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martes, 5 de enero de 2016

La Obligación del Primer Mandamiento


La Obligación del Primer Mandamiento

Éste es el título de la primera ópera de Mozart: Una Ópera Sacra. Más allá de la paradoja de que, el autor de muchas de las obras más bellas de la música religiosa, haya tenido el triste final de un masón castigado (castigo que parece advertirle la letra de éste, su inicial trabajo teatral); hemos querido traer aquí, sin embargo, el texto de dicho obra lírica, a modo de Auto Sacramental, para estremecimiento y reflexión de nuestros lectores. Sus personajes son más que elocuentes. El mensaje católico no se presta a ninguna ambigüedad.

La Obligación del Primer Mandamiento
(Die Schuldigkeit des ersten Gebotes, K. 35, 1767)

Música del niño de 11 años Wolfgang Amadeus Mozart (1756 - 1791)

Texto del Alcalde del Arzobispo de Salzburgo, Ignatz Anton von Weiser (1701 - 1785)


Sinfonía

(La escena representa un hermoso paraje con un jardín y un pequeño bosque. El cristiano tibio sueña dormido entre unos arbustos floridos)

Recitativo

LA JUSTICIA DIVINA
La loable y justa plegaria que me has dirigido,
afligido por la salvación de los mortales,
me resulta muy grata,
pero no tengo intención
de que se salven los siervos indolentes.
Sabes que me corresponde recompensar
al piadoso y castigar a aquél que no se libera
del pecado por medio de la expiación
y el arrepentimiento.
Todo eso se produce solamente
por una gracia inmerecida,
que únicamente la bondad del Altísimo
puede conceder según le plazca.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Sigamos adelante! Que mi reiterada súplica
del mismo modo se dirija a ti,
¡oh Misericordia Divina!

LA MISERICORDIA DIVINA
¿Qué es lo que esperas?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Oh, todo el favor
y el auxilio de tus manos!

LA MISERICORDIA
Y entonces, ¿qué es lo que te preocupa tanto?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Oh, el estado lastimoso,
la ceguera, el peligro de los indiferentes,
el reducido número de los que se esfuerzan
por recorrer el estrecho camino
de la verdadera virtud;
los muchos que hacia
las enormes fauces infernales
corren por floridos senderos;
el astuto espíritu mundano
que oculta pecados y peligros
bajo la apariencia de una ilusión
y seduce a multitudes enteras!

No. 1 -Aria

Con dolor tendré que ver
innumerables almas amadas
que caen perdidas
en las garras de mi enemigo,
a menos que tu poder milagroso
los salve y los libere.

Sus pasiones desenfrenadas,
como ríos que se desbordan incontrolables,
llenos de espuma,
los arrastra por miles.

Con dolor tendré que ver, etc.

Recitativo

LA MISERICORDIA
La caída de tantas almas se considera,
con toda razón, como algo deplorable,
pero es siempre su propia voluntad
la que los hace hundirse.
El primero,
el mayor y más importante mandamiento:
"Amarás al Señor tu Dios,
con toda tu alma, tu corazón y tus fuerzas",
es, para sus mentes indolentes, una pesada carga.

LA JUSTICIA
¿Pero la razón y la naturaleza,
no les inculcó esta obligación
desde que eran niños?
Al fin y al cabo, el Padre los ha creado de la nada,
los protege, los ama, los alimenta
y los recompensa eternamente.

LA MISERICORDIA
¿No es Él, el único Dios verdadero?
¿Y digno por lo tanto de un amor supremo?

LA JUSTICIA
El esplendor del mundo, el libertinaje, el egoísmo,
y el vano resplandor de la gloria
son los ídolos perversos
que pretenden ser iguales al Creador,
o incluso superiores a Él.

LA MISERICORDIA
Las palabras vanas se escuchan más atentamente
que la palabra divina.

LA JUSTICIA
Sólo ven ante sus ojos
los falsos resplandores
y no se ven a sí mismos, ni ven el cielo,
ni el infierno, ni la muerte, ni a sus jueces.

LA MISERICORDIA
Sí, les encanta ignorar
la doctrina de la salvación
y el cumplimiento de sus deberes.

LA JUSTICIA
Y tampoco ven
cómo se premia el buen ejemplo,
y se castiga el error...

LA MISERICORDIA
Así es, y mis recriminaciones y amonestaciones
no quieren ni oír, ni comprender...

LA JUSTICIA
La Justicia Divina no puede
absolverlos de sus pecados.

LA MISERICORDIA
La misericordia de Dios
no encuentra compasión para ellos.

No. 2 - Aria

Un león ruge enfurecido
llenando el bosque de temor,
y observa en derredor en busca de su presa.

Sin embargo, el cazador aún quiere dormir,
abandona el rastro de su presa y, dejando su arma,
desdeña toda protección y auxilio.

Un león ruge enfurecido… etc.

Recitativo

¿Crees que alguien lamentará
si ese cazador
sufre una muerte vil?

LA JUSTICIA
O que en vez de llorarlo,
se dirá simplemente que su obstinación
fue la causa de su deceso.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Es realmente cierto
que son despreocupados
y están como aturdidos,
pero ¿no hay ningún modo
de encontrar un remedio?
Quizás, la luz de la razón
llegaría pronto
a su mayor esplendor
y la errónea voluntad
rápidamente se redimiría
si tuvieran visible ante sus ojos
la imagen tenebrosa y horrenda
del abismo infernal.
Si resonaran los terribles aullidos
salidos de innumerables bocas.
Si un condenado se levantara
desde su tumba para mostrar
por medio de su funesta caída
el deber de respetar
el gran y supremo mandamiento,
el celo hacia él, la dedicación del aprendizaje
y la ciencia de la salvación.

LA MISERICORDIA
Por medio de la voz de los maestros
tu ejemplo y tus palabras
pueden contemplar, conocer
y oír suficientemente.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Ah, permite que al menos llegue una severa
exhortación a sus tibios corazones!

LA MISERICORDIA
Muy bien, se hará según tu deseo.

LA JUSTICIA
La justicia quiere concederte lo que pides,
sin embargo, para ello, la voluntad
de los hombres debe serme propicia.
Para poder aumentar
el número de los elegidos
no puedes reclamarme que me pliegue
a sus deseos incondicionalmente.
Sigue estando en sus manos oír mi llamada
o apresurarse por el camino
que conduce a las anchas fauces del infierno.
Mira, ahora voy a hacer la prueba
con ese mortal,
a quien la falsa seguridad
ha sumido en un profundo sueño.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Ojalá que tu terror curativo
pueda despertar de su sueño
a todos los espíritus inertes!

No. 3 - Aria

LA JUSTICIA
Despierta, siervo perezoso,
que durante mucho tiempo has perdido
la noble recompensa, cuando por otra parte,
naciste para el esfuerzo,
la diligencia y el trabajo
¡Despierta siervo indolente,
te aguarda un severo juicio!

¡El infierno y la muerte te están llamando!
¡De tu vida habrás de dar
cuenta precisa
al juez, tu Dios!

Despierta, siervo perezoso, etc.,

Recitativo

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Se mueve.

LA MISERICORDIA
Parece despertar.

LA JUSTICIA
Ahora podrás observar escondido aquí
si mis palabras producen el efecto deseado.

(La Justicia y la Misericordia suben
al cielo, entre las nubes.)

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Esperemos lo mejor.

(se esconde)

Recitativo

EL CRISTIANO
¿Qué? ¿Quién me despierta?
No veo a nadie por aquí.
¿Ha sido una ilusión?
¿Es realidad o fue una broma?
La muerte, el infierno, el juicio,
el espíritu, decidme..

EL ESPÍRITU MUNDANO
¿Qué juicio? ¿Qué muerte? ¿Qué infierno?
¡Tonterías!

EL CRISTIANO
¡Amigo! ¡Qué oportunamente llegas!

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Ahora escucha a mi enemigo, ¡qué desgracia!

EL CRISTIANO
¡Oh, solaz! ¡Oh, consejo para mi alma angustiada!

EL ESPÍRITU MUNDANO
¿Qué ha sucedido?

EL CRISTIANO
Una extraña llamada,
perturbó mi sueño
amenazándome con el castigo infernal.
Me ha asustado de tal manera,
que estoy lleno de temor...

EL ESPÍRITU MUNDANO
Es suficiente, he comprendido.
No es más que un engaño
de nuestro enemigo,
sólo fue un sueño vano,
una idiotez que se desvanece
apenas nos despertamos,
una sombra insignificante.
¡Olvídala,
no hay de qué preocuparse!

EL CRISTIANO
Pero sin embargo, aún resuenan
en mi mente las palabras:
"Despierta, siervo indolente,
de tu vida habrás de dar precisa cuenta".

EL ESPÍRITU MUNDANO
No sé qué pensar ahora de ti.
¿Perdiste tu ingenio?
¿Acaso está fuera de ti mismo?
Por cierto, estás desconcertado.
Un sueño es sólo el miserable resultado
de la sangre que fluye
y golpea el cerebro.
Un hijo de la felicidad como tú,
que vive tan bien,
alejado hasta el momento
de de toda mentalidad siniestra,
no entiendo cómo puede ahora
asustarse por las imágenes
de un simple sueño.
Si yo hubiese creído mínimamente
en tantos sueños como he tenido,
hace mucho que habría perdido la vida,
por miedo y preocupación.
Mejor harías en creer en mí,
que en tus sueños.

No. 4 - Aria

Si el Creador nos puso
sobre esta tierra;
¡alégrate, ríe, bromea,
y deja que los sueños sean sólo sueños!

Que tu dicha y tu alegría vaguen
por los bosques, campos y praderas;
y que tu oprimido corazón
se abandone a la voluptuosidad.

Si el Creador nos puso... etc.

Recitativo

EL CRISTIANO
En que los sueños son sueños,
estoy de acuerdo;
sin embargo, hubo una voz
que me sacó
con fuerza de mi reposo
y es imposible que pudiera
ser un mero sueño.
¡Aún recuerdo claramente todas las palabras,
porque al despertar seguía oyéndolas!
¡Aún siento los latidos de mi angustiado corazón!
¡Cómo la sangre avanza a duras penas
y hace temblar mis abatidos miembros!
¡Siento como si sólo tuviese media vida!

No. 5 - Aria

EL CRISTIANO
La fuerza de las solemnes palabras
que penetraron en mi alma,
exige que rinda cuentas.

Sí. Y con su eco,
mi temeroso oído vuelve a oír
la llamada de las trompetas

La fuerza de las solemnes palabras... etc.

Recitativo

EL ESPÍRITU MUNDANO
Si esto es así, no lo dudes más:
te ha gastado una broma pesada
ese enemigo que en ningún momento olvida
atormentarte a ti y a mí.

EL CRISTIANO
¿Quién es el que me odia,
sin incurrir yo en culpa?
¡No lo conozco y ni siquiera sé su nombre!

EL ESPÍRITU MUNDANO
Te odia por mi causa,
pero no me pidas que te diga su nombre.
Ha de bastarte que con pocas palabras
te lo describa fielmente.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
(aparte e indignado)
¿Es posible seguir callado más tiempo?

EL ESPÍRITU MUNDANO
Es un espantamoscas
que a los demás y a mí mismo
no concede apenas una sola dicha;
que huye de toda diversión y conversación
con la gente animosa de este mundo.
Que mide cada capricho de conciencia
según su propia longitud, ancho y profundidad.
Que busca imponer a todos su moral,
que está colmado de estúpidas simplezas,
y es al mismo tiempo
muy intransigente y riguroso.
Sus palabras, sus ideas y sus obras
son pura retórica clerical.
En una palabra:
es un tipo muy especial.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Oh, qué desfachatada mentira!

(Para sí mismo)

¡Cuán cierto es, en cambio, lo que dice
la boca de Dios, que no es capaz de engañarnos:
"Vosotros no sois de este mundo"!
¡Por eso los odia!
¿Qué voy a hacer ahora?
Si quiero lograr mis propósitos
debo disfrazarme

(Sale)

No. 6 - Aria

EL ESPÍRITU MUNDANO
Imagínate a un filósofo,
de mirada sombría, gestos parcos y tímidos,
con el rostro muy pálido...
Ése es el retrato
que solo a él
se le parece.

Recitativo

EL ESPÍRITU MUNDANO
¿A quién oigo por ahí?
Sin dudas es el mismo
que te ha jugado una mala pasada
aterrorizándote con sus palabras
y que ahora se esconde entre los arbustos.

(El Espíritu de la Cristiandad sale del bosque,
aparentando ser un médico)

Sin embargo, parece que no es así.
Es alguien que aparentemente
busca por aquí hierbas medicinales.

EL CRISTIANO
Si es un médico,
le preguntaré por un remedio mediante el cual
pueda mantener saludable mi querida vida
durante muchos años más.

EL ESPÍRITU MUNDANO
Mira, ahí va sumido en sus pensamientos.

EL CRISTIANO
Amigo desconocido,
permíteme una pregunta que no es ociosa.
¿Es tu ciencia acaso la medicina?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Sí, ésa es mi profesión!
Curo a los enfermos y sé mantener saludables
a las personas sanas.

CRISTIANO
Mi deseo es, después de muchos años,
poder envejecer
con alegría, salud y tranquilidad.
¡Ah, sé que la muerte no puede evitarse!
¿Conoces algún remedio
para prevenir los achaques venideros?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Del médico más grande
que haya conocido el mundo,
soy un familiar muy cercano.
Mi suerte es tan particular
que me dio la posibilidad
de encontrar y descubrir
en su mejor libro
el primero y más grande
de los medios de sanación.
Este medio de sanación,
además del cuerpo,
es capaz de curar el espíritu.

EL CRISTIANO
¡Oh, ojalá pudieras brindarme
la ayuda que deseo, para la preocupación,
el temor y la angustia que me torturan
más que cualquier enfermedad!
¡Con gusto te recompensaría si lo hicieras!

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Nada fallará de mi parte,
sin embargo mucho es lo que depende de ti.

EL ESPÍRITU MUNDANO
¡Amigo mío! Tu cháchara sobre medicina
me resulta ya demasiado extensa,
porque no pienso por ahora para nada
en la muerte ni en la enfermedad,
sino en la hora que se acerca,
en que acostumbro a tomar el desayuno.
¡No querrás que me olvide de él!

EL CRISTIANO
Ve a preparártelo.

EL ESPÍRITU MUNDANO
Lo haré de prisa
y con la mayor diligencia.
Luego, tendré el honor
de acompañarte.

(para sí, mientras sale)

Conozco una medicina mucho mejor para él.
La dulce visión de su hermosa amada,
buenas comidas, bebidas, juego y cacería
lo liberarán de todas sus preocupaciones.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
(para sí)
Agradezco al cielo,
que mi enemigo se aleje,
ahora puedo explayarme más libremente.

(en voz alta),

Te doy mi solemne palabra,
de concederte mi ayuda:
Salud y dicha...

(para sí)

... la salvación y la paz de tu alma,

(en voz alta),

Disfrutarás, a partir de ahora.
¿Te decides a seguir
fielmente mis consejos?
¿A huir del aire frío...

(para sí)

... del tibio espíritu mundano,

(en voz alta)

que tanto a pervertido tus ojos
y enfriado tu pecho?

EL CRISTIANO
¿Enfriado mi pecho
y pervertido mis ojos?
Te equivocas, ambos están bien,
Quizás ves en mi rostro
los enormes temores sufridos
que hace poco estremecieron mi corazón.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Créeme que cuanto más oculto
se mantiene el peligro del enfermo,
más tiene de qué preocuparse.

No. 7 - Aria

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Algunas veces muchos males
antes de que el bálsamo pueda curarlos,
requieren cuchillo, tijeras y fuego.

Esa llamada que te despierta,
esa voz que te asustó,
te era necesaria, fue para tu bien.

Algunas veces, muchos males... etc.

Recitativo

EL CRISTIANO
(para sí)
Me compara con un enfermo
y sabe lo que me ha sucedido
¿qué debo que pensar de él?

(al Espíritu de la Cristiandad)

Quienquiera que seas
mantenme sano
si es que ya lo estoy,
y si estoy enfermo,
sáname.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Toma este sobre lacrado,
como un gran regalo.
Sí, con seguridad encontrarás en él
un remedio que no puede
compararse con ningún otro.

EL CRISTIANO
¿Es muy difícil de tomar?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Quienquiera que decida tomarlo
le resultará delicioso, dulce y fácil.

CRISTIANO
¿Y cuál es su propiedad?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Alienta y reconforta

(para sí)

al espíritu indolente,

(en voz alta)

regocija el entendimiento
y gracias a su milagroso poder,

(para sí)

para comprender el deber del cristiano,

(en voz alta)

aguza la vista,

(para sí)

para ver al astuto enemigo,

(en voz alta)

otorga una audición perfecta,

(para sí)

para oír la palabra de Dios,

(en voz alta)

y otorga valor y fuerza,

(para sí)

para resistirse al poder del infierno,

(en voz alta)

para acabar con el vértigo.

EL ESPÍRITU MUNDANO
¡Amigo, todo está ya listo!
Un grupo de espíritus felices,
de ambos sexos, te espera.

EL CRISTIANO
(al Espíritu de la Cristiandad)
Perdona,
pero el placer me obliga a apresurarme.
Si este remedio supera la prueba,
te recompensaré cuando volvamos a vernos.

(Se marcha)

EL ESPÍRITU MUNDANO
(reflexivo)
Así pongo fin a su conversación,
pues la verdad es que este médico
me resulta muy sospechoso.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
(solo)
¡Oh, el vano deseo de los placeres mundanos
suspende la mejor de las reflexiones del espíritu!
¡Se apresuran, corren!... ¿Adónde?
¡Oh, al lugar donde sólo impera
el libertinaje de los sentidos!
Nadie oye mis palabras
virtuosas y sabias,
prefieren seguir a mi enemigo,
destructor de todo bien.

Recitativo

LA MISERICORDIA
Ya has comprobado
de qué le sirve al hombre
la ayuda de nuestro Dios,
si anda perdido... ¿de quién es
al fin y al cabo la responsabilidad?

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
¡Oh, sin duda sólo de él mismo,
pero ten paciencia con él!
¿Cómo podría un tibio corazón
que ha vivido cubierto de nieve
por el espíritu mundano,
arder de repente de amor por Dios?
Sin embargo, la meta me permite
vislumbrar un rayo de esperanza.

LA JUSTICIA
Aunque los seres humanos se preparan
para el castigo o la recompensa, el Altísimo
es siempre merecedor de alabanza y loa.
Si no te escuchan ¡oh, bondad!
sirve al menos a su honor.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Entonces me esforzaré
a fin de que se convierta
y sirva a la fama de las dos;
de este modo la Justicia Divina lo recompensará
y la Misericordia lo liberará.

Interludio

No. 8 - Trío

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Permitid que el fulgor de la Misericordia
nunca me abandone,
para que me revista de un nuevo valor.

LA MISERICORDIA, LA JUSTICIA
Si el hombre cumple con su deber,
nunca deberá pensar
que la Gracia lo abandone.

EL ESPÍRITU DE LA CRISTIANDAD
Siempre me esforzaré y me preocuparé
por ganar almas para mi Creador;
¡ésta será mi tarea!

Permitid que el fulgor de la Misericordia... etc.

LA MISERICORDIA Y LA JUSTICIA,
Nunca deberá pensar... etc.,


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Texto Original en Alemán y Fuente de la Traducción en Castellano: Aquí.

sábado, 29 de marzo de 2014

Cuando la Caridad es NO AYUDAR

"Cristiana en las Catacumbas", Alejo Vera

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, 1215: 

"Por otra parte, Nos determinamos que serán sometidos bajo excomunión aquellos creyentes que reciban, defiendan o ayuden a los herejes". 

Cuando la Caridad es NO AYUDAR 

Nukkapi es un nombre groenlandés que significa rebelde. Juan, en cambio, un nombre digno de un cristiano que significa "Fiel a Dios". 

Nukkapi: Me convertí a la iglesia de Francisco porque ellos ayudan... 


Juan:. Ellos ayudan a todo lo que no es Católico: El sincretismo, el feminismo, el comunismo, la herejía y la perversión. 


N:. Ustedes no ayudan a nadie, por eso no convierten a nadie. No ayudan a los masones, a los judios, a los protestantes, a las Grandes Organizaciones Humanitarias... 


J: No podemos financiar el error, la apostasía y la herejía. 


N: Ustedes no tienen caridad. 


J: Nuestra caridad no es la que dictamina el mundo, sino la que manda Dios. Nuestra caridad opera en lo secreto. Reza por vuestra conversión y ayuda no ayudando.


N: Ustedes no se unen con nadie por causas justas. Les importa más discriminar al que tienen al lado que luchar contra la pobreza y los males de este mundo.


J: También los romanos querían que los cristianos se les unieran en sus prácticas idolátricas y en sus ofrendas a sus dioses para erradicar la pobreza y conseguir mayor prosperidad y bienes sociales y políticos. Pero los cristianos morían martirizados por no unírseles y no ayudarlos. Esos mismos cristianos, desde el anonimato de las catacumbas, convertían desde un fervoroso apostolado secreto y una vida de oración, a más paganos y anticristianos; sin ninguna ayuda directa ni apoyo financiero; como los que hoy propaga Francisco y la Nueva Iglesia. 


N: ¿Por qué nadie te sigue? ¿Cuáles son los frutos de tu acción?


J: Los frutos son el reconocer los signos de este tiempo. Mientras más gente abandona a Dios y a su verdadera Iglesia Católica; mayor es la Misericordia profética de Nuestro Señor Jesucristo desde los Santos Evangelios. Mayor fuerza tienen los Concilios y los enunciados eternos de todos los Papas Verdaderos:



Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, 1215: 

"Por otra parte, Nos determinamos que serán sometidos bajo excomunión aquellos creyentes que reciban, defiendan o ayuden a los herejes".


lunes, 24 de enero de 2011

Las Ideas de Benrubi


LAS IDEAS DE BENRUBI

Ginebra, 30 julio

He hecho publicar en algunos periódicos este anuncio:

»Deseo secretario poliglota, filósofo, célibe, paciente, nómada. Presentarse hasta el 20 de julio, "Hotel Mon Repos", a las diez de la noche.»

Como desde hace algún tiempo sufro de insomnio, el examen de los candidatos me ayudará a pasar la noche.

Han venido sesenta y tres. Entre esos sesenta y tres, cuarenta y siete eran hebreos. He elegido un hebreo: el que me ha parecido más inteligente de todos.

El doctor Benrubi tiene todas las cualidades que pedía y algunas más en las que no había pensado. Es un joven bajo, con las espaldas un poco curvadas, las mejillas hundidas, los ojos profundos, los cabellos ya un poco blanquecinos, la piel de color de barro de pantano. Nació en Polonia, hizo los primeros estudios en Riga, se doctoró en Filosofía en Jena, en Filología moderna en París, ha enseñado en Barcelona y en Zurich. Tiene el aspecto pobrísimo y la expresión de un perro que teme ser apaleado, pero que sabe, sin embargo, que es necesario.

Le he preguntado, charlando, por qué los hebreos son, de ordinario, tan inteligentes y tan miedosos.

-¿Miedosos? Se refiere probablemente al coraje físico, material, bestial. En cuanto al espiritual, los hebreos no son únicamente valerosos, sino temerarios. No han sido nunca héroes a la manera bárbara, ni siquiera creo, en la época de David, pero han sido los primeros, entre todos los pueblos, que comprendieron que el verdadero trabajo del hombre consiste más bien en ejercitar la mente que en matar criaturas semejantes a ellos.

»Además, después de la Dispersión, los hebreos han vivido siempre sin Estado, sin Gobierno, sin Ejército; grupos esparcidos en medio de unas multitudes que les odiaban. ¿Cómo quiere que se desarrolle en ellos el heroísmo de los cruzados y de los condottieri?

»Para no ser exterminados, los hebreos tuvieron que inventar su defensa. Hallaron dos medios: el dinero y la inteligencia.

»Los hebreos no aman el dinero. Tres cuartas partes de su literatura, sin contar los Profetas, es la glorificación de los pobres. Pero los hombres se destruyen con el hierro y se compran con el oro. No pudiendo adoptar el hierro, los hebreos se protegieron con el oro, el metal más estético y más noble. Los florines fueron sus lanzas, los ducados sus espadas, las esterlinas sus arcabuces, y los dólares sus ametralladoras. Armas no siempre eficaces, pero cada vez más potentes, de siglo en siglo, a causa del cariz que toma la civilización. El hebreo convertido en capitalista por legítima defensa, se ha transformado, por culpa de la decadencia moral y mística de Eurona. en uno de los amos de la tierra, contra su mismo genio y contra su voluntad. Primeramente le han obligado a ser rico, después han proclamado que la riqueza es lo principal de todo, de modo que, por voluntad de sus enemigos, el pobre de la Biblia y el recluso del ghetto se ha convertido en el dominador de los pobres y de los ricos.

»Lo que fueron arneses de protección se convirtieron, con el tiempo, en instrumentos de venganza. Mucho más potente que el oro es, en opinión mía, la inteligencia. ¿De qué manera el hebreo pisoteado y escupido podía vengarse de sus enemigos? Rebajando, envileciendo, desenmascarando disolviendo los ideales del Goim. Destruyendo lo; valores sobre los cuales dice vivir la Cristiandad Y de hecho, si mira usted bien, la inteligencia hebrea, de un siglo a esta parte, no ha hecho otra cosa que socavar y ensuciar vuestras más caras creencias, las columnas que sostenían vuestro pensamiento. Desde el momento en que los hebreos han podido vivir libremente, todo vuestro andamiaje espiritual amenaza caerse.

»El Romanticismo alemán había creado el Idealismo, y rehabilitado el Catolicismo; viene un pequeño hebreo de Dusseldorf, Heine, y, con su genio alegre y maligno, se burla de los románticos de los idealistas y de los católicos.

»Los hombres han creído siempre que política moral, religión, arte, son manifestaciones superiores del espíritu y que no tienen nada que ver cor la bolsa y con el vientre; llega un hebreo de Tréveris. Marx, y demuestra que todas aquellas idealísimas cosas vienen del barro y del estiércol de la baja economía.

»Todos se imaginan al hombre de genio como un ser divino y al delincuente corno un monstruo; llega un hebreo de Verona, Lombroso, y nos hace tocar con la mano que el genio es un semiloco epiléptico y que los delincuentes no son otra cosa que nuestros antepasados sobrevivientes, es decir, nuestros primos carnales.

»A fines del ochocientos, la Europa de Tolstoi, de Ibsen, de Nietzsche, de Verlaine, se hacía la ilusión de ser una de las grandes épocas de la Humanidad; aparece un hebreo de Budapest, Max Nordau, y se divierte explicando que vuestros famosos poetas son unos degenerados y que vuestra civilización está fundada sobre la mentira.

»Cada uno de nosotros está persuadido de ser, en conjunto, un hombre normal y moral; se presenta un hebreo de Freiberg en Moravia, Sigmund Freud, y descubre que en el más virtuoso y distinguido caballero se halla escondido un invertido, un incestuoso, un asesino en potencia.

»Desde el tiempo de las Cortes de Amor y del Dulce Estilo Nuevo estamos habituados a considerar a la mujer como un ídolo, como un vaso de perfecciones; interviene un hebreo de Viena, Weininger, y demuestra científicamente y dialécticamente que la mujer es un ser innoble y repugnante, un abismo de porquería y de inferioridad.

»Los intelectuales, filósofos y otros, han considerado siempre que la inteligencia es el medio único para llegar a la verdad, la mayor gloria del hombre; surge un hebreo de París, Bergson, y con análisis sutiles y geniales, abate la supremacía de la inteligencia, derroca el edificio milenario del platonismo y deduce que el pensamiento conceptual es incapaz de captar la realidad.

»Las religiones son consideradas por casi todos como una admirable colaboración entre Dios y el espíritu más alto del hombre; y he aquí que un hebreo de Saint-Germain de Laye, Salomón Reinach, se ingenia para demostrar que son simplemente un resto de los viejos tabús salvajes, sistemas de prohibiciones con supraestructuras ideológicas variables.

»Nos imaginábamos vivir tranquilos en un sólido universo ordenado sobre fundamentos de un tiempo y de un espacio separados y absolutos; sobreviene un hebreo de Ulm, Einstein, y establece que el tiempo y el espacio son una sola cosa, que el espacio absoluto no existe, ni tampoco el tiempo, que todo está fundado sobre una perpetua relatividad, y el edificio de la vieja física, orgullo de la ciencia moderna, queda destruido.

»El racionalismo científico estaba seguro de haber conquistado el pensamiento y haber encontrado la llave de la realidad; se presenta un hebreo de Dublín, Meyerson, y disuelve también esta ilusión: las leyes racionales no se adaptan nunca completamente a la realidad, hay siempre un residuo irreductible y rebelde que desafía el pretendido triunfo de la razón razonante.

»Y se podría continuar. No hablo de la política, donde el dictador Bismarck tiene como antagonista al hebreo Lasalle, donde Gladstone fue superado por el hebreo Disraeli, donde Cavour tiene como brazo derecho al hebreo Artom, Clemenceau al hebreo Mandel y Lenin al hebreo Trotski.

»Fíjese que no le he puesto delante nombres oscuros o de segundo orden. La Europa intelectual de hoy se halla, en gran parte, bajo la influencia o, si quiere, el sortilegio de los grandes hebreos que he recordado. Nacidos en medio de pueblos diversos, consagrados a investigaciones diversas, todos ésos, alemanes y franceses, italianos y polacos, poetas y matemáticos, antropólogos y filósofos, tienen un carácter común, un fin común: el de poner en duda la verdad reconocida, rebajar lo que está elevado, ensuciar lo que parece puro, hacer vacilar lo que parece sólido, lapidar lo que es respetado.

»Esta propinación secular de venenos disolventes es la gran venganza hebraica contra el mundo griego, latino y cristiano. Los griegos se han burlado de nosotros, los romanos nos han diezmado y dispersado, y los cristianos nos han torturado y despreciado, y nosotros, demasiado débiles para vengarnos con la fuerza, hemos realizado una ofensiva tenaz y corrosiva contra las columnas sobre las cuales reposa la civilización nacida de la Atenas de Platón y de la Roma de los emperadores y de los Papas. Y nuestra venganza se halla en buen punto. Como capitalistas, dominamos los mercados financieros en un tiempo en que la economía lo es todo o casi todo; como pensadores, dominamos los mercados intelectuales, agrietando las viejas creencias sagradas y profanas, las religiones reveladas y las laicas. El hebreo reúne en sí los dos extremos más temibles: déspota en el reino de la materia, anárquico en el reino del espíritu. Sois nuestros servidores en el orden económico, nuestras víctimas en el orden intelectual. El pueblo acusado de haber matado a un Dios ha querido también matar a los ídolos de la inteligencia y del sentimiento y os obliga a arrodillaros ante el ídolo máximo, el único que permanece en pie: el Dinero. Nuestra humillación, que va desde la esclavitud de Babilonia a la derrota de Bar-Cosceba y se perpetúa en los ghettos hasta la Revolución francesa, ha sido finalmente vengada. ¡El paria de los pueblos puede cantar el himno de una doble victoria!

Mientras hablaba, el pequeño Benrubi se había ido exaltando; sus ojos, en el fondo de las órbitas, brillaban; sus delgadas manos cortaban el aire; su voz blanda se había hecho estridente. Se dio cuenta de que había dicho demasiado y se calló de pronto. Reinó un largo silencio en la habitación. Al fin el doctor Benrubi, con voz tímida y baja, me preguntó:

-¿No podría usted anticiparme mil francos sobre mis honorarios? Tengo que hacerme un vestido, desearía pagar algunas pequeñas cuentas..

Cuando estuvo el cheque en su poder me mire con una sonrisa que quería ser espiritual.

-No tome al pie de la letra las paradojas que he dicho esta noche. Los hebreos somos así: nos gusta demasiado hablar y cuando se ha comenzado se continúa hablando... y se termina siempre por molestar a alguien. Si le he ofendido en algo, le ruego que me perdone.


Giovanni Papini (Gog)

sábado, 15 de mayo de 2010

Apólogo de San Francisco y la Gárgola


APÓLOGO DE SAN FRANCISCO Y LA GÁRGOLA


Allá en las alturas de una vieja catedral gótica, donde apenas llegaba como un rumor lejano el ajetreo de la ciudad que hervía a sus pies, había una gárgola de piedra que, en forma de dragón imaginario, con la cabeza erizada por una cresta inverosímil, se reguindaba hacia afuera, abriendo desmesuradamente su boca amenazadora.

A poca distancia de ella, sobre el extremo de un arbotante calado como un encaje, había una estatuilla de San Francisco de Asís, labrada por un artista ingenuo en purísimo mármol blanco, con los ojos arrobados y las manos extendidas, como si se dispusiera a predicar, desde aquellas alturas, a las ave-cillas del cielo.

Y ocurría que una y otro —la gárgola y el santo -se pasaban la vida enzarzados en una continua disputa. La gárgola era gruñona y descontentadiza como vieja. Y aburrida ya de estar siglos y siglos a la intemperie, llena de verdín y escurriendo agua hacia la calle, protestaba a cada momento de cuanto veía y atisbaba en la ciudad desde aquel alto observatorio. San Francisco, en cambio, con voz dulce y templada, le reprendía a cada momento por aquellos desahogos y berrinches, y llamándola cariñosamente "hermanita gárgola", quería atraerla al buen camino y hacerla más dulce y tolerante con los hombres y las cosas. Pero el dragón de piedra era poco sufrido, y apenas iniciaba el santo una de aquellas pláticas que hasta las cigüeñas se paraban a escuchar, empezaba a bramar y a decir improperios, ahogando así entre los berridos de su enorme bocaza las palabras de leche y miel del divino poeta... El tema de las lamentaciones de la gárgola era siempre el mismo: la comparación de sus viejos tiempos, tan poéticos e ideales, con estos de ahora, tan rastreros y materialistas, viniendo siempre a la consecuencia de que la Humanidad camina a toda prisa cuesta abajo.

Acababa de pasar, cuando ocurrió lo que aquí se cuenta, un invierno crudo y tempestuoso como pocos, y el infeliz dragón, después de haber estado durante meses cubierto de ampos copos de nieve, estaba ahora húmedo y sucio, y llenos sus ojos salientes de legañas de verdín. Esto le traía de peor humor que de costumbre, y como oyera que el San Francisco de mármol aprovechando que entraba la primavera, comenzaba a entonar un himno al hermano Sol, lo interrumpió con furiosas carcajadas, abriendo más que solía su boca de cocodrilo:

— ¿Pero ahora sales con eso, poeta? ¿Todavía andas de humor de agradecerle a Dios el beneficio de la luz? ¡Viviéramos mil veces en tinieblas, y nos ahorráramos de ver las cosas que desde aquí vemos!...

—Pero, hermana gárgola...

-Déjate de pamplinas; ¿no estás viendo ese edificio que nos están levantando ahí en la plaza, en nuestras propias narices? Parece otra torre de Babel que pretendiera escalar el cielo; cada día ponen un piso. Y ese juguete de cemento, ligero como todo lo de ahora, acabará por ahogarnos y quitarnos el aire y la luz. ¡A nosotros, que somos la herencia venerable de un siglo grande y fuerte!

—A pesar de todo, hermanita gárgola, con eso comen cientos de familias.

— ¡Y es un Banco! —le interrumpió el dragón, sin hacerle caso-. ¡Un Banco! ¡La verdadera catedral moderna, donde se adora al único dios de este siglo...! El otro día oí decir a unos albañiles que trabajaban en ese andamio que sobre la cúpula, como remate de todo, piensan poner un muñecón, pintado de purpurina, que represente a Mercurio, el dios de los comerciantes y de los ladrones... Y por eso suben y suben tanto el edificio; quieren que su Mercurio este por encima de la cruz de nuestra torre.

—¿Por qué has de pensar siempre asi, hermanita?

—Porque es la realidad, hermano poeta. ¿No ves esos letreros de oro —aquí todo es de oro- que llenan los pisos y balcones del Banco? La palabra "crédito" aparece una y mil veces en ellos como una obsesión: "crédito", es decir, mentira, humo, farsa... Porque eso es lo que hacen ahí dentro: negociar una y mil veces con un dinero que no existe en parte alguna. ¡0h, aquel venturoso tiempo, en que en las gradas y en los porches de esta catedral se sentaban al sol los mercaderes y, despues de oir misa, contrataban, en el nombre de Dios, sus mercancias!

— ¿Y acaso, tapujados con el nombre de Dios, no había entonces también sus engaños y rapiñas? No es la forma, hermanita, sino el espíritu lo que a Dios importa, y...

—Calla, calla, hermano Francisco; ¿no te da en la cara en este momento una humareda espesa y negra? ¡Ah, malditas fábricas! Toda la ciudad está llena de chimeneas de ladrillos rojos y ahumados, que infestan el aire... Tú mismo, hermano, estás lleno de polvillo negro y apestas a carbón como un obrero...

—Ese olor de carbón sobre la blusa de un obrero huele a flores allá arriba. Esas columnas de humo negro de las fábricas suben hasta el trono de Dios lo mismo que las columnas de incienso; y en verdad te digo, hermanita gárgola, que lo mismo agradan unas que otras al Senor.

—¿Y qué me dices de esos letreros? Tiende la vista sobre la ciudad, hermanito Francisco, hasta donde se ahoga en la bruma, y no verás más que letreros y letreros con anuncios. Es como un pregón gigantesco y general que se alza de los cuatro ámbitos de la ciudad; toda ella es lonja y mercado... Y me sulfura, sobre todo, hermano, la forma insolente e imperativa en que están redactados; no piden, no ofrecen, sino que mandan. "Tome usted esto. Visite usted aquello. Púrguese. Tíñase el pelo." Son un poema de mala educación. Además, ¿no te has fijado, hermano, que en esos letreros de bombillas de colores, que parpadean por la noche apagándose y encendiéndose, de cada tres, dos anuncian un aperitivo? Y es que los hombres de ahora han dado en exitar con drogas el apetito para hacer de la gula un culto... ¿Qué dices de esto tú, hermano poeta, tú que te pasaste toda una Cuaresma en el lago de Perusa con medio panecillo?

—Digo, hermana, que es imprudente echar en cara a nadie lo que en otros fueron inmerecidas gracias del Señor.

— ¡Oh! ¡Me sublevas con tu cachaza, hermanito! Pero, mira ¿no ves en aquella calle aquella capillita que están levantando? Hasta para hacerle casas a Dios son encogidos y raquíticos estos hombres de ahora. Parece que está hecha con las arrebañaduras de materiales que sobraron al hacer este Banco. Su campanita tímida y afónica apenas sobresale del estruendo babilónico de los "autos", los camiones y los tranvías.

— ¡Oh, basta, basta, por Dios, hermana! —suplicó el santo, Pero el dragón de piedra prosiguió cada vez con más furia: -¿Cómo ha de bastar, si esto no es más que empezar con lo que veo desde aquí? ¡Oh, si no fuera por esta bondadosa condición mía, qué cosas no habría de decir de esos gusanillos pedantes y ridículos que se mueven a mis pies! ¡Cómo corren y se ajetrean, y pasan una y mil veces, jadeantes y sudosos, con la frente baja, en busca de sus negocios chiquitos y de momento! Son como aquellos chicharitos verdes de la leyenda, que, como estaban siempre en sus vainas verdes, también se creían que todo el mundo era verde. Estos se creen que no hay más mundo que esa colmena donde viven ahora. Ni se quitan el sombrero cuando pasan ante nosotros, ni levantan nunca los ojos para mirar esa franjita azul de cielo que se asoma entre las cornisas de sus Bancos y de sus palacios. Por eso los veo yo desde aquí hervir a todas horas, como los gusanos de un estercolero, blasfemando el uno, robando el otro, mintiendo el de más allá... ¡Ah, si pudiera yo tragarme de una vez toda esa charca de ahí abajo!

Y al decir esto, la terrible gárgola abrió desmesuradamente la boca, como si quisiera poner en ejecución lo que decía...

Pero, en aquel momento, por encima de la catedral pasaba, sobre el fondo azul del cielo, una bandada de golondrinas, que entraba con la primavera.

-¡Venid a mi, hermanitas golondrinas! -exclamó al verlas el santo; y una pareja de ellas vino a posarse suavemente en sus manos blancas—. Id, hermanitas —prosiguió—, y haced vuestro nido allí, en la boca de aquel monstruo.

Las golondrinas obedecieron, y, piando alegremente, se entraron por las fauces de piedra de la gárgola, hasta lo más hondo. El dragón, que tenía la boca desmesuradamente abierta, como para tragarse al mundo, al sentir el contacto caliente de aquellas criaturas de Dios, se quedó mudo e inmóvil, sin atreverse a cerrar sobre ellas sus mandíbulas, como si les brindara amorosamente aquel refugio para su nido.

Entonces, aprovechando aquella forzada mudez del malhumorado dragón, la estatua blanquísima del santo comenzó pausadamente a recitar su interrumpido cántico al hermano Sol.

Bendijo al Sol, y al aire, y al cielo, dádivas generosas del Señor que los hombres no saben agradecer; y dijo que el que ama estas cosas se le hace el espíritu claro y luminoso, y está más pronto para perdonar que para maldecir; y añadió, mirando a la gárgola, que no son los tiempos ni las cosas buenas ni malas, sino que es el espíritu del hombre el que las hace bellas o feas a los ojos del Señor; que todo en el mundo —ayer como hoy—, trabajo, afán, negocio o lo que sea, todo puede convertirse en oración y cántico con sólo mezclarle una partecilla de amor, que es la sal y la levadura de las cosas todas.

Las palabras del santo, como espiras de incienso, subían lentamente en el silencio tibio de la tarde primaveral. El dragón de piedra le escuchaba con ojos sumisos, sin atreverse a mover su enorme boca, en cuyo fondo, el alborotado piar de los pájaros, cantaba el triunfo del amor y de la vida.


José María Pemán (Cuentos sin Importancia)

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