viernes, 23 de diciembre de 2011

Poder de Satanás



Poder de Satanás


"Y El Señor dijo: Simón, Simón (Yo te llamo por dos veces; está atento): Satanás ha pedido se le permita zarandearos a todos, como se zarandea el trigo". (Lucas 22, 31)
¡Qué poder el de Satanás! Zarandear a los hombres, a los mismos Apóstoles, bambolearlos, echarlos arriba, y abajo; en una palabra, hacer con ellos todo lo que quiera. ¿Quién ha dado ese poderío a Satanás, sino el pecado? Por el pecado ha vencido al hombre, que después de la victoria le fue entregado por esclavo; y por eso lo trata con un poder tiránico. No obstante, no puede hacer nada por sí: Sólo pide; es su poder maligno, perjudicial, y tirano; empero, sujeto al poder, y a la justicia suprema de Dios.

Pidió, "que se le diese potestad" (Cf. Job 1 y 2). Él se llama: "El acusador de nuestros hermanos" (Apoc. 12, 10). Y Dios le entrega lo que le parece , según las reglas de su Justicia, y según ellas tiene el Demonio derecho a pedir a aquellos en quienes encuentra algo suyo; quiero decir, de los que halla en pecado: por lo cual no tardará mucho Jesús en decir: "Ya viene el Príncipe de este mundo; y él nada tiene en mí" (Juan 14, 30); pero por lo que toca a los demás hombres, no es poca la parte que tiene en ellos: como hemos visto en los Apostóles que aun estaban, no hacía mucho, poseídos de la vanagloria, que es uno de los peores caracteres de Satanás, cuyo nombre adquirió por su ambición y orgullo. Por eso les habla ahora Jesucristo de la pretensión de Satanás, con motivo de la vanagloria que acababa de ver en ellos, y de su ambiciosa altercación. Vosotros os matáis por saber quién logrará la primera silla; y tenéis otros negocios más importantes, que os deberían ocupar: Advertid, que Satanás se introduce en medio de vosotros, por vuestras disputas: que le habéis hecho lugar, y abierto una gran entrada para disiparos, y zarandearos. Todo cuanto está poseído de vanagloria, es muy ligero, y propio para la zaranda de Satanás: Y así, en vez de disputar entre vosotros sobre vanas presidencias, y ocasionar con ellas la risa, y las penas del Infierno, uníos contra una potestad tan terrible.


Bossuet, "Meditaciones sobre el Evangelio", Día LXIX

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