del Pueblo Romano y excomulgó al emperador Teodosio, declarándolo condenado al infierno y prohibiéndole pisar cualquier Iglesia mientras no pidiese perdón y eliminase esas leyes que defendían a los judíos (hijos del Diablo).

Finalmente, el emperador acabó cediendo, pidiendo perdón humillado de rodillas ante nuestro gran obispo San Ambrosio, quien le perdonó, lo abrazó cristianamente con amor y le dio la absolución.
En conmemoración de aquello, San Ambrosio compuso el "Te Deum ", hermoso himno que todavía hoy subsiste y se canta, por el triunfo del Poder Divino sobre las Fuerzas Mundanas . San Ambrosio compuso además de éste, en diversas ocasiones, otros muchos himnos dotados de gran belleza y de un enorme valor artístico.

Un día, mientras San Ambrosio dictaba, Paulino, que era su secretario y fue más tarde su biógrafo, vio una llama en forma de escudo posarse sobre su cabeza y descender gradualmente hasta su boca, en tanto que su rostro se ponía blanco como la nieve .

A este propósito escribió Paulino: "Estaba yo tan asustado, que permanecí inmóvil, sin poder escribir. Y a partir de ese día, dejó de escribir y de dictarme, de suerte que no terminó la explicación del salmo".

En efecto, el escrito sobre el salmo se interrumpe en el versículo veinticuatro. Después de ordenar al nuevo Obispo de Pavía, San Ambrosio tuvo que guardar cama.

Cuando el conde Estilicón, tutor de Honorio, se enteró de la noticia, dijo públicamente: "El día en que ese hombre muera, la ruina se cernirá sobre Italia". Inmediatamente, el conde envió al Santo unos mensajeros para pedirle que rogara a Dios que le alargase la vida .

El Santo repuso: "He vivido de suerte que no me avergonzaría de vivir más tiempo. Pero tampoco tengo miedo de morir, pues mi Amo es bueno". El día de su muerte, Ambrosio estuvo varias horas acostado con los brazos en cruz, orando constantemente.

San Honorato de Vercelli, que se hallaba descansando en otra habitación, oyó una voz que le decía tres veces: "¡Levántate pronto, que se muere!".

Inmediatamente bajó y dio el viático a San Ambrosio, quien murió a los pocos momentos. Era el Viernes Santo, 4 de abril de 397. El santo tenía aproximadamente cincuenta y siete años. Fue sepultado el día de Pascua.
Sus reliquias reposan bajo el altar mayor de su basílica, a donde fueron trasladadas el año 835. Su fiesta se celebra el día del aniversario de su consagración episcopal, tanto en oriente como en occidente. Su nombre figura en el canon de la misa del rito de Milán.


ORACIÓN

San Ambrosio: que así como tu palacio de Arzobispo estaba siempre abierto para que entraran todos los necesitados de ayudas materiales o espirituales, que así también cada uno de nosotros estemos siempre disponibles para hacer todo el mayor bien posible a los demás. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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Autor: G. Pérez

2 comentarios:

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Miserere mei Domine dijo...

San Ambrosio es uno de mis autores favoritos. Capaz de mostrar con toda sencillez toda la sacralidad implícita en el cristianismo. Desgraciadamente hoy en día es uno más de los desconocidos de la inmensa mayoría de los católicos y cristianos en general.

Estupenda entrada. Mis sincera enhorabuena. Dios el bendiga.

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