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martes, 9 de agosto de 2016

Los santos niños Justo y Pastor hermanos, mártires (9 de agosto)



Los santos niños Justo y Pastor hermanos, mártires. 

(† 304)

Entre las victorias que por medio de sus mártires y esforzados guerreros alcanzó Dios nuestro Señor de los tiranos que persiguieron la Iglesia de España, es muy esclarecida y admirable la de los santos niños y bienaventurados hermanos Justo y Pastor, quienes en edad tierna y delicada, vestidos de espíritu y soberana fortaleza, triunfaron del malvado presidente, y volando al cielo, dejaron en la tierra el trofeo y las señales de la victoria. Vino Daciano a Alcalá de Henares para perseguir, como lo hacía en todas partes, a los fieles de Cristo; y publicó un edicto en que mandaba que todos sacrificasen a los dioses o que fuesen muertos con exquisitos y atroces tormentos. Se divulgó luego este mandato; y estando muchos fieles temerosos y encogidos, salieron al campo dos niños valerosos para hacer burla del tirano. Estos fueron Justo y Pastor, el primero de siete años y el segundo de nueve, los cuales eran hijos de padres nobles y cristianos, y en aquella sazón iban a la escuela para aprender las primeras letras. Luego que oyeron el impío mandato del tirano, entró en sus tiernos pechos un encendido deseo de padecer y morir por Cristo; y arrojando las cartillas que llevaban, se fueron al palacio de Daciano para ofrecerse al martirio. Cuando éste supo que aquellos dos niños, sin ser llamados y por su voluntad, venían a morir por la fe de Cristo, se turbó y llenó de asombro: mas pensando que aquello sería liviandad pueril, los mandó azotar para amedrentarlos. Al tiempo de ser llevados a este tormento, Justo habló a Pastor y le dijo: "No temas, hermano Pastor, esta muerte del cuerpo que se nos prepara; porque, Dios que nos hace merced que muramos por El, nos dará todo el esfuerzo necesario para que podamos morir y alcanzar la corona del martirio". Quedó Pastor más esforzado y animoso con estas palabras de Justo, y le dijo: "Oh hermano mío Justo, con razón te llaman justo, pues tan bien muestras que lo eres. Ligera cosa me será morir contigo por ganar a Jesucristo en tu compañía". Estas palabras iban los santos hablando entre sí, dejando a los ministros de Daciano admirados de ver en tan corta edad tan gran aliento y constancia. Por lo cual temeroso el tirano de ser vencido por aquellos niños, mandó que, sin más dilación, los degollasen secretamente en algún lugar apartado de la población. Y así los sacaron a un campo que llamaban Loable, y allí les cortaron las cabezas sobre una gran piedra; en la cual quedaron impresas las señales, como hoy día se ven, de sus rodillas y manos. Edificaron en aquel mismo sitio los cristianos una capilla que llevaba el nombre de los santos mártires.


Reflexión: 

El espectáculo que nos ofrece hoy el martirio de estos dos niños, es un terrible anatema contra la cobardía de muchos cristianos, que no están dispuestos, no digo a derramar una gota de sangre por Cristo, pero ni aun a sufrir una palabra de burla, un gesto despreciativo, una ligera incomodidad que a veces exige el fiel cumplimiento de la ley de Dios. Pues, ¿con qué alma piensan comparecer ante el tribunal de Jesucristo? ¿Con qué ojos podrán ver allí a esos tiernos niños ostentando el laurel de la victoria y la palma del martirio?


Oración: 

Oh Dios, que das la fe, la esperanza y la caridad a los tiernos niños, y por la alabanza con que te confesaron tus inocentes mártires Justo y Pastor, nos estimulas a alcanzar la salvación; infúndenos la pureza de la infancia, para que emulando con nuestra vida ajustada a tu santa ley la vida inculpable de los niños, nos gocemos con los santos, en la recompensa que has de dar a tus fieles servidores. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

jueves, 22 de enero de 2015

Exhortación a los Niños y Jóvenes sobre su COMPORTAMIENTO en la Oración



Exhortación a los Niños y Jóvenes sobre su 
COMPORTAMIENTO en la Oración

I. ¿No parece ocioso el recordar aquí a niños y jóvenes cristianos que, cuando hacen oración, no han de derramar por todas partes sus miradas, sino estar con aquel recogimiento, con aquella mesura, con aquella modestia y gravedad que tendrían delante de un rey o grande de la Tierra? ¿No parece ocioso repetirles que han de pensar en lo que dicen, y no despachar sus oraciones con injuriosa liviandad? ¿Ignoran, por ventura, que para ser atendidos por Dios, han de atenderse a sí mismos; y que la plegaria, más que de los labios, ha de brotar del corazón?

II. Estos defectos excusaréis si, antes de la oración, fijáis el pensamiento en Dios. Hay varios métodos para ello.

1º Unos se representan a Dios sentado en un trono, en medio de los Ángeles y Santos, a manera de poderoso monarca rodeado de su corte, que pone leyes a todo lo criado, que guía los acontecimientos, y descansa regaladamente los ojos en los que le invocan.

2º Gustan otros de representarse su inmensidad, cual océano sin suelo ni orillas, que ciñe al universo mundo, y lo lleva en su fecundo seno, dando vida y movimiento a cuanto vive y se mueve, penetrando hasta lo más recóndito de nuestro ser, del corazón, de la conciencia, leyendo nuestros más ocultos pensamientos, y haciendo el recuento de nuestras obras más secretas; y todo eso va conforme a la pura verdad.

3º Imagínanse otros que ven a Jesucristo en los diversos pasos de su apostolado. Siéntanse a sus pies, beben sus enseñanzas; asisten señaladamente al Calvario, en cuyas cumbres tuvo su desenlace  el más conmovedor e imponente de los dramas, que jamás vieron ni piensan ver los siglos.

III. De imaginaros así muy al vivo esa soberana Majestad siempre atenta a vuestras oraciones, y de la consideración de vuestra bajeza e innúmeros pecados, surgirá dentro de vos un hondo sentimiento de humildad, templado con un afecto de filial abandono, en que se regala dulcemente el corazón.


Devocionario y Cánticos Religiosos, Preámbulo de la Oración de la Mañana, Buenos Aires, 1923

jueves, 20 de agosto de 2009

Rezando desde Niños



Oración al Angel de la Guarda

Angel de mi guarda,
dulce compañía,
no me desampares
ni de noche ni de día

Las horas que pasan,
las horas del día,
si tú estás conmigo
serán de alegría

No me dejes solo,
sé en todo mi guía;
sin Ti soy chiquito
y me perdería

Ven siempre a mi lado,
tu mano en la mía.
¡Ángel de la guarda,
dulce compañía!

Bendita la luz del día
y el Señor que nos la envía.
¡Bendito el Niño Jesús,
bendita Santa María!

Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
con la Virgen María
y el Espíritu Santo

Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
guardan mi alma

Todos le llevan al niño,
yo también le llevaré,
una jarra de manteca
y un tazón de dulce miel.

Todos le llevan al niño,
yo también le llevaré,
las cosas que a mí me gustan
para que goce Emmanuel.

Me ha contado Jesusito:
viene para que yo sea
un angelito en el cielo
y su amigo aquí en la tierra.

Yo le he dicho a Jesusito
que yo seré aquí en la tierra
su amiguito para siempre
y que en el cielo le vea.

Jesusito de mi vida,
eres niño como yo,
mira cuanto que te quiero
que te doy mi corazón.
¡Tómalo! ¡Tómalo!
Tuyo es, y mío no.

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