jueves, 21 de abril de 2016

San Anselmo, arzobispo y doctor (21 de abril)



San Anselmo, arzobispo y doctor.

(† 1109.)

El venerable prelado y doctor de la Iglesia de Jesucristo san Anselmo nació de nobles padres en la ciudad de Augusta, que está en los confines del Piamonte y de Borgoña. Se dio desde niño al estudio de las buenas letras; y aunque a la edad de quince años determinó renunciar a todas las cosas del siglo, olvidado de su primera vocación, se dejó llevar sin freno de sus gustos con grande y terrible enojo de su padre. Partió Anselmo de su casa y pasando a la provincia de Normandía, llevado de mejores pensamientos, se hizo discípulo del famoso monje Lanfraneo, con que vino a revivir y reflorecer aquel deseo de consagrarse totalmente al servicio de Dios, como lo hizo en el monasterio gobernado por aquel insigne monje. Se extendió la fama de sus esclarecidos talentos y virtudes en toda Normandía, Francia, Flandes e Inglaterra, de manera, que muchos hombres nobles y letrados concurrían al monasterio donde Anselmo era ya prelado, para vivir debajo de su disciplina; mas como tuviese necesidad de pasar a Inglaterra, el rey Guillermo el Conquistador lo recibió con gran honra, y su hijo Guillermo II quiso que fuese consagrado por arzobispo de la Iglesia de Cantorbery. Pero cuando entendió el rey codicioso que el santo prelado estaba lejos de darle la hacienda de los pobres, se indignó de manera que, no pudiendo el santo conjurar aquella tormenta horrible, se vistió de hábito de romero y huyó a Roma, donde fue bien acogido del Sumo Pontífice, y pasó después a León de Francia para ayudar al arzobispo de aquella silla, y allí tuvo nueva que el rey Guillermo, andando de caza, había sido traspasado con una saeta en el corazón: y no se puede creer el dolor que tuvo con esta nueva el santo prelado, y las lágrimas de amargura que derramó. A Guillermo II sucedió en el reino su hermano Enrique II, el cual rogó a san Anselmo que volviese a Inglaterra, y aunque le persiguió y le mandó confiscar los bienes, cuando supo la excomunión que había fulminado el papa contra los legos que osasen dar la investidura de los obispados, al fin dejó a la Iglesia lo que era suyo y convirtió el odio que tenía a san Anselmo en amor. Estando ya, pues, el venerable arzobispo con mucha paz y quietud en su iglesia, no solo hizo oficio de santo y vigilante pastor, sino que escribió además muchos y excelente libros, añadiendo a los de materias teológicas, otros en que engrandeció las prerogativas de la Virgen Santísima; y fue tan devoto de su inmaculada concepción, que mandó con precepto se celebrase esta fiesta en su Iglesia Cantuariense. Finalmente después de haber ilustrado toda la cristiandad con su doctrina, virtudes y milagros, armado con los sacramentos, y tendido sobre el cilicio y la ceniza, dio su bienaventurada alma al que para tanta gloria suya la había criado. 


Reflexión:

Mira en el desdichado hijo de Guillermo el Conquistador, rey de Inglaterra, el paradero de los perseguidores de la Iglesia. Había dicho este rey, que él era el papa en su reino, y que no conocía ni quería que se nombrase en él otro papa sino él; por lo cual le alcanzó la sentencia de excomunión que fulminó el papa contra los legos que osasen dar la investidura de los obispados. Y ¿cuál fue el castigo de Dios? Fue que andando el rey de caza, una saeta le traspasó el corazón; para que se vea cómo el Señor, aunque permite que los malos reyes aflijan sus reinos, y se sirve de ellos como de ministros y verdugos de su justicia, a la postre los castiga y ejecuta en ellos su furor. 

Oración: 

Oh Dios, que hiciste al bienaventurado Anselmo ministro de la eterna salvación de tu pueblo; te suplicamos nos concedas que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que tuvimos por maestro y doctor en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

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