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martes, 5 de abril de 2016

San Vicente Ferrer (5 de abril)



San Vicente Ferrer.

(† 1419)

El gloriosísimo y apostólico varón san Vicente Ferrer, nació en la ciudad de Valencia, de la noble familia de los Ferrers, y fue hermano de Bonifacio Ferrer, gran jurista y después prior general de la Cartuja. Desde su niñez juntaba el santo a otros muchachos y les decía: "Oídme, niño, y juzgad si soy buen predicador" y haciendo la señal de la cruz, refería algunas razones de las que había oído a los predicadores en Valencia, imitando la voz y los meneos de ellos tan vivamente, que dejaba admirados a los que le oían. Llegando a la edad de dieciocho años, tomó el hábito del glorioso santo Domingo, y vino a ser un perfecto retrato de la vida religiosa. Hizo sus estudios en los conventos de Barcelona y Lérida, y en esta universidad lo graduaron de Maestro en teología, para dar principio a su carrera apostólica. Era muy agraciado y de gentil disposición, y habiéndosele aficionado y queriendo traerle a mal algunas mujeres, él las ganó para Cristo. En el espacio de dieciocho años, sólo dejó de predicar quince días, y siempre fue raro y estupendo el fruto de sus sermones, no sólo en España, mas también en Francia, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Piamonte, Lombardía y buena parte de Italia; y predicando en su lengua valenciana en estas naciones, le entendían como si predicara en la lengua de aquellos países, que es don raro y apostólico. En sola España, convirtió más de veinticinco mil judíos y dieciocho mil moros. Muchos pecadores convertidos y otra gente sin número le seguían de pueblo en pueblo, y eran tantos, que hubo vez que se hallaron ochenta mil, y hacían procesiones muy devotas y solemnes, disciplinándose terriblemente y derramando mucha sangre en memoria de la Pasión del Señor y en satisfacción de sus pecados, y eran tantos los disciplinantes, que había tiendas de disciplinas como si fuera feria de azotes. Los milagros que obró el Señor por san Vicente fueron tantos, que de sólo cuatro procesos que se hicieron en Aviñón, Tolosa, Nantes y Nápoles, se sacan, sin los demás, ochocientos sesenta. En España hasta los mismos reyes de Aragón salían a recibirle; lo llamaron el emperador Sigismundo, el rey de Inglaterra, y hasta el rey de Granada, con ser moro: Y todos lo miraban como hombre más divino que humano. A la muerte de Martín de Aragón fue elegido para las cortes de Aragón, Valencia y Cataluña, y declaró por rey al infante de Castilla don Juan el primero. Finalmente habiendo este predicador divino abierto el cielo a innumerables almas, dio su espíritu al que para tanta gloria suya lo había criado. Murió a la edad de setenta y cinco años, en la ciudad de Nantes, acudiendo tanta gente a reverenciarlo, que por espacio de tres días no se pudo sepultar. 


Reflexión: 

Vino una vez a confesarse con el Santo un gran pecador, y después de haberlo oído, le mandó hacer siete años de penitencia. Estaba el hombre tan contrito, que le pareció poca la penitencia, y le dijo: "Oh padre mío; y ¿pensáis que con esto me podré salvar?" "Sí, hijo, le dijo el santo: ayuna solo tres días a pan y agua. Lloraba el pecador amargamente, y vista su contrición le tornó san Vicente a decir que rezase sólo tres padre nuestros; y mientras acababa de decir el primero, murió allí de puro dolor, y apareció al santo y le dijo que estaba en la gloria sin haber pasado por el purgatorio por haberle tomado Dios aquel dolor en cuenta por sus pecados.

Oración: 

Oh Dios, que te dignaste ilustrar a tu Iglesia con los merecimientos y con la predicación de tu confesor el bienaventurado Vicente; concédenos a nosotros, humildes siervos tuyos, que imitemos sus ejemplos, y que por su protección seamos libres de todas las cosas adversas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

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