viernes, 1 de junio de 2012

Los frutos se explican por el árbol


Los frutos se explican por el árbol

Si bien hay verdades y bondades en un alma desgraciada y sin Dios; estas verdades se dan a pesar de tal alma; por lo cual dice Santo Tomás glosando a San Ambrosio: "Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est" "Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo".

Dicho esto; no es muy difícil explicar las manzanas relucientes que tiene un evidente árbol malo; por la podredumbre de su interior agusanado. Un peral alimentado con cianuro, no querrá ser fuente de alimentación de nadie... ¡Y ay del que coma sus peras! Lo mismo puede decirse de los tantos apóstatas que rondan por el mundo presumiendo un nombre del que no son dignos: El de católicos. 

No pudiendo refutar las verdades evidentes que demuestran que la Religión Católica es la única religión verdadera y necesaria (ver La Religión Demostrada); unos "cambian" la verdadera Religión desde su mala vida de la que han jurado jamás claudicar; otros "cambian" de Religión acomodando la Fundación de la Fe Católica (ver Mateo 16, 18); de la Doctrina unánime de todos los primeros cristianos; de la verdadera historia de las Cruzadas, la Santa Inquisición, el Teocentrismo Medieval y toda la Historia de la Iglesia. Otros (los más perversos); de la Santa Iglesia Católica "cambian" su concepto y su esencia; haciendo de ella un ameno eufemismo y predicando que la Iglesia Católica (desde una jerarquía "supletoria" y que asesinó a casi toda, sino a TODA jerarquía verdadera) es esa Iglesia que aprueba su falso ecumenismo, su falsas devociones, su falso santoral, sus falsas misas, sus falsas doctrinas, su falsía unversal; y que no es, ni más ni menos, que la Iglesia que se inventó con la promulgación solemne del Concilio Vaticano II (solemnidad que de por sí lo convierte en herético) sino fue unos años antes con los mismos modernistas que el santo Papa Pio X condenó ya en el año 1910 con su Encíclica "Pascendi"; porque ya cundía el "clero" herético y camuflado. O si no fue, propiamente dicho, en los subrepticios conciliábulos de las logias masónicas varios siglos antes; cuya única finalidad demoníaca es la misma de siempre desde Mateo 16: Destruir a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

¿Cómo podría destruirse tal Institución Divina? ¿Cómo podría parecerle al diablo ser destruible aquello que por todos los medios intenta destruir? Porque si no le pareciera de alguna manera destruir la obra de Dios; ¿para que gastaría su tiempo en intentar destrozarla?

Pues no hay mejor destrucción que "cambiar", que "revolucionar" lo que de por sí es y ha de ser inmutable.

Como esa Revolución se cumple en todos los ódenes y en casi todos los hombres de nuestra sociedad, a pesar de la cual Cristo sigue siendo el Rey; ya no hace falta escudriñar con lupas y provetas los frutos podridos con los que se tropieza por doquier. Porque sabido es por un buen católico que los árboles buenos son tan pocos y tan reconocidos cuando por milagro se da con uno de ellos; que más valdría explicar las clases de gusanos de los que una manzana "apetecible" adolece; que deducir con complicados silogismos si tales frutos están o no agusanados. ¿Podría negarse tal consecuencia en un Judío, en un Protestante, en un Budista, en un Tercermundista o Falso católico de ecumenismo sutil o acentuado? Pues la realidad es que, HOY, el mismo Dios podría preguntarse si alguien que no sea culpable de adherir a alguna herejía (lo que lo EXCLUYE de la Iglesia Católica); podría preguntarse si hay Fe en la tierra. Y de hecho, ya lo preguntó en Lucas 18, 8. ¿O no lo preguntó? Nosotros mismos, si no fuera por la Gracia de Dios, podríamos apostatar...   

Pero la Santísima Virgen no se equivoca en Fátima. "Mi Inmaculado Corazón triunfará". Y ya triunfa, querido lector, aquí entre nosotros, cuando las Palabras de Nuestro Señor Jesucristo no pasan; cuando las lenguas de los herejes no prevalecen contra los Dogmas y todos los fundamentos doctrinales de la Santa Iglesia Católica; cuando el Arca de la Nueva Alianza no es profanada y es obedecida en su Verdadera Devoción y en el Rezo diario del Santo Rosario; sin el cual; dificilemente no triunfe la Iglesia, pero sin nosotros.

y así y todo, aún en la Soledad, en el Silencio, en el Desierto con la Madre de Dios y en Pobreza y Alegría franciscanas; Dios que es Misericordioso y Todopoderoso, podrá ayudarnos. ¡Confianza!

Don Francisco Delafuente

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