martes, 15 de noviembre de 2011

Mantén Firme la Mirada



"MANTÉN FIRME LA MIRADA"


"Mantén firme la mirada en cada cosa hacia la meta; mantén firme la mirada en cómo comparecerás ante el Juez Supremo; el Juez que ve todo no se deja aplacar con regalos, no acepta excusas y juzga según justicia". (Is. 11,4)


¡Oh ignorante, y miserable pecador! ¿Qué responderás a Dios, que sabe todas tus maldades? Tú, que temes a veces el rostro de un hombre airado, ¿por qué no te previenes para el día del juicio cuando no habrá quien defienda ni ruegue por otro, sino que cada uno tendrá bastante que hacer por sí? Aquel día entonces agradará toda tribulación sufrida con paciencia, y toda maldad no despegará los labios. (Sal 106, 42); el hombre santo estará en la gloria, mientras el dolor será para quien haya vivido sin fe.


Entonces se holgarán todos los devotos, y se entristecerán todos los disolutos.

Entonces resplandecerá el vestido despreciado, y parecerá vil el traje precioso.
Entonces será más alabada la pobre casilla que el palacio adornado.

Entonces ayudará más la constante paciencia que todo el poder del mundo.

Entonces será más ensalzada la simple obediencia, que toda la sagacidad del siglo.

Entonces alegrará más la pura y buena conciencia que la docta filosofía.

Entonces se estimará más el desprecio de las riquezas, que todo el tesoro de los ricos de la tierra.

Entonces te consolarás más de haber orado con devoción, que de haber comido delicadamente.

Entonces te gozarás más de haber guardado el silencio, que de haber hablado mucho.

Entonces te aprovecharán más las obras santas, que las palabras floridas.

Entonces te agradará más la vida estrecha y la rigurosa penitencia, que todas las delicias terrenas.

Aprende ahora a padecer en lo poco, porque después seas libre de lo muy grave; primero prueba aquí lo que podrás después.

Si ahora no puedes padecer levemente, ¿cómo podrás después sufrir los tormentos eternos?

Si ahora una pequeña penalidad te hace tan impaciente, ¿qué hará entonces el infierno?

De verdad no puedes tener dos gozos, deleitarte en este mundo, y después reinar en el cielo con Cristo.

Si hasta ahora hubiese vivido en honras y deleites, y te llegase la muerte en este instante, ¿qué te aprovecharía todo aquello? Porque todo es vanidad, menos el amar y servir a Dios solo. Porque los que aman a Dios de todo corazón no temen la muerte, ni el tormento, ni el juicio, ni el infierno.

El amor perfecto tiene segura la comunicación con Dios, mas quien se deleita en pecar, no es maravilla que tema la muerte y el juicio. Bueno es que si el amor no nos desvía de lo malo, por lo menos el temor del infierno nos refrene; pero el que pospone el temor de Dios, no puede perseverar mucho tiempo en el bien, antes caerá muy presto en los lazos del demonio.

"La Imitación de Cristo" (Kempis)

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