domingo, 13 de marzo de 2016

Santa Eufrasia, virgen (13 de marzo)



Santa Eufrasia, virgen.

(† 450.)



La gloriosa virgen santa Eufrasia, llamada también Eufrosina, nació en Constantinopla. Era su padre Antígono, senador, hombre muy virtuoso, de alto entendimiento, y muy amado del emperador Teodosio el Menor; y su madre, una señora de alto linaje, rica y en todo igual a su esposo. Murió Antígono, y quedando la hija sin padre, el emperador procuró que un caballero, senador principal, se desposase con la niña Eufrasia, que a la sazón era de cinco años. Se hizo el contrato y recibió las arras, y se difirieron las bodas hasta tener edad. Mas como al senador le pareciese largo el plazo, tentó de casarse con la madre que era moza; mas ella, para que no le tratasen en este negocio, se mudó con su hija a Egipto, donde tenía posesiones y haciendas. Visitó la inferior Tebaida con gran consuelo suyo, por ver a los santos ermitaños que allí vivían, y al cabo paró en un monasterio de ciento treinta y tres monjas, que servían al Señor con gran perfección. Quiso quedarse allí la niña Eufrasia que a la sazón tenía siete años, y diciéndole la abadesa que ninguna mujer podía quedarse en el monasterio que no se hubiese ofrecido a Jesucristo con voto perpetuo, luego la santa niña se llegó a un crucifijo, y abrazándose con él y besándolo, pronunció estas palabras: "Yo me prometo a Jesucristo con voto perpetuo para religiosa de este convento". Esto dijo con tan gran resolución y espíritu del cielo, como se vio después por las obras de su vida admirable. Comía una vez al día como las monjas, y su comida era pan y legumbres; su dormir era en el suelo sobre un cilicio ancho de un codo y tres de largo; andaba vestida de cilicio, barría la casa, sacaba agua del pozo, y para ejercitar la obediencia ciega trasladaba una buena cantidad de piedra de una parte a otra volviéndola al fin el primer lugar, pasando a veces una semana entera sin probar bocado. Mas el demonio, viendo sus altos intentos, le hizo cruda guerra, ya con tentaciones interiores, ya con asechanzas exteriores para lisiarla o matarla: Porque un día que ella estaba sacando agua del pozo, la tomó y la echó con el cántaro que tenía dentro del pozo, donde estuvo cabeza abajo hasta que las monjas acudieron y la sacaron, y ella sonriéndose dijo al maligno espíritu: "¡Vive Jesucristo, que no me vencerás!" Otro día la echó de un terrado abajo, y teniéndola por muerta, ella se levantó sana y sin lesión alguna; otra vez, estando en la cocina, al tiempo que más hervía la olla, la tomó el demonio y se la echó encima, y pareciéndoles a las hermanas que la había abrasado, ella dijo que no había sentido más pena que si fuera agua fría. Curó a un niño sordo, mudo y paralítico, haciéndole la señal de la cruz, y finalmente, después de una vida llena de méritos y prodigios, entregó su alma al Creador a la edad de treinta años.


Reflexión:

Por ventura te has marvillado, viendo que la santa y virginal Eufrasia era tan perseguida de los demonios: Pero recuerda cómo salía siempre victoriosa de sus tentaciones, y milagrosamente ilesa de sus malos tratamientos. Esos malignos espíritus combaten con mayor saña a los justos que a los pecadores; porque ¿a dónde irá el ladrón a robar, sino donde hay tesoros? ¿Y a qué navío acometen los piratas, sino al que anda cargado de oro, plata y piedras preciosas? A los justos saltea el demonio para despojarlos del tesoro de sus virtudes; que en los pecadores nada halla qué robar.


Oración:

Señor Dios, que por virtud de la santa Cruz triunfaste en la bienaventurada Eufrasia de los engaños del mundo y de las furias del infierno; concédenos la gracia de perseverar firmes en las adversidades por el amor de Cristo, el cual contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


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