domingo, 27 de noviembre de 2011

Todo el Precio en María



TODO EL PRECIO EN MARÍA

"Considera atentamente, oh hombre, los consejos de Dios; reconoce los designios de su sabiduría, los designios de su bondad. Antes de derramar sobre toda la tierra el rocío celestial, humedeció con él todo el vellocino (cf. Jueces 6, 37): Antes de derramar sobre todo el linaje humano depositó todo el precio en María. ¿Y con qué fin hizo esto? Quizá para que Eva pudiera justificarse por medio de su Hija y cesara ya la queja del hombre contra la mujer. Oh Adán, no digas ya en adelante: "la mujer que me disteis por compañera, me dio del fruto de aquel árbol y lo comí" (Gen. 3, 12); di más bien: "La mujer que me disteis me ha alimentado con un fruto bendito". Consejo piadosísimo fue éste sin duda, pero en el fondo de este consejo se nos oculta otro más íntimo y secreto.

El que hemos indicado no carece de sólido fundamento, pero a mi parecer no satisface plenamente nuestras aspiraciones. Tal vez si ahondamos más en este misterio, sacaremos de él más sabroso y nutritivo néctar de consuelos celestiales. Tomemos el agua de más arriba y contemplemos con cuánto afecto de devoción quiso aquel Señor fuese María honrada por nosotros, que depositó en ella la plenitud de todos los bienes, a fin de que entendiéramos que cuanto hay en nosotros de esperanza, de gracia y de salud, nos viene por mediación de aquella que rebosa en delicias.

Es Huerto de delicias ciertamente aquella a quien aquel Astro divino no sólo acarició de paso, sino que la agitó dulcemente con sus soberanos soplos sobreviniendo en ella, para que por todas partes fluyeran y se difundieran sus aromas, esto es, los carismas de las gracias.

Quita este cuerpo solar que ilumina al mundo. ¿Cómo podrá haber día? Quitad a María, estrella del mar, de ese mar vasto y proceloso, ¿qué quedará, sino obscuridad que todo lo ofusque, sombras de muerte y densísimas tinieblas?"

SAN BERNARDO ("Grandezas de María")

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