viernes, 23 de marzo de 2012

La Prioridad: La Vida Interior





La Prioridad: La Vida Interior

"También es muy sugestiva esta Anotación de retiro de Monseñor Dupanloup:

"Observo una actividad terrible que está minando mi salud, perturbando mi piedad y que no es de provecho para mi cultura. Dios me ha dado la gracia de reconocer que esta actividad natural y este dejarme llevar de mis ocupaciones son los mayores obstáculos para la organización de mi vida interior, tranquila y fructuosa. He llegado también a reconocer que esta FALTA DE VIDA INTERIOR es el manantial de todos mis defectos, perturbaciones, sequedades, disgustos y carencia de salud.

HE resuelto, pues, poner TODO MI ESFUERZO en la adquisición de esa vida interior de que carezco, para lo cual, con la gracia de Dios, me he impuesto las siguientes reglas:

1. Tomaré más tiempo del necesario para hacer cualquier cosa; así no me veré agobiado, ni con prisas, jamás.

2. Como siempre me encuentro con más cosas que hacer, que tiempo para hacerlas, y esta consideración me preocupa y me agobia, no pensaré más en las cosas que debo hacer, sino en el tiempo de que dispongo. Lo emplearé sin perder un minuto, comenzando por los negocios más importantes, y no me inquietaré de lo que quede sin terminar, etc., etc.".

Cualquier joyero prefiere el diamante más pequeño a muchos zafiros. De la misma manera, según el orden establecido por Dios, nuestra intimidad para con Él le da más gloria que todo el bien que podamos procurarle con nuestro apostolado en favor de las almas, si es un detrimento de la nuestra. Nuestro Padre Celestial, que atiende más al gobierno de un corazón donde tiene su trono, que al gobierno natural de todo el universo y a la gobernación civil de todos los imperios, desea que reine esa armonía en nuestro celo (P. Lallemant., Doct. Spirit)"

Y algunas veces prefiere dejar desaparecer una obra, si ve que es un obstáculo para el incremento de la caridad del alma que se ocupa en ella.

Satanás, por el contrario, no vacila en halagar a un apóstol con éxitos enteramente superficiales, si puede con ello amenguar su vida interior, porque su rabia le hace adivinar dónde se encuentran los verdaderos tesoros a los ojos de Jesucristo. Es decir, da de buena gana algunos zafiros, para quitar un diamante.


Extraído de la Primera Parte del Libro "El Alma de todo Apostolado", de Dom J. B. Chautard


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