miércoles, 19 de agosto de 2009

Jesús y los Niños, los Niños y Jesús


"Y quien recibe en mi nombre a un niño como éste, a Mí me recibe". Mateo 18-5

Desde que el Hijo de Dios se hizo niño, todos los pueblos cristianizados han tenido un gran respeto hacia los niños, sobre todo los niños inocentes. Cuántas instituciones han sido creadas por la Iglesia Católica para instruir, proteger y santificar a las niñas y a los niños. La influencia cristiana de 20 siglos acerca del respeto del niño es tan grande, que cuando los pueblos se alejan de la fe católica, el respeto y cariño para los niños subsiste en la opinión pública. Sin embargo, hoy el niño está conducido hacia lo que puede causar su desgracia durante esta vida y su perdición en la eternidad; el niño está siendo afectado en su fe, en su inocencia y en su inteligencia mediante una educación sin Dios, sin valores eternos, sin filosofía sana y realista. Se hacen muchas cosas, mediante el relativismo filosófico y religioso, para pervertir la fe de los que han tenido la dicha de ser bautizados y educados cristianamente; la consecuencia de este relativismo liberal, es la de que los niños de hoy cuando sean grandes serán, cuando menos, ateos prácticos. Por otro lado, la iniciación precoz al satanismo les prepara para caer en el esoterismo y otras supersticiones que vienen de Satanás y conducen a Satanás. Otro peligro que amenaza a los niños es el catecismo vacío que reciben en nuestros días los católicos; sin quererlo y sin saberlo, muchos padres de familia, sacerdotes y catequistas lo hacen, por utilizar estos catecismos nuevos, superficiales que contienen un barniz de cultura religiosa y preparan la desgracia futura de muchos niños. Así, les aconsejamos que se procuren un catecismo antiguo, de antes de 1965, el catecismo del padre Ripalda, por ejemplo, o el de San Pío X o la Doctrina Cristiana de la F.T.D. Compare el antiguo y el nuevo catecismo y se espantará. Este artículo es un resumen sacado del libro El sacerdote en meditación del padre Ramón J. de Munaña Méndez. Reflexionemos, en tres puntos, lo que dijo e hizo Nuestro Señor Jesucristo acerca de los niños. Veremos cómo el Hijo eterno de Dios se hizo niño; cómo recibía a los niños con amor, cómo hacía milagros a favor de ellos y finalmente, cómo los niños lo buscaban y aclamaban.


I. JESÚS Y LOS NIÑOS

1. Jesús, Dios encarnado se hizo niño

El Hijo de Dios hecho hombre podía haber venido a la tierra en edad de varón perfecto; pero prefirió venir como niño nacido de mujer y pasar todos los trabajos y humillaciones de nuestra infancia y niñez. Aunque tenía pleno conocimiento y sabía todas las lenguas, durante su infancia se redujo al silencio y a la impotencia. Fue envuelto en pañales como los niños; lloró como los niños; balbuceó como los niños; se arrastró por el suelo como los niños; jugó y estudió como los niños...

Él, que era el esplendor de la gloria del Padre, la sabiduría de Dios... ¿Todo esto no supone una sublime humillación, que se prolonga durante los días de su infancia y juventud?

Y ¿qué le movió a hacer esto? Nos quiso enseñar la humildad; pero además, también, quiso sublimar y dignificar la personalidad de los niños. Se les apreciaba entonces tan poco. En muchos pueblos civilizados no se miraba como delito el desentenderse de ellos y darles muerte. El aborto era una práctica común entre los pueblos paganos. Son los católicos los que pusieron alto a esta costumbre bárbara. En el siglo II, el sacerdote Tertuliano había ya dicho: "quien será hombre es ya hombre y abortarlo es un homicidio anticipado".

Y la defensora nata de la verdadera dignidad humana, la Santa Iglesia Católica excomulga, o expulsa de su seno como miembros indignos a los que hacen, se dejan hacer, cooperan o aconsejan un aborto, matando a un niño inocente y sin poder ser bautizado, Cristo Nuestro Señor cambió radicalmente la visión de los pueblos para con el niño. El que había de decir después: "Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos", quiso ser el primero en darnos ejemplo. Se hizo niño en el riguroso sentido de la palabra, para que fuéramos como los niños y amáramos a los niños.

2. Jesús recibía a los niños con amor

Nos dice SAN MARCOS, X, 13-16: "Le presentaron unos niños, para que los tocara; pero los discípulos los reprendían. Viéndolo Jesús, se enojo y les dijo; dejad que los niños vengan a Mí y no los estorbéis, porque de ellos es el reino de Dios. En verdad os digo, que quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y abrazándolos, los bendijo y les impuso las manos." ¡Qué delicada y tierna es esta escena! Jesús recibe a los niños; se enoja contra los apóstoles, que tratan de apartarlos de Él...; los abraza....; los bendice...; les impone las manos... Y no en esta sola ocasión. Otro día, en que los apóstoles discuten acerca de quien será el mayor, nos dice el mismo SAN MARCOS, IX, 36, que "Tomando un niño, lo puso en medio de ellos y abrazándole les dijo si no os hiciereis como niños no entraréis en el reino de los cielos." SAN LUCAS, XVIII, 16, añade esta particularidad: que al ver Jesús que los apóstoles impedían a los niños que se le acercaran, El mismo "los llamó a Sí". No encontramos ningún otro pasaje en el Evangelio en que Jesucristo abrazase a las personas. Lo reservó para los niños. Y nada nos impide creer, que los besó y los tomó en sus brazos, como nos lo representan muchos cuadros artísticos. ¡Con que delicadeza y ternura haría con ellos estas finezas de amor!

3. Jesús hizo milagros con los niños

Aquel régulo o cortesano, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún, encontró a Jesús en Cana de Galilea y le rogaba diciendo: "Ven, Señor, antes que muera mi hijo. Jesús le consoló diciendo: Vete tu hijo vive." Y comprobó después el padre, que desapareció la fiebre cuando le habló Jesús. (San Juan, IV, 46-54.) Una mujer cananea le gritaba diciendo: "Ten piedad de mí, Señor, hijo de David; mí hija es malamente atormentada del demonio." Después de probar la humildad, la alabó diciendo: "¡Oh mujer!, grande es tu fe. Hágase contigo como tú quieres." Y desde aquella hora quedó curada la niña (San Mateo, XV, 21-28.) Se le acerca un hombre y, doblando la rodilla, le dice: "Señor, ten piedad de mi hijo, que está lunático y sufre mucho; porque con frecuencia cae en el fuego y muchas veces en el agua. Lo presenté a tus discípulos, mas no pudieron curarle." Jesús exigió al padre que tuviera fe, mando al espíritu impuro que saliera del niño, y éste quedó curado. (SAN MARCOS, IX, 14-39.) También resucitó a la hija de Jairo, que tenía doce años, en presencia de sus padres y de sus tres más amados discípulos, San Pedro, Santiago y San Juan. Tomándola de la mano, le dijo: "Niña, levántate." Y al instante se levantó la niña y echó a andar. (SAN MARCOS, V, 21-43.)

Reflexiones.- No todos podemos hacer milagros como Jesús; pero podemos imitar el amor y ternura con que recibía a los niños y curaba sus dolencias. San Juan Bosco recomendaba mucho a los sacerdotes de su congregación el cariño a los niños, pero un cariño espiritual; que los amasen en el Señor, sin tomarse con ellos confianza. Y añadía: "Jesucristo ponía sus manos divinas sobre la cabeza de los párvulos; vosotros no, que sois hijos de un padre culpable y estáis envueltos en enfermedades y miserias."

II. A IMITACIÓN DE CRISTO DEBEMOS AMAR Y RESPETAR A LOS NIÑOS

1. Jesús miraba lo que se hace por los niños, como si se hiciera por Él; y castigará a los que los escandalicen. Dijo Jesús a sus discípulos, mostrándoles un niño: "El que por Mí recibiere a un niño como éste, a Mí me recibe; y el que escandalizare a uno de estos pequeñuelos, que creen en Mi, mas le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno, y le arrojaran al fondo del mar." (SAN MATEO, XVIII, 5-6.) Bien se ve por ello cuanto ama Jesús a los niños y como quiere que conserven la inocencia. Quiere que sepamos verle a Él en cada niño. Amando a los niños, amamos a Jesús; enseñando y atendiendo a los niños, como si lo hiciéramos con el mismo Jesús. Nos tiene prometido que lo mirará como hecho para El.

Mas ¡ay! del que se atreviere a escandalizarlos...; del que no los sepa respetar como cosa sagrada, res sacra puer...; del que les quite el encanto de la inocencia... Es terrible el castigo que le espera. Le hubiera sido mejor morir, antes que cometer tal pecado.

Ay del que escandaliza a otro con malos ejemplos y le hace caer en pecado con que mata su alma, dice el P. GRANADA, que "derrama por tierra la sangre de Cristo". ¿Cuánto más habría que decir del que escandaliza a los niños?... Escandalizar es hacer tropezar, hacer caer en el pecado, iniciar al pecado dando mal ejemplo, aconsejando, tentando, mostrando....

2. Jesús nos habla de los ángeles, que guardan a los niños, y alaban a su Padre, porque revelo a los pequeñuelos lo que oculto a los sabios.

"Mirad, dijo Jesús, que no despreciéis a uno de estos pequeñuelos, porque, en verdad os digo, que sus ángeles ven en continuo en el cielo la faz de mi Padre, que está en los cielos" (San Mateo, XVIII, 3). Tienen los niños sus ángeles de la guarda, que los acompañan, que velan por ellos, apartándolos de los peligros de alma y cuerpo, y que denunciarán ante el Eterno Padre, cuya faz ven de continuo, cualquier mal e injuria que se les hiciere.

SAN BERNARDO, comentando el salmo XC, le dice al Señor: "Para que nada haya en el cielo, que deje de tener parte en la obra de nuestro cuidado, enviáis aquellos bienaventurados espíritus a ejercitar su ministerio en nuestro bien: los deputáis a nuestra guarda; les mandáis que sean nuestros ayos... Poco era para Vos haber hecho ángeles vuestros a los espíritus; también los hacéis ángeles de los párvulos"

Un día Jesús "se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque tal ha sido tu beneplácito." (SAN LUCAS, X 21)

¡Que desahogo tan tierno este de Jesús para con su Padre, acerca de los planes de su providencia! El reino de los cielos es de los pobres, de los humildes, de los niños... A ellos se les revelan los misterios de la infinita sabiduría de Dios...; lo que no se concede a los sabios y prudentes según el mundo.

3. Quiere Jesús que nos hagamos como niños

Dice SAN MATEO, XVIII, 1-4: "Se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién será el más grande en el reino de los cielos? Y llamando a Sí a un niño, le puso en medio de ellos, y dijo: En verdad os digo, si no os mudareis e hiciereis como niño, no entrareis en el reino de los cielos. Pues el que se humillare hasta como un niño de éstos, ese será el mas grande en el reino de los cielos."

Dijo también, según SAN MARCOS, X, 15: "En verdad os digo, que quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en el."

No se puede imaginar una estima mayor de los niños, que la que muestra Jesús en todos estos pasajes evangélicos. El reino de los cielos es de los humildes, sencillos, candorosos, en una palabra, pequeños, como los niños. Así nos recomienda Jesús la infancia espiritual, esa norma de vida, que no hemos de ejercitar tan sólo en la oración, sino en todas las obras cotidianas. ¿Queremos gozar de las dulzuras del reino de Dios aquí en la tierra y después en el cielo? Es menester que antes nos hagamos como los niños, imitando las virtudes que les son connaturales. Reflexiones.- Estar con los niños, trabajar con ellos, para unos es delicioso, porque tienen los niños sus encantos particulares. Para otros resulta molesto, porque se les mira a cierta distancia de nuestra cultura y modo de ser... Si los miramos con espíritu de fe, viendo en ellos la imagen de Cristo y recordando el amor de predilección con que Cristo los distingue, a todos nos resultará dulce y grato el trabajar con ellos y el hacernos pequeños y candorosos como ellos. Lo quiere Jesús y esto debe bastar para decidirnos.

III-LOS NIÑOS Y JESÚS

1. Los niños buscaban a Jesús en sus predicaciones, a pesar de la oposición de los apóstoles

Esta oposición de los apóstoles ya la vimos anteriormente, cuando las madres de los niños los llevaban a Jesús, para que los tocase y bendijese. Pero también los niños buscaban a Jesús, y Jesús los llamaba, como nos dice SAN LUCAS. Por eso se encuentran entre los mayores escuchando los sermones. SAN MATEO, al narrar las dos multiplicaciones de los panes y los peces, que obró Jesús, repite estas frases: "Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y niños." (XV, 38.) "Siendo los que habían comido unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños, siendo los predilectos de Jesús, y sabiendo ellos cuanto Él los quería" SAN JUAN añade, VI, 9, que había allí un muchacho con cinco panes de cebada y dos peces. Algún comentarista supone aquellos panes y peces eran de Jesús y los apóstoles; y por tanto, que tal muchacho o algún otro les acompañaba con frecuencia.

No nos cuentan los evangelistas todo lo que hizo Jesús, las tiernas finezas de amor y cariño que tendría con los niños; mas por las muestras, bien las podemos imaginar. Y los niños, que poseen un instinto particular para saber quien los quiere, no dejarían de reconocerlo y se le acercarían a Jesús con sumo placer.

2. Los niños aclamaron a Cristo por Rey de Israel

Nos lo dice SAN MATEO, XXI, 15-16: "Viendo los príncipes de los sacerdotes y los escribas las maravillas que hacía, y a los niños, que gritaban en el templo y decían: Hosanna al Hijo de David, se indignaron y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Respondióles Jesús: Sí, ¿No habéis leído jamás: De la boca de los niños y de los que maman has hecho salir la alabanza?" Los niños aclaman a Jesús y Jesús acepta complacido sus gritos y aclamaciones. Y les defiende de las inculpaciones de los escribas y fariseos..., aun cuando estaban en el templo santo y era Jesús tan celoso del respeto que se debe al lugar sagrado. Esta conducta de Jesús cuanto debe hacer reflexionar, principalmente a los que se escandalizan de cualquier travesura o falta de respeto de los niños, y por ello quieren apartarlos de la frecuencia de sacramentos, y aún de la asistencia a los actos de culto. No cometamos tal crueldad con los niños, los predilectos de Jesús. Eduquémoslos con paciencia, pero sin distanciarlos de Cristo. Dice muy bien ORÍGENES: "Mucho nos hemos de guardar, so capa de prudencia, de despreciar a los pequeñuelos, impidiéndoles que vayan a Jesús." (Tratado 7o. Sobre S. Mateo.)

3. Los niños fueron los primeros en dar su sangre por Cristo.

Pretendía el rey Herodes quitar la vida al niño Jesús. A tal fin encamino los magos a Belén, con el encargo de que, si le encontraban, se lo comunicasen. Los magos volvieron a su tierra por otro camino, y Herodes, al verse burlado, se irritó sobremanera y mandó matar a todos los niños que había en Belén y sus cercanías de dos años para abajo.

Dios podía haber impedido aquella matanza, pero respetó la libertad de Herodes y aceptó el sacrificio sangriento de aquellos niños inocentes, como primicias de tantos y tantos, niños y mayores, que, a través de los siglos, habían de dar su sangre por Cristo. Dice muy bien SAN BERNARDO, en el sermón I del Domingo de Ramos: "El que nació párvulo y de entre los párvulos escogió su primer escuadrón, hoy tampoco excluye de su gracia a los párvulos; pues no es impropio de su piedad, ni difícil a su Majestad, que supla la gracia lo que en ellos hacia menos posible la naturaleza."

Y SAN AMBROSIO, en su lib. III de las vírgenes; "No alejéis de Cristo a los niños. Ya que por su honra fueron martirizados, y dijo que de ellos es el reino de los cielos. Si el Señor los llama, ¿quién osara impedirle que acudan al llamamiento?... No apartéis de la caridad de Cristo a los niños; pues desde el claustro materno le confesaron con profética alegría."

Reflexiones.- Y ¿por qué no buscar a Jesús como le buscaban los niños, y dar testimonio de Él con nuestras aclamaciones y cantos, con nuestros sacrificios, y, si preciso fuere, con el sacrificio de nuestra propia sangre? Antes la derramó Él por nosotros en el ara santa de la cruz. Envidiemos la suerte de aquellos niños, que le conocieron y trataron, pero nunca olvidemos que está en el sagrario.

En resumen es un deber grave y maravilloso para todos los adultos de dar a los niños el buen ejemplo con la palabra, la acción, comportamiento para no envenenarlos; es deber nuestro empapar a los niños del amor de Dios y del prójimo mediante nuestra vida y comportamiento realmente cristiano. Ayuda también mucho el hecho de hacer leer o contar la historia de los santos y santas, campeones de la fe católica, a los niños para que tengan verdaderos modelos que amar e imitar.


Padre Michel Boniface.


Fuente: Convicción Radio

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