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viernes, 22 de julio de 2016

Santa María Magdalena (22 de julio)



Santa María Magdalena.

(† hacia el 66.)

La bienaventurada María Magdalena, espejo de penitencia y fervorosísima discípula de Cristo, era hermana de san Lázaro y de santa Marta. Usando mal de la libertad que tenía por ser muertos sus padres, y viéndose noble, rica y hermosa, comenzó a darse a los gustos y deleites del mundo, de manera que vino a tener escandalizada toda la ciudad, en tanto grado, que la llamaban la pecadora. Dice el Evangelio que el Señor echó de ella siete demonios, por los cuales entienden algunos santos los pecados y vicios de que el Salvador la libró. Porque sabiendo ella que Jesús estaba convidado a la mesa de un rico fariseo llamado Simón, tomó un vaso de ungüento precioso en las manos y entró en aquella casa, y derribada a los pies del Salvador, comenzó a derramar lágrimas tan copiosas, que bastaron para regar los pies de Cristo, y luego los limpió con los cabellos, los besó y ungió con aquel precioso ungüento. Y como el fariseo juzgase que no debía de ser profeta quien se dejaba tocar de aquella pecadora, lo reprendió el Señor, y dio a la Magdalena un jubileo plenísimo y remisión de todos sus pecados, enviándola con paz y alegría a su casa. De allí en adelante comenzó la santa a emplear su caudal, su persona y hacienda en servicio de Jesucristo. Lo hospedaba con sus hermanos Lázaro y Marta, y habiendo Lázaro caído enfermo, enviaron las dos hermanas a Jesús un mensajero que le dijese: "Señor, el que vos amáis está enfermo". Vino el Señor a Betania muy tarde y cuando Lázaro estaba ya muerto y sepultado. Y viendo Jesús las lágrimas de amor y dolor de las dos hermanas, se enterneció y lloró con ellas, y resucitó a Lázaro de cuatro días muerto. Celebraron este gran prodigio haciendo un convite a Lázaro resucitado, el cual comía a la mesa, con Jesús y muchos judíos convidados, y con esta sazón ungió otra vez María los pies del Salvador. Lo acompañó después en su sagrada Pasión, perseverando al pie de la cruz y ungiendo con aromas el santísimo cadáver de Jesucristo, y en recompensa de tanto amor fue entre los testigos de la Resurrección que menciona el Evangelio, la primera que vio al Señor resucitado y glorioso. Y parece cosa sin duda que también se halló la santa a la subida de Cristo a los cielos, y en la venida del Espíritu Santo. Finalmente en la persecución que se levantó después de la muerte de san Esteban, María, Lázaro y Marta, con otros discípulos del Señor, fueron puestos en un navío sin velas ni remos, para que pereciesen en el mar. Mas aportando en Marsella, con el admirable ejemplo de su vida y palabras de cielo y milagros que hacían, convirtieron aquella provincia a la fe de Cristo, y se dice que san Lázaro fue obispo de Marsella, y la Magdalena, se retiró a una soledad donde pasó treinta años muy consolada del Señor, hasta que su alma bendita fue llevada al cielo por los santos ángeles. 


Reflexión: 

Es mucho para notar (como observa san Crisóstomo) que santa Magdalena fue la primera que vino al Señor para alcanzar el perdón de sus culpas, usando de todas las cosas que le habían sido instrumento de pecado, para hacer de ellas remedios contra el pecado; porque de los ojos con que cautivaba antes las almas hizo fuentes para lavar la suya; de los cabellos hizo lienzo para limpiarla; de la boca hizo portapaz para recibir la de Cristo; y del ungüento hizo medicina para curarse. Imitemos este ejemplo, y si de los dones que hemos recibido de Dios hemos hecho instrumentos para ofenderlo, usemos ahora de ellos para servirlo y amarlo. 


Oración: 

Te suplicamos, Señor, que seamos ayudados por la intercesión de la bienaventurada María Magdalena, a cuyos ruegos resucitaste a su hermano Lázaro, de cuatro días muerto. Tú que vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

jueves, 2 de junio de 2016

Santa María Ana de Jesús de Paredes (2 de junio)



Santa* María Ana de Jesús de Paredes.

(† 1645.)

La inocentísima y penitente virgen, santa María Ana de Jesús, nació de esclarecido linaje en la ciudad de Quito de la América meridional. Casi desde la cuna tomó el camino de la perfección, y se dio tanta prisa a correr por él, que al empezar, pudo parecer que acababa. Apenas tenía diez años, hizo ya los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, que suelen hacerse en la profesión religiosa. Como oyese un día las alabanzas de aquellos tres santos mártires de la Compañía de Jesús, que en el Japón habían sido crucificados y alanceados por la fe que predicaban, encendiéndose la santa niña en vivos deseos de ganar almas a Cristo y derramar su sangre en esta demanda, dejó secretamente, como santa Teresa de Jesús, la casa de sus padres y se puso en camino para ir a la conversión de los pueblos bárbaros e idólatras: mas no pudiendo llevar a cabo su intento, se hizo en una pieza muy retirada de su casa su yermo y soledad, donde apartada de todas las cosas del mundo, pudiese vivir para solo Dios. Allí imitó la vida asperísima y penitente que leemos de los admirables anacoretas de la Tebaida. Llevaba hincada en la cabeza una corona de punzantes espinas, ceñía su delicado cuerpo con áspero silicio, se ponía piedrecillas en los zapatos, tomaba su breve descanso sobre una cruz sembrada de espinas, y afligía varias veces así de día como de noche todos los miembros de su cuerpo con inauditas invenciones de tormentos. Eran tan extraordinarios y maravillosos sus ayunos que pasaba a veces ocho y diez días sin comer más de una onza de pan duro. A pesar de este extremado rigor que usaba consigo, era tan blanda y afable con los demás, que fácilmente rendía los corazones de cuantos trataba, y los ganaba para Jesucristo; y así redujo a vida honesta y virtuosa a muchos pecadores de toda condición y estado que se hallaban encenagados en los vicios, o muy apartados del camino de su salvación. Las consolaciones y soberanos favores que recibía en su íntimo trato con Dios, no son para declararse con palabras humanas. La vieron levantada de la tierra y brillando su rostro con una luz del cielo: tuvo excelente don de profecía y discreción de espíritu, curó a muchos enfermos, y resucitó a una mujer difunta. Finalmente habiéndose ofrecido al Señor para satisfacer con su muerte por los pecados del pueblo afligido a la sazón por la pestilencia que hacía en Quito grandes estragos, a la edad de veintiséis años entregó su alma al celestial Esposo. Una maravilla del cielo se vio momentos después de espirar la purísima doncella: y fue que de su sangre cuajada brotó una blanquísima y hermosísima azucena: por cuyo soberano acontecimiento comenzaron a apellidar a la santa con el nombre de Azucena de Quito. 


Reflexión: 

¡Qué contraste forma la vida de esta santísima doncella con la que llevan las doncellas mundanas de nuestros días, ataviados con todas las invenciones de la moda y escandalizando con su inmodestia y profanidad! Pero aquella con su retiro, su modestia, su honestidad y mortificación admirable fue una gran santa, y está gozando de inefable gloria en el cielo; y ¿qué será de esas jóvenes tan vanas, distraídas, orgullosas y sensuales, tan enemigas de la verdadera piedad, y tan amigas de los placeres del mundo? 

Oración: 

¡Oh Dios! que hasta en medio de los lazos del mundo quisiste que la bienaventurada María Ana floreciese como lirio entre las espinas, por su virginal castidad y asidua penitencia; concédenos por sus méritos e intercesión, que nos apartemos de los vicios y sigamos la senda de las virtudes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890



*Hemos reeditado el título de beata por el legítimo de santa, que le corresponde en la actualidad, dado que santa María Ana fue beatificada el 20 de noviembre de 1853 por Pío IX y canonizada el 4 de junio de 1950 por Pío XII.

martes, 17 de mayo de 2016

San Pascual Bailón (17 de mayo)


San Pascual Bailón. 

(† 1592)

Nació san Pascual Bailón en Torre hermosa, villa del reino de Aragón. Sus padres, que eran labradores, le dedicaron al oficio de pastor, y guardando las ovejas aprendió a leer y escribir. Llevaba en el zurrón varios libros de piedad y el oficio de la Virgen, que rezaba todos los días con singular devoción. Andaba descalzo por los lugares escabrosos y llenos de espinas, y vivía con la pureza e inocencia de un ángel. Habiéndole propuesto su amo Martín García la intención que llevaba de adoptarlo por hijo y hacerle dueño de muchas posesiones, le respondió el santo mozo que agradecía su buena voluntad, pero que su ánimo era imitar la pobreza de Jesucristo, haciéndose religioso. Veinte años tenía cuando pasó al reino de Valencia y se presentó a un convento de religiosos descalzos de san Francisco, llamado de nuestra Señora de Loreto; querían admitirle por fraile de coro, mas él no lo consintió; y aunque lo pusieron los guardianes en la portería, él no dejaba por eso de cultivar la tierra y servir en la cocina. Traía a raíz de las carnes una gruesa cadena de hierro, y rallos de hoja de lata; casi nunca cenaba, y en mucho tiempo no comió más que sólo pan. Dormía en el suelo sobre una estera, y su sueño no pasaba de tres horas. Cuando oraba delante del santísimo Sacramento no parecía hombre, sino serafín glorioso y abrasado en las llamas del amor divino, desfalleciendo de amor en los éxtasis y arrebatos de su alma. Escribió un pequeño tratado de la oración donde se halla lo más sublime de la contemplación, lo más inspirado de los salmos y lo más divino de la santidad. Multiplicó el pan para socorrer a los pobres, sanó innumerables enfermos y tuvo el don de profecía y el de penetrar los secretos del corazón. Hallándose en el convento de Villareal predijo el día de su muerte y rogó a uno de sus hermanos religiosos que le lavase los pies para recibir la Extrema-Unción. Y en efecto, a los pocos días enfermó gravemente, y habiendo recibido los santos sacramentos con gran devoción y reverencia, pidió que le pusiesen en el suelo y allí espiró invocando el dulce nombre de Jesús. Quedó su cuerpo hermoso y flexible, y en los tres días que estuvo expuesto, todos los enfermos que le tocaron recibieron la salud; era tan grande la muchedumbre que acudía a venerarlo, que fue menester el auxilio de la autoridad civil y de la fuerza armada para poderlo enterrar. Lo pusieron en una caja llena de cal viva; pero a los diecinueve años lo hallaron entero e incorrupto, continuando el Señor en obrar por este santo numerosos prodigios en favor de sus fieles devotos. 

Reflexión: 

Suelen representar la imagen del seráfico san Pascual, hincada de rodillas y estática delante de la Sagrada Custodia, porque era singular y ardentísima la devoción que profesaba a nuestro Señor sacramentado. En el sagrario está Jesús para que le visitemos y nos regalemos con su presencia adorable, allí nos está esperando con los brazos abiertos y con el pecho abrasado de amor. No le seamos ingratos y desconocidos, que no es buen amigo de Jesús quien no le visita en el santísimo Sacramento del altar; y pues los que se aman suelen visitarse con frecuencia, vayamos a postrarnos cada día ante el sagrado Tabernáculo, donde tenemos nuestro hermano, nuestro amigo y nuestro amorosísimo Redentor Jesús. 

Oración: 

Oh Dios, que adornaste a tu bienaventurado confesor Pascual con un amor maravilloso a los sagrados miste-rios de tu Cuerpo y Sangre, concédenos, misericordioso Señor, que merezcamos percibir aquella dulzura que sentía él en este divino convite del espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

miércoles, 11 de mayo de 2016

San Mamerto, obispo (11 de mayo)



San Mamerto, obispo.

(† 477)

Entre los santísimos prelados que ilustraron la Iglesia de Dios en el siglo V, uno fue el glorioso san Mamerto, obispo de Viena en el Delfinado. En aquel tiempo desolaban todo el país grandes calamidades y azotes del cielo. Se sucedían unos a otros los terremotos, incendios y guerras: las fieras, llenas de pavor por los temblores de la tierra, dejaban las cuevas de los montes y se llegaban a las poblaciones con gran espanto de la gente; la cual a la vista de estos azotes hacía penitencia de sus pecados y se disponía a la festividad de la Pascua de Resurrección para recibir dignamente la comunión pascual, esperando alcanzar de esta suerte el remedio de tantos males. Concurrieron pues todos contritos a la iglesia, a celebrar el misterio en la vigilia de la gloriosa noche: pero habiéndose incendiado varias casas principales de la ciudad, huyeron del templo despavoridos. Sólo el santo obispo quedó en la iglesia, implorando con entrañables gemidos la divina misericordia, y fue tan grande la eficacia de sus lágrimas, que presto se apagó aquel gran incendio, y los fieles volvieron para continuar su penitencia a los oficios divinos. En esta ocasión ordenó el santo obispo tres días de rogativas públicas acompañadas de ayunos y oraciones, en los días que preceden a la fiesta de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, a los cuales concurrió toda la ciudad con gran compunción, lágrimas y gemidos; y desde entonces se vio libre de las calamidades que la oprimían. Divulgada la fama de esta institución y su buen suceso, fue imitada en las provincias vecinas y se extendió muy presto por la Iglesia occidental, donde se ha venido siguiendo hasta nuestros días: de manera que aunque semejantes preces precedieron a la edad de san Mamerto desde tiempo indefinido, en cuanto a la determinación de la forma con que se hacen tienen por autor a este insigne y santo prelado. Halló san Mamerto las preciosas reliquias de san Julián y san Ferreolo, ilustres mártires que padecieron en la sangrienta persecución de Dioclesiano y Maximiano; las cuales trasladó a un magnífico templo que había labrado. Finalmente después de haber gobernado santamente su iglesia algunos años, y edificado con sus virtudes y milagros, murió en la paz del Señor, y su sagrado cadáver fue sepultado con gran veneración en la iglesia de los santos Apóstoles, extramuros de la ciudad de Viena, desde donde se trasladaron después sus reliquias a la basílica Contantiniana de santa Cruz de Orleans. Allí permanecieron en gran veneración hasta el siglo XVI, en el que los hugonotes, durante sus sacrílegas irrupciones del año 1562, entrando en Orleans, quemaron la cabeza y huesos del santo, que estaban en diferentes cajas y dispersaron sus cenizas. 


Reflexión: 

¿Qué son todas las calamidades y males que nos afligen sino frutos del pecado? que no hizo Dios la muerte, como dice el apóstol, sino que por el pecado entró la muerte en el mundo. Y aunque en la presente providencia se sirve nuestro Señor de estos males, ya para castigarnos, ya para darnos ocasión de mayores merecimientos, ya para darnos a entender que no hemos de buscar en este mundo nuestro paraíso; siempre ha sido costumbre muy cristiana la de implorar en los comunes males la divina clemencia con públicas rogativas. Procura asistir a ellas con gran piedad, que el Señor casi siempre suele oír las plegarias de todo un pueblo contrito y humillado y suele darle lo mismo que pide. 

Oración: 

Concédenos, oh Dios omnipotente, que en la venerable solemnidad del bienaventurado Mamerto, tu confesor y pontífice, se acreciente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

martes, 1 de marzo de 2016

San Rosendo, obispo y confesor (1 de marzo)


San Rosendo, obispo y confesor

(† 977.)

El admirable obispo san Rosendo, nació de una de las más ilustres casas de Galicia y Portugal, y fue hijo de los condes Don Gutiérrez Méndez de Arias y doña Aldara. Procuró con gran cuidado la bondadosa madre inclinar al niño a las virtudes cristianas y educarle en las letras como a su calidad convenía; y se adelantó de manera en la piedad y en el estudio de las ciencias humanas y sagradas, que habiendo vacado el obispado de Dumio, todo el clero y el pueblo hicieron la elección de prelado en Rosendo, que sólo contaba a la sazón dieciocho años. La poca edad e inexperiencia que él alegaba para huir de aquella dignidad, las suplió ventajosamente con su santidad y maravillosa prudencia. Todos los días predicaba al pueblo la palabra de Dios: Se mostraba padre y tutor de los pobres a quienes repartía por su mano largas limosnas, y con su celo apostólico reformó las costumbres de toda su diócesis. A instancias del rey don Sancho tomó el gobierno de la Iglesia de Compostela, en la cual hizo el copioso fruto que el rey deseaba. Invadieron por este tiempo los normandos a Galicia, y los moros a Portugal; y estando el rey don Sancho ausente, congregó nuestro santo prelado un poderoso ejército, y animando a las tropas con aquellas palabras de David: "Ellos en carros y caballos, y nosotros en el nombre del Señor", arrojó a los normandos de Galicia, y reprimió a los árabes alcanzando de ellos un glorioso triunfo, por el cual fue recibido en Compostela con grandes demostraciones de júbilo, como a vencedor asistido del cielo. Mas, suspirando el santo por la soledad, edificó en el pueblo del Villar el célebre monasterio de Celanova, uno de los más magníficos de la Religión benedictina, donde sirvieron a Dios muchos monjes de sangre noble y de vida santísima. Les dio por padres a Franquila, abad del monasterio de san Esteban, y muerto este santo varón, todos eligieron a san Rosendo. Algunos obispos y abades renunciaron la dignidad, y muchos señores nobles las grandezas del mundo, para tomar el hábito de manos del santo, y ponerses debajo de su paternal gobierno.El Señor acreditaba su santidad con el don de milagros, los cuales fueron tantos en número, que de ellos se compuso un códice que se conservó en el monasterio de Celanova. Finalmente a los setenta años de su vida santísima, envuelto en su cilicio, rociado de ceniza y visitado de los ángeles, entregó su espíritu al Creador.



Reflexión:

En la hora en que murió el santo, preguntándole los monjes anegados en lágrimas a qué superior les encomendaba, respondió: "Confiad, hijos míos, en el Señor: poned en él vuestra confianza, que no os dejará huérfanos. Os encomiendo a Jesucristo, que os redimió con su preciosa sangre, y os congregó en este lugar". Bajo su amparo nos hemos de poner también nosotros continuamente; pero, sobre todo, en tentación. ¿Qué mejor ayuda? ¿Qué mayor fortaleza para nuestra alma? "Si vinieran ejércitos contra mí, no temerá mi corazón. Si arreciare la batalla, en Él confiaré", dice el profeta. Y  a la verdad, ¿quién podrá contra nosotros, si está de nuestro lado el Señor? ¿Acaso la tentación? ¿Acaso las angustias? ¿Acaso los trabajos? "Estoy cierto, decía el apóstol san Pablo que confiaba en el Señor, que ni la tribulación, ni el hambre, ni las persecuciones serán capaces de vencerme y separarme de la caridad de Cristo". En Él venceremos también nosotros.

Oración:

Te suplicamos, Señor Dios, que favorezcas a tus siervos, por los gloriosos méritos de tu confesor y pontífice Rosendo, para que por su intercesión, seamos siempre protegidos en todas nuestras adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 10 de enero de 2016

Santa Tristeza: Oración para pedir a Dios Espíritu de Penitencia



Oración para pedir a Dios espíritu de Penitencia 
(Antes del Examen de Conciencia)

Señor, que nos anunciaste por tus Profetas que destruirás a todos aquellos que no hagan penitencia, haz que yo crea enteramente sus palabras, que me abrase en una seria penitencia como los Ninivitas, y que a ejemplo de su Rey renuncie al lujo, a la pompa y a la vanidad. Convierte, Señor, tu indignación en misericordia, y perdóname, en lugar de dejarme perecer, como lo merezco.

Señor, que no exceptuaste al Rey Profeta de las humillaciones, y austeridades de la penitencia, haz que yo imite su humildad y su fervor. Haz que una santa tristeza ocupe mi corazón, y no sea yo más delicado en el ejercicio de la penitencia, que lo han sido los Reyes penitentes, cuya penitencia está referida en tu divina palabra. Hazme padecer en esta vida, para librarme de padecer en la eternidad.

Señor, he imitado la impiedad de los que renunciaron a tu culto por ser idólatras, resplandeciendo en mi corazón los ídolos de mis pasiones, que tu gracia había arrojado de él en mi Bautismo. He erigido en mi alma altares al demonio, y al mundo tus enemigos: Les he consagrado la mejor porción de mi tiempo y de mis afectos, he estado sujeto a la avaricia, que es una especie de idolatría, y he vivido como si tributara honores divinos a las criaturas que amaba.

He profanado en mí tu Templo, y esta morada, que tú habías elegido y santificado. Tengo, pues, justísimo motivo de temer que me castigues; pero, Señor, ¿no he sido yo bastante castigado por mis pecados mismos, a los que tus tan terribles juicios me han abandonado? Llena mi corazón de un profundo arrepentimiento, y purifícalo de todas sus profanaciones, y de todas sus manchas.

Señor, que no desechas a nadie, sino que perdonas a todos los pecadores sin distinción alguna, cuando se convierten a ti, por medio de una sincera penitencia, dígnate atender a las oraciones que te hacemos en nuestra miseria y nuestro dolor, para que podamos cumplir tus Mandamientos.

Señor, que haces justos, cuando es tu voluntad, a los pecadores, y que no quieres su perdición, suplicamos con toda instancia a tu Divina Majestad, que nos asista con tu gracia, según la confianza que tenemos en tu misericordia, y que nos conserve mediante una continua protección, para que perseveremos en tu servicio, y para que ninguna tentación sea capaz de separarnos de ti.

Señor, que no quieres la muerte, sino la penitencia y la conversión de los pecadores, dígnate atender por tu bondad a mis fragilidades y a mis flaquezas, y favorece los esfuerzos que empiezo a hacer por tu asistencia; para que alcance por tu misericordia infinita el perdón de mis pecados, la constancia en tu servicio, y finalmente el premio que has prometido a los que perseveraren. Por N. S. Jesucristo. Amen.




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Fuente: "Oraciones para recibir dignamente los Sacramentos", P. Francisco Amado Pouget, 1792

domingo, 30 de noviembre de 2014

La Agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní


La Agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní

"Uno de los mayores sufrimientos en la vida que se pueda experimentar es el saber que uno está en lo cierto, pero que el resto considera que está equivocado; el ser inocente, pero ser declarado culpable; el estar sediento por justicia, pero no ser saciado; de resistirse a los perseguidores malvados, pero luego caer en sus manos. Jesús cayó en manos de aquellos que lo despreciaban profundamente, de aquellos que dedicaron sus vidas para acabar con Él. Ellos no eran del Padre, porque no eran de la Verdad. Él comprendía la profundidad de su malicia infinitamente mejor que ningún otro. Ellos lo odiaban simplemente porque ellos eran de las tinieblas y Él era la Luz. Y al fin, la hora de las tinieblas había llegado". 

Hno. Pedro Dimond


jueves, 6 de junio de 2013

EXAMEN DE CONCIENCIA



EXAMEN DE CONCIENCIA
que se ha de hacer al fin del día

Para con Dios:

Amor a Dios sobre todas las cosas. Negligencias y omisiones en mis deberes de religión. Irreverencias en la iglesia. - Santificación del Domingo. - Falta de respeto a las personas y cosas santas. -Dudas sobre de Fe. -Respetos humanos. - Blasfemias. -Murmuraciones. -Falta de confianza o de resignación. -Resistencias a la gracia.

Para con el prójimo:

Amor del prójimo por Dios. -Falta de solicitud, -de obediencia. Pertinacia. -Aspereza. Desprecio. -Frialdad. -Odio. -Envidia. -Injurias. - Perdón de las injurias. -Burlas. -Calumnias. -Maledicencias. -Falsos testimonios. -Violencias. -Mentiras. -Malos ejemplos. - incitación al mal. -Escándalos. -Injusticias -Daño en la reputación o los bienes. -Deudas. -Hurtos. -Deberes patrióticos. -Deberes sociales.

Para consigo mismo:

Satisfacción. - Enmienda de mi principal defecto. Práctica de mi virtud dominante. -Sencillez. -Generosidad. -Orgullo -Vanidad. -Avaricia. -Sensualidad en deseos, miradas, lecturas, palabras, acciones. -Intemperancia. -Gula. -Molicie. -Inmortificación. -Ira. -Impaciencia. -Pereza n el cumplimiento de mis deberes de estado.

sábado, 22 de diciembre de 2012

La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es!

Cuerpo Incorrupto de Santa Bernardita
La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es!

Las últimas palabras de Santa Bernardita, a quien Nuestra Señora de Lourdes se le apareció muchas veces, y quien muriera a la edad de 35 años permaneciendo hasta la actualidad como si jamás hubiese muerto; fueron:

"La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es!. Madre, ruega por mí que soy pecadora"

¿Qué nos queda pedir a nosotros, entonces, con tanta miseria corrupta ante tal hermosura inmaculada y virginal?

Callar y obedecer al mensaje central de Nuestra Señora de Lourdes, que se reduce a tres palabras:

¡PENITENCIA!   ¡PENITENCIA!   ¡PENITENCIA!


viernes, 14 de septiembre de 2012

El Príncipe San Roque


El Príncipe San Roque

"Por eso dije, y vuelvo a decir, que me causa admiración que Roque se mantuviera inocente en su palacio a pesar de tantos peligros. Fue muy semejante a aquellos cuatro jóvenes de la real sangre de Judá, que no se contaminaron entre las delicias y los regalos del palacio de Nabucodonosor. Y si bien se mira, los excedió; pues apenas tenía doce años, mortificaba su cuerpo tierno con disciplinas y con ayunos, y no quería comer sino legumbres. Y fue, así mismo, muy semejante al joven Tobías en la devoción y en la piedad con que iba a los templos, en la misericordia con que socorría a los pobres, en la afabilidad con que trataba a todos. No hay virtud que no ejercitara en los palacios...

Así, oyentes míos, peleaba y vencía a los enemigos de su alma en sus tiernos años, pero al mismo tiempo, conociendo los riesgos a los que estaba expuesto, y disgustado con la sumisión y respeto con que le trataban sus vasallos, y de la soberanía y majestad de su empleo; resolvió dejarlo todo para ser un humilde soldado de Jesucristo. Muerto su padre, vendió los bienes libres de su patrimonio y los distribuyó entre los pobres; el gobierno de sus estados los encargó a su tío, y con el traje de pobre peregrino, se fue a visitar las iglesias de Roma"

Extracto de un Sermón de Msr J. Climent, 1800


domingo, 5 de agosto de 2012

La Gracia de la Contrición Perfecta



La Gracia de la Contrición Perfecta

"Oí hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte por unos crímenes horribles. Todo hacía pensar que moriría impenitente. Yo quise evitar a toda costa que cayese en el infierno, y para conseguirlo empleé todos los medios imaginables. Sabiendo que por mí misma no podía nada, ofrecí a Dios todos los méritos infinitos de Nuestro Señor y los tesoros de la santa Iglesia; y por último, le pedí a Celina que encargase una Misa por mis intenciones, no atreviéndome a encargarla yo misma por miedo a verme obligada a confesar que era por Pranzini, el gran criminal. Tampoco quería decírselo a Celina, pero me hizo tan tiernas y tan apremiantes preguntas, que acabé por confiarle mi secreto. Lejos de burlarse de mí, me pidió que la dejara ayudarme a convertir a mi pecador. Yo acepté, agradecida, pues hubiese querido que todas las criaturas se unieran a mí para implorar gracia para el culpable. En el fondo de mi corazón, yo tenía la plena seguridad de que nuestros deseos serían escuchados. Pero para animarme a seguir rezando por los pecadores, le dije a Dios que estaba completamente segura de que perdonaría al pobre infeliz de Pranzini, y que lo creería aunque no se confesase ni diese muestra alguna de arrepentimiento, tanta confianza tenía en la misericordia infinita de Jesús; pero que, simplemente para mi consuelo, le pedía tan sólo «una señal» de arrepentimiento...

Mi oración fue escuchada al pie de la letra. A pesar de que papá nos había prohibido leer periódicos, no creí desobedecerle leyendo los pasajes que hablaban de Pranzini. Al día siguiente de su ejecución, cayó en mis manos el periódico «La Croix». Lo abrí apresuradamente, ¿y qué fue lo que vi...?

Las lágrimas traicionaron mi emoción y tuve que esconderme... Pranzini no se había confesado, había subido al cadalso, y se disponía a meter la cabeza en el lúgubre agujero, cuando de repente, tocado por una súbita inspiración, se volvió, cogió el crucifijo que le presentaba el sacerdote ¡y besó por tres veces sus llagas sagradas...!

Después su alma voló a recibir la sentencia misericordiosa de Aquel que dijo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por los noventa y nueve justos que no necesitan convertirse..."


Santa Teresita del Niño Jesús; "Historia de un Alma"

martes, 11 de noviembre de 2008

LUCAS 13,1-5: La Penitencia y el Sacrificio


Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le decían nuevas de los Galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios de ellos. Y Jesús les respondió diciendo: "¿Pensáis que aquellos Galileos fueron más pecadores que todos los otros por haber padecido tales cosas? Os digo que no: Mas si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera. Así como también aquellos diez y ocho hombres, sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató: ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que moraban en Jerusalén? Os digo que no: Mas si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera". (Lc 13,1-5)

Glosa, aequivalenter, non expresse
Después de hacer mención de las penas de los que pecan, habla muy oportunamente del castigo de algunos pecadores, para que sirva de ejemplo a los demás. Por eso dice: "Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le decían nuevas de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios de ellos".

San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Eran los sectarios de Judas de Galilea, de los que hace mención San Lucas en los Hechos de los apóstoles ( Hch 5,36) diciendo que no se debía llamar señor a nadie. Por lo que muchos de ellos, que no reconocían al César como a señor, fueron castigados por Pilato. Decían también que no convenía ofrecer a Dios otras víctimas que las designadas en la ley de Moisés, por lo que prohibían ofrecer las víctimas establecidas por el pueblo por la salud del emperador y del pueblo romano. Indignado Pilato por esto contra ellos, mandó sacrificarlos entre las mismas víctimas que se ofrecían según la ley, de modo que la sangre de los que ofrecían se mezcló con la de las víctimas ofrecidas. Y creyendo el vulgo que estos galileos habían padecido con justicia este castigo porque habían escandalizado al pueblo y excitado el odio de los súbditos contra los magistrados, contaron esto al Salvador deseando conocer lo que opinaba sobre ello. Y el Señor dijo que obraban mal. Sin embargo, no dijo que los que padecían estas penas fueran peores que los que no las padecían. Por lo cual prosigue: "Y Jesús les respondió diciendo: ¿Pensáis que aquellos galileos fueron más pecadores que todos los otros?", etc.

Crisóstomo, hom. 5 De Lázaro
Dios castiga a ciertos pecadores, destruyendo su malicia y decretando pena más leve para ellos, los separa de los otros y corrige a los que viven en el mal con la condenación de algunos. Además, aquí no castiga a otros, con el fin de que, si hicieren penitencia, evitasen los castigos presentes y la pena eterna, pero si perseveraren en su malicia, habrán de sufrir mayor tormento.

Tito Bostrense
Aquí da a conocer que lo que salga de los juicios para castigo de los reos, no es sólo por el poder de los que juzgan, sino también de la voluntad de Dios. Por tanto ya castigue el juez con rectitud o ya condene teniendo en cuenta alguna otra mira, debe creerse que ha sido dispuesto por el juicio de Dios.

San Cirilo, ut sup
Queriendo el Señor separar a los pueblos de las insurrecciones internas concitadas con pretexto de la religión, añade: "Mas si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera" (y si no cesáis de conspirar contra los príncipes, no obraréis conforme con la voluntad divina) y vuestra sangre se mezclará con la de vuestras víctimas.

Crisóstomo, ut sup
El Señor da a conocer con esto que permitió que fuesen castigados algunos para que aterrados por los peligros ajenos, los que ésto mirasen se hiciesen herederos del reino de los cielos. ¿Cómo, pues? dirás, ¿acaso otro hombre es castigado para que yo mejore mi conducta? No, por cierto, es castigado por sus propias culpas, pero su castigo es un motivo de salvación para los que lo ven.

Beda
Pero como no hicieron penitencia, cuarenta años después de la pasión del Señor, viniendo los romanos (a quienes Pilato representaba como de su misma nación) y empezando por la Galilea (en donde había empezado la predicación del Señor) destruyeron de raíz aquella nación impía y no solamente mancharon con la sangre humana los atrios del templo donde acostumbraban a ofrecer los sacrificios, sino también el interior.

Crisóstomo, ut sup
Además, otros dieciocho habían sido aplastados por una torre acerca de los que continuó de la misma manera, diciendo: "Así como también aquellos dieciocho hombres y sobre los cuales cayó la torre de Siloé y los mató: ¿pensáis que ellos fueron más culpables que todos los hombres que moraban en Jerusalén? Os digo que no". Así, no castiga a todos en este mundo, sino que da tiempo para hacer penitencia, y no reserva a todos al castigo de la otra vida, con el fin de que muchos no renieguen de su providencia.

Tito Bostrense
Compara esta torre a toda la ciudad para que la parte aterre al todo. Así es que dice: "Mas si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera". Como diciendo, toda la ciudad será ocupada poco después, si perseveran en la infidelidad.

San Ambrosio
En sentido místico, aquellos cuya sangre mezcló Pilato con sus sacrificios, son en cierto modo figura de los que por sugestión diabólica no ofrecen el santo sacrificio con pureza y cuya oración está en el pecado, así como está escrito de Judas, que meditaba su traición en medio del sacrificio de la Sangre del Señor.

Beda
Pilato (que quiere decir boca de herrero) significa al diablo, que siempre está preparado para herir; la sangre representa al pecado y los sacrificios expresan las buenas acciones. Por tanto, Pilato mezcla la sangre de los galileos con la de sus sacrificios, cuando el diablo mancha la limosna y las demás buenas acciones de los fieles con la delectación de la carne, con la ambición de la humana alabanza o con cualquier otra iniquidad. Aquellos jerosolimitanos que fueron aplastados por la torre, representan a los judíos que no quisieron hacer penitencia y que habían de perecer dentro de sus mismas murallas. No carece de misterio el número dieciocho (el cual entre los griegos se escribe con I y H, que son las mismas letras con que empieza el nombre de Jesús). Esto quiere decir que los judíos habrían de perecer principalmente porque no quisieron reconocer el nombre del Salvador. Esa torre representa al que es la torre de la fortaleza, la cual estaba en Siloé, que quiere decir enviado. Representa, pues, al que vino al mundo enviado por el Padre y que aplastaría a todos aquéllos sobre quienes cayese.

Fuente: http://hjg.com.ar/catena/c543.html

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