miércoles, 23 de diciembre de 2015

Meditación sobre la Soberbia y sus 8 Señales para Reconocerla



MEDITACIÓN DE LA SOBERBIA

Considera que la soberbia es por su naturaleza pecado grave, vicio tan detestable que David lo llama grandísimo pecado, y san Agustín lo juzga por el peor de todos: y con razón, porque este vicio fue causa de la caída de los ángeles rebeldes, los cuales llegaron a ser demonios por haber consentido en un solo pensamiento de soberbia. 

Fue el origen de todas las miserias e infelicidades humanas, en nuestros primeros padres, por haber comido del árbol vedado, movidos del espíritu de la soberbia, y de una vana curiosidad de saber el bien y el mal (Gen 3, 5). La soberbia es una carcoma que roe y hace perder el fruto de las buenas obras. Por eso decía el Hijo de Dios que, el hacer acciones buenas para ser estimado de los hombres no merece recompensa en el cielo. 

Los soberbios son aborrecidos de todos porque no quieren ceder a ninguno, ni saben tener paz con nadie.

Dios sumamente aborrece a los soberbios, como se ve en los fariseos, tantas veces malditos y reprobados de Cristo en su santo Evangelio; y les reserva para la otra vida rigurosísimos castigos: "Dadle otros tantos tormentos, cuanto ha sido arrogante", dice de Babilonia, que es figura del alma soberbia (Apoc. 18, 7).

Y otra vez, "El que se ensalza, será humillado" (Lc. 14, 11). Por esto, humíllate, para que no caigan sobre ti los castigos y maldiciones de Dios contra los soberbios. 

Considera qué cosa es la soberbia:  Es una buena opinión de sí mismo, o un deseo desordenado de gloria mundana. Ocho son las señales para conocer si uno es tocado por este vicio: 

1. Gloriarse de lo que tiene, como si no lo tuviese de Dios; o de lo que no tiene, o de cosas que merecen vituperio; y esto se llama arrogancia.

2. Desear ser visto por los hombres para ser alabado y alegrarse de agradarles, o de ser estimado por ellos; y esto es vanagloria. 

3. Alabarse a sí mismo, vendiéndose por aquello que no es, o engrandeciendo lo que es, y descubriendo sin necesidad aquello que debía callar; y esto es jactancia. 

4. Tener deseo desordenado de cargos y dignidades; y es ambición. 

5. Emprender cosas que exceden las propias fuerzas y su capacidad, y se llama presunción. 

6. Mostrar que se es aquello que no es, o hacer obras buenas en presencia de otros para ser estimado; y es hipocresía. 

7. Estar amartelado en su propio juicio, y preferir su parecer al ajeno, no queriendo ceder a ninguno que sea; y esto es obstinación. 

8. Finalmente, el desprecio de los otros, así iguales como superiores. 

Estas son las señales de la soberbia, y la principal entre todas, si siendo tan soberbio como eres ninguna de estas reconocieras en ti. 

Para desarraigar de tu alma este vicio, el primer medio es considerar que "la soberbia es madre de los demás vicios" (Ecclo. 10, 15), y por esto Dios la castigó tanto en Luzbel, en nuestros primeros padres, en el Faraón Nabucodonosor, Aman, Herodes y otros. 

Haz frecuentes actos de fe sobre esta verdad, que no tienes cosa alguna de ti mismo, más, que lo has recibido todo de Dios, el cual te pedirá estrechísima cuenta de ello.
Entérate bien de tus miserias, así de cuerpo como de alma; pasadas, presentes y venideras. En cuanto al cuerpo, has sido una asquerosísima materia, eres un saco lleno de inmundicia y de suciedad; y un día, serás reducido a corrupción, y a comida de gusanos vilísimos. En cuanto al alma, has sido, y aun quizá eres esclavo del demonio, y no sabes si te hallarás algún día en el número de los condenados; por tanto, debes tener escondido lo que te puede conciliar estimación en todas tus acciones, dirigir tu intención a sólo Dios, y últimamente, pensar a menudo en la humildad de nuestro Redentor: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt. 11, 29). 

Oh cuán adelantado se hallaría tu espíritu, si aprendieses bien, de tu divino maestro Jesús, tan importante lección.



Fuente: "Manual de Piadosas Meditaciones", PP de la C. de la C. de la Misión de Barcelona, 1833

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