sábado, 9 de junio de 2012

El Discípulo Amado


 San Juan Evangelista (Boccaccio Boccaccino)

El Discípulo Amado

Considera cómo san Juan se dispuso con la gracia de Dios para merecer de su parte las mercedes que le hizo, correspondiendo a ellas con altísimas virtudes y santidad de vida.

Pondera y medita la prontitud y presteza con que obedeció a la voz de Dios cuando le llamó al apostolado, dejando al padre y a la madre, y cuanto tenía en el siglo, y haciéndose pobre por Cristo. 

La pureza de su vida, guardando virginidad perpetuamente. 

La mortificación de las pasiones. 

La obediencia y rendimiento de su voluntad a la de Cristo, sin tener más querer o no querer que el suyo. 

El fuego de amor divino que ardía en su pecho, por el cual mereció ser amado singularísimamente del Señor.

La devoción tan cordial que tuvo toda la vida a la Santísima Virgen. 

El celo por las almas de sus prójimos, el que tuvo de la gloría y honra de Dios, por el cual ofreció con alegría la vida, faltando, como dice san Jerónimo, antes el martirio a la voluntad, que la voluntad al martirio;

de todo lo cual has de sacar afectos de estima y devoción singular con este santo apóstol y también deseos de imitar sus virtudes y de corresponder a la gracia y vocación de Dios, haciéndote digno de recibir sus mercedes y ser favorecido por él.


fuente: Alonso de Andrade, "Meditaciones de nuestra Santa Fe" (extracto).

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