domingo, 3 de abril de 2016

Gran Pacificador del Universo (Aspiración de la Octava de Pascua)


Gran Pacificador del Universo

(Aspiración de la Octava de Pascua)


¡Gran pacificador del universo, que con la sangre que derramasteis pusisteis fin a las guerras de cuarenta siglos, que precedieron a vuestra muerte! ¡Cuántas batallas os ha costado esta palabra, paz! ¡Cuántos sudores y trabajos esta alianza del cielo con la tierra, y de los sentidos con la razón entre Dios y el hombre! Os contemplo, Señor, como aquella paloma del arca de Noé; habéis salido de en medio de un gran diluvio de penas, y de unos torrentes de dolores que se atropellaban unos sobre otros. Ahora nos presentáis la verdadera oliva, la señal de una eterna paz. ¡Ay de mí! ¿Podría ahora mi alma ser tan atrevida, y tan desarreglada, que se atreviese a hablaros de una guerra, cuando Vos la estáis hablando de paz; ni a presentaros el yerro, al mismo tiempo que Vos le presentáis los artículos de su reconciliación, firmados y sellados con vuestra sangre? ¡Qué seno habría en la tierra tan profundo que bastase para tragarme, si todavía quisiera yo vivir como un Abiron, con la mano levantada contra un cielo que no derrama sobre mí más que flores y rocío! Reinad, pues, oh salvador mío, sobre todas las potencias de mi alma ya rendida. Reinad en mi corazón, como sobre una conquista, que por tantos títulos os pertenece. Yo quiero jurar sobre vuestras heridas, las que después de haber sido monumentos de vuestra fidelidad, serán sacrosantos Altares de mis votos, y de mis sacrificios. Quiero prometeros una inviolable fidelidad en vuestro servicio: No quiero vivir sino para Vos, porque Vos acabasteis con mi muerte a costa de vuestra vida, y hacéis que reconozca mi Vida por medio de vuestra triunfante Resurrección.



Fuente: "La sabiduría evangélica", P. Nicolás Caussin, 1797

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