martes, 6 de diciembre de 2011

LOS MILAGROS



LOS MILAGROS


(Estudio Bíblico de Cornelio A Lapide)


¿QUÉ ES UN MILAGRO?
Un milagro es un suceso sorprendente y extraordinario que no puede ser efecto de una causa natural. Es una derogación de las leyes de la naturaleza. El milagro es superior a las fuerzas del hombre; sólo Dios puede obrarlo.

¿SON POSIBLES LOS MILAGROS?
¿Quién puede dudar que Dios es capaz de hacer milagros? El mismo Dios que desde hace 6.000 años hace levantar el sol por oriente, ¿no podrá siquiera hacerlo levantar por occidente? Esto sería ahora un verdadero milagro. Negar que Dios pueda hacer milagros, es negar que Dios sea Dios, es quitarle su poder y su libertad, es aniquilarlo.

¿HA HABIDO MILAGROS?
Las plagas de Egipto, el paso del mar Rojo, la promulgación de la ley de Dios en el monte Sinaí, el maná, el agua que brotó de la roca, las maravillas obradas con el arca de la alianza, la conservación de los tres niños en el horno encendido, el castigo de Heliodoro, la resurrección de Lázaro, la resurrección de Jesucristo, la conversión del universo pagano a la voz de los doce apóstoles, y muchos otros sucesos extraordinarios, manifiestan a las claras que ha habido milagros, y grandes milagros.
"El resplandor de las obras de Jesucristo decidía toda cuestión sobre su Divinidad respecto de aquellos que no tenían el espíritu enteramente pervertido", dice San Cirilo (Catech., lib. II, c. V). Es evidente que los milagros de Jesucristo debían indicarlo a los judíos como Mesías prometido tantas veces, y tan positivamente desde el principio del mundo; pues un poder tan absoluto y una virtud tan extraordinaria y continua no podía pertenecer más que a Jesucristo.
Los milagros verificados en nombre y con la virtud de Jesucristo, por los Apóstoles, los mártires y los Santos de todos los siglos y lugares, ¿no prueba que ha habido milagros?

LOS MILAGROS SON UNA PRUEBA CIERTA DE LA VERDAD
San Agustín ha dicho que "vivía en el seno de la Iglesia católica, apostólica y romana por la autoridad de los milagros" (De Civit. Dei)
Ricardo de San Víctor dijo también: "Si lo que creemos es un error, Dios mío, vos sois el que nos habéis engañado, porque nuestra fe ha sido confirmada con signos y prodigios de los que sólo vos pudiste ser el autor" (De Inst. hom.)
Dios, que es la verdad, la santidad y la misma justicia, sólo puede permitir un verdadero milagro en favor de la verdad.

NINGÚN MILAGRO SE HA VERIFICADO NUNCA EN FAVOR DEL ERROR
Dios permite algunas veces que los malos hagan también milagros, en nombre de Jesucristo y para utilidad del prójimo. Pero no pueden hacerlos más que en obsequio de la verdad, y jamás a favor de la mentira.
No hay ejemplo de milagro sucedido en pro del error.
El milagro es, en efecto, la manifestación más auténtica e inconstestable de la buena doctrina y de la verdad. Dios no puede permitir milagros en pro del error; de otra suerte favorecería su desarrollo, engañaría a los hombres, y les quitaría todo medio de distinguir la verdad de la mentira. Suponerlo fuera una terrible blasfemia.

¿CÓMO SE CONOCEN LOS VERDADEROS MILAGROS?
Para distinguir los verdaderos milagros de los falsos deben observarse las diferencias esenciales que Teodoreto señala entre los milagros de Moisés y los pretendidos milagros de los magos de Faraón.


1.º Los magos convirtieron a la verdad sus varas en culebras; pero la vara de Aarón, transformada también en culebra, devoró las suyas. Cambiaron el agua en sangre; pero no pudieron devolver a aquella agua su naturaeza primera. Hicieron aparecer ranas; pero no pudieron, como hizo Moisés, desembarazar a los Egipcios de las incomodidades que les causaban. Dios permitió que los magos obrasen semejantes prodigios para castigar a los mismos Egipcios; pero no les concedió el poder de hacer cesar las plagas.


2.º Cuando Dios vio que el rey se endurecía más, por los pretendidos milagros de los magos, les quitó la tal facultad: los que habían hecho aparecer ranas, ni siquiera pudieron producir mosquitos, viéndose obligados a confesar públicamente su impotencia, diciendo: "Ahí está el dedo de Dios" (Ex. 8, 19) .


3.º Moisés cubrió de úlceras los cuerpos de los mismos magos (Ex. 9, 11). Pero Moisés, que hacía verdaderos milagros en favor de la verdad, ¿se vio nunca privado de obrar? No; cada día obrba otros nuevos, distintos y más sorprendentes ante la Corte de Faraón y en presencia de todo el Egipto. sus órdenes y sus defensas tenían al momento resultados milagrosos" (In Exod.)

San Agustín enseña que "se distinguen los verdaderos milagros de los falsos por la autoridad o el poder que los produce. Los magos hacen cosas sorprendentes por su secreto comercio con el demonio; pero los Santos obras milagros por la acción pública y la órden de Aquel a quien toda criatura está sujeta. Los magos obran pues en virtud de contratos privados, y los Santos en virtud de un derecho evidente". (Quaest. 79 inter 83)


Los prodigios de los magos son ordinariamente fantásticos, imaginarios y simulados; y por esto no duran.


Sigue el esclarecido obispo de Hipona: "Los magos y los demonios obran prodigios con mal fin; pero los Santos hacen milagros verdaderos en interés de la gloria de Dios" (Quaest. 79 inter 83)

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