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viernes, 3 de junio de 2016

Santa Clotilde, reina de Francia (3 de junio)




Santa Clotilde, reina de Francia.

(† 545.)

Santa Clotilde, gloriosísima reina de Francia, fue hija de Chilperico, hermano menor de Gondebaldo, tirano rey de Borgoña que quitó la vida a él, a su mujer y a los demás hermanos suyos, por usurpar la corona. En esta lamentable tragedia sólo fueron perdonadas dos hijas de Ohilperico, de las cuales una fue nuestra santa Clotilde. Se crió en la corte de su tío y aunque se hallaba entre herejes arrianos, le deparó el Señor quién le instruyese en las cosas de la verdadera fe. Por su extraordinaria hermosura, honestidad y discreción, la pidió y alcanzó por esposa Clodoveo, potentísimo rey de Francia. Procuró ella a su vez ganar a su rey esposo para Jesucristo, persuadiéndole que dejase la vana idolatría, y aunque él prometía de hacerlo así, no lo acabó consigo hasta que una gran necesidad y aprieto ablandó y rindió su corazón: porque en una batalla que libró contra los Alemanes, siendo él muy inferior en fuerzas, levantó el corazón al cielo y dijo: "El verdadero Dios de mi mujer Clotilde me valga"; y habiendo conseguido la victoria, no solamente se bautizó como había prometido, sino que también acabó de desterrar de su reino la idolatría y levantó en París la iglesia mayor san Pedro y san Pablo, llamada después Santa Genoveva, y envió su real diadema, conocida hoy con el nombre de reino, al sumo pontífice Hormisdas, significándole por aquel presente que dedicaba su reino a Dios. Muerto el rey, se retiró su santa esposa a Tours donde pasó el resto de sus días en oraciones, vigilias, penitencias, y muchas obras de caridad y beneficencia propias de su magnífico y real ánimo. Predijo el día de su muerte un mes antes que sucediese y en su última enfermedad llamó a sus dos hijos Childeberto rey de París, y Clotario rey de Soissons, y los exhortó con santas palabras y maternal autoridad a mirar por la honra de Dios, a conservar entre sí la paz y concordia y hacer justicia y misericordia a los pobres. Recibió después con tiernísima devoción los sacramentos de la Iglesia, hizo pública profesión de fe y entregó su alma preciosa en las manos del Criador. Su cadáver fue sepultado con el de su marido el rey Clodoveo en la iglesia de santa Genoveva, e ilustró el Señor su sepulcro con muchos milagros. 


Reflexión: 

Bárbaro y gentil era el rey Clodoveo; y por las oraciones y piadosas instancias de santa Clotilde dejó la vana idolatría y abrazó la fe de nuestro Señor Jesucristo. ¡Oh! ¡cuánto valen y pueden delante de Dios las súplicas y lágrimas de una esposa, para alcanzar la conversión de su marido! Entiéndanlo bien las señoras que tienen el marido apartado de la religión y de la fe; porque si no cesan de rogar por él y de exhortarle con oportunos avisos, alcanzarán del Señor su conversión. En esto han de manifestarle principalmente su amor; porque ¿qué cosa más para sentirse y llorarse, que verse eternamente separados el uno del otro dos consortes, que mucho se amaban, por haberse salvado la mujer fiel y condenádose el marido infiel? Y ¿qué mayor ventura pueden desearse, si de veras se aman, que la de poderse unir eternamente con los más dulces e inquebrantables lazos del amor en la gloria del paraíso, donde la esposa gozará de la vista y compañía de su esposo glorioso y el esposo de la regalada presencia y conversación de su esposa glorificada, sin temor ninguno de que la muerte pueda separarlos jamás, ni de que tribulación alguna pueda menoscabar un punto su gozo y felicidad beatífica? 

Oración: 

Óyenos, oh Dios autor de nuestra salud, para que los que nos alegramos en la festividad de la bienaventurada Clotilde, seamos enseñados en el afecto de la piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


miércoles, 13 de abril de 2016

Francisco confirma aún más en Twitter su herejía revolucionaria sobre los divorciados vueltos a ‘casar’



Varias personas se han enterado de que la “exhortación apostólica” de Francisco, Amoris laetitia (La alegría del amor), oficialmente enseña que los que viven en adulterio y en segundas ‘nupcias’ inválidas pueden estar en gracia santificante y pueden recibir la sagrada comunión. Esto significa que la secta del Vaticano II bajo el Antipapa Francisco ahora, de manera oficial y pública, niega el dogma católico de la indisolubilidad del matrimonio, como también la doctrina católica que enseña que los que viven en adulterio o en segundas ‘nupcias’ no pueden recibir la comunión.

Tómese en cuenta que Amoris laetitia (el documento que contiene esta doctrina revolucionaria) es la enseñanza oficial de Francisco para toda la Iglesia del Vaticano II. El documento está dirigido a todos, “a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas, a los esposos cristianos y a todos los fieles laicos”. Obviamente esta es una herejía significativa que constituye más prueba infalible de que Francisco es un hereje público y un antipapa. Su secta claramente no es la Iglesia Católica. Es, más bien, otra secta no católica que permite el divorcio y las ‘segundas nupcias’.

Esta revelación es, de hecho, otra rotunda vindicación para los verdaderos católicos que han venido señalando que los reclamantes al papado post-Vaticano II no son verdaderos papas. Representa otra derrota humillante contra los falsos tradicionalistas y contra los defensores de la falsa Iglesia (p. ej., grupos como la FSSPX). Los hechos y la realidad prueban, una vez más, que ellos y sus falsas posiciones son totalmente erróneos.

Aquellos que se mantienen obstinadamente unidos al Antipapa Francisco quedarán unidos con una secta notoriamente herética y anticatólica. Se estarán colocando fuera de la Iglesia Católica.


Muchos miembros de la secta del Vaticano II han admitido lo obvio: Amoris laetitia en realidad sí enseña que las personas que viven en adulterio o tienen segundas ‘nupcias’ inválidas pueden estar en gracia santificante y pueden recibir los sacramentos, incluyendo la sagrada comunión. Todo el que niegue que el documento contiene está doctrina herética es un mentiroso. Dicha enseñanza se halla claramente en los siguientes lugares (entre otros) – y considérese que los dos pasajes van de mano en mano, ya que la última es una nota explicativa de la primera:

Antipapa Francisco, Amoris laetitia, #305, hablando de las uniones ‘irregulares’ (es decir, adúlteras): “A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia[351]”[1].

Antipapa Francisco, Amoris laetitia, nota #351 del párrafo #305: “En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, «a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor»: Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 44: AAS 105 (2013), 1038. Igualmente destaco que la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles» ( ibíd, 47: 1039)”[2].

Es clarísima la enseñanza herética del documento de que las personas que están en situaciones adulteras y en segundas ‘nupcias’ pueden estar en gracia santificante y ser admitidas a recibir la comunión.

“Las personas divorciadas que viven en nueva unión son parte de la Iglesia, no están excomulgadas”[3].

El tuit de Francisco es otro ejemplo de su audacia y tenacidad herética. Él pone su enseñanza revolucionaria en las caras de las personas. Quienes siguen bajo el Antipapa Francisco se adhieren a una secta no católica, la falsa iglesia del Vaticano II.

En efecto, la reciente herejía de Francisco es un ejemplo excelente por qué la Iglesia Católica enseña que personas como el Antipapa Francisco –que enseñan herejía notoria y profesan una falsa fe en el fuero externo– no deben considerarse como miembros de la Iglesia Católica ni tampoco los puedan tener un oficio en la Iglesia Católica. Porque, de las multitudes que erróneamente creen que Francisco es el papa, ciertamente adoptarán y seguirán su falsa doctrina sobre los divorciados vueltos a ‘casar’ y como resultado terminarán perdiendo sus almas. Por lo tanto, los defensores del Antipapa Francisco no sólo cometen pecado gravísimo por estar obstinadamente en comunión con un hereje notorio y una secta no católica, además pecan igualmente por contribuir en la condenación de muchísimos otros al decirles que pueden reconocer a un hombre que los conducirá al pecado mortal y la herejía a través de su enseñanza oficial.


martes, 22 de marzo de 2016

Santa Catalina de Suecia, virgen (22 de marzo)



Santa Catalina de Suecia, virgen


(† 1381.)


La adorable virgen santa Catalina de Suecia, fue hija de Ulfón, príncipe de Noricia, y de santa Brígida, bien conocida por sus revelaciones en la Iglesia del Señor. La entregó su santa madre, después que la destetó, a una abadesa muy religiosa para que la criase, y llegando a la edad competente, su padre le mandó que tomase marido, y ella lo aceptó, confiada en la bondad de Dios y en el favor de la Santísima Virgen María su madre, que podía casarse sin detrimento de su virginidad, como le sucedió: Porque habiéndose casado con un caballero nobilísimo llamado Etghardo, de tal manera le habló, que los dos hicieron votos de castidad, y la guardaron toda su vida. Yendo una vez con su madre, santa Brígida, a Asís y a Santa María de Porciúncula, les sobrevino la noche y se recogieron en una pobre casilla para guarecerse de la nieve y agua que caía. Estando allí, ciertos salteadores entraron donde estaban las santas madre e hija con otra gente; y con mucha desvergüenza quisieron verles los rostros, y como santa Catalina era hermosísima, comenzaron a hablar palabras torpes; mas ellas se volvieron a Dios, y al improviso se sintió un gran ruido como de gente armada, con lo cual huyeron espantados aquellos atrevidos ladrones. Pasó santa Catalina veinticinco años en compañía de su santa madre, la cual la llevaba consigo a los hospitales, y las dos curaban sin asco las llagas de los enfermos, y los consolaban como dos ángeles de paz, y visitaban y socorrían a los pobres. Era tan grande la fama de los milagros que obraba el Señor por su sierva Catalina, que habiendo salido una vez el Tíber de madre, inundando de tal manera la ciudad de Roma que todos temían la última ruina y destrucción de ella, rogaron a la santa que se opusiera a las ondas; y como ella por su humildad se excusase, la arrebataron y llevaron así por fuerza junto a las aguas, y tocándolas la santa con los pies, volvieron atrás y cesó aquel diluvio peligroso. Después de haber cumplido con el entierro de su madre, volvió a Suecia y se encerró en un monasterio de monjas de Wadstein donde fue prelada, instruyéndolas según la Regla que su santa madre había dejado. Finalmente, llena de méritos y virtudes, dio su espíritu al que la había creado para tanta gloria suya; y honraron su entierro muchos obispos, abades y prelados de los reinos de Suecia, Dinamarca, Noruega y Gotia, y el príncipe de Suecia llamado Erico, con otros señores y barones, por su devoción llevaron sobre los hombros el cuerpo de la santa virgen a la sepultura, ilustrándola nuestro Señor con muchos milagros.



Reflexión:

Entre las excelentes virtudes de la gloriosa santa Catalina de Suecia, resplandece sin duda aquella castidad y entereza virginal que conservó aún en el estado del matrimonio. Esta maravillosa pureza sólo es propia de los moradores del cielo y de muchos santos y santas de nuestra divina religión. "A esta virtud, dice el V. M. Luis de Granada, toca tener un corazón de ángel, y huir cielo y tierra de todas las pláticas, conversaciones y visitas que en esto pueden perjudicar. Se ha de procurar que los ojos sean castos, y las palabras castas, y la compañía casta, y la vestidura casta, y castas la cama, la mesa y la comida; porque la verdadera y perfecta castidad todas las cosas quiere que sean castas: Y una sola que falte, a las veces lo desluce todo".


Oración:

Señor Dios, castísimo Esposo de las vírgenes, que quisiste que la bienaventurada virgen Catalina se conservase intacta, aun en el matrimonio; concédenos tu gracia, para que refrenando nuestros sensuales apetitos, merezcamos llegar a la presencia de tu rostro purísimo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

lunes, 14 de marzo de 2016

Santa Matilde, reina (14 de marzo)



Santa Matilde, reina.

(† 967.)


La gloriosa emperatriz santa Matilde, fue alemana de nación, e hija de Teodorico, duque de Sajonia, príncipe muy católico; esposa de Enrique, emperador primero de este nombre, y madre de Otón primero. Se crió en el palacio imperial con tanto recogimiento, como una religiosa en el encerramiento del claustro. Aprendió de memoria el Psalterio, y todos los días lo rezaba de rodillas. La casaron con el emperador Enrique, y si en el primer estado de virgen pareció un ángel en cuerpo humano, en el de matrimonio se hizo no sólo perfecto dechado de personas casadas, sino admiración del mundo. Se recogía en una estrecha y pobre celdilla de su palacio, oía por la mañana todas las misas que se celebraban, y se consagraba después a todos los oficios de caridad. Fundó un hospital junto a su palacio, para mujeres pobres, y en sus enfermedades las visitaba cada día, acompañada de sus damas: Les hacía las camas, barría las piezas, y no se desdeñaba de curar y no se desdeñaba de curar y tocar con sus blanca y delicadas manos, llagas y miserias a que un cuerpo humano está sujeto. Visitaba también a los enfermos de las casas particulares, los cuales recibían gran consuelo de su presencia angelical, y los socorría la santa con larga mano, y así en la ciudad como fuer de ella no había una sola necesidad a la que no acudiese la cristiana piedad de la reina. Por su orden y mandato ardían todas las noches del invierno muchas hogueras en las plazas y caminos, para que se calentasen los pobres, y no se perdiesen los caminantes. A sus domésticos, criados y criadas hizo enseñar variedad de artes en que ejercitarse y letras con que aprovecharse a sí y a otros, guiando a cada uno por su particular ingenio, para que de esta suerte, siguiendo su voluntad, saliesen eminentes en el arte, facultad o ciencia que aprendían. Después de muerto su marido, entró en un monasterio de monjas Benedictinas que ella había fundado: Y allí pasaba las noches en vigilias y oraciones, dormía sobre una tabla sin desnudarse, vestida de cilicio; y sólo comía lo que era forzoso para no morir. Estando próxima a  la muerte, no halló una sola prenda que dar al obispo de Maguncia, su nieto, que le administró los santos Sacramentos, y así mandó que le diesen el paño con que se había de cubrir su túmulo, diciendo que lo había de necesitar antes que ella, como sucedió; pues falleció el obispo al siguiente día. Finalmente, sabiendo que se acercaba la hora de su dichoso tránsito, mandó que le cantasen los salmos, y la pusiesen en tierra sobre una mortaja: Y ella con sus propias manos se echó ceniza en la cabeza, y haciendo la señal de la cruz, descansó en la paz del Señor.


Reflexión:

Mediten bien las señoras cristianas la vida ejemplar de esta santa reina y tómenla por espejo de sus costumbres, si quieren parecer agradables a los ojos de Dios y de sus ángeles. ¿Qué les aprovechará el aplauso y alabanza del mundo, si con ello merecen la reprobación de Dios? ¡Oh! ¡Qué remordimientos, qué temores y terrores suelen experimentar las señoras mundanas en la hora de la muerte, cuando ven que gastaron el precioso tiempo de la vida en atavíos, alardes de lujo, teatros y profanas diversiones! ¡Cuánto mejor fuera haber vestido con modestia y derramado olor de pureza y santidad, y gastado en obras de piedad y misericordia, el tiempo y la hacienda que desperdiciaron en las vanidades de este mundo!


Oración:

Señor Dios, que con el ejemplo de la bienaventurada reina Matilde, nos recomendaste la puntual observancia de la abstinencia; concédenos que mortificando el cuerpo con abstinencias y ayunos te hallemos propicio en las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


miércoles, 9 de marzo de 2016

Santa Francisca, romana (9 de marzo)



Santa Francisca, romana.

(† 1440.)



La fidelísima sierva de Cristo santa Francisca nació en Roma; fue hija de nobles padres, y dio desde niña muestras de las más heroicas virtudes, en que después se señaló. Lloraba amargamente si la ama que la criaba la descubría o desnudaba en presencia de algún hombre, aunque fuese su mismo padre; ni consentía que éste le llegase al rostro cuando la acariciaba. En los años de su juventud, no gustaba de los entretenimientos de otras doncellas, sino del recogimiento y oración, deseosa de consagrarse a Dios del todo en perpetua virginidad; y así, aunque condescendió con el gusto de sus padres, casándose con un caballero romano, igual en sangre y riquezas, sintió con tanto extremo el verse obligada a perder la joya preciosísima de la virginidad, que de puro dolor enfermó dos veces gravísimamente. Siendo de diecisiete años madre ya de dos hijos, alcanzó licencia de su marido para quitarse los vestidos de seda y oro, las joyas preciosas y otras galas; y de allí en adelante se vistió de paño basto, y se ejercitó en admirables obras de humildad, caridad y penitencia, procurando poner en mucha virtud a las señoras romanas. Rezando el oficio de la Virgen, cuatro veces dejó la antífona en la que estaba, por llamarla su marido, y volviendo a su rezo, halló la antífona escrita con letras de oro, en premio de su puntual obediencia al marido. Le concedió el Señor un ángel, que visiblemente la gobernaba y defendía; mostrándosele como un niño de nueve años, el rostro muy hermoso mirando al cielo, los brazos cruzados sobre el pecho, el cabello crespo y rubio esparcido a las espaldas, vestido de una túnica blanca, y sobre ella una dalmática que a veces parecía de color blanco, otras azul, otras de oro. Cuando el Señor la libró del vínculo del matrimonio entró luego en la congregación del Monte Olivete que ella había fundado, conforme a la Regla de San Benito, y gobernó aquella santa Comunidad con singular prudencia y dulzura, obrando el Señor por ella innumerables maravillas. Multiplicó en sus manos el pan para el sustento de las Hermanas, refrigeró su sed con racimos de uvas, que colgaban de un árbol con el rigor del invierno, la preservó de una espesa lluvia rezando ella al descubierto. La acarició la Reina de los cielos como a hija querida en su regazo; otra vez se quitó el velo y se lo puso a la santa en la cabeza; y en el día de la Natividad del Señor le puso en los brazos al niño Jesús. Finalmente, después de una vida inmaculada y llena de prodigios, envió santa Francisca su alma purísima a las moradas eternas a la edad de cincuenta y seis años, quedando el cuerpo flexible, y exhalando un suavísimo olor como de azucenas y rosas que llenaba toda la iglesia de fragancia. Son casi innumerables los milagros con que después de su muerte confirmó nuestro Señor la santidad de esta sierva suya, sanando por su intercesión los enfermos que se encomendaban.


Reflexión:

De la obediencia de santa Francisca a su esposo, han de aprender las mujeres casadas a obedecer a sus maridos, porque como dice el Apóstol, el marido es cabeza de la mujer. Si, como la santa, miran en él la persona de Cristo, fácilmente dejarán sus gustos y antojos para hacer en todo su voluntad, siempre que evidentemente no sea contraria a la ley de Dios; y el premio de esta obediencia será la paz de la familia, el sosiego del alma, un gran tesoro de méritos, y una gran gloria en el cielo.


Oración:

Señor, Dios nuestro, que honraste a tu sierva la bienaventurada Francisca entre otros dones de tu gracia con el trato familiar con el Ángel de su guarda, concédenos por sus merecimientos, que logremos alcanzar la compañía de los santos ángeles en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


jueves, 3 de marzo de 2016

Santa Cunegunda, emperatriz y virgen (3 de marzo)



Santa Cunegunda, emperatriz y virgen

(† 1040.)

Era santa Cunegunda princesa de muy alta sangre, hija de los condes palatinos del Rhin, y dotada de extremada hermosura y de todas las gracias que se estiman en las mujeres. La tomó por esposa el emperador Enrique, príncipe no menos poderoso que honestísimo, en tanto grado, que se concertó con ella de guardar perpetua castidad y amarse como hermano y hermana y no como marido y mujer. ¡Gloria a Dios que a príncipes tan poderosos y magníficos dio aliento para aspirar a tan ilustre victoria en la flor de su edad, emulando la limpieza de los ángeles en medio de las grandezas de la corte, sin quemarse en tantos años, estando cerca del fuego! Viviendo, pues, estos santos casados en tan gran pureza y conformidad, como eran no menos piadosos que castos, se dieron de todo punto a la devoción y a amplificar el culto de Dios y edificar muchas iglesias y monasterios con imperial magnificencia. Mas, envidioso el demonio, quiso sembrar discordia donde había tanta unión; y engendró en el ánimo del emperador Enrique algunas falsas sospechas de la emperatriz, pareciéndole que estaba aficionada a cierto hombre y no guardaba la fe prometida. Pero ella confirmó con un testimonio del cielo su castidad; porque en prueba de su inocencia, con los pies descalzos anduvo quince pasos sobre una barra de hierro ardiendo sin quemarse y oyó una voz que le dijo: ¡Oh virgen pura, no temas, que la Virgen María te librará! Con esto quedó la santa casada y doncella victoriosa, y el emperador, su marido, arrepentido y confuso; y de allí en adelante vivió en paz y admirable honestidad con ella, hasta que el Señor le llevó a gozar de sí y acreditó su santidad con muchos milagros. Cunegunda dio entonces libelo de repudio al mundo y determinó pasar el resto de su vida en el monasterio de monjas de san Benito que había edificado, en el cual habiendo vivido  quince años con rara edificación de las monjas y admiración de todo el mundo, entregó su alma inocentísima y santísima al Señor; y fueron tantos los que concurrieron a venerar su cadáver, que en tres días no se pudo enterrar; porque Dios lo glorificó con grandes y estupendas maravillas, con que acreditó la admirable santidad de su sierva.


Reflexión:

Cuando la santa emperatriz tomó el hábito, la ceremonia de la investidura resultó bellísima y sublime. Habían acudido al templo del monasterio algunos obispos y prelados para consagrar aquella iglesia; y saliendo la santa emperatriz a la misa, con gran acompañamiento, y vestida conforme a la imperial majestad, ofreció una cruz del santo madero de nuestra redención, y acabado el Evangelio, se desnudó de sus ropas imperiales y se vistió con el hábito pobre que ella misma se había hecho por sus manos, y se hizo cortar su hermosa cabellera que después se guardó por reliquia. Lloraban muchos de los circunstantes, unos porque perdían tan gran princesa y amorosa señora, y otros de pura devoción, considerando el ejemplo que les daba la que menospreciaba el cetro y la corona y los arrojaba a los pies de Jesucristo. Anímate, pues, hijo mío, a hacer algo por amor de aquel Señor que se lo merece todo, los bienes, la salud, la honra y la vida. Si no puedes hacer mucho en su obsequio y alabanza, haz lo poco que puedas, supliendo con el deseo lo que no puedes hacer con las obras.


Oración:

Señor Dios, que quisiste que la bienaventurada emperatriz Cunegunda, se conservase intacta virgen, antes y después del matrimonio, concédenos que sepamos dígnamente estimar la virtud de la continencia, y podamos observarla cada uno conforme a su estado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 25 de noviembre de 2012

Mujeres: ¡Sométanse a sus maridos!


"He aquí la esclava del Señor"

Mujeres: ¡Sométanse a sus maridos! 

¡¿Hasta cuándo ese feminismo idiota e impertinente que pretende penetrar hasta lo más profundo de los matrimonios?! 

Mujeres, si no están dispuestas a obedecer a sus maridos; entonces, ¡insolentes!; escuchen y obedezcan a vuestro Dios; que en primer lugar nos dice: 

“Mis ovejas escuchan mi Voz; y Yo las conozco; y me siguen” (Jn 10, 27) 

Y luego; manda a la mujer: 

1 Cor. 11, 9: “El hombre no fue creado para la mujer; sino la mujer para el hombre” 

Proverbios 12, 4: “La mujer virtuosa es corona de su marido; pero la que lo avergüenza es como podredumbre en sus huesos” 

1 Tito 2, 4-5: “Que las jóvenes amen a sus maridos y a sus hijos, que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada” 

Efesios 5, 22: “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor” 

1 Timoteo 2, 11: “Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia” 

1 Timoteo 2, 12: “Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada” 

Ester 1, 20: “Y cuando el decreto que haga el rey sea oído por todo su reino, inmenso como es, entonces todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” 

Colosenses 3, 18: “Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” 

1 Pedro 3, 1: “Así mismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres” 

Lucas 1, 38: “He aquí la esclava del Señor”



lunes, 19 de marzo de 2012

San José, Santo como ningún otro...




San José, Santo como ningún otro...


León XIII, Encíclica Quamquam Pluries, Ex Cathedra:

"Ciertamente, la dignidad de la Madre de Dios es tan alta que nada la puede sobrepasar. Sin embargo, como existe entre la Bienaventurada Virgen y José un lazo conyugal, no cabe duda de que éste se aproximó más que nadie a esa dignidad supereminente que coloca a la Madre de Dios muy por encima de todas las demás criaturas".


jueves, 17 de noviembre de 2011

El Arcángel San Rafael y el Matrimonio


El Arcángel San Rafael y el Matrimonio


Tobías 6, 16-18:

16 Díjole entonces el ángel Rafael: "Óyeme, y te enseñaré cuáles son aquellos sobre quienes tiene potestad el demonio.
17 Son los que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, dejándose llevar por su pasión, como el caballo y el mulo que no tienen entendimiento; ésos son sobre quienes tiene poder el demonio.
18 Mas tú, cuando la hubieres tomado por mujer, y hayas entrado en el aposento, no llegues a ella en tres días, y no pienses en otra cosa sino en hacer oración en compañía de ella."

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Traducción y Comentarios Bíblicos de Monseñor Straubinger:

Versículo 16: "El demonio": Aquí "Amodeo" (3, 8), uno de los muchos demonios. En cambio el diablo es uno solo: Satanás (Apoc. 20, 2 etc.).

Versículo 18 ss.: No tenía que velar toda la noche, según se ve en el Salmo 15. Si los contrayentes cristianos consideraran esto, ¿cuántos no ambicionarían conquistar semejantes bendiciones aprovechando la lección del Ángel? ¡Qué unión de espíritu para toda la vida no se labraría en esas tres noches de oración! Véase Mt 18, 20. Cf. I Cor. 7, 5 y nota.

Comentario anterior alusivo (V. 12): La poderosa intercesión de San Rafael se invoca para tener acierto, como Tobías, en la elección de esposa. Véase Tobías 7, 12.

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