jueves, 31 de marzo de 2016

Francisco se postra ante Satanás: Ante el Poder Mundial, Ante la 666-Shoah, Ante el Sionismo



Francisco se postra ante Satanás: Ante el Poder Mundial, Ante la 666-Shoah, Ante el Sionismo

Desde que se instaló el Caballo de Troya del Concilio Vaticano II y la marca sionista del Holocuento en la "Opinión Pública", ninguno de los Antipapas de Roma y de la iglesia impostora del Nuevo Orden Mundial y de la Apostasía Universal, ha cesado en hacer sus "debidas" reverencias a Satanás. Francisco, si bien es uno más, es el más evidente: No se sabe si por ser el más entusiasta y osado detractor de la Tradición Católica; o por ser el más torpe y estúpido de los simuladores.

Basta verlo, por lo menos, para que toda alma de buena voluntad; por la misma congoja y repugnancia que esto causa, ansíe la búsqueda del Camino, la Verdad y la Vida; que es Jesucristo, Nuestro Señor:








Tienta Satanás:

"Te daré todo esto (todos los reinos del mundo con todo su esplendor), si te postras para adorarme". (Mt 4,9)



El beato Amadeo, duque de Saboya (31 de marzo)



El beato Amadeo, duque de Saboya 

(† 1472.) 


El glorioso y caritativo príncipe beato Amadeo fue hijo de Luis II y de Ana, hija del rey de Chipre. En medio del fausto de la corte conservó siempre su corazón sin mancilla, y era de condición tan apacible, que se hacía dueño de todos los corazones. A los diecisiete años se casó con Violante, hija de Carlos VII de Francia, y habiendo sucedido a su padre en el trono, las virtudes que como a príncipe le adornaban, tomaron nuevo brillo con la diadema. Derrotó a los turcos, y no se mostró menos valeroso en las batallas, que generoso en las victorias y piadoso con los vencidos. Tuvo gran cuidado de que los príncipes sus hijos se criasen en toda virtud y como convenía a su nobilísima sangre; y no había a la sazón en Europa corte más brillante ni mejor ordenada que la suya, ni reino en que más floreciese la paz, la justicia, la virtud y la prosperidad; de manera que su reinado se llamaba el siglo de oro. No pasó el santo rey un solo día en que no hiciese algún particular beneficio, y mereciese las bendiciones del cielo y el reconocimiento y amor de sus vasallos. Empleó todo su tesoro en fundar asilos de beneficencia, y en aliviar por su mano las miserias de los que padecían. Le llamaban el padre de los menesterosos, y a su palacio, el jardín de los pobres. Habiéndole dicho un día que las excesivas limosnas que repartía agotaban todas sus rentas, respondió muy alegre el magnífico príncipe: "Me huelgo mucho de lo que me decís: aquí tenéis el precioso collar de mi orden, vendedlo y socorred también con el precio de él a mis queridos pobres". Cuando el santo rey se vio vecino a la muerte, llamó a sus hijos y a los principales señores de la corte, y les declaró su última voluntad en estos términos: "Mucho os recomiendo la misericordia y caridad con los pobres: derramad generosamente en su alivio vuestras limosnas, y el Señor derramará copiosamente sobre vosotros sus bendiciones. Haced justicia sin acepción de personas, y poned todo vuestro estudio en hacer que florezca la religión católica y sea Dios servido en todo el reino". Finalmente, habiendo recibido con singular edificación y lágrimas de todos, los santos Sacramentos, trocó la diadema terrenal por la corona eterna de los cielos, y el Señor acreditó su santidad con tantos prodigios, que el obispo de Vercelli, donde murió el santo, refiere ciento treinta y ocho, todos muy ilustres, especialmente en los que adolecían de accidentes epilépticos; y san Francisco de Sales aseguró al papa Paulo V que todos los días obraba Dios nuevos milagros en el sepulcro del santo duque.  


Reflexión: 

Como es tan poderoso y eficaz el ejemplo de los príncipes, el del beato Amadeo imprimía en su corte y en sus vasallos un sello tal de virtud, que por mucho tiempo se vio el vicio desterrado de sus estados, y la piedad cristiana, siguió floreciendo en todas partes con religioso esplendor. Apenas hallaba la justicia crímenes que castigar en ninguna de sus provincias; y en las poblaciones de aquel estado se veían los más admirables ejemplos de todas las virtudes. ¡Oh! ¡Qué fácilmente se lleva a cabo la dificultosa empresa de reformar las costumbres, cuando resplandece por toda la nación la virtud y cristiana vida de sus gobernantes! Pero si éstos son la piedra de público y universal escándalo, ¡qué ha de ser todo el reino, sino un lago de vicios y maldades! 

Oración: 

Señor Dios, que trasladaste a tu confesor, el bienaventurado Amadeo, del principado de la tierra al celestial reino de la gloria, te suplicamos nos concedas, que por sus merecimientos y su ejemplo, usemos de los bienes temporales, de suerte que no perdamos los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

miércoles, 30 de marzo de 2016

San Juan Clímaco, abad (30 de marzo)


San Juan Clímaco, abad.

(† 605.)

El glorioso abad del monte Sinaí san Clímaco fue, a lo que se cree, natural de Palestina, y siendo mozo de dieciséis años bien enseñado en las letras humanas, se ofreció a Cristo nuestro Señor en agradable sacrificio, retirándose del mundo en un monasterio del monte Sinaí, donde por espacio de diez años brilló a los ojos de los monjes como perfecto dechado de todas las virtudes. Pasó después a la vida solitaria y escogió un lugar llamado Tola, que estaba al pie del monte y a dos leguas de la iglesia de la Santísima Virgen, que el emperador Justiniano había hecho edificar para los monjes que moraban en las rocas y asperezas del Sinaí: y en aquella ermita vivió Juan por espacio de cuarenta años, con tan gran santidad, que todos lo llamaban Ángel del desierto. Lo levantó el Señor al estado angelical de la oración continua; y no pocas veces lo vieron levantado de la tierra y suspenso en el aire, resplandeciendo en su rostro la gracia de Dios, y las delicias celestiales que estaba gozando su alma. Le sacó al fin el Señor de su ermita para que fuese el abad y maestro de todos los monjes del Sinaí, y a ruego y súplica de ellos escribió el famoso libro llamado Escala espiritual, en el cual se describen treinta escalones por donde pueden subir los hombres a la cumbre de la perfección. Su lenguaje santo es por sentencias, y admirables ejemplos. Dice que en un monasterio de Egipto donde moraban trescientos y treinta monjes, no había más que un alma y un corazón; y que a pocos pasos de este monasterio había otro que se llamaba la Cárcel, donde voluntariamente se encerraban los que después de la profesión habían caído en alguna grave culpa, y hacían tan asombrosas penitencias, que no se pueden leer sin llenarse los ojos de lágrimas y temblar las carnes de horror. Se encomendaba en las oraciones de este varón santísimo el venerable pontífice san Gregorio Magno; y el abad Raytú, en una epístola que también le escribió, le pone este título: "Al admirable varón, igual a los ángeles, Padre de Padres, y doctor excelente, salud en el Señor". Habiendo pasado el santo sesenta y cuatro años en el desierto, a los ochenta de su edad, entregó su alma purísima y preciosísima al Señor. 


Reflexión: 

No parece sino que hace el santo el retrato de sí mismo cuando en su Escala espiritual habla del grado de oración continua. "Esta oración, dice, está en tener el alma por objeto a Dios en todos los pensamientos, en todas las palabras, en todos los movimientos, en todos los pasos; en no hacer cosa que no sea con fervor interior, y como quien tiene a Dios presente". ¡Oh! ¡Qué agradable sería a los divinos ojos, y qué limpia de todo pecado estaría nuestra alma, si considerásemos que nuestro Señor nos está siempre mirando! Ofrezcámosle siquiera por la mañana todos nuestros pensamientos, palabras y obras, y cuando nos viéremos en alguna tentación o peligro de pecar, digamos: ¡Dios me ve, no quiero ofender a mi Dios! Y no imaginemos que tu Dios y Señor esté ausente allá en las más encumbradas alturas de los cielos, donde ni te ve ni te oye: porque está presente en todas partes, y más cerca de ti que el amigo con quien conversas; está alrededor de ti y dentro de ti, penetrando tu cuerpo y tu espíritu; y tú te hallas más sumido en la inmensidad de su ser divino, que el pez metido en las aguas. 

Oración: 

Te suplicamos, Señor, que la intercesión del bienaventurado Juan, nos haga recomendables a tu divina Majestad, para que consigamos por su protección lo que no podemos alcanzar por nuestros merecimientos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

martes, 29 de marzo de 2016

Santos Jonás y Baraquisio, hermanos, mártires (29 de marzo)




Santos Jonás y Baraquisio, 
hermanos, mártires.

(† 327.)

Al tiempo que Sapor, rey de Persia, perseguía cruelísimamente a los cristianos, vivían en una aldea llamada Jasa dos hermanos llamados Jonás y Baraquisio, los cuales llegando a la villa que se llama Bardiaboth, fueron a visitar a los cristianos que estaban presos y hallaron nueve que estaban ya condenados a muerte. Y viéndolos muy atormentados y maltratados, les dijeron: "Hermanos, no temamos cosa alguna; en nombre de nuestro Jesús crucificado, sustentemos una batalla para alcanzar la sempiterna corona". Animados con estas palabras los santos presos, padecieron el martirio y recibieron la palma y vestidura inmortal de la gloria. Después de esto fueron acusados los dos santos hermanos ante unos crueles magos que hacían oficio de jueces, los cuales les intimaron obediencia al rey, y reverencia al sol, al fuego y al agua. "No tengo que ver, dijo Jonás, con el sol, luna ni estrellas, ni con el fuego ni el agua, que son vuestros dioses, ni es Sapor ningún rey inmortal para que se haya de obedecer más que al verdadero Dios. Sólo creo en el Padre, Hijo y Espíritu Santo, verdadera Trinidad que conserva todo el universo". Mucho se enojaron los magos oyendo esto; y luego mandaron que le atasen un pie a una cuerda y lo pusiesen desnudo al hielo toda la noche. Venido el día siguiente, llamaron a Baraquisio, a quien tenían apartado de su hermano, y le dijeron que por qué no sacrificaba a los dioses como ya lo había hecho su hermano Jonás. San Baraquisio dijo: "Lo que ha hecho mi hermano haré también yo": y añadió que mentían en todo, porque la verdad a quien seguía, no le dejaría a su hermano hacer un nefando sacrificio. Se irritaron los mentirosos jueces con esta respuesta, y para que no hablase más, le hicieron beber plomo derretido, y le volvieron a la cárcel donde le tuvieron colgado de un pie. Trajeron luego ante sí a Jonás y y le dijeron: "¿Cómo te ha ido esta noche con la helada? Tu hermano Baraquisio ha negado a tu Dios, y tú, obstinado, ¿aún te estás en tu parecer?". Respondió el mártir: "Creedme, reales príncipes, que jamás mi Dios me había dado noche tan sosegada y tan buena; y sé también para mi consuelo, que mi hermano ha negado al demonio y que ha estado firme en Cristo". Mandaron traer los magos un husillo y prensa y le prensaron como hacen con el orujo, rompiéndole todos los huesos, y de esta manera el invictísimo y glorioso Jonás entregó su bendita alma al Señor, Concluido esto atormentaron de varias maneras a su hermano Baraquisio, metiéndole agudas cañas por las carnes, lo apretaron después en la prensa, y le echaron pez derretida en la garganta, y con esto alcanzó como su hermano la gloria del martirio. 

Reflexión: 

¿Has observado cómo en el combate de estos dos santos hermanos. querían aquellos impíos jueces apartarles de la fe con embustes y mentiras? Propias han sido siempre estas armas de los enemigos de Dios; mas los fieles servidores de Cristo los vencieron con su cristiana entereza. ¿Por qué, pues, has de hacer algún caso de las falsas razones que ahora vuelven a traer los impíos y herejes para desquiciar a los católicos de la verdadera fe? ¿Por ventura no merece mayor crédito Jesucristo, Señor nuestro, que todos los hombres falibles y miserables de este mundo? ¿No vale más el testimonio de la Iglesia que el de toda la turba de los impíos ignorantes y viciosos. 


Oración: 

Concédenos, Señor, que así como reconocemos tu fortaleza soberana en la confesión de tus gloriosos mártires Jonás y Baraquisio, así experimentemos su poderosa intercesión ante el acatamiento de tu divina Majestad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

lunes, 28 de marzo de 2016

"Los judíos crucificaron a Jesucristo por brujería e inducir a idolatría; y rezan para que sean destruidos todos los cristianos"



"Los judíos crucificaron a Jesucristo
por brujería e inducir a idolatría;
y rezan para que sean destruidos todos los cristianos"


Tal título no es un invento cristiano, sino una verdad pública sobre el pueblo deicida. Tan pública que puede desglosarse de las enseñanzas, de por ejemplo, el rabino Shpangental. Vea, abajo, el video en donde profiere todo tipo de ofensas y blasfemias anticristianas, pero a la vez probando que en sus libros consta que Jesús hacía milagros y que ellos lo asesinaron crudelísimamente con muerte de cruz, y que hoy rezan por nuestra destrucción y procuran quitar el cristianismo de la faz de la tierra, cosa que por otra parte, y si no fuera por la protección divina, casi están consiguiendo.

El rabino Talmudista Raphael Shpangental, profesor en el Centro de Estudios de Judaismo de Majon Meir departamento Iberoamericano, en el centro Majon Ora, enseña a jóvenes judías, en Israel, las atrocidades que enseña el Talmud y su odio contra Cristo, el Cristianismo y los cristianos:

Destacamos algunos temas y sus minutos, la mayor parte son negados por los judíos, desconociendo que se contengan en el Talmud, (en el mismo video se explica que están vedados o autocensurados por protección), aquí está la prueba de que no es así:

Minutos 1 -13: Detesta a los misioneros cristianos y se burla de la Santísima Trinidad.

Minutos 14:50: El cristianismo debe ser odiado porque viene a suplantar al judaísmo, además es idolatría.

Minutos 19:28: Nueva oración contra los "Minim" cristianos, otra especie, para destruirlos.

Minutos 22:36: Texto de la terrible oración que elevan todos los días a su dios para que destruya a los "minim" (cristianos).

Minutos 24:32: Declara que es contra Cristo y los cristianos.

Minutos 50:12: Declara que ellos MATARON a Cristo. El Sanedrín o Bet Din lo condenó a muerte y lo mató, colgándolo de la Cruz.

Minutos 58:50: Cristianismo es idolatría no así el islam, se puede entrar en una mezquita no así en una iglesia.

Y el resto, los insultos con que se refieren a Nuestro Señor Jesucristo.



No podemos sino terminar con la oración litúrgica del Viernes Santo:

"Oremus et pro perfifis judaeis: ut Deus et Dominus noster auferat velamen de cordibus eorum; ut et ipsi agnoscant Jesum Christum Dominum Nostrum".

"Oremos también por los pérfidos judios, para que Dios Nuestro Señor quite el velo de sus corazones, a fin de que reconozcan con nosotros a Jesucristo Nuestro Señor".



Fuente: http://propagandacatolica.blogspot.com.ar/2014/02/videos-confesion-de-partes-relevo-de.html

San Guntrano, rey y confesor (28 de marzo)



San Guntrano, rey y confesor

(† 593.)

Fue el piadosísimo rey san Guntrano hijo de Clotario, rey de Francia, y nieto de Clodoveo I y de santa Clotilde.  Como era hijo segundo, a la muerte de su padre heredó los reinos de Orleans y de Borgoña; lo cual fue ocasión de muchas guerras con sus hermanos Cariberto y Sigeberto: Y si al principio de su reinado traspasó los límites de la humanidad, tratando con excesivo rigor a sus enemigos, cosa harto frecuente en aquellos tiempos, también es verdad que hizo rigurosa penitencia todo el tiempo de su vida, procurando de alcanzar como David la divina misericordia con muchos ayunos, grandes asperezas y limosnas. Puso debajo de su protección a los hijos de sus hermanos, colmándoles de beneficios, y jamás se sirvió de los felices sucesos de sus victorias para su propia medra y engrandecimiento, sino para el bien universal de sus vasallos. Y como era príncipe muy cristiano y santo, y sus leyes eran justas y humanas, florecía su reino con gran abundancia y prosperidad, así en tiempo de paz como en tiempo de guerra. Dio severísimas ordenanzas, encaminadas a reprimir la crueldad y bárbara fiereza que usaban los soldados con los enemigos vencidos, y puso a raya su desenfrenada licencia. Y aunque su amor a la justicia le inclinaba a castigar con el debido rigor los crímenes, no puede creerse con cuánta facilidad y suavidad perdonaba las injurias cuando se hacían a su misma persona, porque habiendo en cierta ocasión atentado contra su vida dos desaforados asesinos, mandó el rey que a uno le encerrasen en la cárcel, y perdonasen al otro por haberse refugiado en lugar sagrado. Honraba el santo príncipe a los obispos y prelados de la Iglesia de Jesucristo, con reverencia y amor filial, les consultaba sus dudas y les pedía su parecer. Edificó muchos templos y monasterios, y aunque era padre de todos sus vasallos, lo fue singularmente de los pobres, llegando en un tiempo de hambre a agotar con real magnificencia su tesoro, y procurando de aplacar con ayunos y pública penitencia la ira de Dios, que, como decía el santo, por sus pecados azotaba a sus pueblos. Finalmente, lleno de méritos y virtudes, descansó en la paz del Señor, con gran luto y sentimiento de todo su reino, y Dios ilustró el sepulcro de tan santo rey con muchos prodigios que le ganaron la universal veneración.


Reflexión: 

No existe estado o condición  en que el hombre no pueda santificarse, si quiere. La gracia vence todos los obstáculos, ayudada de la cooperación humana. No es un pobre artesano, o un pobre labriego el que hoy presenta ante tu  consideración la Iglesia: es un rey poderoso y un rey que experimentó allá cuando joven la fuerza de las pasiones. No fue tan misericordioso como debió ser; vejó a sus vasallos más de lo justo. Pero  fue fiel al llamamiento de la gracia, y los que le vieron castigar con exceso de severidad los crímenes, lo vieron también hacer espantosa penitencia, y hoy le veneramos en los altares. ¿Te ves combatido? ¿Sientes en tu interior la fuerza de la pasión? ¿Por qué no escuchas también  la voz de la gracia que te llama a la pelea, y te dice que no desmayes? ¿Encontrarás para ser bueno más obstáculos que  este santo? No vives entre la pompa cortesana. No te estorban halagos de poderosos para ver la verdad, y vista, seguirla resueltamente.  Quizás tu misma condición te facilita el ser virtuoso. Pero aunque fueras príncipe o monarca, ¿tendrías excusa ante tal dechado para no emprender una vida perfecta?


Oración: 

Oye, Señor, las súplicas que  hacemos en la solemnidad de tu bienaventurado confesor Guntrano, para que  los que no confiamos en nuestra virtud,  seamos ayudados por las oraciones de  aquel que fue de tu agrado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 27 de marzo de 2016

Si habéis resucitado con Jesucristo, buscad las cosas de arriba, gustad las cosas de arriba. (Pascua de Resurrección)



Si habéis resucitado con Jesucristo, 
buscad las cosas de arriba, 
gustad las cosas de arriba.


Cuando se ha resucitado con Jesucristo, gusta poco lo que es de la tierra; todos los deseos, todas las ansias y todos los suspiros son por cosas del cielo. La resurrección espiritual produce en el alma casi los mismos efectos que la resurrección corporal en el cuerpo. Esta resurrección espiritual es una nueva vida: un hombre resucitado espiritualmente es un hombre nuevo que no retiene ninguna de las imperfecciones del hombre viejo.
¡Qué brillante luz en el espíritu! ¡Qué pureza de deseo en el corazón! ¡Qué regularidad de costumbres y de conducta todo el tiempo que le dura la vida! Los deseos terrenos no nacen sino de un corazón corrompido. Un corazón aguado por las pasiones produce todas esas espesas nieblas que oscurecen el espíritu.
Todo es terreno en un hombre poco cristiano. Verdades sublimes, moral santa y espiritualidad práctica, este es un lenguaje desconocido para un alma terrena. De aquí los corazones duros, esos espíritus embotados, esas obstinaciones en el mal, esas ceguedades espirituales y esas impenitencias finales. La noción más justa y más cabal de una persona mundana, o que vive según el espíritu del mundo, dice e incluye todo esto.
Estamos sordos a la Voz de Dios cuando no somos de sus ovejas, no se conoce esta Voz cuando no se está en el redil. De aquí estas grandes dificultades para convertir a un mundano, y a una mujer que no está animada sino del espíritu del mundo. De aquí proviene el convertirse tan pocos herejes. ¿Se ha resucitado con Jesucristo? Inmediatamente nos hacemos del todo espirituales. Las pasiones extinguidas, o a lo menos mortificadas, no hay que temer exciten revoluciones en el hombre interior.
Un corazón purificado por la gracia no es ya un terreno fecundo de malignas exhalaciones. El aire es demasiado puro para que forme nublados: la fe es demasiado viva para que sufra confusiones: el cielo, bajo del cual se vive entonces, es demasiado sereno, y la mar en que estamos embarcados está demasiado en calma para que no deje a nuestra alma toda la libertad de pensar y de obrar como cristianos. Ella descubre entonces el vacío y la nada de los bienes criados, el falso brillo de las honras mundanas, y el veneno de esos placeres que encantan.
Ciudadanos de la celestial, patria no pueden mirar la tierra sino como un lugar e destierro. No se suspira sino por el cielo, no se encuentra solidez sino en los bienes del cielo; todo otro gusto es extraño, y es un gusto depravado, el cual siempre es señal cierta de que el alma está enferma.
El espíritu y las máximas del mundo dan lástima y causan compasión a los que han resucitado verdaderamente a la gracia. Este puñado de días, en que consiste la más larga vida, pierde todos sus atractivos desde el momento en que se compara con la eternidad. Todo es encanto para quien no ha resucitado con el Salvador. Dignidades brillantes, empleos ostentosos y tesoros inmensos, todo deslumbra y todo encanta a un corazón material y a un espíritu terreno.
Con la resurrección espiritual se desvanece el encanto, el hechizo se cae por sí mismo y el fantasma despojado de la mascarilla y descubierto, ya no es fantasma y parece lo que es.
¡Qué desgracia la de aquellos que en estas fiestas de Pascua no experimentan los saludables efectos de la resurrección! ¡Ay de aquel que persevere en sus tinieblas! Con solos los que han salido de Egipto obra Dios prodigios. El maná es solamente para los que han pasado el Mar Rojo, y han sido lavados por la sangre del Cordero.


Fuente: "Año Cristiano", P. Juan Croisset, 1863

San Juan, ermitaño (27 de marzo)



San Juan, ermitaño

(† 718.)

Nació el glorioso san Juan ermitaño en Licópolis de la Tebaida, de padres muy escasos en bienes de fortuna, y luego que tuvo edad, aprendió el oficio de carpintero; mas el Señor, que quería labrarle, le llamó a la soledad, para hacer de él uno de los varones más santos del desierto de Egipto. Se hizo discípulo de un santo anciano, el cual, descubriendo en aquel mancebo una humildad y obediencia extraordinarias, en breve tiempo le hizo adelantar mucho en el camino de la perfección. Un año entero estuvo regando por obediencia un palo seco, dos veces al día, y procurando mover de su asiento un gran peñasco que muchos hombres no pudieran mover: Y el Señor recompensó su ciega obediencia, concediéndole después el don de milagros y profecía. Muerto su santo maestro, pasó Juan cinco años en diversos monasterios, y luego se fue a una montaña desierta y abriendo en la peña una celdilla, se encerró en ella, y por espacio de cuarenta años, llevó en este linaje de sepultura una vida de ángel, saboreando anticipadamente las delicias del cielo. No había hombre más apacible y agradable en el trato que el santo anacoreta. Jamás permitió que ninguna mujer se llegase a la ventanilla de su celda: Se hizo tan notorio su alto don de profecía, que de las provincias más apartadas venían a consultarle como a un oráculo del cielo. ¿Quién no se maravillará de ver a sus pies al general del ejército romano pidiéndole consejo, y oyendo de los labios del santo: "Confía, hijo, en el Dios de los ejércitos, porque con tus escasas fuerzas, vencerás?" Y en efecto, la ilustre victoria que alcanzó de los bárbaros etíopes, acreditó la verdad del vaticinio. Le consultó también el gran Teodosio sobre el suceso de la guerra con Máximo; y le pronosticó Juan el glorioso triunfo que había de alcanzar sobre aquel tirano. Cuatro años después, mandó el emperador a Eutropio, su ministro, para saber el éxito de otra campaña; y el santo respondió: "Ve, y di al emperador que vencerá, pero que sobrevivirá poco tiempo a la victoria". Todo lo cual sucedió como el santo profeta lo dijo. Finalmente, después de una larga vida de noventa años llena de profecías y milagros, sabiendo por divina re velación, el día y hora de su muerte, pidió que en tres días nadie le llamase, y pasándolos en oración, entregó su bienaventurado espíritu en las manos del Creador; y el día siguiente fue hallado su sagrado cadáver puesto de rodillas, y fue sepultado con la pompa y veneración que su santidad merecía, llamándose comúnmente el profeta de Egipto. 


Reflexión:

Visitó Paladio al santo y apacible anacoreta, el cual le dijo que sería obispo y que había de padecer grandes trabajos: "Yo, añadió el santo, cuarenta y ocho años hace que no pongo los pies fuera de mi celda, y porque en todo este tiempo no he visto mujer ni moneda alguna, no he sentido ni aun el más leve disgusto". Brevísimo atajo para llegar a una vida llena de divina consolación, reprimir la codicia del dinero y los deleites sensuales. Estas son las dos raíces principales de todos los sinsabores de la vida del hombre. El corazón de los malos es como un mar que hierve siempre en tormenta; y es porque está devorado, o por la sed de riquezas, o por el deseo de goces sensuales. Reprimámoslos, que vendrá sobre nosotros la paz y la alegría que sobrepuja a todo sentido y de la cual gozan aun en esta vida los hombres mortificados.  


Oración: 

Oye, Señor, las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu siervo el bienaventurado Juan, para que los que no confiamos en nuestros méritos seamos ayudados por los de aquel que tanto te agradó. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

sábado, 26 de marzo de 2016

San Braulio, obispo de Zaragoza (26 de marzo)



San Braulio, obispo de Zaragoza

(† 651.)

El santísimo y sapientísimo obispo san Braulio, honor inmortal de la Silla de Zaragoza, fue hermano del obispo Juan, y sucesor suyo en el obispado, y natural de la misma ciudad (por lo que algunos escriben), y de la sangre de los reyes godos de España. Tuvo por maestro a san Isidoro, arzobispo de Sevilla, y salió tan aventajado en las lenguas y ciencias divinas y humanas, que su mismo sapientísimo maestro le envió su famoso libro de las Etimologías, que a su petición había escrito, para que lo corrigiese. Participó en tres concilios Toledanos, que fueron el cuarto (en que presidió san Isidoro, su maestro), y el quinto y el sexto. En el quinto tuvo san Braulio gran mano, y ordenó los cánones y decretos, y todo el peso de los negocios cargaba sobre él, por ser considerado como el oráculo de toda la Iglesia de España. Escribió una carta al Sumo Pontífice que a la sazón era Honorio, primero de este nombre, con tan excelente doctrina, estilo y elocuencia, que fue muy celebrada y leída con admiración en Roma. En ella le daba cuenta del celo con que tanto el rey Chintila como los obispos de España trabajaban por conservar en toda su integridad y pureza la doctrina católica y divina de Jesucristo. Escribió más tarde una carta al rey Chindasvinto, cuyo efecto fue declarar a Recesvinto sucesor del reino, y rey juntamente con su padre; con lo cual acabó con las facciones y turbulencias, y ahorró mucha sangre. Residía el santo prelado en la iglesia de Santa María la Mayor, llamada del Pilar de Zaragoza, ocupándose de día y de noche en el servicio de Dios y de su Santísima Madre. Hizo edificar una iglesia sobre la sepultura de los santos mártires santa Engracia y sus dieciocho compañeros, y de los innumerables mártires de Zaragoza, que antiguamente se llamó la iglesia de las Santas Masas, y ahora tiene título de santa Engracia, donde después el rey católico don Fernando labró un suntuoso monasterio y lo dio a los Padres de la Orden de San Jerónimo. Finalmente a los veinte años de su gloriosísimo obispado, descansó san Braulio en la paz del Señor, dejando a toda la ciudad de Zaragoza con gran sentimiento por haber perdido tan- excelente padre, pastor y maestro. El sagrado cadáver fue sepultado con gran veneración en el santuario del Pilar. 


Reflexión: 

Mucho trabajó y sudó san Braulio, restableciendo en España la integridad de la fe, y honrando a los innumerables mártires de Zaragoza y a santa Engracia con aquel templo sepulcral de las Santas Masas, que destruido a principios de este siglo por la impiedad extranjera, acaba de reedificarse, en calidad de monumento nacional y sagrado ornamento de la nobilísima capital de Aragón. ¡Ah! La Religión no ha hecho otra cosa que edificar; la impiedad nunca supo hacer otra cosa que destruir. La Religión labró el edificio moral de la sociedad cristiana, y embelleció las naciones con las obras más suntuosas e inmortales del arte. ¿Y qué otra cosa ha hecho la impiedad que demoler esos monumentos, y volver a los hombres, viciosos, deshonrados y bestiales como antes? Y en eso emplean todavía su tiempo y su trabajo los impíos: en destruir y derribar; porque edificar algo sobre las ruinas, ni siquiera ellos mismos saben si ha de ser posible. No emplees, pues, la vida en obras de destrucción propias de los hijos del diablo, sino en obras de edificación propias de los hijos de Dios. 


Oración: 

Oh, Señor, que con el celo, erudición y ejemplos del bienaventurado Braulio, tu confesor y pontífice, quisiste fortalecer tu Iglesia, defiéndela por su intercesión con seguros y perpetuos auxilios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

viernes, 25 de marzo de 2016

Aspiraciones según La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Viernes Santo)



Aspiraciones según La Pasión de 
Nuestro Señor Jesucristo 

(Viernes Santo)


Aspiración acerca del Huerto

¡Oh hermoso Huerto de los Olivos, de hoy en adelante tú serás el más delicioso objeto de mi corazón; quiero perderme en tus paseos; quiero perderme con Dios para nunca perderme: Quiero respirar tu aire, porque está bendecido con los suspiros de mi Maestro: Quiero coger sus flores, porque Jesús les dio el colorido con su sangre: Quiero lavarme en tus fuentes, porque están santificadas con el sudor de Jesús: No quiero más alegría que la tristeza del Hijo de Dios, ni más voluntad que la suya! ¿Oh benigno Salvador mío, Maestro y Doctor del género humano! ¿Es posible que os habéis de haber desprendido de vuestra propia voluntad, que era tan arreglada y tan pura, para darme ejemplo de mortificación de mis pasiones; y que yo, a vista vuestra, he de conservar unas inclinaciones tan desarregladas y perversas? ¿Es posible que todavía he de desear vivir unido a mí mismo, a un maestro tan perverso, cuando veo al sumo bien, que se desprende de sí mismo para incorporarme a su mérito?


Aspiración acerca de las lágrimas de san Pedro


¡Oh, y qué cierto es, decía San Pedro, que una felicidad soberbia es siempre muy temible! Tú que desafiabas a las puertas del infierno, caíste al oír la voz de una mujercilla. Tantas victorias como tú te figurabas, han sido despojo de una mano tan flaca. Volvamos de nuevo a la pelea, y si ella triunfó de ti, triunfa tú por lo menos de tí mismo. ¡Ay dé mí! Solamente el ver el lugar de mi caída me da miedo. Los débiles lazos de una mujer artificiosa me parecen cadenas de diamante. ¿Pero qué puede temer un hombre que ya está resuelto a morir? Si tú hallases la muerte en aquel lugar de suplicios, lejos de huir de ella, la acariciarías; por ahora mi alma es indigna de ser víctima de su Dios, lavémosla para lo sucesivo con nuestras lágrimas. Yo caí delante del fuego, quiero levantarme con el auxilio del agua: En otra ocasión caminé sobre las aguas para presentarme a Jesús; ahora quiero volverme a él por el camino de mis lágrimas. Quiero ahora hablar con los ojos, ya que hablé tan malamente con la lengua; y esta boca que solamente debía abrirse para pronunciar oráculos a la Iglesia, se abrió para cometer una traición; ya que no ha quedado libertad sino para gemir, gocemos de estas reliquias de libertad, y después de haber acabado con todo, volvámonos a la misericordia de Jesús, la que no pueden agotar todos los pecados del mundo; en adelante seré para la Iglesia un perpetuo ejemplo de caída y de arrepentimiento; y de muerte y de vida para los pecadores. Todos los días de mi vida lloraré el desacierto de una sola noche.


Aspiración acerca del Pretorio

¡Ay de mí! ¿Qué es lo que veo! ¡Una corona de espinas clavada en la cabeza de un hombre de espinas! Un hombre de dolores, que arde entre dos fuegos, uno de amor y otro de tribulación; ambos le abrasan igualmente, pero ninguno de los dos le consume. ¡Oh belleza la más pura de todas, hasta dónde te han llevado mis pecados! Ya no veo en tal hombre, sino una piel ensangrentada y despedazada por los dientes de los tigres, y de los leopardos. ¡Ay de mí, qué espectáculo éste! Veo despojar a aquel gusanito de seda, que hasta ahora viste nuestras Iglesias, y nuestros Altares. ¿Cómo es posible que tuviesen ojos de hombres aquellos que miraban vuestro cuerpo castísimo para castigarlo y afearlo? ¡Ah, hermoso alabastro, y cómo te has mudado en escarlata! Cada golpe ha hecho en ti una herida, y cada herida es una fuente de sangre; ¿y tantas fuentes de sangre no han de poder sacar de mis ojos una lágrima? Oh sagrado Ruiseñor de la cruz, ¿quién os ha puesto entre esas espinas, para que hagáis tanta armonía con solo vuestro silencio? ¡Oh, espinas santas! No pregunto dónde están vuestras rosas; sé muy bien que éstas son la sangre de Jesús, y que todas las rosas quisieran ser espinas si conocieran bien vuestro valor. Jesús os tuvo sobre su cabeza, pero yo quiero teneros en mi corazón: Vosotros seréis el objeto de mis dolores, para ser después el manantial de mis alegrías.


Aspiración acerca de la Crucifixión y 
Muerte de Nuestro Señor Jesucristo

¡Oh, espectáculos horrorosos! ¡Oh, abismos de bondad y de misericordia! Mi corazón se divide entre el horror y la piedad, entre el odio y el amor, entre las execraciones y la admiración. Pero la admiración y el asombro me sacan fuera de mí mismo. Es éste aquel cruento sacrificio esperado por tantos siglos, aquel misterio escondido, aquella profunda sabiduría de la cruz, aquel Jesús doloroso que habiéndose declarado medianero entre la tierra y el cielo, da una honrosa satisfacción al Eterno Padre por los pecados de todo el género humano. ¡Ay de mí! ¡Oh, pobre Señor! ¡Tú no tenías más que una sola vida, y yo estoy viendo mil instrumentos de muerte que te la quitaron! ¿Era necesario abrir tantas y tan ensangrentadas puertas para dar salida a tu alma inocente? Por ventura, ¿no podía salir del cuerpo, sin formarse por todas partes caminos de heridas, los que después de haber servido de objeto a la crueldad de los hombres, sirven ahora de caracteres de tu fidelidad? ¡Oh, Jesús mío! Perdonadme; yo no sé lo que me digo, porque ya no os conozco sino por vuestras misericordias; éstas son tan excesivas, que era necesario nada menos que un Dios para sufrir lo que Vos habéis padecido. En vuestro desfigurado rostro busco aquellos rasgos de vuestra antigua hermosura, y no hallo sino los de vuestro amor. ¡Ay de mí! ¡Oh hermosísima cabeza, que llevas sobre ti toda la gloria del cielo empíreo, dividid conmigo esa dolorosa diadema; mis pecados la sembraron, y Vos queréis que vuestra inocencia sea quien la recoja! ¡Oh boca sacrosanta, dadme esa hiel que estoy mirando entre vuestros labios; permitid que de aquí en adelante rocíe yo con ella todos mis placeres, pues ella dio fin a la larga duración de vuestros dolores! Manos santas, pies venerables, dadme esos clavos con que estáis traspasados; basta el amor para que permanezcáis clavado en la cruz, pero a mí mantenedme siempre unido con la cadena de la caridad. ¡Ah, lanza cruel, ¿a dónde vas traspasando ese costado? Tú pensabas hallar ahí la vida del Hijo, y tropezaste con el corazón de su Madre; ¡pero, ah! que pensando tú en hacer un homicidio, no hiciste más que fabricarme un sepulcro, en el que desde ahora quiero encerrar mi alma. Cuando examino las heridas de mi Señor, veo en ellas mis propias manos; pero ya quiero también imprimir en ellas mi arrepentimiento; quiero escribir en ellas mi conversión con caracteres eternos, y si todavía me queda alguna vida, quiero que sea precisamente la que dimane de la muerte de mi Jesús crucificado.



Fuente: "La sabiduría evangélica", P. Nicolás Caussin, 1797


La Anunciación de Nuestra Señora y Encarnación del Hijo de Dios (25 de marzo)



La Anunciación de Nuestra Señora
y Encarnación del Hijo de Dios 

El sacrosanto misterio de este día nos lo refiere el evangelista San Lucas por estas palabras: "Se hallaba ya Elisabeth en el sexto mes de su embarazo, cuando el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazareth, ciudad de Galilea, a una virgen desposada con un varón de la descendencia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. Habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: "Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres". Se turbó la Virgen al oír semejantes palabras, y pensaba qué podía significar tal salutación. Mas el ángel le dijo: "¡Oh María! no temas, porque has hallado gracias en los ojos de Dios: he aquí que en tu seno concebirás, y darás a luz un hijo, y lo llamarás con el nombre de Jesús. Este Hijo será grande e Hijo del Altísimo, y le dará el Señor el trono de David, su padre, y reinará para siempre en la casa de Jacob, y su reinado no tendrá fin". Entonces María preguntó al ángel: "¿Cómo se hará esto, porque no conozco varón?" Respondió el ángel y le dijo: "El Espírítu Santo sobrevendrá en ti y la virtud del Altísimo te hará sombra, por lo cual el fruto santo que de ti ha de nacer será hijo de Dios. Ahí tienes a tu prima Elisabeth, la cual en su vejez ha concebido también un hijo, y la que se llamaba estéril está ahora ya en el sexto mes de su preñado; porque para Dios no hay cosa imposible". Dijo entonces María: "He aquí la esclava del Señor; sea hecho en mí según tu palabra.» y desapareciendo el ángel se retiró de su presencia.» (S. Lucas I, 26- 38)


Reflexión: 

Con sublime sencillez refiere el santo Evangelio la más divina de todas las obras de Dios: la Encarnación del Verbo eterno. El arcángel anuncia a la Virgen que ha sido escogida para ser Madre de Dios: la Virgen desea serlo sin dejar de ser virgen; y después de haber oído que ha de concebir, no por obra de varón, sino por la virtud del Espíritu Santo, se encoge con profunda humildad y se llama esclava del Señor; y el Señor la levanta a la altísima gloria de la maternidad divina. Así se obró el mayor prodigio de la omnipotencia del Padre, el mayor portento de la sabiduría del Hijo y la mayor maravilla del amor del Espíritu Santo. La inmensa grandeza de este misterio, la llaneza incomparab1e de sus circunstancias, y el sublime candor del relato evangélico, todo es divino y digno de Aquel que con un acto de su voluntad sacó de la nada el universo y expresó su divina operación con la palabra fiat, hágase. Todo ha de ser, pues, materia de nuestra más profunda y constante meditación: la humildad del Altísimo anonadado en las purísimas entrañas de la Virgen, la inmaculada pureza de esta excelsa Señora, su fe, su confianza, su conformidad con la voluntad divina, y el humilde sentimiento de su bajeza, ensalzada por Dios a la soberanía de todo lo creado. Y no debemos parar aquí, sino pasar adelante en la consideración de este misterio, y quedar como absortos y suspensos en la honra que de él se sigue a todo el linaje humano, el cual fue ennoblecido y levantado a tan gran dignidad y gloria; pues haciéndose Cristo hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne, nuestra naturaleza está ensalzada en él sobre todos los ángeles, y somos parientes y hermanos de Dios hecho hermano y Redentor nuestro.


Oración: 

Señor Dios, que quisiste que en las purísimas entrañas de la gloriosa Virgen María se encarnase el Verbo eterno, anunciando un ángel tan divino misterio; concédenos, por los ruegos de esta gloriosa Virgen, que los que verdaderamente creemos que es Madre de Dios, seamos favorecidos con su intercesión en tu divino acatamiento. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890





OBSERVACIÓN: La fecha para su celebración litúrgica la traslada la Iglesia (en casos como éste, en que coincide con Viernes Santo) al primer día después de la Octava de Pascua (Siendo para el 2016, por ejemplo, 4 de abril). Lo editamos aquí, sin embargo, porque estamos editando el Flos Sanctorum del P. Francisco de Paula Morell; sin creer que por eso ofendemos a la Devoción y Vida Interior de cada quien, y que bien, sin embargo, puede servirse de la Anunciación (y de este post), para provecho de su Rosario Diario u otra práctica religiosa. De hecho, dice la Liturgia del Viernes Santo:

Quando venit ergo sacri plenitudo témporis, Missus est ab arce Patris Natus, orbis Cónditor, Atque ventre virginali Carne amictus prodiit.

Cuando, pues, vino la plenitud del tiempo sagrado, fue enviado del seno del Padre, su Hijo, Creador del mundo, y, revestido de la carne, nació de vientre virginal.

jueves, 24 de marzo de 2016

No ha de haber mejor Camino para las Ovejas que para su Pastor (Jueves Santo)


No ha de haber mejor Camino 
para las Ovejas que para su Pastor 

(Jueves Santo)

I. Sciens Jesus, quia venit hora ejus (Sabiendo Jesús que había llegado su hora) (Jn. XIII):

Viniendo la hora de su muerte, se dispone a hacer su testamento; testamento eterno, tanto más excelente que el antiguo, en cuanto fue sellado con sangre de un precio infinito.

II. In finem dilexit (Los amó hasta el fin):

El amor le trajo al mundo, y porque venía a padecer, le formó el Espíritu Santo un cuerpo el más dispuesto para este efecto: Y llegando la hora de desplegar su amor en toda su fuerza, se dispone a padecer en todos los miembros de su cuerpo, para salvar al hombre de todos sus pecados.

III. Scitis quid fecerim vobis? (¿Sabéis lo que acabo de hacer con vosotros?):

Parece que se pone el Señor como suspenso delante del corazón de Judas, diciendo: "Mira si puedo hacer más por ti". Con todo, permanece endurecido, prueba grande de la increíble perversidad y dureza del corazón humano.

IV. Exemplum enim dedi vobis (Porque ejemplo os he dado):

Para desengaño de los que piensan ir al cielo por camino de regalos y comodidades, se propone Jesucristo ejemplar divino de humillación y de aflicciones: Que no ha de haber mejor camino para las ovejas que para su pastor.


Fuente: "Discursos Predicables", Msr. Gerónimo Bautista de Lanuza OP, 1803

San Simón, inocente y mártir (24 de marzo)



San Simón, inocente y mártir.

(† 1475.)

El martirio del glorioso e inocente niño san Simón, lo escribió pocos días después de haber pasado, Juan Matías Tiberino, cuya relación compendiada es como sigue: "Habitaban, dice, en un barrio de Trento, que está a la izquierda del castillo, tres familias de judíos, cuyas cabezas eran Tobías, Ángelo y Samuel, con quienes vivía un infernal y bárbaro viejo llamado Moisés. Estos se juntaron el Jueves Santo en la sinagoga y dijeron a Tobías: Sólo tú, oh Tobías, puedes satisfacer nuestros deseos; porque tú tienes familiar conversación con los cristianos, y así puedes con gran facilidad cogerles un niño, y si esto haces, tú vivirás con descanso, y tus hijos con grandes medras. Con esta promesa Tobías entró a la tarde en la calle que llaman de las Fosas, y luego puso los ojos en un niño hermoso de dos años y cuatro meses, que estaba sentado y solo sobre el umbral de la puerta de su casa, y mirando el traidor a una y a otra parte de la calle, y viendo que nadie le observaba, se llegó a la inocente criatura, y le puso con gran cariño un dedo en su tierna manecita. El niño le tomó el índice, y levantándose le fue siguiendo, hasta que habiendo pasado dos o tres casas, puso el judío una moneda en las manos del niño, y acariciándolo en sus brazos para que no llorase, lo llevó fuera del barrio y lo entró en casa de Samuel. Allí le pusieron en la cama, y como llorase e invocase el nombre de su madre, le daban pasas de uva, confites y otras cosillas. Entre tanto la madre andaba desesperada buscando al hijo de sus entrañas, sin poderlo hallar en ninguna parte. A la noche el cruel viejo Moisés con los otros judíos, tomando aquel inocente ángel que descuidado dormía, pasaron al lugar de la sinagoga que estaba en la misma casa, y allí desnudaron a aquella inocente víctima dejándola en carnes; y tomando Samuel un lienzo, le rodeó el cuello embarazándole el aliento, para que no se oyesen sus gritos, y teniéndole los demás los pies y las manos. Entonces el viejo Moisés circuncidó al niño para disponerlo al sacrificio. Sacó después unas tijeras y comenzó a abrirle desde la barbilla la mejilla derecha, y cortándole un pequeño pedazo de carne la puso en una fuente que tenía para recoger la sangre. Tomó después cada uno de los judíos las tijeras para hacer por turno la misma sacrílega y sangrienta ceremonia, y acabando, el infame viejo abrió con un cuchillo la pierna derecha del mártir, y cortó un pedacito de carne de la pantorrilla; y los demás hicieron lo mismo como antes. Acabada esta crueldad, el viejo levantó en alto al niño, en forma de cruz, y haciendo todos una rueda, le fueron punzando con agujas todo el cuerpo por espacio de más de una hora, hasta que inclinando el niño la cabecita espiró, y pasó a gozar de Dios en el coro de los inocentes mártires".


Reflexión:

Jamás permitió a los judíos la ley de Dios dada por Moisés, sacrificio alguno de víctimas humanas, a pesar de ser tan usada esta bárbara costumbre entre las naciones y pueblos idólatras. La religión cristiana abolió hasta los sacrificios de animales, y toda práctica de culto sangriento, y así no fue la religión divina la que inspiró a aquellos judíos los nefandos sacrificios de niños que hacían, sino la abominable superstición en que cayeron, después de haber crucificado al Hijo de Dios, y rechazado la ley de su divino Mesías. Los pueblos que dejan la verdadera religión, se olvidan de la ley de la caridad, y se vuelven egoístas, inhumanos y crueles.


Oración:

Señor Dios, cuya Pasión santísima confesó el santo inocente niño Simón, no hablando, sino perdiendo por ti la vida; concédenos que nuestra vida pregone con inculpables costumbres, la misma fe que confesamos con nuestros labios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

miércoles, 23 de marzo de 2016

San Victoriano y sus compañeros mártires (23 de marzo)



San Victoriano y sus compañeros mártires

(† 484.)


Era el gloriosísimo Victoriano el caballero más rico y principal que se hallaba en Adrumeto, ciudad de África, y de tantos méritos, que por ellos fue electo procónsul de la insigne y celebrada ciudad de Cártago. Por este tiempo se levantó la cruel persecución de Hunnerico, rey de los vándalos, contra los católicos, porque no querían seguir la infame secta del descomulgado Arrio. Quiso el monarca hereje sobornar el ánimo contante de Victoriano; mas él le respondió con gran confianza en el Señor de esta manera: "Estando seguro en mi Dios y Señor mío Jesucristo, digo que aunque me abrases en el fuego y me eches a las bestias, yo no seré jamás infiel a la Iglesia católica, apostólica, romana: Y certifico que aunque no esperase la vida eterna, nunca me preciaría tanto del bien que el rey me puede hacer como de la fe que debo a mi Dios". Esta respuesta dio al tirano Hunnerico; el cual quedó por ello tan enojado y colérico, que sin respetar la dignidad y nobleza del confesor de Cristo, le mandó atormentar con cuantos géneros de suplicios pudo inventar su malicia y cruel furor, que fueron muchos y desapiadados. Los mismos verdugos, admirados de que pudiese sufrir tantos azotes, tanto fuego y rigor tanto, dijeron al rey que importaba acabar de quitarle la vida, antes que a vista de su constancia prevaricasen todos los arrianos y siguiesen la fe de Victoriano. Furioso entonces, mandó añadir más tormentos, hasta que en medio de ellos, contante siempre en la fe de Jesucristo, vino el esforzado y valeroso caballero a alcanzar la gloriosa corona del martirio, perdiendo la vida temporal para alcanzar la eterna. Padecieron martirio junto con él, dos gloriosos y santos mercaderes, llamados ambos Frumencios, y ciudadanos ambos también de Cártago, y también dos santos hermanos naturales de Aquaregia, a los cuales colgaron en el aire, con un peso muy grande a sus pies, y les quemaron con planchas de hierro ardiendo, y les atormentaron tan largo espacio y con tan horribles torturas, que al fin los mismos verdugos les dejaron, diciendo: "Si muchos imitan la constancia de estos, no habrá quién abrace nuestra secta". En los sagrados cadáveres de estos dos santos no se hallaron señales algunas de las heridas que habían recibido.


Reflexión:

Por la constancia pintaron los antiguos una roca en medio del mar, la cual ni se mueve a los furiosos azotes de las olas, ni hace caso de sus halagüeños besos: Y así decía la letra: "Siempre soy una". Uno fue siempre el invictísimo mártir de Jesucristo Victoriano; no torcieron su ánimo incontrastable ni las riquezas del mundo, ni sus engaños, ni los altos puestos viéndose con el principado de Cártago, ni las ofertas lisonjeras del rey, ni menos sus crueles amenazas y ejecutados rigores: Era roca a lo divino puesta en medio del mar de este mundo. Procuremos, pues, imitarle nosotros en esa constancia y firmeza, no maravillándonos de que la vida cristiana sea (como se escribe en Job) una perpetua milicia o tentación sobre la tierra, y entendiendo que la profesión del cristiano es profesión de hombre de guerra, que ha de pelear con gran fortaleza hasta la muerte las batallas del Señor. Ya llegará el día del descanso perpetuo, de la gloria inmortal, y del gozo sempiterno, y entonces no podremos contenernos de dar voces de alegría y alabanza, proclamando la magnífica bondad de Dios, que por unos pocos años empleados en su servicio, nos hizo participantes de su infinita y eterna bienaventuranza. 


Oración:

Oh Dios que nos concedes la dicha de honrar el nacimiento para el cielo de tus santos mártires Victoriano y sus compañeros, otórganos también la gracia de gozar en su compañía de la eterna felicidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

martes, 22 de marzo de 2016

Santa Catalina de Suecia, virgen (22 de marzo)



Santa Catalina de Suecia, virgen


(† 1381.)


La adorable virgen santa Catalina de Suecia, fue hija de Ulfón, príncipe de Noricia, y de santa Brígida, bien conocida por sus revelaciones en la Iglesia del Señor. La entregó su santa madre, después que la destetó, a una abadesa muy religiosa para que la criase, y llegando a la edad competente, su padre le mandó que tomase marido, y ella lo aceptó, confiada en la bondad de Dios y en el favor de la Santísima Virgen María su madre, que podía casarse sin detrimento de su virginidad, como le sucedió: Porque habiéndose casado con un caballero nobilísimo llamado Etghardo, de tal manera le habló, que los dos hicieron votos de castidad, y la guardaron toda su vida. Yendo una vez con su madre, santa Brígida, a Asís y a Santa María de Porciúncula, les sobrevino la noche y se recogieron en una pobre casilla para guarecerse de la nieve y agua que caía. Estando allí, ciertos salteadores entraron donde estaban las santas madre e hija con otra gente; y con mucha desvergüenza quisieron verles los rostros, y como santa Catalina era hermosísima, comenzaron a hablar palabras torpes; mas ellas se volvieron a Dios, y al improviso se sintió un gran ruido como de gente armada, con lo cual huyeron espantados aquellos atrevidos ladrones. Pasó santa Catalina veinticinco años en compañía de su santa madre, la cual la llevaba consigo a los hospitales, y las dos curaban sin asco las llagas de los enfermos, y los consolaban como dos ángeles de paz, y visitaban y socorrían a los pobres. Era tan grande la fama de los milagros que obraba el Señor por su sierva Catalina, que habiendo salido una vez el Tíber de madre, inundando de tal manera la ciudad de Roma que todos temían la última ruina y destrucción de ella, rogaron a la santa que se opusiera a las ondas; y como ella por su humildad se excusase, la arrebataron y llevaron así por fuerza junto a las aguas, y tocándolas la santa con los pies, volvieron atrás y cesó aquel diluvio peligroso. Después de haber cumplido con el entierro de su madre, volvió a Suecia y se encerró en un monasterio de monjas de Wadstein donde fue prelada, instruyéndolas según la Regla que su santa madre había dejado. Finalmente, llena de méritos y virtudes, dio su espíritu al que la había creado para tanta gloria suya; y honraron su entierro muchos obispos, abades y prelados de los reinos de Suecia, Dinamarca, Noruega y Gotia, y el príncipe de Suecia llamado Erico, con otros señores y barones, por su devoción llevaron sobre los hombros el cuerpo de la santa virgen a la sepultura, ilustrándola nuestro Señor con muchos milagros.



Reflexión:

Entre las excelentes virtudes de la gloriosa santa Catalina de Suecia, resplandece sin duda aquella castidad y entereza virginal que conservó aún en el estado del matrimonio. Esta maravillosa pureza sólo es propia de los moradores del cielo y de muchos santos y santas de nuestra divina religión. "A esta virtud, dice el V. M. Luis de Granada, toca tener un corazón de ángel, y huir cielo y tierra de todas las pláticas, conversaciones y visitas que en esto pueden perjudicar. Se ha de procurar que los ojos sean castos, y las palabras castas, y la compañía casta, y la vestidura casta, y castas la cama, la mesa y la comida; porque la verdadera y perfecta castidad todas las cosas quiere que sean castas: Y una sola que falte, a las veces lo desluce todo".


Oración:

Señor Dios, castísimo Esposo de las vírgenes, que quisiste que la bienaventurada virgen Catalina se conservase intacta, aun en el matrimonio; concédenos tu gracia, para que refrenando nuestros sensuales apetitos, merezcamos llegar a la presencia de tu rostro purísimo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

lunes, 21 de marzo de 2016

Yo NO hallo en todo el mundo Altares... (Aspiración de Lunes Santo)



Yo NO hallo en todo el mundo Altares... 
(Aspiración de Lunes Santo)

Yo no hallo en todo el mundo Altares más amables que los pies de mi Salvador; quiero seguir sus mismos pasos hasta llegar a sus pies, y caminar por las excelentes sendas que anduvo el mayor entre todos los hombres, hasta llegar a hallar el Dios de los dioses. ¡Oh, qué admirables son estos pies, y qué bien los compuso San Juan de un metal encendido dentro del horno! Son pies de metal por su constancia, y pies de fuego por el fervoroso afecto con que caminan hacia su Señor. Todo el cielo y todos los obsequios deben postrarse a estos pies. Murmure Judas cuanto quiera, que yo si tuviera un mar de agua de azar, y de ungüentos olorosos, todo lo derramaría sobre un objeto tan digno de amor. Ojos míos, al menos derramad lágrimas a la vista de esta preciosa víctima, que va a ser sacrificada por pagar vuestra mala libertad, y vuestras concupiscencias. Lavadla con vuestra agua antes que ella os lave con su sangre. Alma mía no busques las superfluidades de tu cabeza para enjugarla: Tus cabellos son tus pensamientos, los que no deben ocuparse en otro objeto que en aquel que tanto pensó en ti en el día de su eternidad.


Fuente: "La sabiduría evangélica", P. Nicolás Caussin, 1797

San Benito, abad (21 de marzo)



San Benito, abad.


(† 543.)



El gran patriarca san Benito, Padre de tantas y tan sagradas religiones, fue de nación italiano y nació en la ciudad de Nursia de nobles y piadosos padres. Mientras estudiaba en Roma las letras humanas, le dieron en rostro los vicios y travesuras de algunos de sus compañeros, y dejando los estudios, y a sus padres, deudos, comodidades y regalos de esta vida, se fue a un desierto, donde se hizo discípulo de un santo anacoreta llamado Romano, encerrándose en una cueva abierta en la roca, que parecía una sepultura. Como viese el demonio el rigor y aspereza con que vivía, encendió en su imaginación una tentación sensual, terrible y vehemente; entonces el honestísimo mancebo, desnudándose de sus vestidos, se echó en un campo lleno de espinas y abrojos, y comenzó a revolcarse en ellos, hasta que todo su cuerpo quedó lastimado y llagado, y apagó con sangre aquel ardor que Satanás había encendido en sus miembros. Fue tan grato al Señor este sacrificio, que de allí en adelante, (como el mismo santo le dijo a sus discípulos) nunca tuvo otra tentación semejante, antes comenzó a ser maestro de todas las virtudes. Quedaban en el monte Casino algunas reliquias de la gentilidad y había allí un templo e ídolo de Apolo a quien adoraba la gente rústica que aún era pagana. Fue allá san Benito e hizo pedazos la estatua, derribó el altar, y en aquel sitio fundó después el famoso monasterio de Monte Casino, que fue como la cabeza de otros once monasterios que edificó, llenos de santos y escogidos religiosos. Le traían muchos caballeros y señores sus hijos para que les instruyese y enseñase desde la tierna edad en las cosas de la virtud. Estaban todos aquellos campos hechos un paraíso habitado de moradores del cielo, y el Señor ilustraba la santidad del gloriosos san Benito con prodigios innumerables. Llegó a Totila, rey de los godos, la fama del santo y su don de profecía: Y quiso hacer experiencia de ello. Para esto mandó a un cortesano suyo, llamado Riggo, que se vistiese con sus ropas reales y con gran acompañamiento fuese a visitarle. Mas así que el santo que estaba en su celda, vio al rey fingido, le dijo: "Dejo, hijo, ese vestido que traes, que no es tuyo". Le visitó después el rey Totila, y echándose a sus pies le reverenció como a santo; y san Benito con santa libertad le reprendió sus crueldades y desafueros, diciendo: "Muchas malas obras haces, y muchas malas has hecho; cesa ya de la maldad: Tomarás a Roma, pasarás el mar, vivirás nueve años y el décimo morirás". Finalmente profetizó el santo el día en que él mismo había de morir, y seis días antes mandó abrir su sepultura y el día sexto se hizo llevar a la iglesia, donde, recibidos los santos Sacramentos, dio su alma al Señor, que para tanta gloria le había criado.


Reflexión:

Es cosa de gran admiración y mucho para alabar a Dios, ver la perfección y excelencia de la Regla que escribió san Benito en tan pocas palabras, y las muchas y diversas religiones así monacales como militares que militan debajo de ella, y los innumerables monasterios de esta Orden que ha producido más de tres mil santos, más de doscientos cardenales, cuarenta Sumos Pontífices y una infinidad de santos e insignes obispos y prelados; y pues hasta muchos duques, reyes y emperadores han dejado sus cetros y estados por el pobre hábito de san Benito, procuremos aficionarnos a las virtudes de tan santísimo Padre, para que siguiéndole en la vida, merezcamos su compañía en la gloria.



Oración:

Te suplicamos, Señor, que la intercesión del bienaventurado abad san Benito nos haga agradables en tu divino acatamiento, para conseguir por su patrocinio lo que no podemos conseguir por nuestros propios méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

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