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lunes, 7 de diciembre de 2015

No sólo NO es reprensible, sino que es aconsejable el llevar el Rosario al cuello

Venerable María de Jesús de Tomelín

No sólo NO es reprensible, 
sino que es aconsejable el llevar el Rosario al cuello


Las horrendas modas actuales que blasfeman contra la sagrada civilidad, gustosas de entremezclar insultantes lo más excelso con lo más burdo, lo más santo con lo más diabólico; nos han acostumbrado a soportar la estampa de más de un pervertido o degenerado, a costa de su fama o popularidad, usando el santísimo rosario como objeto decorativo, cual collar profano o peor aún, de alarde mitológico o supersticioso. Por esos vicios, del todo modernos y novedosos; jamás se le ocurriría a un devoto de la Santísima Virgen usar su cuello como mástil de una bandera enemiga. Pero si este mismo cristiano, conociera los tradicionales gestos católicos, las dulces y piadosas maneras cristianas, las más maternales gracias concedidas por llevar el rosario al cuello, como garantía de asegurarse el tenerlo consigo siempre; no dudaría en ser el primero en ofrecer su cuello en toda ocasión, animoso y victorioso, como un mártir francés ante la guillotina revolucionaria, por ser tal la esperanza en quien porta.

Anécdotas santísimas de cristianos piadosos que vivieron y murieron llevando siempre al cuello, junto a sus escapularios y medallas, el santísimo rosario, son copiosas y elocuentes.

Recopilamos sólo algunas, y aún de forma extractada, para que, no sólo quedando justificado el título de este artículo, cobre sentido verdadero su mensaje.

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"Fue Pablo a Meaco para dar cuenta de su persona, y no habiendo cargos contra él, se volvió a su tierra, donde, aunque la persecución andaba en su punto, el intrépido soldado del Santo Rosario mostraba la Fe grande que tenía con señales exteriores y públicas, y una de ellas, y no la menor, era el traer el Santo Rosario al cuello, de modo que todos le pudiesen ver qué es en Japón la mayor muestra de ser cristiano. Llegóse a él el Gobernador de aquel partido y afeándole lo que hacía le preguntó que cómo se atrevía a traer el Rosario al cuello, pues estaba prohibido el ser cristiano. Sonrióse el buen Pablo de oír la pregunta que se le hacía y respondió que por qué no había de traer el Rosario donde todos le viesen, pues, aun estando en la corte donde asisten los Gobernadores del imperio, lo había traído. No fue menester más causa para prenderle, porque sabiendo que era cristiano, estaba ya todo el proceso hecho, y así le mandaron poner en una cárcel hasta que se determinase lo que se había de hacer".

Ext. Cap. IX "DEL GLORIOSO MÁRTIR PABLO TAROBIOYE MAYORDOMO DEL SANTO ROSARIO MARTIRIZADO POR TRAER AL CUELLO EL ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA Y DE OTROS DOS SANTOS MÁRTIRES PEDRO Y PABLO BAUTIZADOS POR PABLO TAROBIOYE EN LA CÁRCEL" del Libro "Triunfo del Rosario en el Japón", Francisco Carrero, 1862

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"Refiérese en las Letras anuas de la Compañía de Jesús de la provincia de México, que en aquella ciudad había un caballero mozo de muy mala vida, el cual por espacio de seis años no se confesó ni oyó misa ni rezó siquiera una sola Ave Maria, tanto, que viendo el demonio la mala vida de este hombre, formó quejas ante Cristo Señor nuestro, diciendo que cómo su Majestad, siendo tan justo, permitía viviese en el mundo hombre tan malo, y así, que le diese licencia para llevárselo en cuerpo y alma donde pagase sus enormes pecados; a lo cual respondió Cristo Señor nuestro que cómo podía castigar a quien traía el rosario al cuello y era devoto de su Madre. Pero que le daba licencia para que le tentase y probase si podía quitarle del cuello el rosario, y si lo conseguía, hiciese de él lo que quisiese. Con esta licencia, se fue el demonio muy contento, y tomando forma de un muy hermoso mancebo, se fue a buscar al caballero, al cual halló en la casa del juego, y preguntándole el demonio si quería jugar con él respondió que sí, que para eso estaba allí, y sentándose los dos, empezaron a jugar con mucho gusto. El demonio, para irle ganando la voluntad, se dejó perder, y muy contento el caballero, quedaron aplazados para jugar al día siguiente. Volvieron a jugar segunda y tercera vez, y en todas se dejó perder el demonio, por lo cual quedaron tan amigos que siempre iban juntos, y el caballero lo llevaba a su casa, y lo aposentó en su mismo cuarto en el cual vivieron con mucha paz y gusto cuatro años; pero jamás se quitó el rosario del cuello, por más que, continuamente, le estaba diciendo que para qué llevaba siempre el rosario, que bien podía quitárselo siquiera para dormir. Viendo el demonio que no podía salir con lo que deseaba, trató de tomar otro medio, y fue de luchar con él; y así le dijo un día si quería probar quién podía más y tenía más fuerzas; respondió el caballero que sí. Lucharon tres veces y en todas venció el caballero. Picáronse los dos y dispusieron de luchar otro día, y para esto, invitaron a algunos amigos para que fuesen testigos de quién podía más. Acudieron todos al lugar señalado, que fue en Capultepeque y empezando a luchar, cayó el demonio dos veces, y levantándose con gran furia le dijo que con el golpe que le había dado el rosario que llevaba al cuello le había lastimado, y por eso había caído; que para que echasen de ver que él podía más, que se quitase el rosario y verían quién vencía. Se rió el caballero de lo que dijo, que le había lastimado el rosario, y le respondió: "Todos los vestidos me quitaré, pero el rosario no quiero". Viendo el demonio cuán mal había probado, descubrió quién era, los intentos que traía, y la licencia que Dios le había dado de llevárselo en cuerpo y alma si le dejaba un punto, y dando horrendos bramidos desapareció, siendo todos testigos de tan espantoso suceso. Quedó el caballero como muerto y trató de vivir bien de allí adelante. Se redujo, y le dio a la Santísima Virgen las gracias, rezándole con toda devoción todas las noches su santo Rosario".

"Día 4 de Enero, Rasgo de Protección de la Santísima Virgen" del Libro "Año Virgineo cuyos días son finezas de la gran Reina del Cielo María Santísima", Esteban Dolz del Castelar, 1851

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"Entre todas las virtudes y singular caridad con los pobres, resplandeció en este V. Padre, Fray Juan Amat, un tiernísimo amor a María, cuyo rosario rezaba entero todos los días y llevaba siempre al cuello, exhortando en todos sus sermones, pláticas y confesiones al amor de esta sagrada devoción (...) Predicando la Cuaresma en las Borjas Blancas, distante tres leguas de Lérida, llegó a una casa al tiempo que unos clérigos conjuraban una doncella endemoniada, y viendo que los demonios se burlaban, comenzó él a conjurarla, y echando el rosario que llevaba en la mano al cuello de la mujer, comenzó ésta a dar horribles alaridos, diciendo que aquellos granos le quemaban y atormentaban mucho. Con esta diligencia quedó sosegada la afligida doncella, y tan sentidos los demonios, que la noche siguiente entrando en el aposento de Fray Juan, le atormentaron cruelmente, y con infernal fuerza, intentaron, aunque en vano, quitarle del cuello el rosario. Se pasó gran rato en esta lucha, de la que salió Fray Juan victorioso, invocando los dulces nombres de Jesús y de María del Rosario, de cuyo soberano imperio huyeron los enemigos. Fue, por la mañana, el Siervo de Dios a la iglesia, y hallando en la calle a la moza, comenzaron por su boca a burlarse los demonios, diciéndole "Si no fuera por esos granos que llevas al cuello, tú verías cómo nos vengamos de los tormentos que ayer nos diste". "Pues yo, -dijo Fray Juan- en virtud de ellos, os mando dejéis libre a esa triste doncella", y echándole al cuello el rosario, al mismo punto dejaron su tiránica posesión. Murió este Siervo de Dios el 27 de Agosto del año 1538".

"Cap XIV, Profecía de San Vicente, cumplida en los muchos Santos y Venerables del Real convento de Predicadores de Valencia", del Libro "Vida de San Vicente Ferrer", Fr. Francisco Vidal y Micó, 1857

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"Y a este paso están llenos los libros de la sabiduría, de conveniencias, utilidades y provechos que gozan los que tienen a María santísima. Mira, pues, si es sobrado motivo de pena y sentimiento el carecer de su persona y compañía; pues, teniéndola, tenemos todos esos y otros innumerables bienes, y perdiéndola, lo perdemos todo. Procura, pues, tenerla eternamente contigo, y para que nunca se te vaya, jamás alargues la cadena de su santísimo Rosario, que mientras tú la conservares firme y entera, no hayas miedo que se te vaya. Toma el consejo de la sabiduría que te dice: "Lígala para siempre en tu corazón, ponla a tu cuello, cuando fueres de camino llévala contigo, durmiendo ponla a tu lado, y despierto habla con ella; enlázala en tus dedos y te librará y guardará de la mala mujer y de los halagos engañosos de la extraña lengua. Puedes premeditar todas estas palabras y aplicarlas a esta sagrada cadena, que no pueden ser mas apropósito: enlazada en los dedos ponla al cuello, no la alargues caminando, durmiendo y velando: grábala en tu corazón de manera que el quitarla se te haga tan sensible como si te quitaran el corazón, así la conservarás en ti, y con ella, a María santísima"

"Misterio Segundo de la Visitación" del Libro "Arco Iris de Paz, Consideraciones sobre el Sto. Rosario", Fr Pedro de Santa María y Ulloa, 1821

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domingo, 20 de noviembre de 2011

El Trato con las Mujeres


El Trato con las Mujeres

ECLASIÁSTICO IX, 1-13:

(Traducción y comentarios bíblicos de Monseñor Straubinger)

1 "No seas celoso de tu querida esposa; para que no se valga de las malas ideas que tú le sugieres.
2 No dejes que la mujer tenga dominación sobre tu espíritu; para que no se levante contra tu autoridad, y quedes avergonzado.
3 No pongas los ojos en una mujer que quiere a muchos, no sea que caigas en su lazo.
4 No frecuentes el trato con la bailarina, ni la escuches, si no quieres perecer a la fuerza de su atractivo.
5 No pongas tus ojos en la doncella, para que su belleza no sea ocasión de tu ruina.
6 De ningún modo des entrada en tu alma a las meretrices, para que no te pierdas a ti y tu patrimonio.
7 No andes derramando tu vista por las calles de la ciudad, ni vagueando de plaza en plaza.
8 Aparta tus ojos de la mujer lujosamente ataviada, y no mires curioso una hermosura ajena.
9 Por la hermosura de una mujer muchos se han perdido; pues por ella se enciende cual fuego la concupiscencia.
10 Cualquier mujer pública es pisoteada como estiércol en el camino.
11 Muchos embelesados de la belleza ajena se hicieron réprobos; porque su conversación quema como fuego.
12 Con la mujer de otro no estés jamás de asiento; ni en la mesa te arrimes a ella recostado sobre el codo;
13 ni la desafíes en tomar vino; no sea que tu corazón se incline hacia ella, y a costa de tu vida caigas en la perdición."

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Versículo 8: "Los vestidos de lujo y los vanos adornos no convienen más que a las prostitutas y a las mujeres impúdicas", dice San Cipriano (De Habitu Virg.). San Pedro, en su primera encíclica, exhorta a las mujeres a llevar una vida casta y llena de reverencia y les dice: "Vuestro adorno no sea de afuera; no consista en rizaros los cabellos, ornaros de joyas de oro o ataviaros de vestidos, sino que sea un adorno interior del corazón, que consiste en la incorrupción de un espíritu manso y suave, precioso a los ojos de Dios" (I Pedro 3, 3 s.).

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Dice "La Imitación de Cristo" VIII, 1:

"No tengas familiaridad con ninguna mujer mas en general encomienda a Dios todas las buenas."

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La imagen muestra el óleo de Velazquez Diego "La Tentación de Santo Tomás" que representa la siguiente anécdota:

"Finalmente, (sus hermanos contrarios a su vocación) le envían a una prostituta. La mujer intenta tentarlo. Tomás toma en sus manos una rama encendida del hogar y se lanza contra la mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. Ella sale huyendo y Tomás, con la brasa dibuja una cruz en la puerta frente a la cual se arrodilla a rezar. Esa misma noche contempló en sueños unos ángeles que venían a felicitarlo y le traían un cíngulo, en señal de la virtud de la pureza perpetua que le concedía Nuestro Señor".

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