sábado, 24 de diciembre de 2011

El Nacimiento del Señor siempre debe parecer Nuevo




EL NACIMIENTO DEL SEÑOR SIEMPRE DEBE PARECER NUEVO



Siempre es nuevo pues, lo que está siempre renovando las almas, ni es viejo jamás, lo que nunca cesa de fructificar, y perpetuamente no se marchita. Porque éste es el Santo en quien nunca tendrá lugar la corrupción. Este es el nuevo hombre, que incapaz en sí mismo de vejez, restituye a una nueva y verdadera vida; aun a aquellos cuyos huesos se habían envejecido. De ahí es, que también en la presente gustosísima anunciación , si lo habéis advertido , se dice con mucha congruencia, no tanto que ha nacido, como que nace: "Jesucristo, Hijo de Dios, nace en Belén de Judá". Porque, así como aun ahora se sacrifica de alguna manera cada día, mientras que hacemos memoria de su muerte; así también parece, que nace, cuando fielmente representamos su nacimiento. Mañana pues veremos la Majestad de Dios, pero en nosotros, no en sí mismo: veremos sin duda la Majestad en la humildad, el poder en la debilidad, a Dios en el hombre. El mismo es Manuel, que significa "Dios con nosotros" (Mt. 1, 23). Y escúchalo más claramente : "El Verbo, dice, se hizo carne, y habitó entre nosotros" (Jn. 1, 14). En fin, desde entonces en adelante: "Vimos su gloria, pero gloria como de quien es el Unigénito del Padre, le vimos ciertamente lleno de gracia y de verdad" (Jn. 1, 14): no vimos pues la gloria de su potestad y claridad, sino la gloria de la piedad paterna, la gloria de la gracia, de la cual dice el Apóstol: "En alabanza de la gloria de su gracia" (Ef. 1, 6)

San Bernardo, Serm. VI (Vig. Nativ.), c. 6

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